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ICE, F**K You - A Protest Song for Minneapolis

 

 La casa de nuestro vecino, el moro, tiene una fachada bonita, que combina bien con la nuestra. Me atrevería a decir que esa casa, la casa de mi mujer y la casa de nuestra derecha son las tres más hermosas de esta ciudad industrial y fea. Tres edificios de colores armónicos y marineros, balcones coquetos, rejas de forja. Si toda la calle fuera igual, vendrían los turistas a hacernos fotos y quizá pondríamos una tienda de souvenirs, gentrificada y hortera, en la parte de abajo. Mi mujer haría bonitas artesanías mudéjares y yo cubriría las pérdidas.

El moro respetó la medianera común y apoyó la estructura de su nueva casa en cimientos propios y fuertes, en su lado, honradamente. El hombre es albañil y usó todo su oficio honesto para hacerse una casa linda para la vejez. Construyó una terraza parecida a la nuestra. Aunque la disfrutan más que nosotros, sobre todo, en el ramadán. Nosotros no nos quejamos del olor de sus guisos y ellos no se quejan del humo de nuestra chimenea, que no cumple la norma. A veces, intercambiamos dulces. La casa del moro tiene suelos y paredes de mármol. Les gusta la frescura a esta gente. A nosotros, nos mejoró la casa. Tenemos menos humedad y menos mosquitos que antes. Hicieron muchas habitaciones pequeñas, "conejeras" dice mi mujer, para todos los nietos que tienen en Francia y vienen a pasar el verano. Los niños se ríen cuando, desde el balcón, me ven sacando a Bimba y Lara y yo les digo: Comment vous appelez-vous ?

Imagino lo felices que se deben sentir el abuelo y la abuela rodeados de muchachicos morenos y sonrientes, que dicen cosas bonitas en francés. Felices como todos los abuelos y abuelas del mundo. Durante el resto del año, viven con ellos otros dos hijos. el chico, que es electricista y una chica, que no es electricista; pero es muy guapa. Supongo que ambos tienen la nacionalidad española. Son tan españoles como yo. Y seguramente, más españoles que los de mi pueblo, que se consideran muy y mucho españoles. Y sin embargo; se rigen por el derecho civil aragonés y su voto vale cuatro veces lo que vale el mío y el de mis vecinos. Todos iguales y unos más iguales que otros.

Me pregunto qué debería hacer yo si una horda de descerebrados viniera una noche a romper la furgoneta de trabajo de mi vecino. Esa furgoneta donde carga la herramienta, con la que va a trabajar y a cotizar para pagar la pensión de mi suegro y la de mi padre. Al fin y al cabo, mi coche suele estar aparcado al lado de la furgoneta del albañil. Si un fascista idiota de los que cazan moros le rompe el retrovisor, quizá también se lo rompa a mi coche ¿Qué debería hacer yo? Sepan ustedes que mi Renault grande y feo fue montado en Tánger. 

Y me pregunto que haría yo si trabajara en un restaurante de Minnesota y vinieran unos fascistas de Texas, disfrazados de policías, para secuestrar y expulsar a mis compañeros de trabajo porque hablan español, la misma lengua que hablan los cuñaos de aquí.  ¿Qué hay que hacer con los fascistas cazamoros y cazahispanos?

Quiero creer que, a pesar de mi miopía, heredé de mi padre buen ojo para disparar. Imaginen que, también hubiera heredado la vieja escopeta de caza del abuelo, con la que mi padre rompía 22 o 23 platos en los concursos de tiro a plato de los pueblos del sur de Aragón. Imaginen que tuviera la munición adecuada. Por ejemplo, balas para el jabalí, de la que se expanden cuando entran en el cuerpo del cochino, buenas para las distancias cortas. Imaginen que una noche de caza de trabajadores moros o de trabajadores latinos yo estoy en casa con esa escopeta de caza.¿Qué debería hacer yo si una horda de imbéciles viene a quemar la hermosa casa de mi vecino durante un pogromo? ¿O a secuestrar a mis compañeros de trabajo? Al fin y al cabo, su casa está pegada a la mía, ambas arderían. Y yo también hablo español y no soy tan claro de piel como el imbécil del presidente ¿Qué debería hacer yo cuando un tonto tatuado se acerque a mi puerta o a la puerta del moro con un bidón de gasolina? ¿Qué harían ustedes si secuestran a sus compañeros de trabajo?

Cuando llegara la jauría de los cazalatinos, quizá yo saldría al hermoso balcón, en calzoncillos Quechua y me echaría la escopeta a la cara. En mi mente, relampaguearía un breve pensamiento sobre el reparto injusto de los beneficios y costes de la globalización. Y mientras apuntara, quizá pensaría que el pobre grandullón que se acerca a mi puerta con un bidón de gasolina en sus brazos de gym y su corte de pelo de retrasado, no sabe quiénes fueron los Ustacha de Pavelic ni David Duke. Y que el muy gilipollas no tiene la culpa de que los malvados le hayan podrido su breve cerebro en las redes sociales. Y pensaría en el nosotros y en el ellos. Y quizá me viniera a la mente la cara sonriente de mi paisano Jiménez Losantos, orgulloso de lo que ha conseguido. Pero después de  esas milésimas de segundo, me acordaría de los niños morenicos que hablan en francés y que se esconden aterrorizados en las conejeras de su abuelo. Y de los niños que hablan español y son perseguidos en las calles heladas de Minneapolis. Y que van a vivir y a seguir sonriendo. Y que no van a morir asfixiados ni van a acabar en una jaula. Y pensaría en Lara y Bimba, y en mi mujer, asustadas porque que no saben qué está pasando en esta extraña noche tropical. Y nadie las va a quemar ni las va a secuestrar. A 5 metros, con esa luna, y desde el balcón, les juro por Dios que no fallaría.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼🥲
Anónimo ha dicho que…
👏👏👏👏👍👌

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