Murió el desdichado Leopoldo María Panero, el loco oficial de la poesía española. Nunca leí nada de él. Y es que no he leído poesía, desdichado de mí. De los nueve novísimos , solo he leído prosa. Mucho de Vázquez Montalbán, como cualquier cristiano. Y el otro día, esta obrilla del barcelonés Félix de Azúa. Se trata de una autobiografía que el protagonista convierte en un filosófico experimento de búsqueda de la felicidad. O mejor dicho, de demostración de la imposibilidad de aquella. El idiota indaga en los sucesivos escenarios que la vida le ofrece: la infancia, el sexo, la política, el amor, sin llegar a conclusión alguna, porque la pregunta de investigación no admitía respuesta. Aunque la inevitable sensación de vacío que deja el texto, se ve mitigada por lo ingenioso de las frases y reflexiones que, empezando por el título, trufan el opúsculo. “Al día siguiente me maté. Dicho así, parece algo irreparable; pero no lo es tanto” o “He concebido un proyecto magnífi...