De acuerdo al INE, en Soria, que es la circunscripción menos poblada, hay 67.000 posibles votantes (no cuento a los sorianos del exterior porque, según los jueces del tribunal supremo, son todos comunistas, yihadistas o sandinistas). Soria tiene asignado el mínimo que dice la consti (2 diputados). Eso hace que un diputado por Soria cueste unos 30.000 votos. En realidad, bastantes menos, porque muchos de ellos no irán a votar. Andan entretenidos componiendo poemas sobre la soledad.
En la provincia de Vizcaya, hay unos 900.000 posibles votantes, para elegir 8 diputados. Si hacen ustedes las cuentas, verán que es mucho más fácil sacar un escaño por Soria que uno por Vizcaya. Pero ambos tienen el mismo poder representativo (y el mismo sueldo) cuando llegan a la carrera de San Jerónimo. Y la comparación sería todavía más extrema si miráramos Madrid (38 para 5 millones de votantes) o Barcelona (32 para algo más de 4 millones de votantes). Es decir, la clave del sistema electoral español es que NO es proporcional. Un votante de una provincia poco poblada tiene mucho más poder electoral que un votante de una provincia muy poblada. PP y PSOE basaron su larga hegemonía en que tendían a ganar casi todos los diputados baratos de casi todas las circunscripciones sobrerrepresentadas. Pero la crisis del bipartidismo que se inició en el 2014 con la aparición de Podemos, Ciudadanos y Vox, cambió el panorama.
Por otro lado, al haber 52 circunscripciones, en realidad, tenemos 52 elecciones distintas. Para tratar de entender que ocurrirá en las elecciones de noviembre y qué deberían hacer (o haber hecho) los partidos de izquierdas, clasificaremos las circunscripciones en 3 grandes grupos.
Provincias de 5 diputados o menos (29 circunscripciones).
Salvo en Álava, Navarra y Lérida, los partidos de izquierda no sacarán ningún diputado. La magnitud del desastre dependerá de cuántos diputados le ganará Vox al PSOE en cada provincia. Los del PSOE, para aguantar el chaparrón, confían en que la Ayuso hable de las pensiones o que Milei visite a menudo España. Pero Europa se está moviendo hacia la derecha. Los bárbaros, que tienden a lo simple, lo llaman Reconquista.
Consideremos, por ejemplo, la circunscripción de Albacete, que elige 4 diputados. Estoy escribiendo esto desde el lado norte de la sierra del Segura, tan hermosa, tan verde. Tradicionalmente, eran 2 diputados para el PP y 2 para el PSOE. Lo normal. Lo de toda la vida. Provincias de poco interés, más nos vale mandar a los asesores y a los mitineros a las provincias de 3 y de 5 para luchar por los impares. Pero en las elecciones de 2023, en Albacete, Vox sacó casi 37.000 votos. A punto estuvo de ganarle la segunda diputada al PSOE (que pagó por ella 38.000 votos). Por cierto, me ha costado un buen rato averiguar quién era esta segunda prócer. Cosas de las listas cerradas: muchos de los diputados elegidos son gente insignificante y anónima, como un bloguero o un poeta soriano. Con unos cuantos votos más, Vox ganará ese cuarto diputado en noviembre. Y esto podría ocurrir también en otras 10 o 12 provincias. Ya saben lo que eso significa: cambio de régimen.
En esa España interior, solo queda una barricada. En el 2023, en Albacete, unas 17.000 personas votaron a partidos de izquierdas. 17.000 votos perdidos, electoralmente hablando. Independientemente de que hubiera una única candidatura de izquierdas o varias. Esos votantes, como el del resto de circunscripciones pequeñas, se tendrán que plantear qué hacer con su voto. Los forenses se ponen una crema fuerte en la nariz para no tener que respirar el olor a cadáver. Algunos opinarán que hay que enterrar definitivamente al cadáver. El problema es que quizás los entierren a ellos en la misma fosa común.
Provincias de 6 a 16 diputados (21 circunscripciones).
Se trata, principalmente, de las provincias costeras. Aquí, sí que es útil para los partidos de izquierdas concurrir juntos. En muchas de ellas, le pueden disputar el último o el penúltimo diputado a Vox. Pequeñas diferencias en el número de votos serán determinantes. Y aquí hemos sufrido la gran decepción judaica por falta de un acuerdo general.
Consideremos, por ejemplo, la circunscripción de Cádiz. Eligió en el 2023, 9 diputados. 4 para el PP, 3 para el PSOE, 1 para Vox y 1 para Sumar. Con 9.000 votos, se quedó sin diputado el partido de Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía). En las elecciones andaluzas de 2026, parece que hubo un cambio y Adelante Andalucía se convirtió en el primer partido de izquierda, superando a Por Andalucía (Sumar). No me extraña, la Teresa, a pesar de sus achaques, es mucho más guapa que el Maíllo. Ambas fuerzas concurrirán separadas en noviembre. Además, por disminución de la población, en Cádiz elegirán ahora 8 diputados. Todo indica que los vientos del Atlántico van a favor del PP y de Vox. Allah no lo quiera; pero los 70.000 votos que obtendrá el mejor de los partidos de izquierdas no serán suficientes para obtener un diputado. Es decir, yendo separados habrán hecho unas hostias como panes. Y esto será así en la mayor parte de las circunscripciones donde haya dos listas. Esperemos que el incendio del ayuntamiento de Limoges no se pase al Reichstag.
Madrid y Barcelona (2 circunscripciones).
Pablo Iglesias, ese muchacho que habla tan bien, ha asegurado que en circunscripciones grandes, no es un problema que haya varias listas. En términos numéricos, es cierto. Al elegir a tantos diputados, se acercan a la proporcionalidad: "un paisano, un voto". En ambas provincias pueden competir dos listas de izquierdas y quizá eso sume. El problema es la sombra que eso proyecta sobre las circunscripciones del epígrafe anterior. Ya se sabe que lo más importante en la política de partidos es movilizar a los tuyos. En mi opinión, una sola candidatura a nivel estatal, visible especialmente en Madrid (Podemos en el Frente Amplio) y Barcelona (ERC y el Frente Amplio) hubiera movilizado a más votantes de izquierdas que las candidaturas separadas.
En realidad, de lo que estamos hablando es de la magnitud de la tragedia. ¿Llegarán PP y Vox a los 210 diputados? Esa cifra les permitiría, por ejemplo, iniciar cambios en la Constitución. Pobre España, pobre Europa. Ya no es el momento de las culpas. Es el momento de la resistencia.

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