miércoles, 16 de diciembre de 2015

Los cuentos y las cuentas de la independencia.



A las películas sobre bodas les pasa lo mismo que a las bodas. Que son aburridas. Aunque de vez en cuando, alguno con gracia cuente chistes porque va algo beodo. En “Ocho apellidos catalanes” el único que hace gracia es Elejalde. Porque los demás están apagados o previsibles. Es lo que tienen las secuelas. A diferencia de su predecesora, la historia no tiene ritmo y las parodias sobre los tópicos no escuecen. Las peripecias de Rovira y compañía podrían haber tenido lugar en cualquier otro sitio y nos hubiéramos reído o dejado de reír igualmente. Han hecho caja; pero la fórmula se les ha agotado. Quizá la cuestión es que el encaje simbólico de lo catalán (frente a lo vasco, lo andaluz, lo español) en el viejo juego de los tópicos y los chistes regionales no funciona. En plena transición, cuando ETA ponía un muerto a la semana en el telediario, algún prohombre advertía que el gran problema político de la España constitucional sería Catalunya, y no el País Vasco y Navarra. Y acertó.

El independentismo catalán está fracasando y está triunfando al mismo tiempo. Todo el mundo sabe que no se puede hacer una DUI con una mayoría tan exigua; pero simultáneamente, todo el mundo siente que la “desconexión” sigue su curso. Y el independentismo seguirá venciendo en lo emocional y en lo icónico, pase lo que pase en las elecciones del domingo y en las que habrá en Catalunya el año que viene. Es cierto que España, a diferencia de Francia, no completó con éxito el proceso de integración cultural y emocional en el Estado Nación; pero de ahí a que sea un estado fallido, como algunos dicen, hay mucho trecho. Así que aún veremos caer muchas piedras. 

Y ese proceso de desconexión necesita a la mayoría de la población catalana. Y necesita los símbolos y también lo prosaico, el egoísmo, el “Espanya ens roba”. La obra de Josep Borrell y Joan Llorach es un librito necesario y recomendable. Con honestidad, reconoce que no puede combatir al independentismo en el terreno de los sentimientos. Por lo que se centra en lo “objetivo”. Sea lo que sea eso en el debate político. Concretamente, trata del cálculo del “déficit fiscal” y del debate sobre la viabilidad económico-política de una Catalunya independiente. Desmonta con puntería, números y razones las dos grandes ideas motor que han llevado a abrazar el independentismo a partes crecientes de la población de Catalunya. Niega que el “déficit fiscal” de Catalunya sea un expolio, como lo presenta el independentismo y que, ahorrándose ese presunto expolio, la futura Catalunya sería un país enormemente próspero. Obviamente, los autores no pueden negar el agravio comparativo que supone para Catalunya (o para cualquier otra región más rica que la media), la independencia fiscal de Navarra y el País Vasco ni tampoco que existe cierto “déficit fiscal”. 

Me temo que pocos leerán el libro en Catalunya o en el resto de España. Porque siempre es demasiado tarde para leer.

martes, 24 de noviembre de 2015

La ruta prohibida y otros enigmas...

Compré un libro de Javier Sierra por la prosaica razón de que el autor había nacido en Teruel. Creo recordar que era para regalárselo a mi hermano ¿Qué libro mejor que la obra de un paisano? No me acuerdo de qué novela se trataba; pero quizá fue “La cena secreta”, el best seller mundial que le ha debido apañar la vida a Sierra. Es que eso de andar rebuscando misterios entre piedras viejas no debe dar para muchas alegrías si no lo transformas en una novela chisposa que se venda bien. Y ya lleva varias de esas. Supongo que acabaré comprando y leyendo alguna.

El sábado me compré, en formato de bolsillo, este ensayo que reúne notas breves sobre algunos de los temas que luego ha novelado. Y también otros. Y me lo he acabado en tres días; y es que se hace fácil de leer y siempre logra atrapar la atención del lector (aunque este sonría de forma condescendiente). Se pueden imaginar algunos de los temas: que los viajes de Colón no fueron los primeros, que hubo civilizaciones antes de la nuestra, que en las catedrales góticas y en las obras de Leonardo hay claves secretas, etc, etc. Todo ello tratado con cierta corrección, rozando la heterodoxia; pero sin llegar a hacer afirmaciones demasiado estrafalarias.  Y es que hay que entretener al lector para vender; pero sin hacer el ridículo. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

La adopción

La clase se alargó más de lo que yo preveía y llegué apurado al cine. Así que entramos  a ver esta producción española, la única que no había empezado.


