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Ucronías



Vi en la 2 “Dragon Rapide”. Aunque creo que ya la había visto alguna vez (es de 1986), anoche me entretuvo y me pareció muy bien hecha. Supongo que el vino tinto de Fuente Álamo ayudó al disfrute. Y a los que nos interesa la historia, nos complacen estas pelis que tienen mucho de documental.


Trata de los preparativos del golpe militar de agosto de 1936. El Havilland D.H.89 Dragon Rapide era el avión que contrató la trama civil del golpe con el dinero del banquero Juan March. El avión se usó para trasladar clandestinamente a Franco desde las Canarias a Tetuán para ponerse al frente de las tropas de África, que tan decisivas resultaron después. Juan Diego interpreta, muy creíblemente, a un Franco desconfiado y dubitativo. Le cuesta unirse a los golpistas, no por escrúpulos de honor o por razones ideológicas, sino por ambición personal. El taimado gallego no sabía que se iba a convertir, por los azares de la historia, en el hombre fuerte del golpe y del futuro régimen fascista.


Los azares de la historia… ¿Qué hubiera pasado si ese bimotor no hubiera llegado a tiempo? ¿O si Sanjurjo y Mola no hubieran muerto en sendos accidentes de aviación en el 36 y en el 37? Entramos en el delicioso jardín de las ucronías, que han dado para tantas páginas. 


Me vienen a la mente las dos novelas que he leído con la hipótesis de la victoria de la República en la guerra. La de Jesús Torbado: “En el día de hoy” (1976) y la de Vizcaíno Casas: “Los rojos ganaron la guerra” (1989). La primera tiene cierta calidad literaria; pero ni una ni otra presentan mucho más atractivo que el planteamiento inicial: Francia abrió la frontera y la República pudo armar adecuadamente al ejército popular y ganar la batalla del Ebro y ejecutar el plan P del general Vicente Rojo. Supongo que siempre causa satisfacción que ganen los que uno considera buenos.



Recientemente, con Antonio, también vi otra ucronía. Se trata de la poderosa, visual y estridente “Malditos bastardos”, de Tarantino, que algunos consideran una obra maestra. Yo no diría tanto. Durante un rato, le di vueltas a qué hubiera ocurrido si realmente Hitler y Goebbels hubieran muerto a mitad de la guerra.

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