viernes 20 de noviembre de 2009

Perdición (Double indeminity)


Recuerdo perfectamente cuando vi en el cine esta peli. Me llevaron dos amigos que ya tenían en las pupilas mucho más cine que yo. Recuerdo con afecto el respeto que me infundían sus opiniones, a pesar de que por aquel entonces yo era un adolescente más idiota y soberbio de lo normal. Recuerdo la extraña sensación de ver una peli clásica, en versión original y de descubrir en ella una sutileza mágica que superaba con mucho el ruido cansino y monótono de la tele. El cine, con ese poder que había hipnotizado a los viejos, nos hipnotizaba ahora a nosotros, la primera generación sobrealimentada y teleadicta, la quinta del VHS. Aunque cada mes cerraran una sala en la ciudad.

Por ello le tengo cariño a "Perdición", a pesar de que hay quien opina que no es una de las grandes ni del cine negro ni de Wilder. De vez en cuando la veo y disfruto de las muchas cosas buenas que tiene. Me gusta especialmente el odioso personaje del detective, interpretado por Edward G. Robinson, uno de los iconos del género. Como una cruel araña, como un Sancho Panza con puro, caza a la pareja criminal que pretendía estafar a la compañía de seguros. Ese hombrecillo que lleva dentro y que le lleva a sospechar siempre, incansablemente. Robinson es la razón, la triste razón frente a la pasión estúpida de la pareja de asesinos, absorbidos por su deseo y por su avaricia. Tan ciegos, tan malvados y autodestructivos que de alguna manera, rozan la pureza.

También me gusta mucho la manera en que McMurray, quizá demasiado grandullón para ser un buen perdedor, desarrolla una profecía autocumplida. Creo que aquí se nota la mano de Chandler. Desde que se encuentra con la Stanwyck, sabe que su vida anodina se torcerá y que acabará en la “cámara de gas”. Y hace todo lo posible para lograrlo, triste, oscura, gloriosamente.

martes 17 de noviembre de 2009

Milk.


Acompañamos la cena del sábado con esta peli en DVD. Se trata de una biografía de Harvey Milk, el neoyorkino que pasó a la historia por ser el primer político norteamericano que asumió públicamente su condición de homosexual. De hecho, actuó como representante del numeroso colectivo gay de San Francisco. Fue asesinado en 1878.
La película, inevitablemente, me recordaba otra que ya reseñé en este blog, "Todos los hombres del rey", de Zaillian: el mismo protagonista: el poderoso Sean Penn, la misma estructura casi lineal para relatar la biografía de un político sui generis en los USA y el mismo final violento. Y es que el sistema tiene una determinada capacidad de absorción de lo raro y de lo reivindicativo y quien la supera sabe que le pueden pegar un tiro, que allí lo que sobran son balas. Sin embargo, me gustó más aquella de Zaillian, porque me emocionó más. "Milk", traducida como "Mi nombre es Harvey Milk" adopta un formato más cercano al documental que, a pesar de los indudables logros estéticos y de la gran actuación de Penn y del resto de la plantilla, se hace un poco aburrido en algunos momentos.
Con todo, es una peli recomendable. Aunque pueda parecer que trata la problemática de los homosexuales californianos en los años 70, en realidad, es una historia sobre la política norteamericana. Sobre cómo las abundantes minorías que conviven en aquel país inmenso se organizan a través de lobbies y movimientos electorales y sobre cómo actúan sobre el poder. Un compañero que la vio allí, me contaba que se trata de un personaje conocido por el público y que la película había calado hondo.
Para un bárbaro que no sea ciudadano romano, perdón, norteamericano, es díficil entender algunos aspectos del argumento. Milk sale elegido por su distrito, uno de los barrios gays de San Francisco, con el cargo de "City supervisor", que no es exactamente, "Concejal" como dicen en la traducción castellana. No sé si el poder municipal norteamericano será más o menos legítimo-democrático-eficaz que nuestros poderes municipales; pero estoy convencido que allí no se hubieran metido al bolsillo casi un millón de euros en comisiones, aprovechando la sonorización de la visita del Santo Padre, estoy convencido que allí no hubieran negado durante tres años a los "City supervisors" de la oposición la información contable de las inmensas ayudas públicas que recibió aquella visita. Y es que mi ciudad, aunque tiene el mismo clima maravilloso y algunos políticos homosexuales, no es San Francisco.

jueves 12 de noviembre de 2009

España: la evolución de la identidad nacional


Yo soy uno de esos tipos que pierden el tiempo con las cuestiones identitarias. Otros lo hacen con el fútbol, que, en el fondo, es lo mismo.

