Fue el verano del primer eclipse. Quizá no recordéis las mismas cosas que yo. Pero sí que os acordaréis de que casi todo lo visteis en televisión. En vacaciones se suele ver más la tele. Hasta los chavales aparcan un poco los móviles y las redes sociales y entre siesta y siesta miran la vieja, solemne, mediana pantalla. Hacía mucho calor en todas partes y era mejor estar en casa en las horas centrales del día, cuando los informativos. Y por la noche, como se cenaba tarde, la gente también veía las noticias. Incluso los sobrinos, mientras esperaban que Merche les hiciera los bocatas para irse a cenar por ahí, a la frescura de la Sierra.
Fue dos días después de la invasión de Ceuta, el primero o segundo de agosto. Marruecos había empujado a ochenta mil desgraciados a cruzar la frontera, unos por el espigón, otros nadando. Fue como lo de la marcha verde pero sin camiseta y con flotadores. Murieron unas ciento cincuenta personas, ahogadas. Mala muerte. Entonces, Pedro Sánchez salió por la tele, en directo. No sé si fue al mediodía o por la noche. Pero me acuerdo bien de que no leyó nada. Se le veía seguro. Ni una gota de sudor, a pesar del traje. Y se le entendió perfectamente. La mala cara que había puesto durante el último año le venía muy bien a lo que dijo. No recuerdo las palabras exactas, pero capté todo lo que se iba a poner en marcha. Dijo que lo ocurrido era una "violación de la integridad territorial española" y que "España era un estado potente y serio que iba a defender su integridad territorial por un lado, y los derechos humanos por otro." También dijo algo así como que "en Ceuta, es decir, en Europa, el Estado hace cumplir las leyes y todos los seres humanos están protegidos". Y tenía un brillo de astucia en sus ojazos negros. Dicen que esa misma noche ordenó que se acababan las vacaciones en los ministerios importantes y que los policías y militares no se preocuparan por la compensación económica, que iba a ser el agosto de todos.
A pesar de que a los cuatro días habían vuelto a Marruecos unos setenta mil migrantes, dos cruceros iban ya camino de Ceuta. Uno para alojar a los refuerzos de policía y militares. Otro para esconder durante los trámites a la pobre gente que no quería volver a Marruecos, a que la apalearan. Uno de los cruceros era el mítico Piolín, el de Cataluña. Pero le habían quitado al pajarico y solo llevaba el azul y blanco de la compañía propietaria Algeria Ferries. Y muchas rojigualdas en las ventanas.
Todas las teles retransmitieron la llegada de los barcos. Sánchez, la ministra de defensa y el presidente de Ceuta, un señor con cara de abuelito bueno o de sindicalista de los de antes de las gambas, los esperaban en el puerto. El presidente volvió a hablar y repitió algo así como "en Ceuta, es decir, en España, el Estado hace cumplir las leyes y todos los seres humanos están protegidos frente a quien sea, por poderoso que sea". Hasta la jauría de teles opositoras tenían que retransmitir lo que decía Sánchez, tan solemne, tan moreno, tan español. Es lo que tiene el verano, que Inda está en Mallorca y son los becarios los que deciden que poner. Un cayetano con pinta de mariquita dijo que a esta gente había que cazarlos. En un tik tok que se hizo muy viral, un legionario de antebrazos fuertes dijo que un soldado español no caza seres humanos. Y que si el de las gafitas quería ayudar, que se viniera a África a quitar mierda.
Las teles afines empezaron a emitir largos realities sobre el drama de los que no podían volver. Y durante esos días, vimos muchas veces a policías cachas repartiendo comida a negritos hambrientos y a legionarios hablantes de dariya consolando a moricos en chanclas. Muchos nos sentimos orgullosos de pagarles el sueldo a gente con el corazón y los biceps tan grandes. Y también de la bandera que llevaban en el uniforme, que protege a los débiles. Y al territorio democrático de todos.
