viernes, 25 de octubre de 2013

Todas las mujeres



Desde que el ministro Montoro dijo lo que dijo sobre el cine patrio, entro a ver las pelis españolas, aunque tengan mala pinta. Y es que lo correcto suele estar en la dirección contraria a lo que digan estos malvados.

Y lo mejor del asunto es que, de vez en cuando, te encuentras alguna cosa que vale la pena. Así ha sido con este estreno. Casi todo me pareció bueno: la historia, los actores (especialmente la Petra Martínez) e incluso la narración y el montaje. Y eso que, según me enteré después, se trata del refrito condensado de una serie que Barroso ya hizo para TV en el 2010 y que pasó desapercibida. Me da la impresión de que le han quitado el adorno y le han dejado lo fundamental: los apuros del personaje interpretado por Fernández, un cuarentón fracasado y manipulador, que se mete en líos por cobarde y mentiroso, es decir, un hombrecillo normal. Paradójicamente, este montaje teatral abreviado logra lo que quizá no consiguió la versión larga.  

A través de los encuentros que Fernández tiene con seis mujeres, vemos sus flaquezas y también su extraño encanto. Y todos los hombres nos vemos reflejados en ese perdedor que no puede dejar de fumar y de mentir. Somos lo que somos en tanto que las mujeres nos escuchan, nos desnudan, nos aman o nos hacen ver lo poco o lo mucho que somos. 


viernes, 11 de octubre de 2013

Las brujas de Zugarramurdi



Quizá, lo que más me ha gustado de Alex de la Iglesia es su única novelita publicada: “Payasos en la lavadora”. Narra las aventuras alcohólicas y estupefactas de su álter ego, el escritor Satrústegui, durante la semana grande de Bilbao. Aquellos que hayan vivido alguna vez esa extraña sucesión de días locos, alucinantes y alucinados, en los bares y en las barras de fiestas populares como San Fermín o las Vaquillas de Teruel, pueden dar fe de que el librito capta algo de todo eso. Esos días y noches  de felicidad demente, irracional, de sentidos y moral abotargados, de brutales y felices resacas.


A favor de su obra cinematográfica, se puede decir que ha inventado algunas cosas interesantes. En concreto, un subgénero que parodia lo gore y lo gótico y que funciona bien en taquilla. Tratándose de cine español, es mucho decir. En contra, una característica de todas sus películas (al menos de las que yo he visto) que después de la primera media hora, la cosa va decayendo y empiezas a pensar que la peli es tan mala como pensabas que era cuando decidiste entrar a la sala. Y es lo que le pasa a su último estreno. Todo promete: un principio sensacional, varios temas interesantes que se sugieren por debajo de la parodia y algunos de los actores de moda, para que acuda la chiquillería. Pero la historia se le empieza a ir de las manos y cuando sale un monstruo que se supone que es la diosa madre original, te duele el dinero público gastado en efectos especiales y el que tú te has dejado en la entrada y en las palomitas y la cosa ya no hace tanta gracia.


Te queda como un regusto a oportunidad perdida. Además del evidente leitmotiv de la eterna guerra de los sexos, la peli parece tratar otro tema interesante. Me da la impresión de que es el particular ajuste de cuentas del bueno de Alex (y de su guionista Guerricaechevarría) con una parte importante de la simbología del nacionalismo vasco. Que, como todas las simbologías nacionalistas o patrióticas, tiene mucho de fraude. Las brujas, obviamente, usan de vez en cuando el euskera (bien en los saludos, bien en los sambenitos que les ponen a sus víctimas), pero además, hay profusión de lauburus en toda la escenografía. Sería lo del matriarcado (con sus irrintzis) y todo aquello. Y obviamente, también suena el célebre (y hermoso) “Baga,Biga,Higa” como música del gran aquelarre.



Muchos defienden que los procesos contra las brujas navarras no eran otra cosa que el intento de asegurar el dominio castellano en el país recién conquistado. No sé qué les parecerá que la bruja madre sea la gran Maura (Madrid, 1945).

martes, 8 de octubre de 2013

Neorurales: “Una casa en Córcega”.



