miércoles, 16 de mayo de 2012

La furia y el silencio.


Tres son los Reverte del panorama editorial español (en español). El más célebre es el académico Pérez-Reverte, cuyas obras no me interesan demasiado y cuyos celebrados artículos de prensa me suenan repetidos y estériles. Los otros dos son los hermanos Jorge y  Javier Martínez Reverte.

Durante la semana de la última huelga general, leí “La furia y el silencio”. En ella, Jorge Martínez Reverte cuenta los acontecimientos de la primavera de 1962, cuando los mineros de Asturias se pusieron en huelga. Usa la misma técnica historiográfica que en “La Batalla del Ebro”, quizá su obra más ambiciosa. Acumula testimonios orales, extractos de documentos y breves descripciones sin más orden que el cronológico. Se abstiene de plantear explícitamente esquemas generales o de organizar toda la información de acuerdo a una pauta ideológica. Aunque en la selección de los testimonios o en los entrecomillados de los documentos hay un evidente (e inevitable) sesgo ideológico. Consigue así un mosaico colorido y liviano de leer, que acaba dejando una buena visión de conjunto y una sensación de cercanía a los protagonistas (humanos) de los acontecimientos (históricos).

En 1962, el franquismo estaba reinventándose. El fracaso de la autarquía fascista había hecho necesaria la cesión del poder a los tecnócratas del entorno del Opus, que estaban intentando adecuar las estructuras económicas a las del capitalismo estrictu sensu. Con todo, aun quedaban amplios sectores intervenidos o subvencionados, como el del carbón o el de la industria pesada.

Los bajos salarios de los mineros asturianos, unidos a unas condiciones de trabajo que no habían cambiado desde principios del XX, fueron la chispa que encendió la hoguera de la huelga. La potencia y extensión de la protesta, que tuvo un origen exclusivamente laboral, sorprendió a todos. Al régimen, que no pudo sofocarla a pesar de las hostias y de las torturas, al PCE, la única organización opositora de cierta importancia, al sindicalismo vertical, que dejó de tener función alguna en el sistema, y a las empresas, que intentaron ahogarla por hambre y al final, tuvieron que ceder en algunas de las reivindicaciones.

Una vez más, la organización autónoma de las bases, que usaron una estrategia combinada de brazos caídos, apoyo mutuo y paralización de la actividad económica, superó ampliamente cualquier estrategia de los aparatos. La dictadura, brutal y violenta, sin entender nada o casi nada, necesitaba  culpar al contubernio de que los picadores no volvieran al pozo, de que cada vez más “productores” de Vizcaya se unieran a la huelga, y de que por las noches, a pesar del toque de queda, los estudiantes de Madrid cantaran el “Asturias, patria querida”. 

No sé porqué me puse a leer durante esos días este librito. No hay ninguna relación entre aquellos acontecimientos y los que vivimos actualmente. El otro día también estuve en las manis del 12-M. Aquella sociedad y la nuestra no se parecen en nada. Los problemas de aquellos mineros y los del mundo del trabajo actual no se parecen en nada. …o sí?

lunes, 7 de mayo de 2012

El enigma Hess.


En la 2, están echando durante estos días una excelente serie de documentales históricos sobre la segunda guerra mundial. "Apocalipsis", creo que se titula.

Quizá por eso, este fin de semana, en la tranquilidad del pueblo, me fui directo a la estantería donde tengo una colección sobre la WWII, como dicen los angloparlantes. Escogí este libro del historiador Martin Allen. Algunos de mis conocidos leen novela histórica. ¿Para qué hacerlo? pudiendo leer historia "real", tan emocionante y sutil como la que envuelve la "fuga" de Hess.

Allen defiende la tesis de que el vuelo de Hess a Escocia y el ataque a la Unión Soviética estaban relacionados en una forma intrincada. El gobierno de  la Gran Bretaña aislada y bombardeada de 1941 sabía que solo podía vencer a Hitler si este comenzaba una guerra en los dos frentes. Según Allen,  Churchill y sus eficaces servicios de inteligencia maniobraron astutamente para convencer a Hitler y a Hess de que un presunto bando pacifista británico, liderado por Lord Halifax, aceptaría una paz con Alemania que mantuviera el imperio inglés y permitiera a Alemania su anunciada expansión hacia el este.

Hess se ofreció como negociador estelar. De acuerdo al libro, Churchill logró así su propósito y engañó a Hitler, que no podía reconocer que había  intentado una paz negociada en el oeste. Dicho en términos históricos, los sofisticados mecanismos de la política imperial confundieron a los nazis, esa monstruosidad histórica que la derrota y la crisis de los 30 habían creado. El astuto Churchill, educado para gestionar un imperio plutocrático engañó al  cabo austriaco, la encarnación del mal en la tierra.

