martes, 29 de julio de 2008

"Yo serví al rey de Inglaterra", de Jiri Menzel


"Los checos no somos guerreros" dice el protagonista, justificándose a sí mismo. Enlaza así con ese espíritu pícaro pero torpón, pusilánime y sin embargo, sutil, que recorre gran parte de la tradición cultural checa desde "el bravo soldado Svejk" y del que esta comedia es una divertida prolongación. Se trata de la historia del camarero Jan Ditie, que en su vejez recuerda los distintos acontecimientos de su azarosa vida. Ditie es un hombre pequeñín e inofensivo que a menudo, pasa inadvertido para los otros hombres, pero que está dotado de cierto ingenio natural y sobre todo, de un aura de ternura que lo convierte en irresistible para todas las mujeronas con las que se va cruzando (siempre más altas que él). Dos excelentes actores interpretan a Ditie: (Ivan Barnev, en su juventud y Oldrich Kaiser en la vejez). Ditie va trabajando en distintos sitios: una cervecería de pueblo, el caro burdel Tichota, el lujosísimo café París en Praga. Observa las debilidades humanas: incluso los ricos entre los ricos se agachan a recoger las monedas que, para su placer, a veces, les arroja. Una pasión le mueve: él también quiere ser millonario como los millonarios a los que sirve; pero esa pasión no es la ambición del poder o de la posesión, eso le da igual, es la necesidad de sentirse parte de algo, la humana necesidad de no estar solo.
La narración se apoya en los colores de las comidas excelsas que vemos servir a los ricachones, en las formas suculentas de las hermosas mujeres que les atienden y en una banda sonora desenfadada, que da a la peli un ritmo rápido y fácil. Son los felices años 20: los potentados de Centroeuropa disfrutan de todo lo que la vida les puede ofrecer. Y Ditie lo ve con sus ojos pícaros pero ingenuos. La hermosa ciudad de Praga es el escenario principal de esta fiesta continua. Pero el amor, la historia y la política aparecen brutalmente en la vida de nuestro camarero. Se casa, en pleno proceso de anexión de los Sudetes, con una checa de lengua alemana. Por puro amor, inconscientemente, como todo lo que hace, se convertirá en colaboracionista. El director aprovecha para mostrarnos lo absurdo y lo artificial de la exaltación de las diferencias étnicas. Incluso en el mundo rosa y pastel de Ditie, se cuelan de vez en cuando retazos del horror que está ocurriendo: vemos partir un convoy de judíos...
En suma, una comedia ágil llena de ternura e inteligencia, un canto a todos aquellos hombres un poco pillos y un poco bobos, que no son, que no quieren ser guerreros de pura raza, que lo único que quieren es no estar solos...

viernes, 25 de julio de 2008

"La gran tentación" M. Ros Agudo.


En los últimos años, han tenido gran éxito de ventas diversos libros que reinterpretaban aspectos de la historia española contemporánea desde un punto de vista que se ha dado en llamar "revisionista". Es decir, sus autores intentan justificar, en la medida de lo posible, el golpe de estado del 36, realzar los crímenes cometidos en la zona republicana u ocultar los aspectos más terribles de la dictadura posterior. No soy historiador profesional; pero creo que es difícil rebatir los argumentos de alguno de estos autores porque se mueven a menudo en el campo de la interpretación de intenciones, no en el de la constatación de los hechos. Sus fuentes son, por lo general, las memorias o biografías personales y no los documentos.
Así que la aparición de este libro es una brisa fresca en este ambiente enrarecido. El autor demuestra, sin lugar a dudas, que el régimen triunfador de la Guerra española era un régimen fascista y agresivo y que estuvo a punto de participar como beligerante en la Segunda Guerra Mundial, por propia voluntad. Después, ese mismo régimen transmitiría la imagen de que la galleguísima astucia del Caudillo había evitado a España las penurias del conflicto mundial (y de rebote, conseguir que ese mismo régimen sobreviviera). Pero los documentos militares estudiados por el autor y que habían permanecido inéditos hasta ahora, muestran que Franco y los otros generales africanistas que le rodeaban estuvieron a punto de ordenar el ataque al Marruecos francés, a Gibraltar y al Midi francés. Verano de 1940: el sufrimiento de la población civil española les parecía poco y era la oportunidad histórica para vengar los "agravios" sufridos a manos de las dos potencias occidentales: Francia la republicana y la pérfida Albión. Fue "la gran tentación". ¿Quién podía dudar entonces de la victoria de Hitler?
Paradójicamente, los documentos demuestran que fue la actitud alemana (ni siquiera la italiana), la que hizo desistir en el último momento a Franco de ordenar el ataque. La historia, esa fulana ciega...

martes, 22 de julio de 2008

El imperio del sol.


