miércoles, 23 de noviembre de 2016

Descanse en Paz.

Ayer, falleció a los 101 años de edad, José Iranzo Bielsa, conocido como "El pastor de Andorra". El nombre artístico que tuvo como jotero le describía bien. Cuidó el ganado durante toda su vida, junto a su mujer, también centenaria, a pesar de que fue uno de los cantadores de jota más importantes del siglo XX. Varias veces le oí decir a Joaquín Carbonell, que tiene algunas publicaciones sobre él, que José Iranzo era uno de los tipos más extraordinarios y sencillos que había conocido en su vida (y Joaquín ha conocido a tipos interesantes). Al parecer, el matrimonio vivió hasta bien mayores en su tierra de la Andorra de Teruel, en el Mas "el Ventorrillo", sin electricidad ni comodidades.  Descanse (descansen) en paz.

No puedo evitar relacionar la imagen de "el Pastor de Andorra" con la de José Castillón Peiret, el protagonista de un precioso libro que compramos en Boltaña en otoño del 2015 y que considero un tesoro. Del bajo al alto Aragón, o viceversa. Se trata de una obra cautivadora, hermosa, tremendamente humana. La recomiendo a cualquiera que pretenda saber algo más sobre los Pirineos, sobre Aragón o sobre un tipo de gentes del campo que han desparecido para siempre. Se trata de "José, un hombre de los Pirineos", quizá el trabajo más ambicioso de mi admirado Severino Pallaruelo, al que ya hemos reseñado aquí.


Pallaruelo convivió en diferentes épocas del año con José, un hombre de 76 años, que junto con su hermana, también anciana, son los últimos habitantes de La Mula, una aldea en las faldas de la Peña Montañesa, cerca del monasterio de San Beturián, en el Sobrarbe. En un cuidado trabajo que combina la etnografía, la fotografía y el documental, transcribe las vivencias y opiniones del viejo montañés. José cuida las ovejas, recoge miel de sus colmenas, trabaja el huerto y hace cucharas de boj (de buxo). Pallaruelo describe con ternura y respeto las tremendas habilidades y fuerzas que permiten a este septuagenario seguir viviendo en medio de los Pirineos, en cada estación del año. José, en el aragonés de La Fueva habla de los animales, de la naturaleza, de sus achaques, de esa tierra despoblada y hermosa, de su vida y de todas las vidas...

"A veces cuando habla de ciertos temas, pasa con sorprendente rapidez de la ironía fingida a la sincera melancolía (...) Me habla con mucho cariño de la herrería, es una casita exenta de una sola planta que se alza a unos cien metros de las casas de la aldea: <Antes pasaba asabelas oras n'a ferrería. En cuanto llobeba me'n iba allí, a luziar jadas u a fer bel cuchillo>. Sin embargo, ahora la ferrería presenta un aspecto lamentable: el tejado ha perdido muchas losas y amenaza ruina (...)"

"Un día hablaba de los entierros y parecía burlarse: <N'as capitals dizen que ba tanta chen t'os entierros, cuatrozientas y quinientas presonas, u mil. Ben de ir por redir-se d'o que s'ha muerto. Se mirarán l'atabul y dirán jode-te, que tu t'has muerto y yo aún estoi bibo <...> Aquí pasa al rebés, no ba casi naide t'os entierros. No i ha chen. No se troba chen ni pa picar a fuesa ni pa llebar l'atabul>"

lunes, 21 de noviembre de 2016

El gran Gatsby



En las últimas semanas, el político y profesor, J.R. Pin ha publicado en “El Economista”  varios artículos en donde se apunta cómo la literatura es capaz de captar el espíritu de los tiempos. Esa literatura serviría como aviso a caminantes. Ya saben ustedes, lo de la historia que se repite, como drama o como farsa…En estos tiempos revueltos, citaba las obras de Zweig, que predijeron, en parte la catastrófe de Europa con la llegada del nazismo y su revancha. En un artículo más reciente, citaba “El gran Gatsby”, la célebre novela de Scott Fitzgerald. Se da la curiosa circunstancia de que aquí también hemos reseñado a Zweig y el viernes, vimos en DVD la versión cinematográfica de 1974 de Clayton, con guión de F.F Coppola (hay varias pelis más basadas en la novela). Merche quería ver el atrezzo y la ropa de la película. Así que la cosa nos vino bien a ambos.

