miércoles, 28 de septiembre de 2011

The guard (Mc Donagh-2011)


En la ciudad donde vivo hay tres cines. Y contrariamente a lo que uno esperaría, también ponen cine raro, es decir, cine NO norteamericano. Así que el otro día fui a ver una peli irlandesa que no sé si se habrá estrenado en España. Aunque la peli estaba bien, fue, en lo lingüístico, una mala elección. Porque una de las cosas con las que juega el argumento es con los muchos acentos del inglés: uno del FBI (D. Cheadle) que tiene que investigar en la Irlanda rural las cosas malas que hacen unos narcotraficantes que vienen de Londres. A veces, hasta le hablan en gaélico los granjeros que no entienden qué hace por allí un negro con lo lluvioso que ha salido el día. Es decir, demasiado para mi nivel.

El protagonista es un viejo policía de la Garda (la poli rural irlandesa), que se bebe todo lo que le ponen delante y que se va de putas en los días de permiso. Es decir, un policía normal y corriente. El tipo no quiere que le den mucha faena, así que lo que le gustaría es que el negro del FBI se volviera lo antes posible a casa y que le dejara en paz con sus melancolías y con sus melopeas irlandesas. Pero eso no va a poder ser y al sargento Boyle (Brendan Gleeson) le va a tocar trabajar un poco. Así que, aunque la cosa no pasará a la historia del cine, hace bastante gracia.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Searching for Bobby Fischer


The movie "Searching for Bobby Fischer" (1993), by S.E. Zaillian in his directorial debut is, maybe, the best film ever made about chess and chess world. If I remember rightly, I wrote something about this movie some years ago on this blog . Usually, chess-based films are pieces of nonsense unable to grasp the magic and the passion that stir the hearts of players all around the world.

"Searching for Bobby Fischer" is such an interesting film about the subject because the game itself is not the point of the plot. Indeed, it's a movie about the relationship between fathers and sons. More accurately, about how fathers project their dreams of grandeur and success on their sons, specially on the more gifted ones.

Fortunately, the film was screened in Europe. Its British title was the slightly absurd "Innocent moves". It was corrected translated into Spanish as "En busca de Bobby Fischer". I've just received an e-mail from a chess-colleague, informing me that a film about the mythical American champion had its premiere in 2011 Sundance festival. The news (in Spanish) has the beginning sequence of "Searching for Bobby Fischer", as the long shadow of the genius of Brooklyn is a constant feature along the Zaillian's movie. Fathers encourage their sons to study chess without a break, in order to become the new Fischer, the new highest priest of this bizarre religion.

In my first week here, in a discount bookshop, I found the novel which the film was adopted from. It has been, obviously, the book on my bedside table during this lonely September. In it, The New Yorker writer Fred Waitzkin relates the discovering of the game by his son Josh, and the way the little boy becomes the best in his age in the US. They told us the conflicts and the doubts about the increasing dominant role of the hard chess competitions and training in his kid's life. The book has some narrative material not used by the film (the travel of Fred and Josh and his trainer Pandolfini to the former Soviet Union). Smartly, Zaillian picked the most powerful ideas of the novel: " At tournaments, parents clasp their tembling hands, root as if it were life or death for their kid and dream the lusty dream of their child's immutable, unmatchable genius. Breathless and flusher from rooting and worrying, they say 'I don't like how to much time we're putting into this' but at the next tournament there they are again, commiserating with one another about the craziness of so much misspent passion"

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cristoforo Colombo, genius of the sea.

Mi primera quincena en la Costa Oeste ha sido placentera y enriquecedora. El oído lucha contra el idioma del que pretendo apoderarme y el corazón contra las nostalgias. Solo la tristeza por la grave enfermedad de un amigo y compañero ha oscurecido mis primeros días aquí.

El despacho que me han asignado y que comparto con otros turistas académicos es una hermosa biblioteca con una chimenea que ignoro si se encenderá en invierno. Hay una buena colección de libros sobre historia de la ciencia y de la tecnología. Quizá incluso más que en otro sitio que conozco: la rebotica aragonesa de Valencia. Comento el primer libro que llamó la atención en mi nuevo despacho.

Se trata de un librillo editado en 1990 por el "Comiato Nazionale per le Celebrazioni del V Centenario della scoperta dell'America". Una de las cosas que llama la atención de muchos españoles cuando pasean por los USA es que la inmensa comunidad ítalo-americana se considera a sí misma la heredera del hecho del "descubrimiento" de América. Así, por ejemplo, la Avenida Columbus de San Francisco es una avenida decorada por banderas italianas o el 12 de octubre es el "Columbus day" en USA. Este libro es uno de los muchos materiales generados para reforzar esa propiedad. Millones de italianos vinieron a los USA a través de la isla de Ellis o por otros caminos y tuvieron que generar mecanismos de inclusión en esta sociedad.

El autor defiende con un amplio aparato documental la tesis aceptada por la mayoría de los historiadores: el origen genovés del almirante, en el que centra exclusivamente el hecho del "descubrimiento" (Santángel o los Pinzón son nombrados una sola vez). Incluso en un momento dado, se permite excursiones patrioteras del tipo: "the genious who conceived and carried out this idea grew up and was born in Genoa. And his almost superhuman character -with his obsessive tenaciousness, its pertinacious stubbornness, and its unflagging certainty- was formed in Genoa." Es decir, el oficio de historiador puesto una vez más al servicio de los mitos nacionales. El razonamiento es cristalino: Colón era genovés, ergo italiano. Colón "descubrió" América, ergo los italianos descubrimos América. Por tanto, eso nos legitima como "verdaderos" norteamericanos.

Personalmente, me importa un bledo si la lengua materna de Colón era el castellano, el sefardí, el genovés o el catalán, pero me llama la atención como se construyen los mitos y las identidades. Para ilustrar la entrada, meto una imagen muy interesante que vi en una camiseta.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

The interrupters.


Ante la avalancha de peticiones (una o dos), he decidido mantener el blog en activo. Y comentaré algunas de las cosas que voy leyendo o viendo en mi estancia en los USA. Me anima pensar que quizá pueda reseñar cosas antes de que sean estrenadas o proyectadas en la lejana, lejanísima Europa.

Mi primeros días en la costa oeste coincidieron con un largo fin de semana. El lunes, 5, era el festivo llamado Labor Day, algo así como nuestro entrañable San José Obrero, ya que aquí no se celebra el primero de mayo, a pesar de que la fecha conmemora la muerte de unos sindicalistas norteamericanos a principios de siglo. Así, que sin nada que hacer ni nadie con quien hablar, me fui al cine. Como soy un intelectual, elegí este reportaje. Aunque me pareció muy mal que todos llevaran palomitas y coca-cola, yo no me privé.

Uno de los problemas internos más graves de los USA es la violencia que azota a las comunidades más desfavorecidas. En la peli se dice alguna vez aquello de que en los barrios negros de Chicago hay una probabilidad mayor de morir asesinado que en Beirut o en Bagdad. El documental cuenta un año en la vida de tres educadores (interruptores) pertenecientes a una organización llamada Ceasefire. A partir de sus duras experiencias vitales, intentan interrumpir el ciclo de la violencia y que los chicos de sus comunidades (la negra, la negra musulmana y la hispana) sean buenos y no se maten a tiros.

Aunque me dio la impresión de que todo era muy interesante, fue una mala elección, porque en el documental había mucho diálogo, gran parte de él en jergas de la calle. Así que no me enteré de casi nada. Al ver las calles cubiertas de nieve de los barrios pobres de Chicago, me vino a la mente y al corazón, los días que acabamos de pasar en Brooklyn.