Ir al contenido principal

La falla King-Kong (2)

Voy a concretar. Me centraré en un aspecto concreto de la fiesta: la indumentaria masculina. Estos días, he hablado bastante del tema con mi contertulio B. Su mujer tiene una próspera tienda de ropa fallera. Tip for tourists: no hay "disfraces" falleros. Esta palabra es tabú. La vestimenta que tanto impresiona a los turistas debe llamarse "indumentaria tradicional valenciana", con más o menos justificación histórica y documental. Todos los que participan activamente en la fiesta saben que necesitan dotarse de unas mudas de este tipo de ropa para poder estar en los actos falleros (siempre tan protocolizados).

Durante la mayor parte de la historia de las fallas, los festeros no vestían de una manera distinta de los días normales. En lo que se refiere a las mujeres, cuando el papel de las falleras mayores empezó a cobrar importancia, se fue configurando un tipo de vestimenta barroca y exagerada que, supuestamente reflejaba los vestidos de gala de las huertanas. 

Es fácil ver aquí el influjo de la Renaixença. Aquellos poetastros bienintencionados del XIX volvían a cultivar la lengua del país, ensalzando las supuestas virtudes de los labradores, y en especial, las de sus castas mujeres, objeto de los piropos más florales. Una de las fallas más ruidosas y molestas en nuestro barrio se llama "Teodoro Llorente", tomando el nombre de una calle dedicada al más destacado de aquellos poetas. El vate debe retorcerse en su tumba de la Sección Segunda del Cementerio General al ver su nombre de pila con esa tercera "o" o al leer los llibrets de esa falla y de la mayoría. Es evidente que muchos autores de esas explicaciones sobre las escenas cómicas representadas en las fallas no tienen al valenciano como lengua habitual o han leído tan poco en esa lengua que sus rimas suenan pueriles y faltas de ingenio. Aunque sea un valenciano de niño pequeño, al menos siguen escritas en la hermosa lengua que se resiste a desaparecer de la ciudad, pensarán los optimistas.

En lo que se refiere a la vestimenta masculina, en 1954, el Estado Mayor, es decir, la Junta Central Fallera, decidió que sus cuadros y mandos debían vestir un traje inventado de "fallero", con galones incluidos. Este traje fue evolucionando hasta convertirse en los 70 en el uniforme que todos los de mi generación recordamos: pantalón, chaqueta y zapatos negros y camisa blanca. "Traje de cucaracha" lo llamaban. Algo tan valenciano como un oso polar o una pirámide maya.

La contradicción constante entre lo jerarquizado y lo espontáneo se mantuvo durante todo el franquismo y acabó estallando durante la transición, como un masclet. En cada aspecto de la fiesta, se daba una guerra cultural que reflejaba las contradicciones de aquella sociedad: en el estilo de las fallas, en sus temas, en la lengua utilizada en los distintos actos. Las cornetas y tambores militarizados frente a la dolçaina y el tabalet tradicionales. Muchas comisiones querían salirse de lo convencional. Muchos comprendían que las iniciativas culturales que necesitaba la nueva época tenían que desarrollarse al abrigo del movimiento fallero. Y que era un error dejar todo ese espacio ciudadano a los oscuros herederos de la dictadura. Lo institucional de las fallas era "coent", ese adjetivo tan valenciano que define lo hortero, lo cursi, lo rancio, lo pretencioso. Frente a ello, había que reconstruir lo popular, "el pensat i fet".

Una de aquellas comisiones rompedoras fue la Jacinto Benavente- Reina Doña Germana, organizada alrededor de Julio Tormo. Se le recuerda por una falla innovadora, coronada por el monstruoso King-Kong del desarrollismo tardofranquista, el que quería convertir el cauce del río en una autopista o urbanizar el Saler. En sus pocos años de vida, esta falla abrió muchos caminos nuevos. Una de las señas de identidad de esta comisión fue la recuperación de la vestimenta tradicional masculina: los atuendos de torrentí o saragüell. 

