viernes, 30 de mayo de 2008

"Catedral" de Raymond Carver


¿Por qué no somos felices? ¿Por qué no soy feliz? Tenemos cortadores de cesped y furgonetas, salchichas y salsas de varias clases, los horizontes del Medio Oeste y un equipo favorito de béisbol; pero la vida carece de sentido. Una monotonía llena de carcomas y soledades, un viaje que no tiene posibilidad de llegar a ninguna parte, que inevitablemente acaba en el alcohol y en la desesperanza. Carver hizo ese trayecto durante muchos años y sus cuatro libros de relatos describen con certera precisión el sinsentido, el absurdo, la soledad. "Catedral" fue el tercero de ellos.
Carver fue todos y cada uno de los protagonistas de sus relatos: el ciego al que intentan explicar cómo es una catedral, el deshollinador en la clínica de desintoxicación, la cuidadora de un bloque de apartamentos de alquiler, anónimos y tristes.
Los relatos se apoyan en una arquitectura helada y sencilla ,"realismo sucio" lo llamaron, pero una tensión dolorosa late en cada historia: al final algo ocurrira que acabe con la ilusoria sensación de felicidad que sus personajes a veces experimentan. Cuando Carver había logrado el reconocimiento literario como "sucesor de Chejov y de Hemingway" y había conseguido dejar el alcohol, murió. Tenía 50 años.
Yo todavía noto en la boca el sabor del cuero y del acero que me dejó, hace dos noches, el penúltimo relato: "La brida"

martes, 27 de mayo de 2008

Conflictos ambientales: "Donde duermen las aguas"


Un compañero de trabajo estaba preparando un artículo de prensa sobre un conflicto medioambiental. En una interesante conversación sobre el tema, surgió la idea de escribir algún relato basado en ese conflicto. Por supuesto, no hice nada al respecto. Pero me vino a la memoria una novela que leí hace algún tiempo y que me gustó. Precisamente, me la hizo llegar otro compañero de trabajo, enamorado de las montañas.
La novela no tiene demasiada calidad literaria; pero es la mejor representante que conozco de un subgénero, con cierto predicamento en Aragón, cuyas historias concretas son siempre reflejo de conflictos sociales o medioambientales más graves (por casa anda también "El emir"). "Donde duermen las aguas" describe el enfrentamiento durante los años 50 entre dos pueblos pirenaicos aguas arriba y aguas abajo de un río por la regulación y explotacón de los caudales. El pueblo de arriba (el imaginario Biescas de Obago) siempre ha sido más pobre y su alcalde, Victorián, protagonista de la novela, es un honrado herrero de brazos fuertes y tristezas montañesas. Inevitablemente, me recordaba al herrero de "El Camino" de Delibes. El pueblo de abajo es un poco más rico y su alcalde es un taimado especulador, conchabado con alguna compañía eléctrica para estafar a los de arriba y a la administración pública.
Se nota que el autor, el inclasificable Lorenzo Mediano, conoce las montañas y el alma de las gentes que todavía las habitan. Y consigue salvar a la novelita de la puerilidad más absoluta, introduciendo algunas cosas interesantes: el contraste entre las gentes urbanas (Pilar, la maestra zaragozana) y los montañeses (que en algunos diálogos usan el aragonés), o el amor por el paisaje libre, duro y hermoso de aquellos altos valles. Recomendable para adolescentes, para amantes de la naturaleza o para los que quieran saber un poquito más de política hidráulica.

lunes, 26 de mayo de 2008

Antes de que el diablo sepa que has muerto


El viernes, después de la tormenta repentina y violenta, fui al cine con unos buenos amigos que me han enseñado muchas cosas sobre ese tema (y sobre otros). Vimos "Before the devil knows you're dead", del octogenario Sydney Lumet. No nos convenció del todo. Nos pareció que algo fallaba. La historia es muy buena. Los actores son muy buenos. Todo está muy bien; pero algo no funciona. Es como si el director se hubiera pasado de bueno. Quería hacer la peli de su vida y ha montado algo espeso y complejo, que cuesta ver. Especialmente, en la primera media hora de película hay una situación contada desde varios puntos de vista, con idas y venidas del pasado al futuro, al modo de Tarantino, que se acaba haciendo un poco pesada. Quizás hay demasiada tensión, aunque ya sé que en todo el cine norteamericano contemporáneo se busca eso. El protagonista principal es Phillip Seymour Hoffman. Hace de malo chapucero. Y lo hace muy bien. Esta casado con María Tomei (solo por verla vale la pena pagar la mitad de la entrada). El polifacético Ethan Hawke y el veterano Albert Finney completan el reparto. Este último construye una escena fortísima y justiciera al final de la historia que casi me arregla la película. El planteamiento me recordó a la idolatrada Fargo: los malos son cutres, atontados y poco interesantes y nada les sale según lo planeado. Pero aquí faltaba el contrapunto de un personaje sencillo y racional. Quizá el problema era ese: siempre se necesita una Frances McDormad embarazada, sonriente y laboriosa que restablezca el equilibrio cósmico entre el bien y el mal.

