viernes, 26 de septiembre de 2014

España, capital París.



Posiblemente, mañana, el president de la generalitat catalana convocará la consulta no refrendaria sobre la independencia. Quizá también lo haga  el presidente del gobierno canario, sobre las prospecciones petrolíferas. El gobierno español ya ha anunciado que paralizará la primera. De la segunda, nadie ha dicho nada. Todo en esta tragicomedia parece escrito, previsible. Es una batalla más  de la guerra eterna entre legalidades y legitimidades. Sólo espero que el 9 de noviembre, las pesadas rocas de la historia, al caer, no hagan daño en ningún cráneo.  No merece la pena.

¿Ha fracasado el proceso de construcción de la nación española? Cuando se ha retirado el agua del boom, no solo ha quedado a la vista el lodo del fondo del pantano, sino las enormes grietas  en la presa. Precisamente, de fracasos y de obras públicas va este libro.

Llegué a él gracias a la excelente reseña de Daría Barbate, publicada en el número 9 de la revista “Bostezo”, dedicada al concepto de “Fracaso”. Como en un tiempo me interesó  la evaluación de proyectos públicos, me hice con el libro rápidamente. Germà Bel es un cátedro de la UB, con abundantes publicaciones profesionales sobre la economía política de las infraestructuras.

Cualquier contribuyente medianamente informado sabe que la sociedad española ha dedicado recursos gigantescos en las últimas décadas a la construcción de una red de trenes de alta velocidad que conecte Madrid con diversos puntos del territorio (incluso sitios con poca población y actividad). Y que la inversión (que no ha acabado) es ruinosa económicamente. ¿Cuál es, pues, su justificación? Bel argumenta que forma parte de un proyecto político mayor: el que se inició con la llegada de los Borbones. España tendría un modelo a seguir: la Francia centralista y Madrid, el poblachón manchego que solo era corte, tendría como modelo, París. Bel analiza toda la historia de las infraestructuras españolas de transporte a la luz de esa interpretación. Las carreteras y su trazado radial, siempre con resultados antieconómicos, la historia del ferrocarril tradicional, la centralidad de Aena, etc. Argumentos no le faltan. Según el autor, Madrid habría conseguido su objetivo: añadir a la centralidad política, la centralidad económica, arrebatándosela así, a Barcelona. A costa de lastrar la economía del conjunto, en su interpretación.

Agravios más o menos reales, que abren las grietas de la presa, tan antigua, tan pesada, tan cansada.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Madre e hijo.

Cuando era niño, jugaba con el dial de la radio. En la onda corta, podías captar las emisoras internacionales,  misteriosas, ininteligibles. A veces,  identificaba entre el ruido las emisoras rumanas y me parecía entender algo de raíz latina. Eso satisfacía mi vanidad de lingüista en potencia. Rumanía era algo lejano, el mundo al otro lado del muro, desconocido e incluso, difusamente prometedor. El otro extremo de la latinidad. Luego, nos enteramos de la miseria y del abandono y llegaron los rumanos y su lengua, a trabajar, a ayudar, a vivir y a malvivir.  Albañiles, matemáticos, camareros, médicas, mecánicos, putas. Y ahora somos todos europeos felices, homologados, demócratas, es decir, alemanes de las afueras.  

Así que ahora ya no suena raro ver una peli rumana en esta nueva época compartida y global.  Esta peli del 2013 parecía casi francesa. Aunque la crítica la ponía bien, a mí no me gustó demasiado. Una madre de la nueva clase alta rumana, manipuladora, obsesiva, feroz, tiene que proteger a su hijo, con el que se lleva peor que mal. Me dió la sensación de que Netzer había retorcido demasiado una historia interesante y prometedora. Supongo que los primeros planos y las secuencias en tiempo real eran demasiado rompedoras para mi limitado gusto cinematográfico. Con todo, tardaré en olvidar esta peli.

jueves, 11 de septiembre de 2014

"En un patio de París" y "El misterio de la felicidad"



Algún profesor de secundaria, cuyo nombre he olvidado, nos obsequió con la siguiente frase: “El objetivo último del hombre, y por tanto de la filosofía, es la búsqueda de la felicidad”.  “He aquí el quid del asunto… de todos los asuntos”, pensé en su momento. Tardaría muchos años en entender que, tal verdad, dicha así, no servía de mucho. Que lo importante no es el qué, sino el cómo. Y que un objetivo puede seguir siéndolo aunque sea inalcanzable. Que nunca llegaremos a Ítaca.
 

Recientemente, hemos visto dos películas que giran alrededor del viejo tema. Que tratan de la sombra y la luz, de la felicidad y la tristeza. 


La primera fue “En un patio de París” (“Dans la cour, 2014”). Nos esperábamos una comedia facilona; pero nos encontramos una historia triste y lúcida. El protagonista (Gustave Kervern), deprimido y sin ilusiones, huye de su pasado y de sí mismo. En el sitio donde se esconde se encuentra una bonita colección de locos, tan tristes como él. Al menos, su caída, servirá para salvar a una vecina lunática, la gran Deneuve. Supongo que para que haya luz tiene que haber sombras.


