miércoles, 26 de octubre de 2016

L'avenir y Woody Guthrie



Hacía tiempo que no íbamos a los Babel. Tanto que la tarjetita que te cuñan para tener una entrada gratis se nos había caducado. Son esas señales de que la vida pasa y se va sin que te enteres.
Vimos “L’avenir” (“El porvenir”), una película del cupo francés, dirigida por Mia Hansen-Love e interpretada por Isabelle Huppert. De esa directora no había visto nada; pero a Huppert la vimos en “Amour”, que nos gustó mucho.

He leído en algún sobrecito de azúcar una frase que reza más o menos así: “bendice al que te abandona, porque te da la libertad”. La peli trata de esa libertad que se encuentra la protagonista, profe de filosofía en secundaria, cuya madre tocapelotas muere y cuyo marido se va a comprar tabaco. Además, empieza a ver que su manera de enseñar y escribir la filosofía, convencional y académica, no conecta con los nuevos tiempos y los nuevos tipos de alumnos y lectores.  Pero me llevé la sensación de que la historia no se resuelve. No vi relación entre la filosofía y el cambio de vida. Así que la cosa me pareció aburrida y tristona. No llegué a entrar en la peli y me fui a casa casi igual que había salido.

Pero de la peli me llevé una cosa buena.  Sonó una canción de alguien desconocido para mí: Woody Guthrie, “My daddy (flies a ship in the sky)”. Automáticamente, sentí que valía le pena seguir esa pista. Cuando investigué un poco, leí que este cantante folk había ejercido una gran influencia en Bob Dylan o Bruce Springsteen. De hecho, una de las canciones que canta el rockero de Nueva Jersey, “This Land Is Your Land" es una versión de aquel. He escuchado durante los últimos días varias versiones de esta balada triste y poderosa, un homenaje a los desheredados por la Gran Depresión, quizás el verdadero himno del pueblo norteamericano, "about one of the most beautiful songs ever written.", según Springsteen.

martes, 25 de octubre de 2016

Momentos estelares de la humanidad



Seguimos con la historia, esa ropa de la que uno nunca puede desprenderse.


He pasado buenos ratos en los últimos meses con la que pasa por ser una de las mejores obras de Stefan Zweig (1881- 1942). Ya reseñamos hace una vida su famosa “Novela de ajedrez” 


Lo de ahora es un librito de pasajes históricos ordenados cronológicamente (de Cicerón a los esfuerzos del presidente Wilson tras la Gran Guerra). Descubro que precisamente la biografía novelada fue el género donde el judío vienés Zweig brilló más. Cosmopolita, humanista, lector insaciable, idealista… fue uno de los representantes de esa intelectualidad europea de entreguerras que desapareció para siempre con los totalitarismos y la catástrofe que trajeron.


“Sternstunden der Menschheit” (1927) presenta brevemente 14 momentos brillantes de la historia y la cultura de Occidente. La emoción que anima la prosa de Zweig atrapa en cada relato de principio al fin. Hacía mucho tiempo que no había leído párrafos tan vivos y tan emocionantes. Aun sabiendo que la historia no la hacen solo las genialidades o estupideces de algunos personajes, he disfrutado con aquello tan anglosajón del “turning point” (“El minuto universal de Waterloo”). Algunos de los relatos hacen referencia a la composición musical o poética: “La resurrección de Georg Friedrich Händel.”; “El genio de una noche: La Marsellesa.” o “La elegía de Marienbad: Goethe entre Karlsbad y Weimar.”; otros miran los momentos más personales de las biografías: “La huida hacia Dios” (sobre su admirado Tolstoi); o “Wilson fracasa”. A mí  me subyugaron dos muy distintos: “La primera palabra a través del océano: Cyrus W. Field” (sobre el primer cable transoceánico) y “El tren sellado: Lenin”.

viernes, 14 de octubre de 2016

Ucronías



Vi en la 2 “Dragon Rapide”. Aunque creo que ya la había visto alguna vez (es de 1986), anoche me entretuvo y me pareció muy bien hecha. Supongo que el vino tinto de Fuente Álamo ayudó al disfrute. Y a los que nos interesa la historia, nos complacen estas pelis que tienen mucho de documental.


Trata de los preparativos del golpe militar de agosto de 1936. El Havilland D.H.89 Dragon Rapide era el avión que contrató la trama civil del golpe con el dinero del banquero Juan March. El avión se usó para trasladar clandestinamente a Franco desde las Canarias a Tetuán para ponerse al frente de las tropas de África, que tan decisivas resultaron después. Juan Diego interpreta, muy creíblemente, a un Franco desconfiado y dubitativo. Le cuesta unirse a los golpistas, no por escrúpulos de honor o por razones ideológicas, sino por ambición personal. El taimado gallego no sabía que se iba a convertir, por los azares de la historia, en el hombre fuerte del golpe y del futuro régimen fascista.


Los azares de la historia… ¿Qué hubiera pasado si ese bimotor no hubiera llegado a tiempo? ¿O si Sanjurjo y Mola no hubieran muerto en sendos accidentes de aviación en el 36 y en el 37? Entramos en el delicioso jardín de las ucronías, que han dado para tantas páginas. 


Me vienen a la mente las dos novelas que he leído con la hipótesis de la victoria de la República en la guerra. La de Jesús Torbado: “En el día de hoy” (1976) y la de Vizcaíno Casas: “Los rojos ganaron la guerra” (1989). La primera tiene cierta calidad literaria; pero ni una ni otra presentan mucho más atractivo que el planteamiento inicial: Francia abrió la frontera y la República pudo armar adecuadamente al ejército popular y ganar la batalla del Ebro y ejecutar el plan P del general Vicente Rojo. Supongo que siempre causa satisfacción que ganen los que uno considera buenos.



Recientemente, con Antonio, también vi otra ucronía. Se trata de la poderosa, visual y estridente “Malditos bastardos”, de Tarantino, que algunos consideran una obra maestra. Yo no diría tanto. Durante un rato, le di vueltas a qué hubiera ocurrido si realmente Hitler y Goebbels hubieran muerto a mitad de la guerra.