Uno tiembla al pensar el ejército de cabos que ahora mismo lamen su rencor y su odio hacia la plutocracia en Rusia o en Grecia.

jueves, 26 de abril de 2012

Crimen perfecto


El viernes pasado fue un viernes cálido, silencioso, tranquilito. Me quede en casa frente a la tele, cansado de todo el trabajo de la semana. Afortunadamente, la tele pública aún se puede ver. Pero parece que la retrorrevolución también quiere hacer sus cambios ahí. Ahora que la chusma está como atontada es cuando todo puede ser reformado, cuando las cosas volverán a ser como Dios manda, cuando todos los viejos y rancios deseos podrán hacerse realidad…

En fin…vi "Crimen perfecto", de Andrew Davis (1998), un remake de una de las obras maestras de Hitchcock. Esta versión no es tan buena como el original; pero entretiene. El Michael Douglas y el Mortensen son creíbles. Más desubicada veo a la Gwyneth Paltrow. Con las cosas que le pasan y solo cambia de cara cuando yace con Vigo.

En la peli reconocí numerosos lugares de Nueva York: Washington Square, el ferry a Staten Island, etc. Me acordaba de cuando le contaba a Glenn, de Brooklyn, que era difícil para nosotros, los turistas, asumir que Nueva York es una ciudad normal, que no es un inmenso escenario, dispuesto para nosotros. Es difícil comprender que esos decorados que hemos visto desde la infancia son un sitio con basura de verdad, con taxis de verdad, con violadores y cucarachas, con alcantarillas que emanan vapor entre los rascacielos y donde hay gente muy rica y muy pobre y las armas de los policías que protegen la riqueza de gente como los personajes de Douglas y Platrow están cargadas con balas reales, de las que matan.

Disfruté el thriller y me fastidió mucho que el crimen perfecto al final no fuera tan perfecto, que es lo que suele pasar. ¿Por qué nos gustan tanto las historias de asesinos planificadores y sutiles? Muchos autores ya advirtieron esto y cambiaron el enfoque de la cámara, pues, en cierto modo, todos nos ponemos de parte del malo. La reina del género fue la Highsmith y su insuperable Ripley. Nos deleita ver que el malvado puede salirse con la suya, gracias a su maligna inteligencia ¿Dónde está el encanto de que el mal triunfe?

miércoles, 11 de abril de 2012

Xavi Castillo en Matisse


Anoche, con Enrique e Íñigo, fui a ver a Xavi Castillo a la sala Matisse, en Valencia. Obviamente, se llenó y es que el tipo se va haciendo cada vez más popular. Xavi Castillo es un showman-monologuista que hace un humor obsceno y violento, gritón y destartalado, sudoroso y sincero. Durante mi estancia en los Estados Unidos, me propuse no ver ni escuchar vídeos ni en español ni en valenciano, pero Guillermo me envió un enlace y no pude evitar seguirlo. Aun me acuerdo de las carcajadas en la soledad de mi cuarto, escuchando a este tipo de Alcoi insultar y ridiculizar sin piedad a la casta que nos gobierna desde hace tantos años. Desde entonces, no me pierdo ni un capítulo de su última creación: el "Veriueu-ho teatre" ("investigation theater", aclara el clown).

¿Por qué Xavi Castillo y Pot de Plom se han hecho tan populares? Porque son los únicos que hacen parodia de los gerifaltes del Partido. Eso les ha costado el ostracismo en el sistema público, es decir, en casi todas partes. Internet bendita.

La incapacidad de las sociedades para reírse de sí mismas es uno de los síntomas más evidentes de su decadencia. Y aquí casi nadie se atreve a hacer chistes sobre la corrupción, sobre la diglosia, sobre el alcoholismo o la homosexualidad de nuestros líderes. No encontraréis en Canal 9 nada equivalente al aragonés "Oregón televisión" o al vasco "Vaya semanita" ¡Qué paradoja! La Valencia que inventó las fallas, ese fenómeno tan subversivo, la Valencia menestral y librepensadora que tanto temía la iglesia, la Valencia creativa y brillante, se ha convertido ahora en un erial disciplinado, gris y decadente. Esa ciudad rebelde y divertida es un paraíso para granujas que trepan como los caracoles, "llepant", o de silenciosos meapilas de oscuras obsesiones.

