martes, 29 de mayo de 2012

¡Acabad ya con esta crisis!


Como todos los tertulianos y todos los articulistas de nuestra aldea lo citan, me imaginé que no sería muy difícil de entender, así que la última vez que estuve en la librería de Miguel, compré la versión en español de este libro, firmado por el  Premio Nobel de Economía y profesor de Princeton, Paul Krugman.  Efectivamente, es fácil y rapidico de leer, quizá demasiado. Se trata de un contundente y conciso alegato keynesiano. O mejor dicho, neokeynesiano.

Para Krugman lo peor de la catástrofe que están viviendo las economías occidentales es el paro. De acuerdo.  Y el paro se debe al desplome de la demanda privada debido a la trampa de la liquidez y al momento de Minsky. Casi de acuerdo. Y solo hay una manera de luchar contra el problema eficazmente: que las administraciones públicas se pongan a gastar dinero ya. De acuerdo. Y si para ello se tienen que endeudar más, que se endeuden más. Obviamente. Y que le den a la maquinita de hacer dinero, que tener una inflación del 4% no es malo para nadie (o solamente para los que hayan prestado su capital) Amén. Y que en Estados Unidos, los republicanos le dejen al bueno de Obama construir autopistas y plantas fotovoltaicas y que en Alemania suban los salarios para que la economía española vuelva a ser competitiva. Ojalá. Estos rozamientos tan razonables y tan de sentido común (comunes a casi todo el mundo) no parecen tener mucho predicamento entre los "que mueven los hilos" y “las personas serias” (expresiones que usa varias veces a lo largo del libro). Ellos verán lo que hacen.

Aparte de la principal línea argumental, me han parecido muy interesantes las relaciones que establece el autor entre ideología, concentración de la riqueza (en la sociedad norteamericana) y políticas macroeconómicas (fiscales y monetarias). El autor se centra en los Estados Unidos (hay que reconocerle que se disculpa por ello varias veces). Especialmente habla de la influencia perversa de ese 1% al que se refería el movimiento Occupy Wall Street y que ya identificó Stiglitz. Pero parece que le da un poquito de miedo salirse de la ortodoxia y decir las cosas un poco más claras, es decir que esto es una dictadura de los bancos, aunque hasta las niñas de 12 años se empiecen a dar cuenta.

Por razones profesionales, también me ha llamado la atención las referencias que hace Krugman a varios artículos de investigación. Parece que algunas publicaciones "científicas" en economía sirven para algo. Al menos, las que se publican en el centro. Para ser justos, hay que decir que Krugman también se refiere en varias ocasiones a España y a su economía. Por desgracia, para ponerla como ejemplo de tormenta perfecta y de "país periférico atrapado en la trampa del euro". Al menos, no usa el acrónimo PIGS.

Qué placer leer algo de macro y entenderlo! Si además los modelos sirvieran… Pero luego hay que bajar a la triste, mohosa, sucia realidad, tan llena de mierda. Cuando acabo de leer el libro, pongo las noticias y sigo el colapso de Bankia, al que seguirá una parte importante del sistema financiero español.¿Cuánto hay ahí de macroeconomía y cuánto de picaresca y de saqueo? El zombie que administraron esos grandísimos administradores, esa "gente tan seria" (Blesa, Olivas, Rato y el ejército de consejeros bien pagados de los partidos monárquicos) le va a costar al erario público más que todo el dinero que se retirará de los cimientos del edificio (educación y sanidad). Ya vamos por 23.000 millones. E igual los pillastres se escapan sin que haya una sola comisión de investigación.  Total, por 23.000 millones para que vamos a hacer cuentas...y todo el mundo lo está viendo. ¿Cuánto aguantará el edificio?





miércoles, 16 de mayo de 2012

La furia y el silencio.


Tres son los Reverte del panorama editorial español (en español). El más célebre es el académico Pérez-Reverte, cuyas obras no me interesan demasiado y cuyos celebrados artículos de prensa me suenan repetidos y estériles. Los otros dos son los hermanos Jorge y  Javier Martínez Reverte.

