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Mostrando las entradas etiquetadas como Atxaga

Casas y tumbas (Bernardo Atxaga)

Siempre leo con placer a Atxaga. Sus libros me resultan fáciles, amables, cercanos. Supongo que detrás de esa sencillez aparente hay mucho oficio. Imagino que, para mí, como para otros lectores de sus versiones en castellano, Atxaga era una manera cómoda de acercarnos a ese mundo, a la vez amenazante y atractivo, de los caseríos y los bosques del norte. La literatura, esa mentira tan hermosa y, que sin embargo, es lo que más verdad tiene, como dice el guipuzcoano en su blog .  Ya reseñé aquí algunos de sus libros más locales, donde la pesada presencia del terrorismo y la violencia política era inevitable. Sospecho que escapar de lo inmediato, quitarse esas etiquetas, ha sido uno de los grandes esfuerzos que el autor ha tenido que hacer a lo largo de su carrera.O quizá me equivoque, no importa. Atxaga ha escrito mucha literatura infantil y algo de poesía. Incluso se atrevió a describir el corazón de las tinieblas . Todavía tengo en la memoria aquella historia, que me dejó cierto re...

Guipúzcoa. Bernardo Atxaga.

He pasado unos días hermosos andando por las frescas montañas de Guipúzcoa con dos buenos amigos. Durante esos días han venido a mi mente en varias ocasiones dos libros de uno de mis autores preferidos. A través de esos libros, he intentado entender la realidad de lo que estaban viendo mis ojos y mis botas de senderista. Pero a su vez, las historias que leí en esos dos libros, deformaban esa realidad que estaba delante de mí y me hacían ahogarme en un mar de tópicos y lugares comunes. La literatura como un gran prismático y también como una lente deformante. El autor al que me refiero es, obviamente, Bernardo Atxaga. Y los dos libros, escritos originalmente en euskera y traducidos por el propio autor, son: "Un hombre solo" (1993) y "El hijo del acordeonista"(2004). Uno de los hostales en los que nos alojamos, cerca de Arrate, me recordaba al hotel rural en el que se ambienta la primera novela. Ese hotel es el refugio de un ex-miembro de ETA, que vive entre la angust...

Siete casas en Francia. (Bernardo Atxaga)

No olvidaré nunca lo placentera que me resultó la lectura de "Obabakoak" y de "Historias de Obaba". Me pareció una hermosa combinación de inteligencia y ternura, sin demasiadas concesiones al tipismo. Es posible que algunos críticos lo encuentren demasiado fácil, demasiado condescendiente con el lector; pero tengo la sensación que la ingeniosa manera en que Atxaga construía aquellas historias fue un cambio importante en la literatura española. De alguna manera, Atxaga fue el precursor del éxito de Cercas. Yo tendría después la posibilidad de caminar por los montes navarros de Isaba, donde Armendáriz situó la versión cinematográfica de Obaba. Después, leí "Un hombre sólo" y "El hijo del acordeonista", en las que se atrevió a tocar los problemas de su país. Son novelas más oscuras, más duras; pero también me gustaron, especialmente "El hijo del acordeonista". No sé si existe un memorial mejor de la transformación política y social de la G...