jueves, 22 de mayo de 2008

El truco final. (El prestigio).


La semana pasada vi "El truco final. (El prestigio)". No está mal del todo. En el Londres de finales del XIX, dos magos con un oscuro pasado común (Hugh Jackman y Christian Bale), compiten por lograr un truco definitivo, que convertirá al que lo consiga en el más famoso de los magos. Hay una historia de odios y de engaños mutuos, que engancha y entretiene. Lástima que al final haya un Deus ex machina demasiado imaginativo. La peli, que transcurre en su mayor parte dentro de los teatros donde actúan los magos, se apoya en una excelente ambientación de época (decorados, vestidos). Una iluminación cuidada redondea la estética de la obra. Eso parece una cosa habitual en las pelis de Christopher Nolan (al que ya cité en este blog). La Johanson y Michael Caine completan el cuarteto protagonista.
La peli consigue trasladar la sensación de asombro que debía experimentar el público de finales del XIX con los trucos de escape y con las primeras aplicaciones de la ciencia y la tecnología modernas al espectáculo. De hecho, en el argumento aparece la figura del húngaro Nikola Tesla, que hizo numerosos descubrimientos e inventos en varias ramas de la ingeniería, especialmente en electromagnetismo. ¿Cómo se sentiría alguien de ese público si fuera teletrasportado por un momento a nuestro mundo? ¿Cómo juzgaría la magia tecnológica que nos rodea por todas partes y que nosotros somos incapaces de ver?

miércoles, 21 de mayo de 2008

El enigma de Fermat y Los crímenes de Oxford


Leí "El enigma de Fermat" ,del divulgador científico hindú Simon Sigh, hace unos años. Experimenté una hermosa sensación de deslumbramiento, asombro, admiración. El libro describe de forma amena los esfuerzos llevados a cabo por varias generaciones de matemáticos para demostrar lo que en tonos épicos se llamó "El enigma de Fermat". Es decir, la conjetura que Pierre de Fermat dejó anotada en un ejemplar de la Aritmética de Diofanto. Esa conjetura pasó a ser el problema más importante en la historia de la matemática. Algunas de las mentes más brillantes dedicaron enormes esfuerzos al trabajo; pero fue en vano. La matemática progresó durante tres siglos; pero la verdad permanecía oculta. Fue en 1993, cuando Andrew Wiles propuso en Cambridge una posible demostración de la Conjetura de Taniyana-Shimura, que conecta la topología con la teoría de números. Wiles demostraba así, tras muchos años de trabajo solitario y en secreto, por asociación, el Último Teorema de Fermat.

El matématico y novelista argentino Guillermo Martínez fue capaz de captar en su novela "Los crímenes de Oxford" el ambiente de expectación que rodeó aquel anuncio. Se nota que Martínez ha sido matemático y en una historia convencional de crímenes entrelaza perfectamente las relaciones de admiración y envidia entre los del gremio, la magia de la búsqueda alucinada de la verdad, por el mero placer de buscarla. Recuerdo que la novela me gustó mucho. Me pareció creíble y entretenida.

Anoche vi en DVD la versión cinematográfica. Aunque las referencias que tenía no eran demasiado buenas, pasé un rato agradable. Alex de la Iglesia ha puesto todo su oficio para hacer una peli sin grandes fallos; pero sin grandes aciertos. No capta del todo la tensión inherente a la investigación matemática y a la soberbia intelectual de los protagonistas. Es incapaz de encajar bien en la historia las discusiones sobre Turing, Wittgenstein y Gödel, que funcionan muy bien en la novela. Quizá lo que más me gustó de la peli es el momento en que Elijah Wood tiene que decidir si sigue en el autobús con John Hurt para ir a la conferencia de Wiles (en la peli, no sé por qué, le cambian el nombre), o bajar para echar un polvo con Leonor Watling. ¡Eso sí que es un dilema!

lunes, 19 de mayo de 2008

Sombras de la globalización: "McMafia" y "Promesas del este".


