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Torrente ex-presidente (4 y final)


Alguna vez les explico a mis alumnos guiris lo de los apellidos hispánicos. Para ellos, con sus solitarios apellidos consonánticos, nuestro festival de primeros y segundos y compuestos procedentes de varias lenguas distintas es algo difícil de entender. En lo que se refiere a los apellidos compuestos, les digo que, normalmente, cuánto más arriba en la escala social, más apellidos compuestos. Miren las audiencias y tribunales superiores de justicia. Miren las salas de armas de las capitanías. No hay espacio en la puerta para los largos apellidos de la abuelita alavesa y del abuelito juez. Y a la inversa, cuanto más abajo y más al sur, más abundan los apellidos simplones: López, García, Sánchez. La noble estirpe de los jornaleros. Por ejemplo, José Luis Torrente Galván, ex-funcionario de la Policía Nacional, de baja médica.

El ascenso social se mostraba componiendo apellidos de los que podrán presumir los cayetanos del futuro. Sin embargo, hay gente que prefiere no usar su apellido compuesto. Es el caso del futuro ex-presidente, Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Pedro podría haber sido en la vida cualquier cosa importante: ejecutivo de esos que cierran fábricas que funcionan, presidente eterno de una federación deportiva pelín corrupta, bien conectado con el ministerio del sudor. También podría haber sido abogado especialista en fiscalidad, amigo de golf del juez nieto de los abuelitos del párrafo anterior. Pero eligió el sacrificado camino de la política. Y además, fue por lo clásico: el PSOE de toda la vida. Así que tuvo que esconder el apellido largo.

Pedro será nuestro último ex-presidente. Fin de la historia moderna. Make Spain Great Again.  Supongo que podía haber sido el Tony Blair o el Schröder español y ahora tendría su sillita en algún consejo de administración. Pero le tocó vivir el turbulento ciclo electoral del 2016-2019. Nadie lo recuerda; pero Pedro pudo ser presidente ya en el 2016, sin embargo, lo hicieron dimitir y nombraron presidente a Rajoy, el gigante intelectual de la primera entrada de esta serie. A Pedro no le gustaba perder. Así que se puso shakespeareano y enterró políticamente a todos sus rivales. A cambio de tanta hybris y tanta furia, tuvo que tragarse en el Consejo de Ministros a una banda de peludos. Por primera vez en la historia de la timocracia del 78, cinco millones de votantes podían verse representados en tan excelso órgano.

El guapo intentó no tocar nada ni pisar ningún callo. Pero los tiempos venían bravos. Una corriente de fondo que sopla desde mares lejanos y que se va a llevar todo por delante, empezó a barrer la playa. Desde el principio, la noble oposición le consideró un presidente ilegítimo, lo normal en nuestro pequeño pueblo. No le dieron ni 100 días. Llamaron a una obstrucción generalizada del gobierno sanchista: "el que pueda hacer que haga" proclamó el lieutenant Aznar, con un tono de voz extraño, como de villano de cómic. La UCO sacudió de arriba abajo la vieja jaula que era el PSOE y empezó a caer un polvo desagradable y tóxico. Pero por qué me tratáis así, si he arreglado lo de Cataluña y nos hemos quitado de encima a los pesados de los saharauis. Pero Sánchez, sus ministras sufragistas y sus ministros mariquitas son el enemigo. Delenda est Sánchez. Digan lo que digan en el IBEX35, no está el mundo para blanduras ni para apellidos pobretones. Así que obligaron a Pedro a tirar balones hacia adelante; eso sí, con mucha precaución, no vayamos a romper algún cristal. Sánchez, es decir Herr Müller es decir, Monsieur Martin, se disfrazó de líder europeo frente a Trump, el anticristo; pero no ha derogado la ley mordaza. Sánchez pensaba que los jueces no se atreverían con su familia. Sujétame el cubata dijo un juez viejo. Un juez de esos que se lían con el procesador de textos; pero quieren darse un gustazo masacrando rojos antes de jubilarse. 

Sánchez sigue creyendo que lo respetarán como ex-presi y lo mandarán a algún sitio bonito como representante del reino. Pero se equivoca. Por las calles de Madrid ya merodean los camisas pardas y no distinguen entre el tirano Sánchez, los alcaldes de Alcañiz, el de antes y el de ahora, un puto moro y un profesor de uni pública. La foto, una joya semántica, procede de Alcañiz, precisamente. Hoy es el futuro. Todos los rogelios de provincias recibirán lo suyo. Recibiremos lo nuestro. Las chimeneas de los lager ya han crecido un poco más desde la entrada anterior. Pedro, el guapo, será el último ex-presidente. Lo sucederá un Quisling o algo así. Que el Dios de las derrotas nos proteja.

Vi la última de Torrente en Netflix. Para eso lo pago. Me gustó el principio; pero no me hizo reir. No es una comedia. Torrente hace carrera en ese negocio franquiciado llamado Vox; pero sabe que debe tener cuidado. Anda desconfiado y estreñido casi todo el metraje y los chistes son tímidos, recortados. Torrente-Segura, el pícaro castellano de siempre, se autocensura. Sabe, con la intuición de los pobres, que se ha abierto la veda. No recuerdo el final. Me dormí en la noche tropical del Mediterráneo.


 

 

 

 

 

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