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Mostrando las entradas etiquetadas como Elejalde

Vasil (2)

Vasil (Iván Barneev), un migrante búlgaro, llega a Valencia. No tiene donde dormir. Un jubilado de buena posición social (Karra Elejalde) le acoge en su casa. Para asombro de la hija del jubilado (Alexandra Jiménez), establecen una estrecha relación. Y eso que el padre es más bien rancio. Tienen una afición en común: el ajedrez. Hay largas conversaciones vespertinas, a modo de samar , ciertas desconfianzas; pero son, ante todo y sobre todo, dos seres humanos buscando la humanidad en el otro, en los otros. Con este planteamiento tan sencillo, Avelina Prat construye una película agradable, un poco lenta; pero que deja cierta sensación de paz en el alma. Y siempre nos gusta ver imágenes de la ciudad del Turia.  El planteamiento me llegó a lo hondo. Era inevitable pensar en nuestro amigo búlgaro D, al que también dejaron caer en Valencia hace muchos años y que salió adelante a base de esfuerzo y bonhomía. La directora basó la historia en hechos reales. Me pregunto si conoce a D. Aunque...

Un hipster en la España vacía.

Reseñaré tres comedias que hemos visto últimamente. Y me permitiré divagar sobre la naturaleza del género, como supuestamente hizo Aristóteles en el libro perdido que busca Guillermo de Baskerville en "El nombre de la rosa". Vamos con la primera película. Yo habría olvidado casi inmediatamente el arranque de esa peli. Merche hacía zapping en Netflix y me pareció oír que la historia transcurría en un inexistente pueblo llamado "La Cañada del Infante" o algo así, ubicado en la inefable provincia de Teruel. Y siempre que oigo esa hermosa palabra: "Aragón", atiendo. Así que levanté la vista del móvil y le dije que quizá deberíamos intentar ver esta comedia española de casi 100 minutos de metraje, dirigida por el exitoso Martínez-Lázaro ("La voz de su amo", "13 rosas", "Ocho apellidos..."). El argumento, más o menos, es el siguiente: hay un chico idealista y finico (Lalo Tenorio) que se supone que se dedica a las políticas sobre la...

Mi familia del norte.

Me pareció una mierda. Un diseñador muy fino y muy sofisticado se encuentra-reencuentra con su familia de provincias, que, aunque hablen raro, son en el fondo, muy buenas personas y le dan una lección sobre la vida. Es decir, mi paisano Paco Martínez Soria, versión francesa siglo XXI. Lo de siempre: “ Qué envidia nos tienen en todo Madrid, ellos no son tan nobles, tan burros y pobres como los de aquí ”, cantaban los de la Bullonera. Supongo que en versión original, la peli hubiera tenido algo de interés. Se supone que la gracia está en que los de la familia del norte hablan en picardo , uno de los dialectos de las lenguas d’oïl. Ellos lo llaman algo así como “chti”. Ya se sabe que las lenguas o dialectos patois tienden a denominarse con nombres locales (fabla o bable) para ser menos, para no asustar. Y claro, a los parisinos (y se supone que al espectador) eso les hace mucha risa. En los cines del Puerto de Sagunto, la cosa venía doblada al español y todo era absurdo. Al meno...

Reseñas de marzo y abril

Antes de que se me muera el blog de inanición, como se me morían las plantas en el despacho, voy a alimentarlo con varias reseñas urgentes de lo que hemos ido leyendo o viendo en este invierno seco y pesado. Mª Ángeles me hizo un gran regalo de navidad. Un libro, obviamente. Pero era un best seller y en inglés: “The girl on the train” (2015). Desconfié un poco al principio; pero me fue atrapando y antes de marzo ya me lo había acabado. Disfruté cada página de esa historia tormentosa y creíble, tremendamente femenina. No me extraña que la Paula Hawkins haya vendido millones. Léanla en la lengua que sea. Fuimos al cine a ver “Tribunal” (“Court”- 2014-). Se trata de una peli hindú que usa un tribunal de provincias como escenario para mostrarnos esa sociedad cambiante y extraña. Abogados bebedores, fiscales con problemas domésticos y jueces alopécicos. Y la variedad de lenguas y de colores de ese país donde empezó todo, donde todo nació. La peli ha obtenido varios premio...

Los cuentos y las cuentas de la independencia.

A las películas sobre bodas les pasa lo mismo que a las bodas. Que son aburridas. Aunque de vez en cuando, alguno con gracia cuente chistes porque va algo beodo. En “Ocho apellidos catalanes” el único que hace gracia es Elejalde. Porque los demás están apagados o previsibles. Es lo que tienen las secuelas. A diferencia de su predecesora , la historia no tiene ritmo y las parodias sobre los tópicos no escuecen. Las peripecias de Rovira y compañía podrían haber tenido lugar en cualquier otro sitio y nos hubiéramos reído o dejado de reír igualmente. Han hecho caja; pero la fórmula se les ha agotado. Quizá la cuestión es que el encaje simbólico de lo catalán (frente a lo vasco, lo andaluz, lo español) en el viejo juego de los tópicos y los chistes regionales no funciona. En plena transición, cuando ETA ponía un muerto a la semana en el telediario, algún prohombre advertía que el gran problema político de la España constitucional sería Catalunya, y no el País Vasco y Navarra. Y acert...

También la lluvia.

El sábado tocaba peli comprometida y española (valga el oxímoron). Con lo revuelto que está el mundo, igual hasta le dan un Goya de esos el domingo que viene. El argumento tiene una estructura que se ha usado muchas veces; pero que funciona especialmente bien en este caso: dentro de la película se está rodando una película. Es decir, la historia dentro de la historia y todas las contradicciones que de ahí arrancan: la injusticia y la pobreza como conceptos abstractos y como buen material narrativo y la injusticia y la pobreza como problemas concretos que afectan al rodaje y joden a los actores. En Madrid sale gratis ser progre y apuntarse a una ONG y hablar de la pobreza estructual y del poder desmedido de las multinacionales. Pero en Cochabamba, te pueden caer las hostias que les dan a esos pobres estructurales cuando protestan por el pillaje que llevan a cabo esas empresas de las que tú tienes acciones. El proyecto de la peli reivindicadora está muy bien; pero cuando son los extras l...