Creo que era una de las pocas películas de Spielberg que no había visto hasta ahora. Y pasé un rato entretenido y facilón, con pocos quebraderos de cabeza. Supongo que es la marca de la casa: buenas historias, buena construcción cinematográfica, hermosa fotografía y no le déis al coco, que esto es un negocio.
Es la historia de un niño británico (Christian Bale) que, durante la ocupación japonesa de Shangai, se ve separado de sus padres. Estará hasta el fin de la guerra en un campo de concentración, contiguo a un aeródromo nipón. Vemos como va creciendo y se convierte en un "superviviente nato", de la mano de un norteamericano sin raíces ni escrúpulos (John Malkovich). Ve a los kamikazes salir para el combate, mientras come gorgojos de las patatas, estudia latín, como buen gentleman inglés, y se va haciendo un hombrecito. Todo muy bien hecho y muy bien contado.
Aunque la historia suene dura, Spielberg pule las aristas para que quede presentable, es decir, vendible para todos los públicos. Los prisioneros pasan hambre, se llevan alguna hostia y mueren de disentería; pero siempre salen muy dignos y en poses muy dramáticas (para eso son anglosajones). Supongo que si Spielberg fuera chino, filipino o coreano, no hubiera sido tan benevolente con los japos.
Lo que me pareció más interesante de la peli fue la primera parte: el desconcierto de los británicos ante la ocupación japonesa. Los antiguos amos coloniales tienen que ceder el poder ante los nuevos amos y se produce la evacuación desesperada y el abandono de los bienes. Un mundo se ve sustituido por otro, violentamente. ¿Por qué ya no me atienden los criados? ¿Dónde está todo el mundo? ¿Quién dormirá en mi cómoda cama esta noche? Supongo que a los incas les pasó lo mismo cuando llegaron a Cuzco los castellanos, o a los árabes cuando los turcos se presentaron en sus palacios. Siguieron acarreando agua, cavando y barriendo los mismos...

lunes, 21 de julio de 2008

Irina Palm


Nos gustó el trailer; pero se pasó el tiempo y no la pudimos ver en el cine. Afortunadamente, la han sacado en DVD y la vimos la semana pasada.
A mí, me gustó. Quizá esperaba algo más; pero la peli tiene un planteamiento que funciona muy bien durante todo el metraje. Pasé un buen rato. Es la historia de una joven abuela (Marianne Faithfull) que en un último intento para conseguir dinero y salvar la vida de su nieto, desahuciado por el sistema sanitario público, se pone a trabajar en un burdel del Soho. Le hace pajas a los clientes a través de un agujero. Ha dedicado su vida a los demás en un mundo limitado y mojigato y ahora se encuentra a sí misma en una ocupación laboral poco convencional, en la que al parecer, es muy buena. "Tienes la mejor mano derecha de Londres", le dice el chulo (Miki Manojlovic). No sé cómo se denomina técnicamente esa clase de servicio. Los congresistas norteamericanos, expertos en estas cosas, podrán discutir si lo que la protagonista hace es prostitución o no. Lo cierto es que el director (Garbarski) se ahorra tener que rodar sudorosas escenas de cama y le sale una peli apañadita y para todos los públicos.
Para mi gusto, la cinta se resuelve con demasiada facilidad y no quiere indagar en los conflictos sociales y económicos que hay detrás de la historia. Pero en el cine británico siempre hay algo que salva las pelis. Una parte importante del mérito es de los actores. Pero otra parte está en esa capacidad mágica que tienen los directores para hacer de su realidad, nuestra realidad: de alguna manera, todos hemos cogido alguna vez un cercanías en una vieja estación de las afueras de Londres y hemos salido del metro en Oxford St; o todos, alguna vez, hemos paseado por los callejones canallas del Soho, como esa joven abuela que va a su trabajo con el almuerzo y tendinitis en el codo derecho.

martes, 15 de julio de 2008

En el remolino. José Antonio Labordeta.


