miércoles, 23 de febrero de 2011

Pelis del fin de semana.

Este finde vi dos películas y un documental. Las pelis las sacó Amparo del videoclub, el documental lo echaron en la 2, ese canal que no ve nadie y que muchos vemos.
La primera fue "Lope" (2010), con escenas de la vida del célebre dramaturgo. Se trata de una obra sin grandes pretensiones, entretenida y un poco vacía. A su favor, cierta corrección histórica en el atrezzo: las calles de la villa y corte están llenas de mierda, los protagonistas salen con la cara y la ropa sucia, como debían ser las cosas en la Castilla imperial de finales del XVI. En su contra: la historia no llega a encajar la doble cara del "monstruo de la naturaleza": Lope es, por un lado, un ardiente gañán y por otro, un prodigioso poeta. Pero es dífícil de creer y las hazañas líricas y amatorias del "fénix de los ingenios" interpretado por Amman, no convencen. Supongo que los modelos de ese tipo de historias serían "Amadeus" y "Cyrano", donde el arte y el artista van en la misma dirección desaforada y brutal. Me temo que alguien volverá a intentarlo con cualquier otro de entre las glorias patrias: Velazquez, Goya o Federico Martín Bahamontes.

La segunda fue "The road" (2009): la historia apocalíptica protagonizada por un famélico Mortensen y basada en la novela homónima de McCarthy. No se puede negar que es una peli desasosegante, pues no consiguió dormirnos a pesar de que eran las tantas y de la botella y pico de buen ribeiro que llevábamos en el cuerpo. Un padre y un hijo caminan hacia el sur, sin abandonar una interminable carretera en medio de un mundo destruido, en el que ya no crecen árboles ni animales. El hambre ha llevado a muchos de los supervivientes al canibalismo. Nadie puede escapar a un frío permanente y embrutecedor. No queda claro cuál es la causa del desastre; pero unos cielos grises y tristones (fotografía de Aguirresarobe) cubren permanentemente este infierno donde la antigua civilización humana solo queda en forma de vehículos varados, casas abandonadas y cenizas. El padre se aferra los valores procedentes de este pasado; pero eso no es muy eficiente en ese nuevo mundo brutal e inhumano. Amparo me hizo ver el simbolismo de no abandonar nunca esa carretera hacia el sur. La peli me dejó una profunda sensación de tristeza. Inevitablemente, pensé lo que yo haría, lo que haríamos en un mundo así.

El documental del domingo fue "Anatomía de un atentado", una colección de entrevistas acerca del atentado que sufrió la revista satírica "El Papus" en 1977 y que costó la vida al bedel del edificio donde estaba la redacción. "El papus" basaba su inmenso éxito comercial en lo que la extrema derecha española más odiaba: el destape, el humor rencoroso de las clases bajas (esas gentes tan feas), una postura entre anarquista y hedonista ante la vida. Así que decidieron castigarlos. Obviamente, no hubo demasiadas represalias penales para los que pusieron la bomba. Uno de los entrevistados (creo que Echarri, el fundador) decía que eso de que "puede más la pluma que la espada es mentira, lo decimos a ver si engañamos a los de la espada". Pensé en las veces y veces que el terrorismo ha logrado contrapartidas políticas. Y volví a la vieja pregunta de qué es el terrorismo. Parece ser que ETA se está rindiendo, ¿se puede afirmar que sus crímenes no le han servido para nada? ¿es que el terrorismo de extrema derecha, durante la transición, no influyó, quizá de manera decisiva, el modelo político en el que ahora vivimos?

lunes, 14 de febrero de 2011

La Nueve. E. Mesquida.


Siempre me ha interesado cómo los pueblos o los Estados reescriben la historia, su historia, para hacerla más digerible, más presentable. El caso paradigmático sería la Francia de De Gaulle, que para recuperar el estatus ideológico de vencedora en la Segunda Guerra Mundial, se tuvo que inventar que se había liberado a sí misma y tuvo que ocultar el colaboracionismo de gran parte de su población.

Y entre las víctimas de ese olvido están los republicanos españoles que integraron masivamente la resistencia y también formaron parte, como tropa regular, de los diversos ejércitos aliados. La "Nueve" fue una de las compañías que formaban la segunda División Blindada de la Francia Libre, dirigida por el general Leclerc. La "Nueve", que siempre fue conocida por su nombre en castellano, fue la más heroica de las unidades que Francia pudo aportar en la lucha contra los invasores. Combatieron en África, en Normandía y fueron los primeros en entrar en París. Pero la reinvención de la historia la fue ocultando. Los rojos españoles no quedaban bien en la foto, ni los negros del Chad, ni los moros. Hace poco echaron en la 2, "Días de gloria (Indigènes)", que trata este mismo tema.