La historia presenta al misterioso Jay Gatsby, (interpretado en esta versión por Robert Redford), un millonario que da fiestas extravagantes y está obsesionado con Daisy (la Farrow), casada con el también potentado Tom Buchanan. El narrador de la trama, Nick Carraway, ve un mundo de lujos y despreocupación, cornamentas y pasiones, que vive ajeno al resto de la sociedad. Los felices 20. Felices para la alta sociedad norteamericana. Ese mundo colapsaría en 1929, del mismo modo que al final de la historia, los personajes han de asumir las consecuencias de sus actos.

Fitzgerald no llegó a ver el éxito de su novela, que es considerada una de las cumbres de la literatura norteamericana. Como todas las grandes obras, su valor fue captado muchos años después de su publicación. Con la que está cayendo, no deja indiferente elretrato de esa clase ociosa, ajena a lo que estaba pasando en su entorno más inmediato y que iba a despertar de forma brutal en los 30 y en los 40.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Que Dios nos perdone.



En el verano de 2011, las plazas y calles de la Villa y Corte fueron ocupadas por los diversos movimientos y manifas que se englobarían después bajo la etiqueta “15-M”. Hubo algunas hostias, muchas ilusiones renovadas y cierta repolitización de la sociedad. Por primera vez, una parte importante de la ciudadanía cuestionaba el podrido turnismo del 78. El papa visitaba a sus peregrinos en agosto. Todo estaba en crisis, todo parecía derrumbarse.


En ese escenario iluminado y vibrante tiene lugar un thriller durísimo. La típica pareja de maderos, poli bueno-poli malo, se esfuerzan por detener a un asesino en serie que se lo está pasando muy bien en el centro de Madrid. En esos barrios de viviendas envejecidas sin aire acondicionado, donde los inmigrantes han sustituido a la burguesía, donde las putas buscan el fresco y donde solo quedan viejecitas solas que no se pueden permitir ecuatoriana que las cuide. Sudores, griterío, golpes, odio, muerte, tanto que daña un poco los ojos, de tan real, de tan mísero. No hay nadie bueno, supongo.


La peli va descendiendo hacia un horror que atrapa, que hipnotiza, como dicen que algunas serpientes hacen con sus víctimas. Y sale uno del cine un poco sucio por dentro, un poco avergonzado, un poco miserable. Como con lástima de ser hombre y de ser humano.

martes, 8 de noviembre de 2016

La fiesta de las salchichas.



Roberto comentó algo sobre la peli en un almuerzo. Así que cuando tuve que llevar a los muchachos al cine de Lorca, lo tuve claro. Y ellos también. Y resultó que la peli era más fuerte de lo que yo pensaba. Había más chistes y escenas sexuales de lo previsto. El resultado fue que a Antonio y a Ana no les gustó (se tapaban los ojos). A Lola, sí, y es que percibió que la cosa era muy adolescente y muy hormonal. Todavía no sé si hice bien llevándoles a verla; pero yo me lo pasé en grande. Espero no haberles traumatizado demasiado. Quizá de adultos se acuerden de esa salchicha que dice palabrotas y sueña con penetrar al panecillo, de ese irrigador vaginal enloquecido o de ese plan de pita que espera ser empapado por muchos aceites de oliva virgen.


Los alimentos y productos del  supermercado “Shopwell’s” esperan que “los dioses” los elijan y los lleven a ese paraíso soñado. Descubrirán que la realidad ahí fuera es algo tan terrible que no puede ni imaginarse. O sea, que la gamberrada de los Rogen, Golberg y Franco toca de lleno a la religión, a la política, al  consumismo, a las adicciones y a muchas de las cosas absurdas de este mundo absurdo. Predigo que, después de la victoria de Trump, gentuza como esa se tendrá que exiliar en México. La peli decae un poco al final y se hace demasiado ruidosa y aventurera. Pero supongo que si quieres hacer una parodia de lo Disney, tienes que hacer ruido y poner aventuras.


El descubrimiento por parte de los alimentos de que solo son objetos concebidos para el placer de “los dioses” tiene mucho de “Matrix”, es decir, del mito clásico de la verdad revelada. Ese innato temor que los humanos siempre hemos tenido: descubrir que no somos sujetos, sino objetos de otros. El otro día vimos una reposición del capítulo 100 (octava temporada) de “La que se avecina” con una variación del mismo tema universal. La revolución (social y sexual) de las salchichas, en plan “Animal farm” es también una variación de otro tema universal. Los objetos que luchan contra sus creadores y, por tanto, se vengan de ellos. Del mismo modo, que tal como prevén algunos, hará la AI “dura” con nosotros.