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Die Wannseekonferenz


Como todos los escribas, 
a lo largo de mi vida profesional, he pasado largas horas en reuniones. La mayor parte de ellas, horas perdidas. Como institución secular, nos gestionamos a nosotros mismos y establecemos directrices que se implementarán a través de un sistema documental que permita al mismo tiempo, la flexibilidad y la transparencia de nuestros procesos tácticos. Al fin y al cabo estamos comprometidos con la gobernanza. ¿García, usted es de ciencias, alguna sugerencia? Palabras, palabras, ocultando la realidad, evaporando el ingenio. Instituciones empalabradas, comités empalabrados, mentes empalabradas y romas. Un breve brillo de atención cuando se aprueba el presupuesto. Es decir, los huesos que nos echan los amos. Y luego, el flujo rutinario del tiempo que se pierde para siempre. De vez en cuando, una artimaña inteligente para desviar la atención, una gambeta argentina en el orden del día, y siempre, la búsqueda de motivos racionales para ocultar las razones que vienen de las entrañas, de la bragueta. En el templo de las reuniones, detrás de la cortina del Sancta Sanctorum no está el dios de la economía, solo hay un becerro con un gesto estúpido que simboliza el poder. Solamente eso. 

Me encontré en youtube esta película austríaca de 1982 acerca de la llamada Conferencia de Wannsee. En el barrio berlinés de Wannsee, hay una hermosa mansión. Con esa hermosura melancólica que tantas veces logró la cultura alemana. En aquella mansión se reunieron el 20 de enero de 1942 una colección de gerifaltes del tercer Reich. Presididos por Reinhard Heydrich, acordaron, en tan solo 90 minutos (bendita eficiencia germánica) cómo se iba a llevar a cabo el exterminio sistemático de seis millones de infrahumanos (judíos, gitanos, rusos, rojos españoles). Empezaban a escasear las balas. La wikipedia en español explica muy bien la conferencia. Por cierto, a Heydrich, unos meses después, le regalaron una granada unos malvados terroristas checos que huyeron en bicicleta. 

La peli cuenta parsimoniosamente, palabra a palabra, café a café, la conferencia. Es decir, para la mayor parte de ustedes será un tostón que no les recomiendo. Yo me quedé hipnotizado. Se me puso la carne de gallina al observar cómo se podía planificar algunos de los mayores crímenes de la historia contemporánea sin usar nunca términos como "asesinato", "campo de exterminio" o "gas venenoso". Aquellos funcionarios tranquilos y bien peinados eran expertos en horarios de trenes, vigilantes de sus silencios y de las palabras de los competidores en el escalafón, astutos lectores de presupuestos, celosos cumplidores de los protocolos. Aquellos señores que pasaron una mañana en Wannsee eran lo más parecido al mal absoluto. El mal que está regresando, como una marea negra.

Quizá en estos mismos momentos hay una reunión en algún asador (los españoles no somos tan melancólicos). Y en ella se habla de "Prioridad nacional" para no decir "Apartheid demagógico", de "Reforzamiento patriótico de las instituciones" para no decir "Purga" o se critican las paguicas en lugar de decir "Sálvese quien pueda". Y luego, en el segundo gin tonic (otra mejora española) se reirán porque les van a votar hasta los de las paguicas. El pasado vuelve por todas partes. Great Again. Evil Again.

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