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Mostrando las entradas etiquetadas como sexo

La fiesta de las salchichas.

Roberto comentó algo sobre la peli en un almuerzo. Así que cuando tuve que llevar a los muchachos al cine de Lorca, lo tuve claro. Y ellos también. Y resultó que la peli era más fuerte de lo que yo pensaba. Había más chistes y escenas sexuales de lo previsto. El resultado fue que a Antonio y a Ana no les gustó (se tapaban los ojos). A Lola, sí, y es que percibió que la cosa era muy adolescente y muy hormonal. Todavía no sé si hice bien llevándoles a verla; pero yo me lo pasé en grande. Espero no haberles traumatizado demasiado. Quizá de adultos se acuerden de esa salchicha que dice palabrotas y sueña con penetrar al panecillo, de ese irrigador vaginal enloquecido o de ese plan de pita que espera ser empapado por muchos aceites de oliva virgen. Los alimentos y productos del  supermercado “Shopwell’s” esperan que “los dioses” los elijan y los lleven a ese paraíso soñado. Descubrirán que la realidad ahí fuera es algo tan terrible que no puede ni imaginarse. O sea, que la...

Amores y polvos.

Vimos consecutivamente dos películas sobre amor y sexo. Es decir, sobre el único tema del que se puede afirmar que es lo más importante en esta vida, sin miedo a hacer el ridículo.  La primera fue una peli islandesa sobre un cuarentón gordo y calvo que aún vive con su madre y juega con soldaditos de plomo y la PlayStation . Se ha quedado en la primera adolescencia. La peli cuenta cómo va saliendo de ese agujero, que debe estar lleno de hombretones como él. El pobre es un pagafantas de ciento cincuenta kilos, que va aprendiendo sobre los demás y sobre las mujeres a cada paso, dubitativo, como un bondadoso pajarico caído del nido. El personaje es interesante y Gunnar Jónsson, que es grande como una montaña, lo borda. Pero la peli se hace lenta y pesadota. Supongo que les puede resultar tierna a algunas chicas. Yo salí del cine con una desagradable sensación de tristeza agarrada al alma, como cuando se te pega un olor molesto a la ropa de lana. La segunda peli es el último e...

El niño que miraba al mar (Luis Eduardo Aute)

Tomás, compañero y sin embargo, amigo, me manda esta fervorosa reseña del concierto que compartimos la semana pasada: ¡Aute sigue en plena forma! Será porque nos mentalizamos para un homenaje al maestro, al que suponíamos agostado, será por envidia; pero es lo primero que me sorprendió de un concierto vibrante de música, letra y ritmo. Fue en La Rambleta, en Valencia el 28 de noviembre. Aute ya tiene 71 años, nunca ha exigido mucho a su voz y las mesas de mezclas hacen maravillas, pero todo eso no desmerece que sonó limpio e intenso. Uno no puede menos que preguntarse cuál será el secreto de su vigor, y cómo aplicárselo. Cantó las canciones de su último disco “El niño que miraba el mar” y algunas de sus discos anteriores, ya 46 años componiendo. Al final del concierto se centró en las históricas las de los 70 y 80 después de haber amagado tres veces con terminar e irse. Total 3 horas sin descanso. Se hicieron cortas. Le acompañaron tres músicos muy buenos, incluido s...