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Pelis de navidad.

Los sobrinos están en una edad difícil: todavía disfrutan cuando los llevo al cine; pero ya no les gustan las pelis para niños y no entienden los chistes en las pelis para mayores. Por entender, sólo entienden la glucosa de los refrescos y que su tío ha de entretenerse y entretenerlos de alguna manera.

Vimos “Ralph rompe Internet”, de Disney. Salvo el final de la película, poco elaborado y sin gracia, el resto me gustó bastante. El protagonista sale de su juego arcade de los 80 y navega por internet. A mis sobrinos no les gustó. Me informaron de que había habido una primera parte, que era “mucho mejor” (sic)

Vimos “El Grinch”, de Illumination Entertainment, que lleva a los dibujos animados una peli del 2000, que procedía del célebre libro “How The Grinch Stole Christmas” (1957). A pesar de los colorines y de lo bien hecha que está, a mí me pareció aburrida, a mis sobrinos, una mierda y a mi esposa le encantó.
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Negras o blancas (4)

Listo a continuación los libros que reseñé en el programa de ajedrez “Negras o blancas” de Radio Alzira durante el otoño de 2018.

Comenté “Russians vs. Fischer”, un libro que, basándose en información desclasificada, describe cómo el ajedrez de élite soviético se preparó contra Fischer. Es interesante más allá del aspecto deportivo para entender bien aquel régimen obsesivo y enfermo. 
En lo que se refiere a libros técnicos, siguiendo con Fischer, comenté su célebre “My 60 memorable games”. También “Los siete pecados capitales del ajedrez” un libro sobre la toma de decisiones en el tablero del jugador-filósofo escocés J. Rowson. También la colección de partidas de los 70: “El arte del análisis” del gran jugador neerlandés Jaan Timman.
Reseñé un libro clásico: el “Análisis del ajedrez” de Philidor, al que se considera, con justicia, el primer gran estratega de la historia del ajedrez.
Reseñé “Cómo la vida imita al ajedrez” del incansable G. Kasparov, que ya habíamos comentado aquí. No valo…

Pelis del otoño.

Me encantan las pelis de timos y estafas, con sus tramas enrevesadas, con sus trucos ex machina, con sus flashbacks para que el tarugo del espectador comprenda de pronto que ya se lo habían contado todo, que la resolución del enigma estaba ahí delante, en frente de su limitadita inteligencia.
Este otoño vimos dos pelis de ese género, que reseño porque sé que se irán de mi memoria, tan limitadita como la potencia del párrafo anterior.
En la tele, “Timo bajo cero”. Así tradujeron “Thin Ice (the convincer)”, de la directora Jill Sprecher (2011), que transcurre en los paisajes helados de Wisconsin. No es como “Fargo”; pero me entretuvo y me pareció más sutil de lo que aparentaba. En el cine, “Mi obra maestra” (2018), de Gastón Duprat. Una comedia argentina sobre la picaresca en el mundo del arte. Facilona y previsible; pero entretenida. Y es que el Francella, que ya había visto en “El misterio de la felicidad”, lo hace todo bien.

También vimos en el cine, “Ola de crímenes”, una peli de Grac…

El fotógrafo de Mauthausen.

He estado dos veces en el campo de Mauthausen. La primera vez, fuimos en tren desde Viena. La segunda vez, en coche, en aquel largo periplo por Europa central. En ambas ocasiones, una sensación de vacío y de soledad, algo grande y amenazador como un mar oscuro, me inundó el alma. La crueldad más absoluta, el sinsentido tenía su lugar en el mundo, en aquellas colinas pardas cerca de Linz, en aquellos barracones infames, en esos crematorios. La intolerancia, la xenofobia, el fascismo llevaron a esa locura, fueron su consecuencia última. Llevan a esa locura. Llevarán a esa locura. 


A raíz de aquellas visitas, aprendí más acerca de los españoles de Mauthausen y de Francisco Boix, el célebre fotógrafo. Porque el complejo de campos Mauthausen-Gusen fue “el campo de los españoles”, aunque aquellos republicanos derrotados no fueran la nacionalidad que aportó más muertos a la terrible lista de exterminados. Fue “el campo de los españoles” porque los exiliados que capturaron los alemanes en la c…

El sábado, nos vamos al Jiloca. X fiesta del chopo cabecero.