En el despacho de un compañero, vi colgada esta hermosa foto. Mandela estuvo preso durante 30 años. Cuando alcanzó la presidencia, su motivación principal fue consolidar la democracia interracial en Sudáfrica. Renunció a toda posibilidad de venganza contra los blancos. En el mundo hispano, tenemos un caso parecido: el de Pepe Mujica, en el Uruguay. A través de estos personajes y de sus acuerdos y cesiones, sus países y sus partidos asumían el pasado y aspiraban a una paz duradera, a una reconciliación sincera. A pesar de las sombras en la biografía de ambos, han devenido en símbolos de una bondad política imprescindible. La venganza, a diferencia de la justicia, provoca en el que la lleva a cabo un extraño placer, que procede de nuestros instintos más básicos. Como motivación irracional que es, solo conduce a un dolor mayor, incluso a una catástrofe, en un terrible proceso de acción-reacción. Pero es tan difícil evitarla, desdeñarla. Cada individuo transfiere su oscu...