José Antonio Labordeta no es (o no es solamente) el de la mochila de la tele, ni uno de los cantautores que permitieron a Aragón reencontrarse consigo mismo, ni el profesor de secundaria retirado, ni el ex-diputado alternativo que hablaba de Teruel, mientras los diputados conservadores berreaban. Labordeta ha sido, y es, principalmente, un poeta. Quizá no sea el gran vate de las letras españolas (le faltaría pluma, imaginación y padrinos), ni el gran poeta aragonés contemporáneo (él siempre pone a su difunto hermano Miguel en ese lugar); pero es un poeta. Y con eso, se ha ganado bastantes almuerzos.
Y este breve relato (cuya primera versión es, al parecer, de 1975) tiene, en mi opinión, más de poético que de narrativo. Es la vieja historia sangrienta y brutal, contada tantas veces: la violencia ciega que se apoderó del Aragón rural con el golpe de estado de julio del 36 y el vacío de poder. Dice con estilo valleinclanesco: "Don Rogelio, llame a los guardas, rogó el juez- Pero la hija respondió- También se van con ellos- Un largo silencio se fue apoderando de la vieja casa con escudo sobre la fachada". La tragedia y las muertes de esos días se relatan de forma coral, porque la tragedia y la locura es colectiva. Pero la historia no es lo importante. El papel protagonista lo tienen las palabras, que Labordeta trabaja dolorosamente: "El frío de esta calurosa mañana de verano, en las manos heladas, muy heladas, frías como de muerte de cadáver. Longares muerto con los ojos abiertos sin ver el cielo nunca, ya nunca cielo ver Longares muerto cielo abierto los ojos..." Son las palabras, las mismas palabras que aparecen en sus canciones y en sus numerosos libros: sudor, secano, ronzal, rostro, sangre, guiñote, moscas, vejuz, barranco, olvido, cadiera, mula, masada, siega, carretera, nieve. Las palabras que hemos oído y leído tantas veces. Esas palabras que, como aquella orgía de sangre, forman parte de nuestras vidas, que son nuestras vidas, lo queramos o no.

jueves, 10 de julio de 2008

Encuentro con el Otro.


El último libro del gran Ryszard Kapuscinski no trae recuerdos de sus viajes a terribles guerras postcoloniales, ni reportajes sobre África o sobre Centroamérica. Se trata de una breve recopilación de conferencias del célebre periodista polaco acerca de lo que él llama "el Otro": el extranjero, el diferente, el "que no es como yo".
Una vez más, pienso lo acertado que fue el que le concedieran el Premio Príncipe de Asturias en el 2003. Parece que además de dárselo a deportistas profesionales, también se lo dan de vez en cuando a humanistas. Y en un ejercicio profundamente humano, Kapuscinski indaga en las múltiples dimensiones de la "otredad". El "otro", especialmente cuando no es un occidental, nos enseña mucho de nosotros mismos: actúa como espejo, como baremo de nuestra personalidad, de nuestra capacidad para el
diálogo. Kapuscinski llegó al concepto de "otro" al descubrir que, a su vez, él era también un "otro", especialmente, fuera de Europa. "aquel que encontré en los poblados indios de Bolivia, entre los nómadas del Sahara, entre las multitudes que lloraban en Teherán la muerte de Jomeini".
Europa tardó siglos en descubrir que "los otros" no eran "hordas de haraganes improductivos e impredecibles, sino personas que vivían en el seno de unas culturas desarrolladas, con estructuras y jerarquías de lo más refinadas y complejas".
En estas conferencias, Kapuscinski cita a su admirado Heródoto (hace algunos años, leí su obra "Viajes con Heródoto"). También cita a dos filósofos que no conozco: Lévinas y Tischner. Descubro con placer que además nombra a uno de los autores que más me han hecho reir: Barley y su maravilloso libro "El antropólogo inocente". Ahora me viene a la mente, al respecto de la multiculturalidad y el descubrimiento del "otro" una peli que creo que no se ha valorado lo suficiente: "Los dioses deben de estar locos" de Jamie Uys

miércoles, 9 de julio de 2008

Aritmética emocional (P. Barzman,2007)


Después de esperar en vano durante varias semanas la reseña que iba a hacer mi novia sobre esta peli que vimos juntos, la tengo que hacer yo (que dura es la vida del blogger!). Quizá el tiempo transcurrido me aclare un poco la opinión sobre esta película inusual. Al salir del cine, no tenía nada claro si me había gustado o no.
Trata el encuentro de 3 personas que coincidieron en Drancy, uno de los campos que la Francia colaboracionista organizó para agrupar a los judíos y enviarlos a los mataderos nazis. Max Von Sidow era el mayor de ellos e hizo de protector de los otros dos (unos niños entonces): Susan Sarandon y Gabriel Byrne. No se han visto desde hace 40 años; pero aquella tragedia marcó sus vidas y las sigue condicionando. Plummer hace de marido de Sarandon. La ha protegido de sus miedos y de las horrorosas sombras del pasado; pero no puede evitar que ese pasado vuelva con el
reencuentro.
La peli pretende responder a las preguntas de hasta qué punto se pueden cerrar las heridas, de cuánto podemos escapar del pasado. El problema es que la historia se queda ahí (quizá porque no pueda ir más allá) y acaba dando vueltas sobre sí misma y no se resuelve. Me da la impresión de que el director no está a la altura del excelente reparto. Así que tiene que huir hacia un ejercicio esteticista (inolvidables las escenas de la Sarandon en un entorno natural precioso, las costas de Quebec, o de la lluvia mojando sus diarios y anotaciones sobre Drancy).

