En el programa del 9/03/2026 de "Negras o blancas" de Alzira Ràdio cité este documental recién estrenado en Netflix. Por su interés para un público más general, traigo aquí algunas de las notas que guiaron mi reseña.
Trata la vida de las hermanas Polgár y específicamente, la de Judit, la menor de las tres. A raíz del éxito de "Queen gambit" algún ejecutivo creativo, proactivo y bien remunerado decidió seguir con el tema del ajedrez y la mujer. Y han hecho un documental interesante y fácil de ver. Los ajedrecistas nos sentimos a gusto con las hazañas y las penas de las célebres jugadoras húngaras y los no ajedrecistas encontraran sugerente el tema de las decisiones paternas sobre el futuro de los hijos.
El psicólogo Lászlo Polgár estaba interesado en probar que la excelencia (y más allá, la genialidad) en cualquier campo profesional se podía alcanzar empezando a trabajar en ese campo a una edad temprana y trabajado mucho, sin depender de las capacidades heredadas. Y llevó a cabo el dudoso experimento usando como cobayas a sus tres hijas y como campo el ajedrez. Las niñas no fueron al cole. Papi las encerró en su modesto apartamento de Budapest y las obligó a estudiar ajedrez muchas horas al día. No todo les va a salir mal a los judíos húngaros de clase media y las niñas, en lugar de asesinar al padre y comérselo a trocitos con salsa goulash, resultaron ser excelentes jugadoras de ajedrez. Quizá lo único que se puede reprochar al documental es que no haya profundizado en el debate sobre si lo que hizo era lícito o no.
Creo que fue Zsuzsa, la mayor (1969), la que respondió en una entrevista a la inevitable pregunta sobre el experimento con algo así como "Mis hermanas y yo hemos viajado, hablamos idiomas y gracias al ajedrez hemos disfrutado de un estatus y de experiencias más ricas que la mayor parte de los húngaros de nuestra generación". Efectivamente, Zsuzsa llegó a obtener el título de Gran Maestro. Ahora vive en los Estados Unidos y se nota en el inglés que habla.
En lo que se refiere al ajedrez, Sofia, la mediana (1974) destacó un poco menos. Solamente fue la Maestra Internacional más joven de la historia. He conocido a muchos tipos extraordinariamente inteligentes que darían lo que les queda de vida por llegar a ese nivel ajedrecístico. Sofía ahora vive en Tel-Aviv y pinta cuadros. Espero que no le caiga encima ningún misil iraní.
Los ajedrecistas conocemos más a la menor, Judit (1976). Judit Polgár fue un monstruo del ajedrez. Si se puede llamar monstruo a un muchacha rellenita, siempre sonriente, con ojos vivos y pícaros hoyuelos. Logró el título de Gran Maestro a los 15 años y cuatro meses, batiendo la marca del gran Bobby. Yo estaba en Madrid en mayo del 94. Vi a Judit en el súper torneo de la Comunidad, que se jugó en el Auditorio de la Once, en el paseo de La Habana. Judit quedó primera, imbatida, por delante de alguno de los mejores jugadores del mundo y de España. En sus mejores años, Judit era una atacante formidable.
El documental dedica una parte del metraje a algo que nos resulta conocido a todos los ajedrecistas: todos tenemos alguna bestia negra que nos gana una y otra vez, aunque la correlación de fuerzas no sea tan dispar. En el caso de Judit, esa bestia negra era el llamado ogro de Bakú, Gary Kaspárov. El campeón del mundo le hizo una pequeña trampita en Linares (1994): en una posición ventajosa para las negras, cogió el caballo de d7 y lo soltó en c5 durante unas décimas de segundo. Al ver que eso permitía 37. Ac6, rápidamente lo movió a f8. Parece ser que, en lugar de ese caballo, mover el otro: 36...Cg4 ganaba.
Aunque la jovencísima Judit vio la ilegalidad, no supo qué decir. Finalmente, el ruso ganó la partida y casi todas las que siguieron. Judit había quedado algo traumatizada. No era algo extraño perder contra Kaspárov; pero teniendo en cuenta que Judit llegó a estar entre los 10 mejores del mundo varios años seguidos, un score tan desfavorable era raro. Finalmente, consiguió vencer al ogro en Moscú (2002). Extrañamente, Kaspárov jugó una Berlinesa, en lugar de su habitual Siciliana. El documental encuentra así su final feliz y todos podemos apagar la tele e irnos a la cama para soñar con princesas y con reinas, sabiendo que, de momento, no nos van a caer misiles.

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