Así que leí este ensayo de Juan Pablo Fusi, en busca de ciertas verdades o seguridades. El autor advierte desde el principio que la idea de nación es, posiblemente, la más compleja que las ciencias sociales han creado. Es decir, aquella frase tan famosa y tan criticada sobre lo "discutido y discutible" del concepto. Las casualidades (la muerte del intante Juan en 1509), las derrotas y las victorias (Almansa , Elvas) parecen tener tanta importancia como los largos procesos de cohesión y culturización. Fusi se protege diciendo que no hay una causalidad ni una necesidad en estos procesos históricos de creación de identidades.
El libro de Fusi se enmarca en el actual debate sobre la naturaleza de la nación española que la aparición de los nacionalismos periféricos han propiciado. Durante siglos, ese debate se dirigió al estudio e interpretación del pasado, hoy se centra en la existencia misma del concepto "España".

Fusi analiza las ideas que se han formulado históricamente sobre la identidad nacional y combate ardumente el modelo de la excepcionalidad. España no sería diferente en lo fundamental de las otras dos grandes comunidades nacionales del occidente Europeo: Francia y Gran Bretaña. Las tres comunidades crearon su Estado Nación con centro en los reinos más poderosos y poblados: Castilla, Ille de France, Inglaterra, alrededor de una monarquía absoluta y modernizadora y con un calendario parecido (en 1707, tiene lugar tanto el Decreto de Nueva Planta como la unión entre Escocia e Inglaterra). En todo caso, las dos ramas de los Trastámara se habrían adelantado y eso habría proporcionado a las Españas la hegemonía durante el XVI y gran parte del XVII. Fusi defiende, pues, con argumentos muy razonables la existencia de una "nación" española cohesionada y consciente de sí misma, basada en el catolicismo y en la limpieza étnica, anterior a la edad moderna. Reconoce que la debilidad del estado español durante el XIX y el semifracaso de la burguesía liberal impidió una cohesión nacional completa (aunque no lo diga explícitamente, se intuye la omnipresencia de Francia como modelo de entidad nacional).

El libro no me ha satisfecho. Entiendo que hay cosas que Fusi no puede hacer, por ejemplo, poner una fecha de nacimiento a España como nación (1812 sería una fecha muy linda); pero me queda la sensación de que deja muchas preguntas por contestar, especialmente en lo que se refiere a acontecimientos históricos y políticos. ¿Cómo es que no forman parte de la España actual territorios como Portugal, Sicilia o Nápoles, que fueron tan históricamente "españoles" (en el sentido que Fusi usa el término) como Galicia, Vizcaya o Canarias? ¿Cuándo asumen los aragoneses y los valencianos y a través de qué procesos su "españolidad" o "castellanidad" cultural y jurídica? ¿Es esta aculturización completa? ¿Fueron el duque de Híjar o "l'encobert" de Xàtiva más o menos "españoles" que Costa o Zumalacárregui? ¿Es que la rebelión de Cataluña durante el reinado de Felipe IV (III en la Corona de Aragón) no es una muestra de una identidad "nacional" alternativa? ¿Hasta qué punto han sido y son los privilegios fiscales vascos y navarros compatibles con el proceso de creación de una identidad nacional española? Fusi no ataca esas cuestiones históricas en profundidad y hace más hincapié en los aspectos culturales del proceso. Así que, al final, nos quedamos con una lista de escritores, pintores y tratadistas que son definidos como "españoles" y la sensación de que nada queda demostrado. Es decir, se asume como punto de partida la existencia de una nación, "España" y se establece una continuidad en el tiempo de esa idea; pero una circularidad molesta flota sobre todo el texto y no puedo evitar pensar que cualquier autor podría construir un ensayo parecido, quizá menos erudito, para cualquier "entidad nacional" que se le ocurriera: la Padania, Murcia, Euskal Herria o Disneylandia.

lunes 9 de noviembre de 2009

"Grupo Armado", de Tomás Pellicer.


Este fin de semana, además de comer, beber y dormitar, me he leído esta novela, narración libre de una serie de acontecimientos reales. Trata las vivencias de varios militantes del FRAP entre 1976 y 1980. Es decir, la clandestinidad, el debate político, los atracos ("recuperaciones" en el argot de la organización) y finalmente, las detenciones, las torturas y la cárcel. Supongo que también hay mucho de autobiográfico en el libro. Sin embargo, la narración adopta un punto de vista externo y frío, falto de estilo, que hace al texto bastante pesado.

El FRAP, brazo armado del PCE m-l, propugnaba el derrocamiento de la dictadura y la transformación de España en una república popular y federativa. Llegó a ser una organización muy fuerte en los últimos años del franquismo; pero después se vería que "todo quedaba atado y bien atado" y acabó disolviéndose en 1978. Curiosamente, en el libro, hay una aparición fugaz de Rafael Blasco, militante de la organización por aquellos años y actualmente, uno de los factotum del PP valenciano. Son esas cosas que producen sonrisas... o muecas. El libro solo ha conseguido emocionarme cuando se citan dos célebres poemas, que definen bien esa España terrible del franquismo, y del tardo franquismo. El primero es la hermosísima canción de Mikel Laboa "Txoria txori", el segundo, de Marcos Ana, sobre la prisión de Burgos (estuvo 23 años encarcelado):

"Muros hirsutos. Ásperas cortezas
donde el hombre se duele cada día.
Apretada oquedad de llaga y fosa.
Socavón de Castilla. Lento espanto.
Catedral invertida hacia la tumba,
bajo una piel de piedra cancerosa. "

viernes 6 de noviembre de 2009

Lo que oculta la iglesia.