La peli trata de una pareja que va a Lituania en busca de un niño en adopción. Y obviamente, pasan muchos padecimientos y muchas emociones. El asunto no es tan fácil como les habían dicho y en Lituania, además de nieve, hay corrupción. Y ahí se queda la cosa. Aunque la peli no cae en sentimentalismos fáciles y está bien dirigida y bien actuada, es un poco redundante. Todo se adivina desde el principio. Parece reflejar tan bien la realidad como un documental. Y por tanto, es tan o tan poco interesante como un documental. Salimos del cine tristes. De camino a casa, hablamos de otros niños y de otras madres.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Iba en serio

El “Antonio Ferrandis” de Paterna, teatro municipal, estaba lleno a rebosar. Mayoritariamente, señoras de las que ven Telecinco; pero también chicos guapos de pantalones ceñidos. Yo, que soy un tipo feo, también iba con los pantalones ceñidos. Casualidades de la vida. 

Al parecer, ha sido así durante toda la gira. Teatros públicos y llenazos. La crítica ha sido menos  benévola. Y es que la obra no da para más. El Jorge Javier es un tipo listo y tiene su vanidad, como todo el mundo. Y ha debido invertir mucho dinero y mucho tiempo para representarse a sí mismo, para cantar y bailar su propia biografía. Y creo que el asunto ha quedado medianamente digno, aunque no tenga demasiado interés (salvo para las señoras esas que ven Telecinco). El presentador se ha rodeado de un excelente equipo (Juan Carlos Rubio en el guión y la dirección, Kiti Mánver de parteneur y tres tíos buenorros que cantan y bailan a su alrededor). Hay algunos toques de humor y de ternura y la cosa se nos olvidará pronto, como todas las vidas ajenas.

martes, 17 de noviembre de 2015

Truman

Todos vamos a morirnos. En esa certidumbre se basa la vida. Y todo lo pensado e inventado por el hombre: los dioses, el arte, la filosofía…  no deja de ser una preparación para ese fin tremendo y sublime. Cada uno de nosotros tiene una fecha escrita en algún calendario  cubierto de polvo, bajo un montón de papeles y de libros viejos.  A algunos, la medicina les informa con cierta precisión de esa fecha. No sé si considerarlos afortunados. Supongo que depende de lo que hayan hecho en la vida, de lo que hayan aprendido.

En “Truman”, un actor bohemio, manirroto y gorrón (Darín), decide no tratarse del cáncer que le aqueja. Y su amigo formalote y cumplidor (Cámara) vuelve a Madrid, desde la emigración, para intentar convencerle de que lo siga intentando. Este planteamiento, que podría degenerar en un dramón infumable, acaba siendo una comedia suave y tierna, con el humor y la lágrima justa. Y es mérito de Cesc Gay, del que solo había  visto “Una pistola en cada mano”, que ya reseñé aquí.


El espectador sabe cómo va a acabar la cosa e incluso es capaz de predecir las conversaciones que se escucharán. Pero la peli no llega nunca a ser artificiosa ni aburrida. Obviamente, semejante pareja de protagonistas, quizá en el mejor momento de sus carreras, ayuda. El clásico hablaría de duelo de actores…

viernes, 13 de noviembre de 2015

Más teatro.

Seguimos con el Olympia, porque hemos ido más veces al teatro en este otoño caluroso y largo. Y el público con el que compartimos sala suelen ser jubilados activos, de los que tienen tiempo y dinero para acudir a la limitada oferta teatral de la tercera ciudad de España. Bueno, quizás la segunda.

Vimos y disfrutamos “Buena gente”, una obra escrita en 2011 por el Pulitzer David Lindsay-Abaire y que ha sido adaptada y dirigida por David Serrano, para mayor gloria de Verónica Forqué. La obra juega con el contacto entre las clases bajas y las clases altas. Es decir, entre los que han ido tomado decisiones malas y los que han ido tomando decisiones buenas a lo largo de la vida, según diría un darwinista social. O bien, entre los que han tenido mala suerte y los que han tenido buena suerte, según diría un sabio. La Forqué es de los de abajo, porque es buena gente y siempre se ha ido equivocando, de tan buena, de tan simple. Y se encuentra con un antiguo noviete de barrio, de los que han tenido buena suerte y está arriba. Hay toques de humor y sensibilidad, que hacen la obra agradable, aunque a mí me dejó cierta sensación de vacío, de tristeza.

Unos días después, y a propuesta mía, fuimos a ver “La ratonera”, la obra de teatro de Agatha Christie, que pasa por ser la más representada de la historia. Según dicen, lleva 62 años ininterrumpidos en el escenario. Obviamente, me gustó, aunque pude apreciar algunas de las carencias que los críticos le reprocharon: los personajes son demasiado planos y la resolución del caso exige algunos ex machina molestos. Con todo, sigo disfrutando cada historia de la vieja dama como cuando era un adolescente.