La segunda peli se atrevía a llevar como título “El misterio de la felicidad” (2013). Era, obviamente, una producción argentina (Daniel Burman). La trama juega con la idea de los sueños sin realizar, de las ilusiones como clave última de la gran búsqueda. A mi chica, le gustaron mucho los expresivos ojos claros de Francella. A mí, lo bien que se conserva la Estévez. Aunque la historia se quedó trabada en cierto punto y el previsible final lastró la segunda mitad del metraje.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La tumba de Alejandro Magno.



He leído unos cuantos libros de divulgación de física. Y alguno de matemáticas. Pero nunca había tenido un libro de divulgación sobre arqueología. Así que cuando vi que Manfredi, conocido sobre todo por sus novelas históricas, firmaba este librito, decidí echarlo a la mochila para entretener uno de los largos viajes en bus del verano.

Manfredi, además de sus novelas sobre el mundo antiguo, ha dirigido alguna excavación y ha publicado material científico. Supongo que no le habrá costado mucho escribir este breve volumen sobre uno de los grandes misterios arqueológicos: ¿dónde está enterrado Alejandro el grande? El tipo es honrado y reconoce que sobre el tema ya está casi todo dicho y que no ha tenido más que actualizar un poco el discurso.

Alejandro de Macedonia fue, quizás, el personaje histórico más importante del occidente antiguo. Murió de una borrachera con solo 33 años, cuando el mundo todavía no se había recobrado de la impresión que sus victorias y conquistas guerreras habían producido. Al parecer, acabó enterrado en la ciudad que fundó, Alejandría. Y esa es la opinión dominante entre los expertos. Aunque algunos griegos sugieren que podría haber sido enterrado en su Macedonia natal u otros aventuran que podría estar en Venecia, confundido con los restos de San Marcos. En la wikipedia está todo esto bastante bien explicado. ¿Para qué repetirme?


martes, 2 de septiembre de 2014

Pelis del verano.



Como recordatorio e inventario personal, enumero las pelis que he visto este verano. No sé si esta entrada llega a reseña y desde luego, no aspira a ser una recomendación, Dios me libre. Las circunstancias obligaban a ver cine para niños. Y como buen tío, eso es lo que hice.

Ya casi he olvidado la española “Pancho, el perro millonario”. Creo que se debieron gastar poco en la película. Yo sí que me lo gasté en palomitas y en fantas.

Me gustó “Maléfica” (“Maleficient”), de Disney. Se trata de una versión alternativa del cuento de la bella durmiente, que presume de muchos efectos especiales y de la Jolie con trajes ceñidos. Aunque quizá era un poco oscura para los niños, espero que los chavales sacaran dos conclusiones: que no hay nadie totalmente bueno ni malo y que la madre natura siempre acaba siendo más poderosa que nosotros, incluso de maneras que nos pueden parecer horribles.

Me obligaron a ver en vídeo “La guerra de papá” (1977), y me gustó. Se trata de una adaptación bastante literal que hizo el prolífico Mercero de la novela “El príncipe destronado” del gran Delibes. Recordaba levemente haberla visto; pero creo que esta vez capté mejor la leve amargura que empapa la vivencias cuotidianas del pequeño protagonista. La historia, a través de sus trastadas, de sus descubrimientos, indulgente pero sutilmente, nos lleva a las casas de los vencedores, de los poderosos, de los tristes. Sentí un leve desasosiego cuando el protagonista y su hermano sacaron la vieja pistola usada en aquella guerra.

En lo que se refiere a dibujos animados, también subvencioné dos visionados:“Como entrenar a tu dragón-2”, de Dreamworks y “Campanilla, hadas y piratas”, de Disneytoon. La primera impresiona técnicamente; pero la trama aburrió hasta a los críos. Amenazan con una tercera entrega. En lo que se refiere a la segunda, la cosa no fue tan terrible como imaginaba. Al menos, hay algo de subversivo en que sean las pequeñas niñas hadas las que venzan y humillen a los viriles piratas. Qué astutos son los de esta franquicia. Parece que la cosa va de secuelas y precuelas enroscadas y en cada secuencia se puede adivinar publicidad de algún parque temático. Todo sea para que sigamos consumiendo y deformando un poco más la mente de los muchachos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

VIII Certamen literario de Alfambra

Después de un plácido agosto sin ordenador, voy retomando las obligaciones impuestas y autoimpuestas. De entre las últimas, reseñar los actos que hacen o han hecho algunas de las muchas asociaciones-fundaciones-ONGs-institutos donde el destino nos ha ido metiendo.

A principios de ese mes, tuvo lugar la entrega de los premios del  VIII Certamen Literario de Alfambra. La mejor descripción del evento, junto con la enumeración de los ganadores la hizo el ganador de la sección de relatos. Este es su blog.