viernes, 4 de julio de 2008

José Luis Cano: Sender, Goya, Buñuel


En plena polémica por la autoría de "El coloso", miro estos cuadernillos del dibujante José Luis Cano que retratan a tres colosos: Goya, Sender, Buñuel.Uno del Altoaragón, otro del Bajoaragón y el otro enamorado y a la vez, harto de la capital del país, provinciana y clerical. "En pensar en Zaragoza y en pintura me quemo vivo" Los tres se exiliaron. Los tres eran taciturnos, fuertes, de carácter arisco, impacientes, desagradables, viriles, dominantes, geniales. Cano cuenta que cuando el médico sacó a Sender del vientre de su madre y le dió el primer cachete para que rompiera a llorar, Sender se lo devolvió. Los tres vivieron épocas de grandes cambios (formaron parte importante de esos cambios). Los tres soñaron con un mundo mejor; pero vieron como el sueño de su razón se convertía en una tragedia poblada de fantasmas horribles, que intentaron exortizar con su arte. Los tres huyeron y murieron lejos de Aragón.
En la actualidad, la cultura aragonesa (si se considera válido este concepto) hace cuanto puede (que no es mucho) para recuperarlos, para hacer propio lo universal. Para explicarle al mundo que la honradez amarga de Sender, que los colores rojos y negros de Goya, que los tambores de Buñuel eran aragoneses; que de alguna manera telúrica y misteriosa pertenecían a esa tierra honrada y amarga, roja y oscura, en la que suenan tambores. Que Dios les perdone.
Y en ese proceso de recuperación y de divulgación ha participado el gran dibujante Cano, colaborador habitual del Heraldo de Aragón con tres pequeñas obras maestras, editadas por Xordica. Disfruto mucho mirando y leyendo las tres brevísimas biografías ilustradas de los personajes.
En cada viñeta, Cano refleja la fuerza vital que impulsaba a cada uno de los tres a rebelarse, a crear. Una serie de divertidas anécdotas acompañan los dibujos fáciles y expresivos de Cano. Estampas: vidas de santos para un país lleno de fe; pero sin santos ni creyentes. Una predeterminación ciega y atormentada, inexorable, conducía a los tres a ser rebeldes en todos los aspectos y a cambiar la historia del arte. Aunque en su pueblo siempre desconfiaran. Dicen que, cuando Buñuel volvió a Calanda después del estreno de "Un perro andaluz", la película que cambiaría la historia del arte, alguno le comentó:
"Esa película del perro, flojica, flojica".

miércoles, 2 de julio de 2008

En el punto de mira. (Vantage Point, 2008).


Ayer me dejé embaucar por el aspecto externo de esta película. Os aviso para que no caigáis en la trampa. La cosa parecía, a priori, digna: un atentado contra el Presidente de los Estados Unidos (William Hurt) en una conferencia internacional celebrada en Salamanca. Los hechos son contados desde distintos puntos de vista a partir de un mismo momento del tiempo.
Pero al director, a los guionistas y a los productores se les va el tema de las manos y la peli se convierte en un conjunto histérico y deslabazado de tiros, persecuciones y personajes sin sentido (especialmente el de Noriega), que hablan mediante acrónimos (POTUS, ETA, etc.) Lo único interesante son las caras de tonto que pone Whitaker y la manera en que se representa a la ciudad de Salamanca y sus habitantes. Según les parece a los norteamericanos, todos los helmánticos son latinoamericanos que agitan rojigualdas mal hechas, mientras explotan bombas a su alrededor. Huyan de este bodrio.

martes, 1 de julio de 2008

Un plan brillante (Flawless). M. Radford, 2007


Anoche vi esta simpática peli de robos. Se trata de una historia sencillita y agradable, con un par de sorpresas inteligentes y bien contadas. Yo iba predispuesto: las primeras imágenes muestran unas manos negras revolviendo el barro en busca de diamantes, se supone que en algún lugar de África. Otras manos negras, entregan esos diamantes a unas manos blancas. Inmediatamente, viene a la memoria "Diamantes de sangre".
La peli trata un gran robo de diamantes en Londres, con mucha moralina incorporada "quien roba a un ladrón..." Un poco de feminismo y un poco de análisis del comportamiento criminal de las multinacionales. El mensajito les queda demasiado evidente. Caine lo hace bien, como casi siempre. En cambio, no acabo de ver a la Moore en la estética de los primeros años 60. Noches de verano, agradables y tranquilas, lejos de donde hay guerras por los diamantes.