Hubo algunas chabolas en la playa; pero parecía que Sánchez estaba en todas partes, limpiando. En realidad, estaba en casi todas las pantallas, en el mejor horario. Algunos jefecillos autonómicos, vestidos de lino veraniego, tan fresco, tan transparente, empezaron a decir que ellos no iban a acoger a ningún refugiado, diga lo que diga la ley. Los muy torpes se pusieron a hablar justo en los días en que en varios canales emitían sin parar el largo reportaje sobre las niñas que había que evacuar sí o sí, para protegerlas de las agresiones sexuales. Estuvo bonito ver bajar de los helicópteros militares, en el Madrid canicular, a Fátima y a su hermanica pequeña, con una muñeca en la mano, regalo de los paracaidistas. Ya eran un poco famosas por tanta tele. Lástima que el famoso ático no tuviera helipuerto. Porque en España la ley se cumple. Hasta en las taifas. Soy español, de quién quieres que te salve? También se hicieron famosetes unos negritos de Níger o de Burkina Faso. Eran cristianos que huían de las masacres yihadistas. Sonreían felices cuando bajaron de la fragata en Cartagena o en Valencia. Las autoridades autonómicas no les recibieron. No me acuerdo, solo sé que todo el trayecto había sido retransmitido. "Joder, tenemos marina. Y tenemos barcos hermosos y honrados." Creí escuchar en un bar. O quizá llevaba demasiadas cervezas y me lo decía a mí mismo.Varios negricos lucían felices la camiseta con las dos estrellas. Se las habían pintado ellos con tipex y les quedaban tiernamente infantiles. Uno de ellos quería aprender fontanería y otro, ser piloto militar.
Durante las dos semanas siguientes, en los debates de la tele, se empezó a citar mucho a Mohamed VI, a su fortuna, a sus putas y a la miseria de su pueblo. También se hablaba de Trump y ningún tertuliano encontraba argumento para defenderlo. Algún ministro del vecino reino protestó por los cortes eléctricos y de internet con los que, al parecer, España castigaba a Marruecos. Salió en casi todos los informativos. Se conoce que en Washington también estaban de vacaciones y no bombardearon la Moneda o le pegaron un tiro a JFK. Pedro fue rápido y activó a la vieja socialdemocracia europea, que aún tiene dientes de zorra vieja y canales de radio. La palabra colaboracionista se pronunció en prime time en muchas lenguas. Ni la Meloni se atrevió a gruñir. Le sugirieron a Letizia que Felipe pasara tres días en Ceuta, y dos en Melilla, con el uniforme de aviador, que le sienta tan bien. Lo gracioso es que Israel retiró a su embajador antes que Marruecos. Mala coordinación. Afortunadamente, no hubo ningún muerto en los dos o tres incidentes navales que hubo en el estrecho y cerca de Lanzarote. Con tantas horas de tele, también tuvimos programas exóticos, cuando una delegación de eurodiputados franceses y alemanes de esos del pelo largo, posaron en Tindouf con las abuelicas saharuis, emocionadas, enseñando su viejo DNI español. Debía hacer más calor que aquí!
También recuerdo vagamente cuando dos guardias civiles hembra metían en el coche, esposados, a aquel diputado autonómico carlista o falangista y a su chófer por espiar para Marruecos. La verdad es que el prócer tenía cara de farlopero y las funcionarias lo gozaron cuando le remetían el cogote hacia abajo. Aunque ya no tengo tan claro que sea verdad eso de los niños con los que se cobraba las tareas de lobbista. De todos modos, ya se sabe que la justicia en España es extrañamente lenta. Ya saldrá la sentencia dentro de unos años.
Eso sí, no olvidare las dos ruedas de prensa de Pedro Sánchez. Fue en la cuarta semana de agosto, cuando anhelábamos las tormentas que acabaran con el calor. El presidente estaba en racha. En los debates parlamentarios les dio para el pelo a los rancios. ¿Con quién va usted, con España o con Mohamed? Sin su tribunal supremo, que seguía de vacaciones, se les veía un poco despistados. Hasta Rufián empezó a dudar si no se habría equivocado de patria.
En la primera rueda de prensa, lo recuerdo bien, Sánchez anunció, mirando fijamente a la cámara: "Después de haberlo consultado con todas las federaciones europeas y latinoamericanas, España, como vigente campeona, y con toda legitimidad, organizará junto con nuestros hermanos portugueses el Campeonato Mundial de Fútbol. Marruecos, que no es un socio fiable, queda excluida de la organización. Y la final se jugará en el Santiago Bernabéu". De la segunda rueda de prensa, ya no recuerdo las palabras exactas. Sánchez convocaba las elecciones para noviembre de aquel año. El del primer eclipse.


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