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El Harén del Tibidabo

Setiembre empezó con la dimisión de la Directora General de Trabajo del gobierno Sánchez. Se había enredado en la vieja madeja de qué hacer con la prostitución. Macroeconomía, moral, migraciones, impuestos, hipocresía y  derechos humamos llenan de nudos la madeja y nadie tiene claro qué hacer al respecto. Y mucho menos los gobiernos Sánchez de Europa. Me acordé de esta novela con la que entretuve algunos días de julio.
Leo en la red que Andreu Martín ha hecho muchísimas cosas. Entre tanta obra, me parece que "El harén..." es una novela sin grandes prentensiones. A mí me gustó. Hay oficio en sus páginas. Y Barcelona, esa ciudad rebelde y esclava al mismo tiempo, esa ciudad mestiza y hermosa, esa ciudad donde siempre pasan las cosas importantes, a la que unos odian y otros aman en secreto, como las putas. Yo esperaba más culos y tetas; pero lo que me encontré fue sangre, mucha sangre. Quizá lo más interesante del libro sea el protagonista, un proxeneta refinado y de sexualidad …
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Casi 40.

David Trueba es el más listo de la clase. Es el que saca mejores notas y además es simpático. Nunca nos ha fallado, ni a mí, ni a mi primo Ángel Miguel. A él, le gustaron “Soldados de Salamina” (aunque menos que la novela)  y “La silla de Fernando”.

A mí, me gustó mucho “Vivir es fácil…” (2013) De hecho, aún sigo recordando algunas de las escenas de Javier Cámara. Y eso que ha pasado casi una vida desde que la vimos.
“Casi 40” es una road movie suave e inteligente. Sutiles diálogos entre dos viejos novios (Lucía Jiménez y Fernando Ramallo) que hacen una pequeña gira musical por librerías de provincias. Sensibilidad y nostalgia. “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás ocurrió”. La peli gana según sabemos más de los personajes. El oficio del menor de los Trueba se nota y deja un buen sabor de boca.

Lejos del corazón.

Siempre he pensado que el color de la bandera española no debería ser el rojigualda, tan anómalamente mediterráneo, sino el verde oliva de los uniformes de la Guardia Civil. El color guardia civil será más triste; pero más del terreno de la jara y la aliaga, y más “nacional”. Si España, como Estado Nación discutido y discutible tiene algún símbolo, eso es la guardia civil.
En el XIX, cuando todavía no había escuelas públicas, ya había guardias civiles mal pagados, patrullando en aldeas remotas y pegando palizas a los furtivos y a los ladrones de gallinas. La guardia civil se unió mayoritariamente al golpe del 36 y fue decisiva en la represión de las guerrillas anti franquistas. La cara del estado era la cara enjuta y desagradable de los guardias civiles, que pusieron su cuota de muertos y de crueldad en la última carlistada. En la España contemporánea, las imágenes de los picoletos entrando en las sedes de los partidos monárquicos y de las empresas constructoras para detener corruptos …

Negras o blancas (3)

Anoche acabó la temporada del programa de radio en el que colaboro de vez en cuando: “Negras oBlancas” 

Recopilo aquí los libros que he reseñado en mis intervenciones de la primavera y el verano. 
En lo que se refiere a libros más técnicos (libros puramente de ajedrez), comenté: “Al ataque” de Mihail Tal y Iakov Damski, con una recopilación de las partidas del genio de Riga. “Mis geniales predecesores (tomo 1)”, de G. Kasparov, donde el ogro de Bakú se ocupa del ajedrez hasta M. Euwe. Cité ese libro con motivo de nuestra visita a Montparnasse, donde yace A. Aliojin. “ABC de las aperturas” de Panov. “Partidas selectas”, del que fuera patriarca del ajedrez soviético, M. Botvinnik.
En lo que se refiere a libros que trascienden el ajedrez, reseñé los siguientes:
“La defensa” de V. Nabokov. La historia del ajedrecista Luzhin pasa por ser la gran novela contemporánea sobre el ajedrez. No sé si estoy de acuerdo. Es una novela compleja y quizá pretenciosa. Inspiró una película que cualquiera interes…

La Corona de Aragón (J.L.Corral)

Los tontos se entretienen con la historia. Y los que somos muy tontos, con el cansino tema de las identidades nacionales. Los estados que quieren ser naciones y las naciones que quieren ser estado dedican jugosos presupuestos a inventarse mitos fundacionales, a ponerle letra a los himnos, o a montar embajadas con su banderita y su agregado cultural. La historia es el principal campo de batalla de esas guerras identitarias.  Cuando uno reclama que se cuente la historia “como es” y no “como los nacionalistas dicen que es”, siempre se refiere a los otros nacionalistas.  

Desde que hay escribas, cronistas y catedráticos, los poderosos escribieron y reescribieron la historia ocultando unos hechos y resaltando otros, inventando leyendas bonitas y cambiando oportunamente los nombres de las cosas. La cuestión era justificar el presente (y la estructura del poder del presente) en base al pasado. Es decir, la historia, tal cual la entiende la gente común o Arturo Pérez-Reverte, no existe. Existe…