Enrique me había hablado de un libro que contaba las hazañas bélicas de los españoles y la semana pasada, su autora, lo presentaba en Valencia. Allí se contó que los tres primeros tanques en París fueron el Guadalajara, el Teruel, el Don Quichotte. Pequeñas revanchas de los derrotados una y mil veces, los más valientes, los más dignos. Pobres diablos. No fue Brad Pitt, sino el extremeño Gutiérrez el primero que encañonó a Von Choltitz, aunque la Wikipedia en francés no lo diga. Si uno quiere tener un ratito de emociones, en lugar de ver "Malditos bastardos" puede leer las aventuras de aquellos bravos que no tenían nada que perder y a los que el mundo se les vino encima cuando comprendieron que habían sido utilizados y que la guerra acababa en Berchtesgaden y no en El Pardo.

Después de la conferencia, nos fuimos a tomar unas cervezas en el Ritz, uno de los tugurios más mugrientos de la Avenida del Puerto. Yo andaba pensando que la historia no está compuesta de hechos, sino de silencios, de silencios enormes como el desierto.

jueves, 10 de febrero de 2011

También la lluvia.


El sábado tocaba peli comprometida y española (valga el oxímoron). Con lo revuelto que está el mundo, igual hasta le dan un Goya de esos el domingo que viene.

El argumento tiene una estructura que se ha usado muchas veces; pero que funciona especialmente bien en este caso: dentro de la película se está rodando una película. Es decir, la historia dentro de la historia y todas las contradicciones que de ahí arrancan: la injusticia y la pobreza como conceptos abstractos y como buen material narrativo y la injusticia y la pobreza como problemas concretos que afectan al rodaje y joden a los actores. En Madrid sale gratis ser progre y apuntarse a una ONG y hablar de la pobreza estructual y del poder desmedido de las multinacionales. Pero en Cochabamba, te pueden caer las hostias que les dan a esos pobres estructurales cuando protestan por el pillaje que llevan a cabo esas empresas de las que tú tienes acciones. El proyecto de la peli reivindicadora está muy bien; pero cuando son los extras los que reivindican, la cosa cambia. Es decir, la peli es entretenida y potente, aunque a veces, Bollain haya querido estirar demasiado las contradicciones. Todo parece muy previsible; pero no se consigue agotar el argumento. Creo que en parte, se debe al buen trabajo de los protagonistas, Tosar, García Bernal, Elejalde y Aduviri, que hace de indio puro y noble y es más feo que un demonio.

Yo, que siempre me pierdo en los detalles, aguzaba el oido para oir los diálogos en quechua, la despreciada lengua de los indios andinos, la que pasa por ser la más perfecta de las lenguas.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Más allá de la vida (Hereafter)


El gran Eastwood se empieza a ver viejo y se ha planteado a sí mismo, como todos lo hacen o lo harán, la vieja cuestión. La cuestión a la que la humanidad ha dedicado más desvelos y afanes. Y en cuyo honor se han construido todas las religiones, la filosofía, y el arte. La cuestión, que en el lenguaje poético de Juan de Mairena, vendría a ser: "Y después de esto, ¿qué?".

Y en lo que se refiere a retos cinematográficos, a Eastwood nada le asusta.Si ha tocado todos los palos también puede tocar este. Y ha hecho una peli casi perfecta en la forma, asumiendo que el tema es incómodo y que muchos le van a acusar de una especie de proselitismo encubierto. Y que la mayoría dirán que "Sin perdón", "Mystic River" o "Gran Torino" son mejores. Pero supongo que eso poco le importa, en su particular viaje por todos los géneros.

"Más allá de la vida" tiene un principio sobrecogedor: que nadie llegue tarde al cine. Aparecen tres personajes, un norteamericano (Damon), una francesa (Cecile de France) y un niño británico (McLaren), que Eastwood maneja con su habitual maestría para la dirección de actores. Durante la peli, me intrigaba cómo lograría juntarlos y relacionarlos; pero el guión lo consigue y es que Eastwood siempre ha tenido una vista excelente para escoger sus historias. Como en otras de sus obras, el juego de las casualidades, ese misterio que los griegos imaginaron como los hilos que se tejen formando una tela, funciona perfectamente. Eastwood evita solemnidades innecesarias y, si asumimos que la espiritualidad en sí misma, no lo es, no defiende ninguna postura ni dogma. Y después de más de dos horas de película, uno sale del cine asombrado y planteándose la vieja pregunta sin respuesta; pero con la sensación de que ha visto algo bien hecho, como un bonito cuadro o una vieja puerta tallada, llena de hermosura, en un pueblo abandonado, como aquella de la que el viajero Julio Villar escribió en "Viaje a pie": "el hombre que la hizo no murió del todo".