martes, 22 de abril de 2014

"El poder". Leon Tolstoi.



Hago inventario de lo que he visto o he leído durante estas breves vacaciones. En un largo viaje en tren hacia el sur, me leí, meticuloso y atento, el opúsculo “El poder” de Tolstoi. Se trata de unas reflexiones sobre uno de los problemas centrales del anarquismo. Tolstoi argumenta sobre cómo los gobiernos (los estados) convencen de la necesidad, de la inevitabilidad de su poder. Justifican así las religiones oficiales, los ejércitos, la desigualdad, la violencia organizada. En mi destino, asistí a varias  procesiones, con cornetas, alcaldesa, saetas y uniformes. 

En el cine, vi el reciente estreno Spiderman-2. Es decir, la segunda de la trilogía que pretende hacer Webb. El personaje, del que ya hemos hablado aquí   ha dado para muchas pelis.   esta no es la peor de ellas; pero yo sentí como si me hubieran robado algo de mi primera adolescencia. Al menos, las vertiginosas vistas de Nueva York eran  impresionantes. Me llamó la atención que todo lo malo procede de la multinacional Oscorp (Electro, el Duendecillo Verde). Pero también, todo lo bueno (el mismo Spiderman). Cuando Tolstoi escribía sobre el poder, todavía no había multinacionales más poderosas que los estados. O mejor dicho, transnacionales, como argumenta Vicenç Navarro en este artículo.

En la tele, volví a ver dos pelis.  “Náufragos” (“Cast away”), de Zemeckis, con Tom Hanks y Helen Hunt. Como había cenado bien, me dio mucha pereza imaginarme a mí mismo cogiendo cocos. También vi “Infiltrados” (“The departed”) de Scorsese, con DiCaprio, Damon, Nicholson, Sheen, Baldwin, etc… Me pareció un poco mejor que la primera vez que la vi; pero sigue sin parecerme una peli redonda.  Demasiadas idas y venidas, demasiadas carantoñas del Nicholson.

jueves, 10 de abril de 2014

Ocho apellidos vascos.

La tarde del sábado tocaba reírse porque vinieron unos buenos amigos a Valencia. Así que hicimos lo que están haciendo casi todos los que van al cine en este caluroso principio de la primavera y nos apuntamos al gran éxito del 2014, la rentable comedia de Emilio Martínez-Lázaro. El director ya había hecho más cosas en este género; pero no he visto ninguna y no puedo juzgar. Curiosamente, también dirigió "La voz de su amo",  un thriller ambientado en la Vizcaya de los llamados "años de plomo", cuando ETA ponía muertos encima del tapete político tres veces al mes. Aquella peli del 2001 no me gustó, me pareció liosa y mal acabada y creo que le tengo algo de manía al Eduard Fernández desde entonces. Afortunadamente, el país al que se refiere "Ocho apellidos vascos" es muy distinto al de los 80, aunque queden las víctimas y muchas heridas por cerrar.

Y la peli funciona. No engaña. Es una colección de chistes sobre vascos que hacen mucha risa. La trama es algo descabellada; pero sirve para justificar los gags. La peli está mal acabada, como hecha con desgana; pero la sala entera se reía. Y yo también. Puestos a ver pelis que parecen capítulos de TV, prefiero las de aquí a las norteamericanas. Para disfrutarla, me tuve que olvidar de que los arquetipos y los chistes "regionales" son una de las maneras a través de las que el estado-nación digiere las identidades periféricas: los andaluces graciosos, los catalanes tacaños y taimados, los vasconavarros nobles y brutos, los aragoneses más nobles y más brutos todavía, los madrileños, gentes de graciosa hidalguía. Y me dispuse a rebozarme en arquetipos. Disfruté de las tonterías que hace el Dani Rovira y me sonreí al reconocerme a mí mismo en el susto y en la emoción que tiene el chaval cuando cruza de Castilla al País Vasco, como cuando viajé en tren a Vitoria en el 89.Y al ver Getaria desde el aire me acordé de un verano veinte años después, caminando entre las viñas que dan el txakoli que un excelente Karra Elejalde bebía a grandes tragos, mientras yo bebía coca-cola y me reía.

Si alguien ha sido capaz de ironizar sobre las identidades en la Iberia actual, crispada y empobrecida, han sido los vascos. Y los guionistas de "Vaya semanita", Cobeaga y San José, han sido también los guionistas de "Ocho apellidos vascos". Aunque creo que hay capítulos de la serie que son mejores que la peli. Todas las sociedades necesitan esa vía de escape y más una sociedad ensangrentada  y aterrorizada como la vasca. Como ya hemos escrito alguna vez, ¿qué ha pasado con la sociedad valenciana? La fallecida Canal 9 no fue capaz de hacer algo como el "Vaya semanita" vasco o el "Oregón TV" aragonés. Pero el grano acabará explotando, de eso no hay duda.