lunes, 29 de noviembre de 2010

Chloe.


El sábado, huyendo de la lluvia y de las soledades, nos metimos en el cine, nos comimos unos bocatas y vimos esta coproducción norteamericana. Es una historia sobre pasiones femeninas, sobre la belleza y el deseo, sobre la infidelidad y sobre los celos, y especialmente, sobre el vacío de la vida de cualquier pareja. En este caso, gente bien y guapa de un Toronto nevado y tristón.
Parece ser que es un remake que le encargaron a Egoyan de la peli francesa Nathalie. Me supongo que este pulió las escenas de cama y eligió a las actrices. La pareja de protagonistas, la Seyfrend y la Moore, sus cuerpos, sus miradas, sus labios... son lo mejor de la peli. Ocultan totalmente al Neeson que hace de galán madurito y deseado. El problema es que la historia se va desenfocando conforme avanza la peli y el final queda falso y prematuro, sin que uno, que es muy primario, vea qué hay de thriller y qué hay de historia calientacorazones.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Ernest Lluch: Las Españas vencidas...


El próximo domingo se cumplirán 10 años del asesinato del político y profesor Ernest Lluch. Lluch fue Ministro de Sanidad y Consumo en la primera legislatura del PSOE. Muchos han advertido las abisales diferencias en formación y currículo entre Lluch y la actual ocupante del cargo. Son buen reflejo del empobrecimiento intelectual y profesional en las cúpulas de los dos grandes partidos de este duopolio postmoderno y gürteliano.

Lluch fue uno de los que intentó introducir en la paupérrima universidad española de los 70 el discurso y la investigación que se hacía en el mundo civilizado. No sé si lo logró. Influyó poderosamente en la Universidad de Valencia, una de cuyas cátedras de economía ocupó en 1974. Trabajando en mi tesis, leí "La via valenciana"(1976), conjunto de ensayos que cambió radicalmente la manera de ver el desarrollo industrial valenciano del final del XIX y principos del XX.

Pero la obra de Lluch que más me impresionó fue "Las Españas vencidas del XVIII", una colección de textos cuyo tema básico (uno de los predilectos de Lluch) era la ilustración y el pensamiento económico en la Cataluña posterior a la guerra de Sucesión. Sin embargo, trabajando en él, advirtió que algo faltaba en ese campo. Algo que habían soslayado tanto la historiografía más españolista como la más catalanista. Y Lluch se descubrió a sí mismo como "aragonés, en sentido amplio". De acuerdo a Lluch, en la guerra no solamente fueron vencidas las aspiraciones de los países de la Corona de Aragón, sino toda una visión política contrapuesta al absolutismo ilustrado. El desarrollo económico sería, en ese contexto, "la venganza catalana".
Lluch dedicaría ingentes esfuerzos a llenar el silencio histórico que había sobre aquellos derrotados: los austracistas, que convencidos de que tenían la razón legal se vieron obligados al exilio o a la connivencia con los nuevos poderes venidos de Castilla.

No es casualidad que en obras como "Los perdedores de la Historia de España" del españolísimo García Cortázar, un librillo de divulgación histórica que anda por casa de mi padre, no se diga ni una sola palabra sobre aquellos aragoneses, catalanes o valencianos, sobre cuya derrota se construyó el nuevo estado borbónico.

martes, 16 de noviembre de 2010

Seis problemas para don Isidro Parodi (1942)


Recuerdo perfectamente lo primero que leí de Borges: una edición de "Ficciones" en una colección de literatura latinoamericana. A precio de saldo (era la primera entrega rebajada), tenía en mis manos algo que me pareció insólito, mágico. Leí y releí "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", el mundo dentro del mundo, como reflejo infinito, como metáfora deslumbradora del todo y también "Pierre Menard, autor del Quijote": el juego ingenioso de la literatura y las referencias apócrifas y llenas de poder. Yo era por aquel entonces un adolescente, fascinado por las matemáticas y por los juegos matemáticos y Borges aparecía como el sumo sacerdote de un dogma agudo y hermoso.

Luego leí más cosas del ciego laborioso y engreído, y conocí los claroscuros de su biografía; pero nunca perdí la devoción a su cábala ambiciosa y brillantes Y obviamente, llegué a Bioy Casares a través de su compatriota. Y claro, después de lo de "no sería una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta" no pude evitar leer "La invención de Morel".

Durante estos días, me he acostado con algo un poco menos monumental: a falta de otras compañeras de cama, me he releído esta colección de relatos policíacos que los dos tipos escribieron al alimón bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq. En ella, un improbable Parodi, escucha pacientemente en su celda los planteamientos de distintos casos policíacos y los resuelve limpiamente. Es decir, el género en su esencia intelectual, sin más adorno que la infatigable charla argentina, a modo de juego sutil o de entretenimiento exigente, antes del sueño, durante el sueño.