Con una tele pública secuestrada y unas fallas militarizas y alienadas, ha tenido que venir un tipo de pueblo a hacernos ver lo tremendamente ridícula que es Rita Barberá, esa señora que ha asumido la personalidad de la vieja ciudad. Ha tenido que venir un Capitá Moro d'Alcoi con la voz ronca por el café licor y la fiesta, a vociferar aquello tan valenciano de "Aixó ho pague jo!"

miércoles, 21 de marzo de 2012

1900: El origen del Arte Publicitario.


Para aprovechar la última tarde de vacaciones falleras, fui a ver esta exposición en el Centro Cultural Bancaja, en la plaza de Tetuán, que presentaba un extraño aspecto bajo la lluvia del primer día de la primavera.

La cartelería comercial es uno de los más curiosos exponentes del arte en el cambio del XIX al XX. Trabajando en un tema totalmente distinto, ya advertí el sutil vínculo que hay entre los procesos de transformación económica, la aparición de la publicidad como parte fundamental de los negocios y la labor artística en sí misma. Quizá de aquí a unos años, nos demos cuenta de que el más representativo producto audiovisual de nuestra época no son “Los Simpson” o “El ala oeste de la casa blanca”, sino los anuncios de Burger King o de Don Limpio.

Así, la cartelería finisecular, cuyo desarrollo se apoyó en las mejoras en las artes gráficas, tenía una evidente función práctica y comercial, pero también transmitía la imagen que las clases industriales tenían de sí mismas y de su sociedad, a través de un cromatismo acogedor y sugerente. Las marcas o eventos publicitados se combinaban con el esfuerzo artístico de los autores, que alcanzaron a través de este medio un altísimo nivel en el dibujo y en la composición. No es casualidad que sea común usar reproducciones de aquellos viejos carteles para decorar pisos lindos o locales con aspiraciones, de esos donde le ponen a la ginebra cosas raras.

La exposición es un extracto de la colección del MNA de Cataluña, así que abundan las obras de Casas, Rusiñol o Riquer, junto con  alguna cosita de Touluse-Lautrec y del que se considera el cartelista más representativo de la época, Mucha. Eché a faltar más cartelería norteamericana y sobre todo, algún ejemplo valenciano. Fue precisamente en el tránsito del XIX al XX cuando algunos subsectores industriales valencianos (licores, azulejos, etc…) empezaron a usar el cartel artístico como medio fundamental de difusión, con un iconismo muy relacionado con la visión folclorista y bucólica de aquella burguesía industrial.

Visitando el Centro Cultural Bancaja , recordé algunos de los ratos que he pasado allí, sobre todo una visita con los compañeros de trabajo a la exposición “Visión de España”, con los grandes trabajos de Sorolla que están en la Hispanic Society de Nueva York. Lo pasamos bien ese día. Pensé con tristeza cuánto tiempo le quedará a ese Centro Cultural, que tan importante ha sido para la ciudad de Valencia, ahora que Bancaja ya no es Bancaja, sino un banco en el lejano Madrid.


Cuando contemplemos en perspectiva los 20 añitos de hegemonía del Partido, advertiremos que lo peor, hablando en términos económicos, no ha sido ni la corrupción generalizada ni los insensatos proyectos de autobombo. Eso no ha sido más que el chocolate del loro, aunque el loro trague como un cerdo. Lo peor ha sido el largo y terrible proceso de desindustrialización, ante el que nada se hecho, y la pérdida del sistema financiero. Bancaixa y la Cam eran cajas públicas. El silencio temeroso de una Generalitat atrapada por las revelaciones de la rama valenciana de Gürtel, las ha regalado a manos privadas y sobre todo, lejanas. Cuando el empresario X de Burjassot o el industrial Y de Alcoi vayan a pedir un crédito adonde esta la nueva sede, ya no serán el sr. X o el sr. Y, solamente serán dos paletos de provincias con un acento gracioso, como el de los chistes.

martes, 13 de marzo de 2012

11-M


El domingo por la noche estuve viendo varios capítulos de la teleserie producida por el grupo Tele5, basada en los atentados en los trenes de Madrid. No me gustó.

