Ir al contenido principal

La mano izquierda de Franco.

Pienso que la mayor anomalía de la historia española contemporánea NO fue la guerra civil. Al fin y al cabo, en muchos países menores de aquella desgraciada Europa hubo también guerras civiles. En Yugoslavia, desde la invasión alemana de 1941 hasta el triunfo total de Tito se produjo un todos contra todos más aterrador y brutal que el lío español. En Italia, desde septiembre de 1943 hasta la rendición alemana hubo una verdadera guerra civil entre los fascistas y los partisanos. En Grecia, con el apoyo de Gran Bretaña y los EEUU a un lado y de Tito, al otro, se produjo otra guerra civil que duró tanto como la española (de 1946 a 1949). Lo verdaderamente anómalo de nuestra tragedia es que el resultado de la guerra fue que el poder, todo el poder, acabó en manos de un general de las colonias. 

En otras circunstancias, en España se hubiera producido una restauración borbónica con apoyo inglés, o bien, después de un involucramiento más activo con Hitler, una ruptura democrática en 1946 o 1947. El pueblo español se hubiese ahorrado veinte o veinticinco años de miserias y desnutrición en la cabila rifeña a la que la puta historia le condenó.

¿Se imaginan al general George Colley, cubierto de sangre bóer, de primer ministro británico? ¿Al general Raoul Salan, cubierto de sangre argelina, de presidente de la república francesa? La anomalía española fue precisamente esa: un carnicero africano, tras varias casualidades cabronas, fue el que se hizo con el poder. Y no lo soltaría jamás. 

Me compré este librito por un euro en el mercado del Puerto de Sagunto, atraído, obviamente, por el título. El médico Ramón Soriano Garcés trató al tirano del accidente de caza que tuvo el día de nochebuena de 1961. Así que el autor tuvo acceso a la camarilla  de íntimos durante 1962 y trascribe lo que le cuenta SEJE en 150 páginas de conversaciones de mesa camilla, durante las visitas y los ejercicios de recuperación. El tono, como se pueden imaginar, es patéticamente hagiográfico. Por decirlo claro, Soriano es un lameculos y un pelota. No hay animus iniurandi, me limito a describir el texto. Aunque pienso que yo, en su lugar, hubiera sido todavía más servil y más adulador.

Pero el libro tiene cierto interés. A pesar de que el pelotillero intenta arreglar las palabras del generalísimo y les pone sujeto, verbo y predicado para que parezcan las enseñanzas de Brahma, no puede evitar que muchas confidencias reflejen las mediocridades personales y políticas del generalote. Por ejemplo, en lo que se refiere a su analfabetismo económico (recuérdese que por aquel entonces ya le habían eximido de las decisiones económicas ante la catástrofe a la que iba el régimen de cabeza): "Cuando la Cruzada sólo contábamos como productos de exportación con wolframio y vinos de Jerez. La libra inglesa estaba a 36 pesetas y yo la subí a 38.." 

Soriano intenta disfrazar a su paciente de abuelito sabio y bondadoso; pero el lector informado en seguida descubre al oficial de cipayos taimado y rencoroso que miente descaradamente y manipula la historia para justificar su ascenso al poder absoluto: "En los prolegómenos del Alzamiento, había algunos generales más antiguos que yo, de los que me constaba que no admitirían mi mando; por lo cual sugerí que fuese Sanjurjo el jefe del Movimiento. De ese modo, el que manejaría los hilos iba a ser yo..." . O cuando se refiere a su historial militar, como el historiador Ángel Viñas explica en detalle aquí. 

Si no fuera por las manchas de sangre por todas partes, por los restos humanos esparcidos por doquier, por los oscuros ganchos de colgar cuerpos, por los cuchillos y tenazas sin limpiar, por el olor a cadáver que todo lo empapa, quizás hasta inspiraría ternura el pequeño anciano arrugado con el brazo en cabestrillo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El año del eclipse.

Fue el verano del primer eclipse. Quizá no recordéis las mismas cosas que yo. Pero sí que os acordaréis de que casi todo lo visteis en televisión. En vacaciones se suele ver más tele. Hasta los chavales aparcan un poco los móviles y las redes sociales y entre siesta y siesta miran la vieja, solemne, mediana pantalla. Hacía mucho calor en todas partes y era mejor estar en casa en las horas centrales del día, cuando los informativos. Y por la noche, como se cenaba tarde, la gente también veía las noticias. Incluso los sobrinos, mientras esperaban que Merche les hiciera los bocatas para irse a cenar por ahí, a la fresca. Fue dos días después de la invasión de Ceuta, el primero o segundo de agosto. Marruecos había empujado a ochenta mil desgraciados a cruzar la frontera, unos por el espigón, otros nadando. Fue como lo de la marcha verde pero sin camiseta y con flotadores. Murieron unas ciento cincuenta personas, ahogadas. Mala muerte. Ahogarse viendo la costa. Entonces, Pedro Sánchez salió...

De la quimera inmobiliaria al colapso financiero. (García Montalvo)

Como indica su título, el libro trata de la burbuja inmobiliaria y del crack financiero. Pero hay truco, porque primero habla de la burbuja inmobiliaria española del período 2000-2008 y luego se pone a analizar el crack financiero mundial del 2007-2008. Y esa es la primera crítica que se le puede hacer. No queda demasiado clara la relación entre ambos. Aunque asumimos que los mercados inmobiliarios son locales y los mercados financieros globales; no explica cómo están interrelacionados. ¿En qué medida el crecimiento especulativo del precio de la vivienda en España fue financiado por los mercados globales de capital? ¿Cuánta relación hay entre la crisis global y la crisis española? Me parece que el autor no dice nada porque no sabe nada al respecto. Es que es economista. Durante el fin de semana, me he leído este librito de divulgación económica. Debido a los excesos nocturnos, no tenía la cabeza demasiado despejada; pero aún así me ha resultado fácil de leer. Quizá demasiado fácil. Y e...

Historia de la guerra de España. Vicente Rojo.

Supongamos que existe algo parecido a la neutralidad en historia, es decir, que los hechos ocurridos en el pasado pueden aprehenderse despojados de todo sesgo o prejuicio. Supongamos también que las personalidades individuales afectan con sus particularidades y talentos al devenir histórico y supongamos, por último, que la historia militar, es decir, lo de las batallitas y los movimientos y los repliegues, etc. es algo importante. Asumiendo todo esto, llegaríamos a la conclusión de que el general Vicente Rojo Lluch fue uno de los españoles más importantes del siglo XX. Sin embargo, este valenciano no tiene ni calles ni plazas dedicadas en ninguna ciudad grande. La razón es fácil de adivinar: se mantuvo leal al gobierno español y, por tanto, acabó en el mando de los perdedores. Mala suerte. Para mi cumpleaños, mi cuadrilla de amigos, me regaló este libro, ¡ muchas gracias, Enrique! En él, se publica el último manuscrito inédito del general, redactado durante su exilio. Jorge Martínez Re...