lunes, 8 de noviembre de 2010

V de Vendetta


¿Quién me ha visto y quién me ve? ...comentando una peli de la tele. Antes, cuando era más joven, cuando no tenía tele, solo comentaba las pelis del cine o del vídeo club, ahora solo me falta el gato y la chimenea...
Claro, que en este caso concreto, el hecho de que una tele (la pública) emita como peli del domingo algo con tanto contenido político y polémico, asombra y reconforta.
Porque la clave del asunto es que el argumento convierte a un terrorista (alguien que pone bombas y mata miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado) en un héroe. Además, en un héroe interesante y muy cinematográfico, a pesar de los monólogos pseudocultos con que lo hacen apechugar. El mérito ¿como no? está en el cómic original de Alan Moore, que fue quien imaginó esa Inglaterra postnuclear, distópica y fascista. Recuerdo lo que me impresionó hace muchos años una breve historieta basada en el relato "Repent, Harlequin!" Said the Ticktockman", con tema parecido: el héroe individual, dotado de poderes extraordinarios, que se plantea cambiar el orden que considera injusto y aleccionar al resto de ciudadanos para que se le unan en la lucha. Es decir, un resistente, un Robin Hood... un asesino.
El guión de la peli fue escrito por los hermanos Wachowski y creo que a ellos se deben muchos de los pros y los contras de la peli, que gana espectacularidad sobre el cómic pero pierde abundantes matices (como la ideología anarquista del héroe).

viernes, 5 de noviembre de 2010

Enlazo un blog: El blog del sapo.

Añado a la sección de enlaces el blog de un amigo: el Sapo. Un blog para el que esté interesado en la pringosa actualidad política (especialmente, la valenciana) y no tenga suficiente con el No-Do (Canal 9).

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Bizancio", de R.J. Sender.


Las aventuras de los almogávares son una parte importante de los mitos identitarios de los aragoneses y los catalanes, del mismo modo que el Cid o Hernán Cortés lo son de los castellanos o Zumalacárregui de los vasco-navarros. Los almogávares eran unas tropas mercenarias que participaron como fuerzas de choque en la expansión de la Corona por el Mediterráneo durante el XIII y el XIV. La "famosa pátina del tiempo" y la historiografía romántica fueron exagerando la imporancia y la presunta invencibilidad de estos montañeses, expertos en degollar enemigos, en robar tesoros y en violar niñas. Así que más pronto o más tarde, me tenía que leer el grueso novelón que el gran escritor altoaragonés Sender le dedicó a sus aventuras en el Imperio Bizantino. Después de varias semanas de valientes acometidas, lo he acabado en este puente lluvioso y triste.

No me he encontrado con una novela histórica al uso, la que hubiera podido escribir el lenguaraz Pérez Reverte, españolizando a los almogávares, o Manfredi, exagerando sus virtudes castrenses. Sino que me he tragado una narración densa, inestable, desequilibrada y un poco pesada, es decir, literatura de verdad. No le recomiendo la novela a nadie; pero tengo que reconocer que no he podido dejarla en ningún momento.
Sender no se detiene demasiado en las hazañas de los almogávares, que eran tan hijos de puta como cualquiera de su época, sino que centra la atención de la novela en el personaje de la princesa María, la bizantina que manipula a los jefes de la expedición para lograr sus objetivos políticos. Sus cartas a Roger de Flor, con el que se casa, reflejan perfectamente esa visión femenina que es capaz de mirar a través de los hombres, planos y simples: "Tú haces los milagros, Roger, pero aquí sólo ven los más pequeñitos y verosímiles. El Patriarca tiene algo que ver en esto. Yo lo conozco. Parece un perro, el Patriarca. Un perro al que le gusta que le pequen. Uno de esos perros con mirada de hombres que podrían ser más que hombres si quisieran". El Imperio aparecería así como lo sofisticado, lo sútil, lo amanerado y los aragoneses y los catalanes como lo viril, lo desatado, lo violento, fuerzas de la naturaleza frente a civilización.

La muerte a traición de Roger de Flor hizo que la expedición se volviera contra el Imperio que los había contratado y llevara a cabo la llamada "Venganza catalana". Saquearon media docena de ciudades y fundaron un estado efímero, Neopatria, al modo de los estados francos de Tierra Santa. En la parte final de la historia, aparece un personaje, el capitán Rocafort, que encarna el papel del traidor que se enfrenta a los prejuicios de casta y se atreve a desafiar a todos los poderes. A Sender le encantaban estos personajes, prolongación del mito del anarquista español enfrentado a todo y a todos y autoproclamado emperador, imagen en cierto modo, del propio escritor. Lo desarrollaría mejor en la que quizá es su mejor novela: "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre".

En el final, extremadamente valleinclanesco, las tropas vuelven casa con su botín:
"Pasaban los caballeros, con ruido de enjalmas, de hierros, de adargas y de conteras de lanza. Reconocía Arenós otras caras aragoneses y oyó con emoción palabras de la montaña pirenaica. Bellver miraba las murallas al sesgo y decía:
- No han dejau foraus en o muro.
Otro a su lado respondía:
- Y qué? No tiés os zaragüelles plenos?
- Tan remplius que revientan por a bragueta.
- En ta'l forau de tu prima a cava.
Reían como monstruos joviales y seguían cabalgando (...)
Peleaban las aves de presa por la cabeza de Nicodemos y se cambiaban fuertes aletazos. Tenía la cabeza una flecha que la atravesaba. La flecha que le disparó un almogávar desde su caballo, sin detenerse, al ver la pica, hincada arriba, en la saetera."