Como mi hermano es un ateazo, por las estanterías de casa anda una linda colección de libros que van desde el anticlericalismo panfletario hasta el análisis científico de las religiones teístas. Hace unos cuantos siglos, esos libros y sus lectores hubieran acabado en la hoguera. Eso, en la lejana Europa, porque aquí no hace tanto que el dogma se defendía en los paredones.
De esos libros reseñaré hoy "Lo que oculta la iglesia", de Fernando de Orbaneja. Quizá lo que mas me llamó la atención de ese libro es que el autor es Doctor Ingeniero Industrial. Es decir, razonamientos incontestables y mucha lógica; pero poco estilo. El título, obviamente, es para vender más, porque el libro pretende ser "solamente" un análisis de las multiples contradicciones internas como sistema de creencias del cristianismo en general y del catolicismo en particular.
El cristianismo, fundado por Pablo de Tarso, es una mezcla de tradiciones judías y cultura helenística que se superpuso sobre la religión oficial romana y las religiones paganas a lo largo y ancho del imperio. El resultante fue un complejo sistema politeista, lleno de absurdos e incongruencias, que se fueron solventando (o agravando) a lo largo de los siglos. Urbaneja identifica esos absurdos a la luz de una mínima lógica contemporánea. Pero uno acaba diciendo ¿y qué importa? Si precisamente, ese el fundamento de la religión (de cualquiera de las grandes religiones teístas): obligar al creyente a creer lo increible y obligarle a que renuncie a su propia certidumbre para aceptar lo que llaman "fe". Es decir, el viejo lema de las grandes mentiras: cuanto más grandes, más poderosas.

martes 3 de noviembre de 2009

"Pagafantas" y "12 desafíos"


En las últimas noches de este otoño primaveral, he visto dos pelis totalmente distintas.
La primera ha sido la comedia española "Pagafantas". Es una peli agradable, cercana, facilona. Todos los hombres hemos sido alguna vez un "pagafantas", y a todos nos han hecho una "cobra" o un "koala", la diferencia es el tiempo que cada uno tarda en darse cuenta de lo crueles que son las mujeres. Conozco gente que a los 40 sigue perseverando. La sabiduría popular, que también es muy canalla, afirma que "quien la sigue, la consigue".
También he visto la peli norteamericana de acción "12 desafíos". Es un bodrio sin ninguna gracia con muchas explosiones y carreras. Se trata de una mala copia de "Die Hard: With a Vengeance", la mejor de la saga "La Jungla" de Willis· Pero a diferencia de aquella, en la peli no hay ni actores. Hay un tipo forzudo que corre, un compañero negro (que muere, obviamente) y un malo (con pinta de profesor universitario).
Ambas pelis son productos comerciales rápidamente olvidables; pero la primera me toca y habla de cosas que me han pasado, la segunda es ajena e insoportable, extranjera en todo aquello que la palabra tenga de malo.
La primera, seguramente, no habría podido rodarse sin dinero público, mientras que la segunda habrá entrado en los paquetes de exportación (uno de los puntos de negociación en los que los EEUU más aprietan al firmar acuerdos de comercio internacional es en el tema del cine). Libre mercado, je, je!

martes 27 de octubre de 2009

"Chinatown" (1974)


Con eso de que Polanski está de moda por sus problemillas legales, me decidí a ver algo suyo. "Chinatown" es considerada una de sus mejores películas. Es un homenaje al cine negro, con cínico y duro detective privado (Nicholson), femme fatalle (Dunaway) y rico malvado (Huston), un asesinato y corrupción, mucha corrupción. Lo cierto es que pasé un buen rato y es que en la peli, hay mucho oficio y mucho talento metido. Les dieron un Óscar por el guión.
Quizá lo que me pareció más interesante es que la trama de la película gira alrededor de la corrupción en la gestión del agua y de las obras hidráulicas en Los Angeles. En ese tema, California y la España mediterránea son dos territorios muy parecidos y las políticas públicas al respecto se han enfrentado a los mismos problemas. La peli plantea cómo una élite de técnicos gestiona el tema hídrico (en España, los ingenieros de caminos, canales, etc.). Se emprenden gigantescos proyectos, con un gran coste para el presupuesto público y para el medioambiente, sin que quede claro quiénes son los beneficiarios últimos de tales esfuerzos. Los regantes y sus dramáticas reivindicaciones son usados como excusa para el enriquecimiento de unos pocos. Por desgracia, a la Nueva Cultura del Agua aun le queda tiempo para implantarse.