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Políticos que no se presentan a elecciones: los medios nuevos y los jueces viejos (2)

En el largo plazo, cada país tiene los gerifaltes que merece. La España del "que inventen ellos" es un país, por así decirlo, limitadito. La inmensa mayoría de los españoles no sabe calcular una probabilidad sencilla, no conoce la diferencia entre un virus y una bacteria y a duras penas entiende la contabilidad de su comunidad de vecinos. Así que es normal que en España haya jueces españoles.

Los jueces españoles se caracterizan por tres cosas: su falta de preparación, la elevada imagen que tienen de sí mismos y su fuerte sesgo conservador. Y a muchos de ellos les gusta dedicarse a la política sin presentarse a las elecciones. Bueno, por ser exactos, algunos sí que se presentan para cobrarse el trabajo realizado.

Ya he contado aquí que he visto juezas que decidían sobre asuntos urbanísticos mirando, con ojicos asustados, los planos al revés, como objetos caídos del espacio exterior. He leído sentencias sobre patentes y propiedad industrial en las que era evidente que el juez no entendía lo que estaba juzgando. Otras en las que se confundía lo que habían dicho o aportado unas partes y otras, de tal modo que lo que decía una parte era puesto en boca de la otra y por tanto, el fallo era aleatorio, como el bingo de las fiestas de los pueblos. Algunos amigos sufrieron como peritos el sinsentido de las sentencias del célebre juez Presencia, uno de los pocos que ha acabado en la cárcel. Alguno pensará: bueno, al menos de "lo suyo" sí que entienden. ¿Sabéis lo que le pasaría a un alumno de cualquier asignatura de ingeniería si en un examen confundiera las fórmulas igual que el juez Peinado equivoca los artículos de la ley de Enjuiciamiento Criminal cuando cita a declarar al presidente del gobierno?  Pues eso, error tras error. Y por supuesto, todo muy despacio, a un ritmo de otra época, para qué vamos a apurarnos. Al fin y al cabo, estos jueces del medievo ven los ordenadores, la red y el hipertexto como máquinas de escribir un poco raras. Lacre y pergamino en el mundo de los blockchain, la IA y la clonación de órganos.

Peor que no saber es no saber que no se sabe. Y nuestros magistrados no saben que no saben. Más bien, andan siempre orgullosos de sí mismos. Al fin al cabo son los listos de una familia con muchos libros. Bien que les felicitaron los del tribunal, casi todos amigos de papá, cuando ganaron el arciprestazgo. Cualquiera que conozca el negocio sabe a qué tipo de prepotencia me refiero. Sí, por ejemplo, la del juez Aguirre. salvando a la patria. Y sin presentarse a las elecciones. Esa prepotencia procede de un secreto a voces: si eres juez, nadie te castigará por muy gorda que sea la cagada o la felonía que hagas. Horizontal. Catorce letras: corporativismo. Son tan pocos los que han sido sancionados que si alguien escribe un artículo en la wiki sobre esto, acabará pronto. En dos telediarios alemanes.

Los jueces, en general, son conservadores. Otra obviedad. Suelen proceder de las clases altas. Y las clases altas, cuyos miembros son más inteligentes que los de las clases bajas, son conservadoras. Los jueces juegan al golf, veranean en sitios bonitos y llevan a sus crías a colegios que aparentan ser bilingües. Así que suelen tener la misma opinión política que los que juegan al golf, veranean en sitios bonitos y llevan a sus crías a colegios que aparentan ser bilingües. Pregúntense ustedes cuántos años le habrían caído al sociópata Miguel Frontera si, en lugar de asediar durante meses la casa de una ministra y su humilde esposo, hubiera atacado con la misma cantidad de odio y de megáfonos la casa de un vocal del CGPJ o del obispo de Orihuela. La jueza Pérez Fuentes (de sospechosos apellidos villanos) consideró que Frontera, el organizador del acoso, no era el organizador del acoso. Incluso con jueces justos, la ley no sería igual para todos. Pues imaginen con estos, tan conscientes de a qué clase pertenecen.

Sánchez, el mentiroso, hizo de la necesidad, virtud. Y para seguir en el poder se inventó una ley con nombres y apellidos. Pero ahí estaban los de las puñetas. Siempre defendiendo a la nación. A la suya. Otra obviedad. Aunque para eso sea necesario cagarse en cualquier lógica jurídica. Los indepes andan despistados: Sánchez les ha engañado, previendo que dijera lo que dijera el Parlamento, ya estarían los del Lawfare saboteando la letra y el espíritu de la ley y postponiendo la vuelta del mesías. Incluso ha cumplido las órdenes que le han dado de Europa. Ha pactado con el partido del pueblo que todo siga igual en el sistema judicial español. Pero arrieritos somos y Sánchez acabará empapelado por el tráfico de influencias de su esposa, tan evidente, a pesar de lo burro que es el juez Peinado. A Sánchez también se la han jugado: basta manipular un poco el turno de asignación de causas y pillar un juez afín que se vaya a jubilar. Aunque con estas cosas, nunca se sabe, el diablo está siempre en los detalles. Al fin y al cabo, otros jueces no pudieron determinar quién era "M. Rajoy", ese desconocido que se llevaba parte del dinero negro que cobraba su partido por la adjudicación de contratos públicos. País de "letrados". País de letras. Mierda de país. Jueces de mierda.



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