Durante un largo fin de semana en Puerto Lumbreras me leí “Asesinato en el campo de golf” (1922), la tercera novela en la que apareció Poirot. Y ahora llevo en el e-book “The Mysterious Affair at Styles” (1920), la primera de la serie y la que le dio a conocer al gran público.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Botifarra en el Olympia de Valencia.

Merche volvió a acertar cuando propuso ir al Olympia a escuchar a Pep Gimeno “Botifarra”. Nos habían hablado de él algunos amigos valenciano parlantes; pero no lo habíamos escuchado nunca. Cuando empecé a bucear en Youtube, para preparar el concierto, comprendí algo del por qué del éxito del cantaor de Xàtiva. “Botifarra” ha dedicado su vida a recopilar la música tradicional valenciana. La de su comarca y las de alrededor, lo que llaman “Cant d’arrel valencià”; pero también las viejas ocurrencias en los pueblos, las palabras de los abuelos “els güelos”, los trabalenguas. Es músico popular, paremiólogo y contador de historias y “succeïts”. Como han dicho de él, se ha convertido en una fonoteca con piernas del valencià central. Asumió la tarea colosal e imposible de salvar una parte importante de la lengua del olvido a la que lo condenaba la diglosia y la falta de transmisión generacional. Pero además, la fonoteca tiene una voz que llena las calles y los teatros. Y parece ser lo que es, un tío de pueblo, simpático y humilde, que se va a cantar las viejas canciones cuando sale del taller.

 En el cap i casal, en esta ciudad ingrata con su propia gente, esta ciudad que olvidó hace mucho que era la capital de un país, tiene cada vez más éxito y más actuaciones. Cantó la famosa canción del “Tio Canya” de Al Tall, transmutándose en el Tío Canya, que “torna a València”. Había mucha emoción en el Olympia, que temblaba cuando Pep entonó la estrofa que le han hecho para rematar su “Malaguenya de Barxeta”:

Yo vinc del cor de la Costera
Del Poble dels socarrats
Allà on renaix de les cendres

El meu País Valencià.

martes, 27 de octubre de 2015

El minotauro global

Compré este libro antes de que Varoufakis se hiciera famoso. Pero lo leí durante los primeros meses del 2015, cuando Tsipras y Varoufakis intentaban renegociar la deuda griega. Me interesaba conocer algo de las opiniones del tipo que salía tanto en la tele. No hay demasiados economistas con renombre académico que bajen al barro a resolver problemas económicos reales y que además queden tan fotogénicos en la pantalla. Seguro que los usureros del Norte tenían envidia de su moto, de su bronceado y de su camisa ceñida. Como se sabe, Varoufakis acabó dimitiendo en julio de 2015 y Tsipras acabó tragando con muchas de las condiciones que los usureros le imponían.

Al parecer, Varoufakis ha trabajado en Teoría de Juegos; pero “El Minotauro global” trata de la gran economía, lo que se solía llamar “Economía política”, antes de que la economía se disfrazara de ciencia. El libro analiza un enigma que está en el centro de nuestra historia contemporánea: cómo ha podido la economía norteamericana ser deficitaria comercial y financieramente durante tantas décadas. Es decir, cómo ha podido absorber durante tanto tiempo los excedentes comerciales producidos por Alemania y Japón, principalmente, y simultáneamente, lograr que los excedentes financieros volvieran a entrar, vía Wall Street al sistema financiero norteamericano. Bien a los fondos de inversión privados, bien a la compra de su gigantesca deuda pública.

El autor usa la imagen del Minotauro como metáfora del misterio. Igual que al monstruo del laberinto le ofrendaban doncellas, desde la derrota de Atenas ante Minos, la economía mundial ha estado ofrendando financiación y manufacturas a la economía norteamericana desde la ruptura del sistema pactado en Bretton Woods.  El autor usa continuamente metáforas mitológicas, para presumir de griego; pero, al igual que en la mitología, todo ocurre de acuerdo a la voluntad de los dioses y los hombres, en la explicación de Varoufakis, toda la historia económica contemporánea se organiza en base a grandes planes o estrategias, pensados por alguien en algún lugar. Y eso me resulta tan difícil de tragar como le debió resultar a Tsipras las nuevas condiciones de la Troika.


