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Mostrando las entradas etiquetadas como Tautou

Dos películas bonitas.

En dos ocasiones que me sentía muy solo, dos pelis vinieron a hacerme compañía. Inevitablemente, les tengo mucho cariño a ambas películas, aunque reconozco que ambas son truqueras, facilonas, falsas. ¿Pero qué sería de la vida, sin algunos trucos de magia, sin un poco de maquillaje, sin historias fáciles? Es decir, ¿qué sería de la vida sin cine? Era un día festivo hace algunos años y no tenía nada qué hacer. No había quedado con nadie ni me apetecía leer o estudiar. Una lluvia fría estropeaba una ciudad, en la que yo era el único habitante. Recordé que una compañera de trabajo de negros rizos y sonrisa blanca, me había recomendado una peli que estrenaban. Y me fui al cine. Era "Amélie". Y me sentí feliz durante un rato. Y volví a casa sonriendo, con las pupilas llenas de perspectivas de París. Y aquella noche, dormí dulcemente, soñando con morenas ingenuas y sonrientes, como mi compañera de trabajo y como Tautou. Eran las pasadas navidades. Y me quedé solo en casa y no tenía...

Juntos, nada más. (Ensemble, c'est tout)

“Juntos, nada más” sintetiza, nada menos, el conflicto universal entre el miedo a la soledad y el miedo a la convivencia; entre el anhelo de ser independiente y la necesidad de sentirse amado. Cliché que se repite a diario en espacios y rincones de cualquier ciudad. La casa, el espacio donde se va hilvanando la historia común de sus cuatro ocupantes ocasionales, es la auténtica protagonista de la película, puesto que es el puente que recorren sus inquilinos hacia la parte luminosa de sí mismos, hacia el equilibrio del conflicto. Franck, cocinero sin esperanzas, Camille, vecina que malvive en la buhardilla y Paulette, la abuela de Franck, llegan por este orden al espacioso piso de Philibert, en virtud del altruismo de este y de su necesidad de llenar de calor humano la propiedad familiar, una casona en decadencia surcada de pasillos oscuros, tapizados de moquetas que expelen retazos de polvo al pisarlas, cuyas habitaciones están custodiadas en su hálito de tiempos pasados por los r...