Una de las canciones más impresionantes de la “Ronda de Boltaña” comienza así “Siempre que se muere un roble allá en el bosque, pierde un viejo dios mi pequeña nación; siempre que nos nace un niño, el futuro se hace bosque, y entre robles corretea un nuevo dios”. Para escuchar en directo a la Ronda, nos subimos al Vallivió, posiblemente el valle más despoblado del Pirineo aragonés, esa tierra tan hermosa y tan desconocida. Y conocimos a David y a Raquel, que han construido en aquellas montañas desoladas, su hogar. Y que han sido papás. Ellos, como otros muchos neorurales, han sido valientes y han ido en busca de sus sueños. Con mucho esfuerzo, día a día, invierno a invierno. A devolver la vida a una plantica que parecía casi muerta. A demostrar que todo es posible. Es difícil describir lo que vivimos cuando la Ronda fue a cantar a su puerta. El título en francés de “Una casa en Córcega”, aunque menos comercial, describe bien dónde nos está esperando el mundo rural: “Au...