Durante la semana de la última huelga general, leí “La furia y el silencio”. En ella, Jorge Martínez Reverte cuenta los acontecimientos de la primavera de 1962, cuando los mineros de Asturias se pusieron en huelga. Usa la misma técnica historiográfica que en “La Batalla del Ebro”, quizá su obra más ambiciosa. Acumula testimonios orales, extractos de documentos y breves descripciones sin más orden que el cronológico. Se abstiene de plantear explícitamente esquemas generales o de organizar toda la información de acuerdo a una pauta ideológica. Aunque en la selección de los testimonios o en los entrecomillados de los documentos hay un evidente (e inevitable) sesgo ideológico. Consigue así un mosaico colorido y liviano de leer, que acaba dejando una buena visión de conjunto y una sensación de cercanía a los protagonistas (humanos) de los acontecimientos (históricos).

En 1962, el franquismo estaba reinventándose. El fracaso de la autarquía fascista había hecho necesaria la cesión del poder a los tecnócratas del entorno del Opus, que estaban intentando adecuar las estructuras económicas a las del capitalismo estrictu sensu. Con todo, aun quedaban amplios sectores intervenidos o subvencionados, como el del carbón o el de la industria pesada.

Los bajos salarios de los mineros asturianos, unidos a unas condiciones de trabajo que no habían cambiado desde principios del XX, fueron la chispa que encendió la hoguera de la huelga. La potencia y extensión de la protesta, que tuvo un origen exclusivamente laboral, sorprendió a todos. Al régimen, que no pudo sofocarla a pesar de las hostias y de las torturas, al PCE, la única organización opositora de cierta importancia, al sindicalismo vertical, que dejó de tener función alguna en el sistema, y a las empresas, que intentaron ahogarla por hambre y al final, tuvieron que ceder en algunas de las reivindicaciones.

Una vez más, la organización autónoma de las bases, que usaron una estrategia combinada de brazos caídos, apoyo mutuo y paralización de la actividad económica, superó ampliamente cualquier estrategia de los aparatos. La dictadura, brutal y violenta, sin entender nada o casi nada, necesitaba  culpar al contubernio de que los picadores no volvieran al pozo, de que cada vez más “productores” de Vizcaya se unieran a la huelga, y de que por las noches, a pesar del toque de queda, los estudiantes de Madrid cantaran el “Asturias, patria querida”. 

No sé porqué me puse a leer durante esos días este librito. No hay ninguna relación entre aquellos acontecimientos y los que vivimos actualmente. El otro día también estuve en las manis del 12-M. Aquella sociedad y la nuestra no se parecen en nada. Los problemas de aquellos mineros y los del mundo del trabajo actual no se parecen en nada. …o sí?

lunes, 7 de mayo de 2012

El enigma Hess.


En la 2, están echando durante estos días una excelente serie de documentales históricos sobre la segunda guerra mundial. "Apocalipsis", creo que se titula.

Quizá por eso, este fin de semana, en la tranquilidad del pueblo, me fui directo a la estantería donde tengo una colección sobre la WWII, como dicen los angloparlantes. Escogí este libro del historiador Martin Allen. Algunos de mis conocidos leen novela histórica. ¿Para qué hacerlo? pudiendo leer historia "real", tan emocionante y sutil como la que envuelve la "fuga" de Hess.

Allen defiende la tesis de que el vuelo de Hess a Escocia y el ataque a la Unión Soviética estaban relacionados en una forma intrincada. El gobierno de  la Gran Bretaña aislada y bombardeada de 1941 sabía que solo podía vencer a Hitler si este comenzaba una guerra en los dos frentes. Según Allen,  Churchill y sus eficaces servicios de inteligencia maniobraron astutamente para convencer a Hitler y a Hess de que un presunto bando pacifista británico, liderado por Lord Halifax, aceptaría una paz con Alemania que mantuviera el imperio inglés y permitiera a Alemania su anunciada expansión hacia el este.

Hess se ofreció como negociador estelar. De acuerdo al libro, Churchill logró así su propósito y engañó a Hitler, que no podía reconocer que había  intentado una paz negociada en el oeste. Dicho en términos históricos, los sofisticados mecanismos de la política imperial confundieron a los nazis, esa monstruosidad histórica que la derrota y la crisis de los 30 habían creado. El astuto Churchill, educado para gestionar un imperio plutocrático engañó al  cabo austriaco, la encarnación del mal en la tierra.

Uno tiembla al pensar el ejército de cabos que ahora mismo lamen su rencor y su odio hacia la plutocracia en Rusia o en Grecia.