Una de las canciones más impresionantes de la “Ronda de Boltaña” comienza así “Siempre que se muere un roble allá en el bosque, pierde un viejo dios mi pequeña nación; siempre que nos nace un niño, el futuro se hace bosque, y entre robles corretea un nuevo dios”. Para escuchar en directo a la Ronda, nos subimos al Vallivió, posiblemente el valle más despoblado del Pirineo aragonés, esa tierra tan hermosa y tan desconocida. Y conocimos a David y a Raquel, que han construido en aquellas montañas desoladas, su hogar. Y que han sido papás. Ellos, como otros muchos neorurales, han sido valientes y han ido en busca de sus sueños. Con mucho esfuerzo, día a día, invierno a invierno. A devolver la vida a una plantica que parecía casi muerta. A demostrar que todo es posible. Es difícil describir lo que vivimos cuando la Ronda fue a cantar a su puerta.

El título en francés de “Una casa en Córcega”, aunque menos comercial, describe bien dónde nos está esperando el mundo rural: “Au cul du loup”. Fui a la peli por casualidad; pero la empecé a disfrutar desde el principio. Se trata de una historia sencilla y previsible; pero bien contada: una chica belga hereda una casa en ruinas en las montañas de Córcega. Y decide dar un giro a su vida. Restaurará la casa y volverá al país de sus antepasados. Cuando tiembla de frío o se siente sola en una casa sin luz, era inevitable recordar a nuestros amables anfitriones del Pirineo. Salimos emocionados del cine. En mis oídos seguían resonando los versos de la Ronda: “Luciérnaga entre montañas, ¡no te dejes apagar! Si los hombres permanecen, los dioses ya volverán”

lunes, 7 de octubre de 2013

El tema del amor.

El cortejo, el enamoramiento, la pasión, los genes egoístas de Dawkins haciendo su trabajo brutal y desmesurado a través de las hormonas, de las neuronas, del polen y de las abejitas. La vida hirviendo. El deseo. Las ganas de follar. Y con ellas, toda la literatura, la poesía toda,  toda la música y todo el arte humano, y a través de ellos, la vida, que arde por ser vivida y por perpetuarse a través de los amantes, ciega, mágica, masiva,  divina.

El sábado fuimos al musical "Grease". Una historia de hormonas y galanteo, de polen y de abejitas, que todos los de mi generación conocen a través de la celebérrima peli de Kleiser (1978), con Travolta y Olivia Newton-John. Yo no sabía que la obra ya fue en su origen un musical, que funcionó bien desde su estreno en 1972. Más de una chica me ha confesado que se sabía las canciones y las escenas de la peli de memoria. Con tal sustrato, no me extraña el éxito de la actual producción. Al parecer, la han llevado hasta Teruel. Dos sesiones. En Valencia, ha estado un mes. Y ha debido haber llenazo. Me gustó mucho el espectáculo, aunque creo que las canciones pierden traducidas al español. Con todo, no me emocioné, como la mayoría de los cincuentones que abarrotaban el Olympia. A mi, la peli me pilló demasiado imberbe y de mayor, yo no quería  ser Travolta, quería ser Rosendo, que, por cierto,  ha sacado nuevo disco.

Y por seguir con el tema del amor, reseño que vimos hace unas semanas "Antes del anochecer" (2013), de Richard Linklater. Es la tercera entrega de la trilogía "Antes de..." Y cierra el recorrido de la relación amorosa entre un escritor norteamericano (Ethan Hawke) y una ejecutiva francesa (Jullie Delpy). En las pelis anteriores, que no he visto, se narra su encuentro y su enamoramiento. Lo de las abejitas. En la actual, los problemas de su matrimonio. En una peli de largos y tensos diálogos, los esposos analizan su vida, su dependencia, su interdependencia y su crisis de pareja. Se me hizo pesadota, algo pretenciosa. Quizá porque era tarde. Quizá porque todo el tema me resultaba muy lejano.