Obviamente, lanzar aquel desafío en el contexto de la violenta Valencia de la transición no salía gratis: tuvieron que aguantar los predecibles insultos: "maricones, catalanistas, etc..." y las amenazas físicas de una derecha españolista envalentonada que consideraba a las fallas un negocio propio. La Junta Central Fallera inhabilitó a perpetuidad a aquel grupo de graciosos de buena familia. Hoy en día, la indumentaria que recuperaron es la normal en todas las fiestas. Es decir, hasta ponerse unos calzones medievales puede ser una heroicidad que prende la chispa que encenderá todas las fallas de la vieja ciudad del Turia.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El año del eclipse.

Fue el verano del primer eclipse. Quizá no recordéis las mismas cosas que yo. Pero sí que os acordaréis de que casi todo lo visteis en televisión. En vacaciones se suele ver más tele. Hasta los chavales aparcan un poco los móviles y las redes sociales y entre siesta y siesta miran la vieja, solemne, mediana pantalla. Hacía mucho calor en todas partes y era mejor estar en casa en las horas centrales del día, cuando los informativos. Y por la noche, como se cenaba tarde, la gente también veía las noticias. Incluso los sobrinos, mientras esperaban que Merche les hiciera los bocatas para irse a cenar por ahí, a la fresca. Fue dos días después de la invasión de Ceuta, el primero o segundo de agosto. Marruecos había empujado a ochenta mil desgraciados a cruzar la frontera, unos por el espigón, otros nadando. Fue como lo de la marcha verde pero sin camiseta y con flotadores. Murieron unas ciento cincuenta personas, ahogadas. Mala muerte. Ahogarse viendo la costa. Entonces, Pedro Sánchez salió...

De la quimera inmobiliaria al colapso financiero. (García Montalvo)

Como indica su título, el libro trata de la burbuja inmobiliaria y del crack financiero. Pero hay truco, porque primero habla de la burbuja inmobiliaria española del período 2000-2008 y luego se pone a analizar el crack financiero mundial del 2007-2008. Y esa es la primera crítica que se le puede hacer. No queda demasiado clara la relación entre ambos. Aunque asumimos que los mercados inmobiliarios son locales y los mercados financieros globales; no explica cómo están interrelacionados. ¿En qué medida el crecimiento especulativo del precio de la vivienda en España fue financiado por los mercados globales de capital? ¿Cuánta relación hay entre la crisis global y la crisis española? Me parece que el autor no dice nada porque no sabe nada al respecto. Es que es economista. Durante el fin de semana, me he leído este librito de divulgación económica. Debido a los excesos nocturnos, no tenía la cabeza demasiado despejada; pero aún así me ha resultado fácil de leer. Quizá demasiado fácil. Y e...

Historia de la guerra de España. Vicente Rojo.

Supongamos que existe algo parecido a la neutralidad en historia, es decir, que los hechos ocurridos en el pasado pueden aprehenderse despojados de todo sesgo o prejuicio. Supongamos también que las personalidades individuales afectan con sus particularidades y talentos al devenir histórico y supongamos, por último, que la historia militar, es decir, lo de las batallitas y los movimientos y los repliegues, etc. es algo importante. Asumiendo todo esto, llegaríamos a la conclusión de que el general Vicente Rojo Lluch fue uno de los españoles más importantes del siglo XX. Sin embargo, este valenciano no tiene ni calles ni plazas dedicadas en ninguna ciudad grande. La razón es fácil de adivinar: se mantuvo leal al gobierno español y, por tanto, acabó en el mando de los perdedores. Mala suerte. Para mi cumpleaños, mi cuadrilla de amigos, me regaló este libro, ¡ muchas gracias, Enrique! En él, se publica el último manuscrito inédito del general, redactado durante su exilio. Jorge Martínez Re...