Intentaron hacer una historia lo más cercana posible a los hechos, donde aparecen unas víctimas desdibujadas y abstractas, y unos fanáticos aburridos, que trabajan incansables y aplicados hasta lograr el criminal desastre (la última escena es la de las explosiones en Atocha). Me llamó la atención que los actores que hacen de terroristas tuvieran que hablar entre ellos en un improbable español con acento magrebí (¿tan políticamente incorrecto hubiera sido que hablaran en su árabe  norteafricano?). O que la serie no indague en nada en su proceso de radicalización, en el que tanto ha tenido que ver el Islam wahhabista, procedente de la rica Arabia Saudí, al que, irresponsablemente, las autoridades españolas, permitieron tomar el control de muchas mezquitas a las que acuden los inmigrantes marroquís, originariamente malikís. Supongo que ya es mucho pedir.

Asumo que el reto cinematográfico de hacer un documental ficcionado era grande; pero el resultado me dejó indiferente y aburrido. Al menos, tuvieron la decencia de no meter un atrezzo de sangre y humos. Lo agradecí por la gente cercana a mí que sufrió el atentado.

La fecha fatídica del 11-M seguirá marcada en rojo por mucho tiempo. No solo en la intimidad dolorida e inescrutable de las víctimas y sus familiares, sino en la vida pública. Especialmente, ahora que, desde varios grupos de presión mediática, vuelven a arreciar las teorías de la conspiración. Su objetivo es doble: por un lado vincular a los que ellos consideran los enemigos esenciales de su patria (el PSOE de las dos “ilegítimas” legislaturas  y el terrorismo de ETA). Por otro, intentar influir y lograr cuotas de poder en el Partido, que creen les corresponden por derecho divino. Para ello, no han dudado en ningunear a la mayoría de las víctimas y a sus familiares.  Como comentó Pilar Manjón, oyendo y viendo los insultos que les dedican, es un poco más fácil entender cómo puede haber gente que mate por una idea estúpida, por una raza, o por un Dios adusto y lejano. Muy lejano.

martes, 21 de febrero de 2012

The Watchmen.


En Estados Unidos, me compré las dos obras más celebradas de Alan Moore. Ya hablé de "V for Vendetta" en otra entrada del blog. Hablaré hoy de “The Watchmen”, que he acabado en las últimas noches. Bueno, digo “he acabado”, con mucha alegría, ya que “The Watchmen” es un cómic (una colección de 12 números), poliédrico y complejo. Es decir, creo que esas viñetas dibujadas por Gibbons y coloreadas por Higgins y esos diálogos en los que se entremezclan paráfrasis de Blake con continuas referencias a la historia contemporánea, me van a dar para muchas lecturas y relecturas. “The Watchmen” se desarrolla en los años 80 de un mundo muy parecido al nuestro; pero con ligeras diferencias, donde ha habido una guerra de Vietnam, Nixon sigue de presidente y parece que puede haber un conflicto nuclear entre los USA y la Unión Soviética, a raíz de la intervención rusa en Afganistán.

Los protagonistas son una colección de superhéroes viejunos y retirados de la circulación por un decreto gubernamental. En un contexto de creciente conflictividad social y de tensión internacional, algunos de esos superhéroes se ponen otra vez los leotardos para investigar un complot. El cómic, obviamente, dio para una peli, que no he visto, y para muchos debates sobre el concepto de superhéroe y de supervillano, esa potentísima creación de la cultura del siglo XX. Quizá una de las más interesantes. “The Watchmen” (que se traduce como “Los vigilantes”) es la reflexión última sobre ese concepto, la meta historia de los justicieros en calzoncillos, que tanta influencia han tenido sobre nuestro imaginario colectivo.

En mi opinión, lo más interesante de entre los muchos asuntos sugeridos por “The Watchmen” es aquello de quién vigila al vigilante: el “Who watches the Watchmen?” en la obra o el “Quis custodiet ipsos custodes?” de los clásicos. O dicho de otro modo, la legitimidad de la violencia. En la situación en la que estamos en el sur de Europa, cuando se están produciendo transferencias masivas de renta desde las clases medias hacia el capital, va a haber violencia. Nadie deja que le empobrezcan sin hacer nada. En nuestras democracias indirectas, ese cambio social lo están gestionando partidos que han ganado en las urnas (en España, el Partido obtuvo el 31,98% del censo). ¿Tienen legitimidad para llevar a cabo lo que no anunciaron en campaña? Todos sabemos que esos partidos tendrán que cumplir las exigencias del capital y llevarán a cabo su programa de pauperización sin temblarles la mano. Sus watchmen trabajarán a destajo para disolver las protestas. Ya lo están haciendo en Valencia. Pero, cuidado, porque cuando se acaben las últimas monedas de las arcas públicas y no haya ni siquiera para pagar a los watchmen, quizá estos también empiecen a usar sus superpoderes contra el Partido y sus jefes allá en Bruselas y en la City.