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"Icons: Robert Capa" en el Círculo de Bellas Artes.

La lideresa de España (de la España que cabe dentro de la M-30) le ha dado un premio a Trump. El premio "Faro de las libertades" o "Antorcha de las libertades" o "Pedernal de las libertades" o algo así. Si se ha enterado, el payaso estará contento. Porque el Joker está loquito por que le den premios. Aunque no sepa muy bien dónde está Madrid. Esta gente es macabramente predecible: siempre premian a los poderosos y en sus estupideces pagadas con dinero público siempre usan la palabra "libertad". Lo cierto es que no podemos evitar hablar de ellos. Han ganado. Democracy is over. Winter is coming.

Todos los imperios han irradiado sus valores. En especial, los cuatro grandes imperios occidentales: Roma, España, Inglaterra y los Estados Unidos. Te domino por la fuerza de las armas y te convenzo con el discurso, que será el que aprenderán tus hijos, que ya no serán iberos, serán romanos. Aún hoy, seguimos viviendo de acuerdo a sus costumbres y hablando dialectos del latín. Al menos, ya no somos tan pederastas como los follaniños de las siete colinas. 

Mientras los extremeños y los vascos cristianizaban el mundo y las minas de plata a hostias, en Salamanca se discutía por primera vez sobre algo parecido a los "derechos humanos" y se definía con claridad sobrecogedora lo que era la inflación. Un día más en las oficinas de un imperio que declaraba la suspensión de pagos cada dos por tres, mientras levantaba mapas catastrales del planeta.

Y después de los barbudos de barba negra llegaron los barbudos de barba rubia, con barcos todavía más rápidos y pólvora mejor molida. Para justificar su rapiña, los británicos desarrollaron ideologías sobre las civilizaciones, sobre las superioridades raciales (ya conocen ustedes la prelación: sajones, galeses, gatos persas, católicos, perros, chinos y negros), sobre el libre comercio y sobre el capitalismo.

Sus primos grandes, los puritanos del otro lado del mar, recogieron la herencia. El siglo XX, es decir, nuestra época, ha sido la del imperio estadounidense, con todos sus alardes, virtudes, crímenes y tragedias. Hollywood fue el puto maestro de latín que nos romanizaba. Y la democracia gringa era el modelo a seguir. Todos los de este lado del mundo, somos para lo bueno y lo malo, un poco gringos. "All right, but apart from the sanitation, medicine, education, wine, public order, irrigation, roads, the fresh water system and public health, what have the Romans ever done for us? Nuestra vida ha sido la de los valores estadounidenses. Ya saben: la democracia, la libertad de expresión, el blues de los esclavos, la coca cola y Hemingway. 

Pero como le pasó a Roma, a Madrid y a Londres, la pela es la pela y la bancarrota ha llegado. Han elegido al payaso pelirrojo para que liquide el negocio y pilote el arca de Noé que salvará a los megarricos y dejará en tierra a los paletos de Nevada y a la payasa española que les da premios y que se sentirá muy triste cuando la abandonen.

En octubre, viajamos al interior de la M-30 a ver la exposición "Icons: Robert Capa", en el Círculo de Bellas Artes. Algún enteradillo me dirá que el fotógrafo Capa, en realidad se llamaba André Friedmann, judío húngaro y que no era estadounidense. A efectos de esta entrada, podemos considerarlo un yanqui más. Y de los buenos. Huyó de la Hungría fascista (ya gobernaba Orban, que entonces se llamaba Horthy). Se buscó de novia y de socia a la alemana Gerda Taro. En aquel entonces, "utopía" no era un concepto difuso, era la noticia ilustrada que se iba a publicar al día siguiente. En julio de 1936, se vinieron a fotografiar la guerra desesperada que los españoles tenían que librar contra su propio ejército y Alemania e Italia. A la chica la chafó un tanque. Y mientras, él hacía fotos de la dignidad en forma de milicianos y del hambre en forma de niños madrileños. Madrid era entonces el rompeolas de todas las Españas y la alarma antiokupas de toda la humanidad. Las fotos de Capa avisaban al mundo de lo que estaba por llegar. Al principio, solo sirvieron para aliñar las revistas en color americanas. Eso sí, cuando los suscriptores de esas revistas despertaron, volvieron bien pertrechados al sur de Europa en el 43 y a Normandía en el 44 para descubrir los horrores que habían practicado los payasos. Los yanquis eran el bien, a bordo de los jeeps, abriendo alambradas y repartiendo tabaco y chocolate. 

Después de aquella primera derrota nazi, Capa obtuvo la nacionalidad estadounidense y se dedicó a hacer fotos a las guapas y a los guapos del centro del imperio para enamorar al mundo. Pero la necesidad de salvar a la humanidad le seguía moviendo. "If your photographs aren't good enough, you're not close enough." Pisó una mina en la Indochina que empezaba a quitarse de encima a los romanos. Estuvo en el lado correcto de la historia. 

A nosotros nos gustó la exposición y la cerveza carísima que nos tomamos en la famosa terraza del Círculo de Bellas Artes. Madrid estaba a nuestros pies, misteriosa, brillante, sin sospechar que los payasos y los imbéciles llevan un tiempo tomando posiciones para convertirse en los reyes de las ruinas futuras.

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