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Dos novelas negras mexicanas.

Sigo con lo del español de México. He leído últimamente dos excelentes novelas negras de autores de allá.La primera fue “Asesinato en Sinaloa Park”, de Elmer Mendoza, el otro Mendoza. Se trata de una nueva entrega de las aventuras del detective Edgar Mendieta, “el zurdo” Mendieta, al que yo no tenía el gusto de conocer. Es un policía viejo, borracho, medio corrupto y medio sabio. Resuelve un crimen acontecido en el Parque Sinaloa. Obviamente, sabemos desde el principio quiénes es el asesino. Pero como buena novela negra, lo importante no es el final, sino el mundo que rodea al caso. La violencia y la sordidez que el narcotráfico generan lo empapa todo. En la resolución de un par de asesinatos, presenciamos una docena adicional de muertes violentas que parecen no tener importancia. Todo ello narrado con abudantes mexicanismos. Lo dicho, un placer.

La segunda fue “Una novela criminal” de Jorge Volpi, otro autor al que no conocía. La novela funciona como una buena novela negra, aunque más…
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"Roma" y "El rey recibe"

A menudo, tengo que explicar a muchos españoles que aquello de que “el mejor español” es el de Valladolid es una gilipollez. Algún académico  ha tenido que explicar que eso de que existan acentos mejores o peores es falso y más, para una lengua hablada por gentes tan distintas de tantos países. Comprendí hace muchos años la suerte que tenía de hablar una lengua tan extendida. Pero también aprendí que lo que yo hablaba era solamente un dialecto minoritario en un mundo lleno de acentos distintos y diferentes, llenos de eses brillantes como sonrisas caribeñas. También aprendí que el castellano había sido una de las armas usadas en la opresión y en los genocidios; pero también una herramienta de liberación y de comunicación universal… “por fortuna, su lenguaje se ha quedado. Haremos de él otra arma de defensa…” cantaba algún grupo latinoamericano.


Me sorprendió el debate generado por la decisión de Netflix de subtitular “Roma” de Alfonso Cuarón al castellano de la península. Cuando vi la p…

Pelis de navidad.

Los sobrinos están en una edad difícil: todavía disfrutan cuando los llevo al cine; pero ya no les gustan las pelis para niños y no entienden los chistes en las pelis para mayores. Por entender, sólo entienden la glucosa de los refrescos y que su tío ha de entretenerse y entretenerlos de alguna manera.

Vimos “Ralph rompe Internet”, de Disney. Salvo el final de la película, poco elaborado y sin gracia, el resto me gustó bastante. El protagonista sale de su juego arcade de los 80 y navega por internet. A mis sobrinos no les gustó. Me informaron de que había habido una primera parte, que era “mucho mejor” (sic)

Vimos “El Grinch”, de Illumination Entertainment, que lleva a los dibujos animados una peli del 2000, que procedía del célebre libro “How The Grinch Stole Christmas” (1957). A pesar de los colorines y de lo bien hecha que está, a mí me pareció aburrida, a mis sobrinos, una mierda y a mi esposa le encantó.

Negras o blancas (4)

Listo a continuación los libros que reseñé en el programa de ajedrez “Negras o blancas” de Radio Alzira durante el otoño de 2018.

Comenté “Russians vs. Fischer”, un libro que, basándose en información desclasificada, describe cómo el ajedrez de élite soviético se preparó contra Fischer. Es interesante más allá del aspecto deportivo para entender bien aquel régimen obsesivo y enfermo. 
En lo que se refiere a libros técnicos, siguiendo con Fischer, comenté su célebre “My 60 memorable games”. También “Los siete pecados capitales del ajedrez” un libro sobre la toma de decisiones en el tablero del jugador-filósofo escocés J. Rowson. También la colección de partidas de los 70: “El arte del análisis” del gran jugador neerlandés Jaan Timman.
Reseñé un libro clásico: el “Análisis del ajedrez” de Philidor, al que se considera, con justicia, el primer gran estratega de la historia del ajedrez.
Reseñé “Cómo la vida imita al ajedrez” del incansable G. Kasparov, que ya habíamos comentado aquí. No valo…

Pelis del otoño.

Me encantan las pelis de timos y estafas, con sus tramas enrevesadas, con sus trucos ex machina, con sus flashbacks para que el tarugo del espectador comprenda de pronto que ya se lo habían contado todo, que la resolución del enigma estaba ahí delante, en frente de su limitadita inteligencia.
Este otoño vimos dos pelis de ese género, que reseño porque sé que se irán de mi memoria, tan limitadita como la potencia del párrafo anterior.
En la tele, “Timo bajo cero”. Así tradujeron “Thin Ice (the convincer)”, de la directora Jill Sprecher (2011), que transcurre en los paisajes helados de Wisconsin. No es como “Fargo”; pero me entretuvo y me pareció más sutil de lo que aparentaba. En el cine, “Mi obra maestra” (2018), de Gastón Duprat. Una comedia argentina sobre la picaresca en el mundo del arte. Facilona y previsible; pero entretenida. Y es que el Francella, que ya había visto en “El misterio de la felicidad”, lo hace todo bien.

También vimos en el cine, “Ola de crímenes”, una peli de Grac…