viernes, 19 de agosto de 2011

Sitios en los que no he estado, sitios en los que no estaré.


En el blog comento habitualmente las cosas que veo o que leo. Me saltaré la norma y comentaré algunos actos en las que no he estado y en los que no estaré. De hecho, esta va a ser la última entrada por unos meses, ya que voy a hacer un largo viaje.

Algo a lo que no podré acudir es el "Ideotas Festival" que tendrá lugar en Teruel a principios de septiembre. Habrá exposiciones y charlas sobre historietas y caricaturas. Se trata de un homenaje a JaviRillo, el dibujante del altiplano que falleció hace un año. Ya citamos la triste noticia en el blog. Descubro en su dibujo, que han usado para el cartel del festival, muchas cosas cercanas y entrañables.

Algo a lo que no acudí fue la charla sobre los hermanos Labordeta que dio en mi pueblo un habitual de esta bitácora. Lástima. No hay tiempo para todo; pero me hubiera gustado escuchar alguno de los tremendos poemas del gran Miguel Labordeta:

"Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo."


Quizá el poema de Miguel que pase a la posteridad fue el que usó su hermano José Antonio para recriminar a los diputados del PP que, obedientes y culiparlantes, votaran la participación de España en el vergonzante negocio de Chemney y Rumsfeld (el asalto a Irak):

"Invadid con vuestro traqueteo
los talleres los navíos las universidades
las oficinas espectrales donde tanta gente languidece
triturad toda rosa hollad al noble pensativo
preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con al muerte
que han de aplastar a las dulces muchachas paseantes
en esa misma hora que sonríe
por una desconocida ciudad de provincias
pero dejad tranquilo al joven estudiante
que lleva en su corazón un estío secreto."

viernes, 12 de agosto de 2011

Viajes por Guipúzcoa.


Como el año pasado, con dos amigos, he andado por los prados húmedos y los bosques de robles de Guipúzcoa, por sus caminos oscuros y embarrados, por sus pueblos de casas hermosas y calles empinadas. Nos pilló la niebla bajando la sierra de Elgea y la lluvia y el viento frío cruzando Aralar. Cerca de nosotros balaban las latxas y rumiaban tranquilas vacas felices y antiguas.

Más que nunca, he advertido el contraste enorme entre los grandes pueblos industrializados (Mondragón, Beasain) y la Guipúzcoa más rural. Abajo, en los valles fluviales, las autopistas cortan por la mitad ciudades horribles de viejas naves industriales abandonadas y fincas húmedas donde vivían los que vinieron desde Extremadura. Y allá arriba, en las montañas, en los prados de un verde brillante y puro, están los caseríos orgullosos, el bosque oscuro y los pequeños pueblos monolingües. En ese contraste, que sospecho tan estético y emocional como político, radica una parte del conflicto terrible que durante tantos años ha ensangrentado aquella tierra, que fue durante muchos siglos la más española de las Españas.

Me vienen a la memoria dos novelas distintas, ambientadas en el País Vasco. La primera es "Lectura insólita de El Capital" de Raúl Guerra Garrido, premio Nadal en el 1976, que estaba en la biblioteca de mi tío. Usando el secuestro del industrial Lizarraga como argumento principal, la novela indaga en el proceso de industrializacion guipuzcoano y las luchas laborales y nacionalistas de los últimos 60 y 70. Durante su secuestro, el empresario se entretiene leyendo "El Capital", ese libro que recomiendan leer a cualquiera que se quiera meter en negocios.

La segunda es "Sé que mi padre decía", una novela negra de Willy Uribe, que me ha prestado mi compañero de habitación. Como no soy habitual del género, no exijo demasiado y me ha gustado bastante. La novela narra la vuelta de Ismael Ochoa Cuevas a su ciudad natal, Bilbao, cargado de malos recuerdos y peores intenciones. El argumento maneja varios leitmotivs: la figura del padre amado y odiado, la decepción de la vida, la añoranza de lo rural y ETA y su entorno, como un estado dentro del estado, como cualquier otra mafia.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Caravaggio en El Prado


Estoy de paso en Madrid, esa ciudad que, para bien o para mal, siempre me parece tan ajena y tan desconocida, y por tanto, tan impresionante.

Ayer, como otras veces, eché un ratito en el museo de El Prado. Me venía a la mente un documental que hicieron hace poco en la 2 sobre la hazaña que logró la República Española. Bajo las bombas italianas y alemanas, consiguieron evacuar la colosal colección. Cuando el gobierno de Burgos fue reconocido por británicos y franceses, la colección regresó desde Suiza sin que se perdiera un solo cuadro. Posiblemente, nunca un tren ha transportado un tesoro de tanto valor.

El Bosco, las pinturas negras, Juan de Ribera...el alma de Europa en esas paredes. Imágenes que inextricablemente forman parte de nuestra memoria, allí delante, al alcance de una mano traviesa. Hasta el menos interesado se queda un momento sin respiración.

La gran estrella de esos días era "El descendimiento de la Cruz", un Caravaggio que los museos vaticanos han cedido al Prado para adornar un poco más la próxima visita del Papa a la capital del reino. A ver si tienen suerte los madrileños y no les cuesta demasiado dinero la fiesta. A los contribuyentes valencianos, la visita del 2006 nos costó un pastón. Pero lo peor del asunto es que solo nos pudimos enterar de la contabilidad de la visita, varios años después, a través de las escuchas policiales por el caso Gürtel. Democratic accountability lo llaman en inglés.

Y hablando de democracias, anoche desalojaron la plaza del Sol, que volverá a llenarse de gente. y es que como dijo Neruda, la primavera es inexorable.