miércoles, 27 de abril de 2011

Herois, mites i llegendes


El capítulo sobre el monorrail de Springfield describe bastante bien la política cultural y museística de la hermosa ciudad donde vivo. Sospecho que los guionistas de "Los Simpson" han sacado más de una idea de nuestra gurteliana vida pública, infectada de Quimbys. A pesar de ello, siempre puede encontrarse alguna cosa digna bajo los escombros del monorrail.

Aprovechando los dias de vacaciones, me he dado una vuelta por el Muvim. Ademas de su exposición permanente, de vez en cuando hay cosas interesantes. Estaba a punto de clausurarse la exposición de carteles "Herois, mites i llegendes". Se trata de serigrafías procedentes de Nueva Zelanda (en maorí: Aotearoa), Cuba y México, confeccionados en la prestigiosa imprenta del ICAIC en La Habana, que durante los últimos cuarenta años, ha estado produciendo material para decorar las habitaciones de los progres.

Lo más curioso eran los carteles neozelandeses, que representaban héroes o luchadores nativos. La conquista británica de las islas del Pacífico queda bastante cercana en el tiempo y por ello, las historias de brutalidad, abusos y también de dignidad y grandeza humana que cuentan esos carteles, duelen más, se sienten más. Ahora que las teles, entre fútbol y fútbol, nos acaban de atontar con lo de la boda real británica e intentan convertir en normal lo absurdo, viene bien recordar de dónde proceden las joyas y los trajes y los lujos que adornarán las nupcias.

viernes, 15 de abril de 2011

Joaquín Costa, el gran desconocido.


Para preparar una breve charla en conmemoración del centenario de su muerte, me he leído esta biografía del gran Costa. La obra de Cheyne pasa por ser la biografía de referencia del llamado "León de Graus". Siempre que hay que recurrir a algún hispanista para entender a las cosas de aquí, algo me pica por dentro. Supongo que eso nos ha pasado a muchos, y que le debió pasar al honorable don Joaquín.

Siempre he pensado que si Costa hubiera nacido en Escocia, hubiera sido un gran matemático, si hubiera nacido en Alemania, hubiera sido ingeniero químico y su hubiera nacido en Chicago, hubiera sido millonario. Como nació en Aragón, el país del derecho, donde se inventó la palabra "pleito", donde se escribió el "Vidal Mayor" (la primera pseudo constitución europea), fue letrado, notario y abogado del Estado.

¿Por qué tuvo tanto impacto aquel hombre de voz tronante en la España de 1898?. ¿Como se creó el mito alrededor de su figura y de su pensamiento? Creo que fue la combinación de varias causas.

La primera razón es que Joaquín Costa personificó el regeneracionismo y fue el que dijo más alto y más claro que aquello de que dos partidos mayoritarios se turnaran, y que defendieran solo los privilegios de unos pocos y de que encubrieran la corrupción, no era una democracia, que era una mierda. Estoy hablando de hace 100 años, no se vayan a creer.

La segunda razón es que, parafraseando a Galeano, Costa fue un tipo raro: siempre dijo lo que pensó y siempre hizo lo que dijo. Por eso fue pobre como una rata toda su vida.

La tercera razón es que vivió en aquel rinconcico del mundo: Graus, durante la mayor parte de su vida y desde allí, gritó las verdades. El pundonor insobornable vino a hacer a Costa el arquetipo de lo aragonés. En 1911, los zaragozanos detuvieron el tren que llevaba su cadáver a enterrar a la capital del Estado. Y se quedó en Torrero, donde Bescós le escribió el célebre epitafio:

"Aragón a Joaquín Costa,
nuevo Moisés de una España en éxodo.
Con la vara de su verbo inflamado
alumbró la fuente de las Aguas Vivas
en el desierto estéril.
Concibió leyes
para conducir su pueblo
a la tierra prometida.
No legisló".

miércoles, 6 de abril de 2011

Pelis de primavera

En estas semanas del principio de la primavera, arduos trabajos personales y profesionales me han distraido de la obligación sui generis de ir escribiendo en este diario impúdico. Así que para romper brevemente el silencio, reseñaré cosas de andar por casa. Comentaré las pelis que he visto en la tele. Creo que todas ellas fueron en la 2.

La primera fue "El buen alemán" (Soderbergh, 2006)(en inglés "The good German"), una peli en blanco y negro para mayor gloria del Clooney y que pasó casi desapercibida en su momento. Se trata de un thriller ambientado en el Berlín ocupado del 45. Los rusos se llevaban cosas de entre las ruinas y los americanos se llevaban gente preparada. Las alemanas se prostituían para poder comer. Total, ya les había pasado por encima todo el ejército rojo. La tristeza de la peli se unió a mis propias tristezas.

La segunda fue "En el nombre del padre" (Sheridan, 1993) (en inglés, "In the name of the father"). Una peli que me gustó mucho en su momento; pero que hoy me parece un poco sobrevalorada. Creo que la mejor secuencia de la peli es cuando Day-Lewis le espeta a la abogada: "You're very good at the English, aren't you? You see, I don't understand your language. "Justice." "Mercy." "Clemency." I literally don't understand what those words mean. I'd like to put in an application to get all my teeth extracted. That way I could put my fist in my mouth and never speak another word of fuckin' English so long as I live". En cualquier caso, hay que reconocerle a la peli que hurga a fondo en el viejo tema de la violencia terrorista y la violencia de los estados. Y el tema movía (y mueve) muchas emociones. Creo que el otro día Tele Madrid, sacó a Rubalcaba con el anagrama de ETA sobreimpresionado.

La tercera fue "Cadena perpetua" (Darabont, 1994)(en inglés: "The shawshank redemption"), que la habré visto unas diez veces y que cada vez me gusta más. Recuerdo con cariño una tarde de fallas en que la vi con Ani y con Javi y ni la resaca fue capaz de dormirnos. Una historia buenísima con dos gigantes: el Robbins y el Freeman. Poca gente sabe que el guión está basado en un relato breve del prolífico Stephen King: "Rita Hayworth and Shawshank Redemption". Fue en los Pirineos, Jorge bajó hasta Torla para sacar dinero para poder pagar en Góriz. Yo me quedé esperándolo a la entrada de Ordesa y para entretenerme, empecé a leer un libro que llevaba en la mochila, con cuatro relatos, uno por cada estación del año. La historia del incansable Dufresne estaba dedicada a la primavera, a la esperanza.