Con todo, a mí, como profano, me parece una excelente narración sobre la economía mundial de los últimos 50 años. El último capítulo (creo que añadido a la segunda edición) tiene el significativo título de “¿Un futuro sin el Minotauro?”, en el sentido de que la gran crisis mundial de 2008-2015 habría supuesto una reorganización de todo el sistema. Y para los europeos, esa reorganización no son buenas noticias: ”La quiebrocracia (…) tiene tanto de circunstancia europea como de invento norteamericano. La diferencia entre la experiencia de los dos continentes es que, al menos, en América, no tuvieron que lidiar con los enormes errores de diseño de eurozona.(…)Europa se está desintegrando simplemente porque su arquitectura no era demasiado sólida para soportar la onda expansiva provocada por los estertores mortales del Minotauro”.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Distintas formas de mirar el agua.

A la vuelta de la última excursión por la Navarra pirenaica, cruzamos la rivera del Aragón. Había pintadas en las paredes de los pueblos, que gritaban “Yesa No”. Quizás yo era el único del bus que sabía a qué se referían. Desde hace unos años, sobre aquellos pueblos, en especial, sobre Artieda, planea la amenaza de la ampliación del pantano de Yesa. Es decir, la amenaza de ser expulsados de sus casas. Como ya ha pasado tantas veces en otras riveras, en otras montañas.

Hasta ahora, había sido mi-nuestra “Ronda de Boltaña” la que, con más sensibilidad, con más pasión, con más rasmia, había cantado sobre los pueblos inundados, sobre el forzado éxodo. Recuerdo cuando visitamos  las ruinas de Jánovas. Un paseo silencioso entre aquellas paredes dinamitadas por la guardia civil. Son un impresionante memorial a las infamias cometidas contra los montañeses, en nombre del progreso, en  nombre del llamado “déficit hidráulico”. En el último disco de “La Ronda”, el segundo track, “La dama del lago” canta sobre el tema con una belleza lírica difícil de igualar.

Esta novela breve también ha usado ese dolor como materia prima. Y ha sido el gran Llamazares. Por si todavía le faltaba algo para ascender aún más en mis altares particulares. Hace muchos años, expulsaron a Domingo y a Virginia de su casa en la aldea de Ferreras. Virginia vuelve ahora con sus descendientes para cumplir la última voluntad de Domingo y echar las cenizas de su marido en las aguas del pantano maldito. Y podemos leer los pensamientos y las emociones de cada uno de los que forman el cortejo. Recuerdan al marido, padre, abuelo. Y rodeados de peñas y frente a las aguas quietas del pantano, reflexionan sobre el dolor brutal que marcó las vidas de estas gentes. Son las “distintas formas de mirar el agua”. 

Llamazares, nacido en el también inundado Vegamián (cerca de Ferreras), consigue trasladar a cada página la nostalgia de los montañeses expulsados, la injusticia en nombre del progreso. Del progreso de algunos.


Pero la novela no solo es recomendable porque trate acerca de una de las oscuridades del desarrollismo español, sino porque cada línea está bien escrita. Está en su sitio. Precisión, cuidadas descripciones. Y el lector viajando al centro del corazón y de la memoria de cada uno de los narradores. Como ha dicho algún crítico: “Un escritor de su categoría podría redactar los anuncios por palabras de un periódico y seguiría siendo interesante”. Aunque no te darán nunca el Nóbel de literatura, gracias, otra vez, Julio.

(adenda: Después de haber publicado esta entrada, "Salvados" emitió un programa sobre Jánovas. Gracias, otra vez, Jordi.)

martes, 1 de septiembre de 2015

Los cosacos de Ucrania


Cuando era pequeño, me impresionaban sobremanera los bailes “rusos”. Especialmente, ese paso en el que el danzante, agachado en cuclillas, lanzaba las piernas hacia adelante con brío poderoso. Por supuesto, intentábamos imitarlo, pero el culo acababa en el suelo. Con los años, aprendimos que  no servíamos para bailar.Y que el adjetivo “ruso” cubría como una pesada manta, a muchas y distintas naciones, que no eran rusas y que también bailaban, cantaban y bebían alcohol a mares.

El viernes por la noche, casi por casualidad, fuimos al Olympia a ver un espectáculo de música y danza titulado “Los cosacos de Ucrania”. El teatro estaba casi vacío, supongo que conseguir público en agosto es tarea ardua. Todo fue muy folclórico y sencillito, algo pobretón y artesano; pero la actuación nos gustó. Cuatro parejas de danzantes saltaban y lanzaban las piernas con brío y ritmo. Música alegre, baile trabajado y exigente. Trajes regionales. Y esas sonrisas eslavas, tan inquietantes. De vez en cuando cantaba con voz potente y hermosa una chica gordita, acompañándose del que se considera el instrumento cosaco por excelencia, la bandura.

Los cosacos formaban una élite cívico militar en el antiguo imperio ruso. Mantenían una semi independencia territorial y política en sus propias áreas mientras ayudaran a degollar judíos o a reprimir a los motines de hambrientos. No es de extrañar que fueran los más formidables enemigos de los bolcheviques y que el estado soviético casi los exterminara. Con el retorno simbólico a antes de 1917, su cultura ha experimentado un renacimiento. En el caso de Ucrania, mucha de la construcción de la nueva imagen nacional frente a Rusia, se ha basado en la memoria de los cosacos de Ucrania. Es lo que tiene el folclore, ese arma.

Pelis del verano

A modo de inventario, más que de reseña o recomendación, hago un listado de las pelis que hemos visto este verano. 

En el cine familiar que monta Geli en la terraza, “La cena de los idiotas”(1998) y “ Doble atraco” (2011).

“Le Dîner de Cons” fue originalmente una obra de teatro de Francis Veber, que él mismo llevó al cine. En teatro hay numerosas versiones. En cine, parece ser que hay un remake norteamericano. Estoy casi seguro que la versión francesa, la que vimos, es mejor. Y es que es muy buena. Los que siempre nos hemos considerado a nosotros mismos muy listos deberíamos ver esa peli.  Varias veces.

“Flypaper”, en cambio, me gustó menos. Es una comedia con el siguiente argumento: dos bandas coinciden en un atraco con rehenes. Y entre los atracadores y los rehenes se ponen a resolver una serie de misterios improbables. Aunque me suelen gustar esas historias modelo “ Diez negritos”, todo me pareció demasiado forzado. Lo mejor, la Ashley Judd, una guapetona que, al parecer, tiene ideas ideológicas.

En el cine, vimos “Learning to drive”, de Isabel Coixet y “Mi casa en París”, de Israel Horovitz.

Por lo que se ve, Isabel Coixet se ha convertido en una directora norteamericana a todos los efectos. Y con el Ben Kingsley y la Patricia Clarkson en el reparto, ha hecho una película correcta e interesante, que no se pasa de azúcar ni de sal. Me gustan las películas de Coixet porque van a la esencia de la vida. Se habla de sentimientos y solo de sentimientos. A algunos les parecen empalagosas: pero yo sé a lo que voy. Me identifiqué con el personaje interpretado con la Clarkson, que se ha de enfrentar a una nueva vida aprendiendo a vivir y a resolver los problemas materiales, como conducir. El personaje del gran  Kingsley es un inmigrante sij que se gana la vida como taxista y profesor de autoescuela. Y aplica sabiduría oriental. Es decir, mucho autocontrol y mucho autoconocimiento. Lo que le pega a un profesor de autoescuela. Y de escenario, las calles de Nueva York, que siempre quedan bien.

En “Mi casa en París” se narra el típico viaje existencial hacia el origen de todas las cosas: la infancia. Un norteamericano viaja a París a reclamar la casa que ha heredado y venderla. Pero allí se encuentra a una inquilina y su hija. Aunque la peli comienza en un tono suave, casi de comedia, va creciendo y descubrimos los infiernos que los protagonistas llevan dentro. Aunque Merche se durmió, a mí me gustó. Eso sí, me pareció un poco falso el uso de París (vistas del Sena, Notredame) como escenario permanente. La historia hubiera sido exactamente igual de buena o de mala con menos postal turística. Por ejemplo, si hubiera transcurrido en Nueva York.


sábado, 8 de agosto de 2015

Cuestión de actitud (Xénia)



Con la excusa de la visita de mi primo, salimos al cine y a cenar. Supongo que, como anfitriones queríamos que tuviera un sábado de julio  especial. Y tanto la peli como la cena fueron distintos de lo habitual. Vimos una peli griega y cenamos en un restaurante thai. A mi primo, le gustó más la película que la cena.

Yo no podía evitar acordarme de la novela de la novela de Márkaris “Hasta aquí hemos llegado”, porque trata de unos hermanos greco-albaneses de segunda generación. Es decir, el viejo tema de los extranjeros en su propio país. Por añadir más temas sensibles, el hermano menor es gay, lo que complica un poco más las cosas. Andan en busca de su padre perdido en la infancia, y por el camino cantan canciones italianas. Es decir, una cosa un poco petarda y extravagante. Pero la peli tiene ritmo, se recrea en su desfachatez y recuerda un poco al Almodóvar bueno. Solamente le sobraron unos 20 o 30 minutos de metraje.