Reseñaré dos obras que están muy relacionadas: el libro "McMafia" de Misha Glenny y el estreno "Promesas del Este", de David Cronenberg.
En lo que se refiere al libro, había leído algunas críticas buenas y quizá esperaba más. Glenny fue corresponsal de la BBC en la Europa Oriental y cuando todo aquello se hundió, tuvo que reciclarse. Así que se ha dedicado a investigar las redes del crimen organizado. De hecho, el libro muestra que hay una conexión directa entre la crisis de los poderes públicos en los antiguos países comunistas y la aparición de nuevas redes criminales a nivel planetario. Reciclaje de mano de obra excelentemente preparada, supongo. Dicho de otra manera, la victoria definitiva de la economía de mercado es, en cierto sentido, la victoria definitiva de las mafias internacionales. Aunque para ello haya sido necesario crear nuevos países, cuyo presupuesto depende directamente del contrabando, como Kosovo o la pequeña y tintinesca Transnistria, capital Tiraspol. La globalización ha afectado a cada parcela de nuestras sociedades y de nuestras economías: también al tráfico de cualquiera de las cosas prohibidas que se consumen masivamente en el insaciable Occidente: heroína, cocaína, mano de obra ilegal, tabaco y combustible sin impuestos, diamantes, mujeres u órganos para trasplantes. Un 25% del PIB mundial, estima Glenny. Lo que he echado de menos en el libro es cierta clase de generalización o de teoría al respecto, porque el autor se ha limitado a agrupar los diversos reportajes que ha ido haciendo durante estos años, sin reflexionar demasiado sobre las causas económicas de los hechos.Con todo, hay algunos capítulos que me han impresionado mucho: "Aliyah", sobre la importancia de las redes mafiosas de origen ruso en el estado de Israel, "El teatro del crimen" sobre las raíces culturales de la capacidad nigeriana para las estafas cibernéticas, y "Colegas" sobre la economía de la producción de marihuana en Canadá.

Compramos la peli "Promesas del Este" para verla por cable el sábado por la noche. Amparo quería, obviamente, ver al Viggo Mortensen, que hace de gangster ruso con ropa cara y tatuajes. Inmediatamente, la película me recordó el primer capítulo del libro, porque ambos tienen una misma motivación. Ambos muestran cómo la actividad de las mafias afecta a ciudadanos normales y corrientes de Occidente. Concretamente, el mundo "normal" de la brillante Naomi Watts entra en contacto con el mundo oscuro y salvaje de los vory-zakonye, las redes rusas de tráfico de mujeres y de drogas. El argumento de la peli es un poco truquero y resultón, con algunas escenas verdaderamente brutales. Pero las buenas interpretaciones lo sostienen. Terrorífico el personaje interpretado por el veterano Mueller-Stahl, que muestra la doble cara de las mafias: un empresario abuelo y bonachón que se dedica profesionalmente a hacer cosas horribles. Qué mundo tan hermoso estamos dejando a las próximas generaciones!

jueves, 15 de mayo de 2008

El sueño eterno y Blade Runner.


A veces, pensamos que las obras de culto nacen de una manera fácil, espontánea, con poco esfuerzo. Esas obras llegan en el momento preciso para reflejar las aspiraciones estéticas o vitales de una generación o un determinado público. Se convierten en modelos a imitar y en fuente de inspiración para críticos y autores de blogs. Durante las últimos días, me he entretenido con dos de esas obras maestras que ya forman parte de la imagen de nuestro tiempo: la novela "El sueño eterno" (1939) de Raymond Chandler y la peli "Blade Runner" (1982) de Ridley Scott. Ambas se caracterizan porque fueron el fruto de una cuidada y trabajosa elaboración. Es decir, muestran que el hallazgo artístico difícilmente proviene de la casualidad o de la suerte. En el caso de "El sueño eterno", Chandler anduvo probando durante mucho tiempo (cuando el alcohol le dejaba) hasta que perfiló al sensato y duro Marlowe. Cada página transmite la impresión de estar dolorosamente construida. En el caso de "Blade Runner", todavía es más evidente que el éxito no se dejó al azar: muchos habían advertido que la novela "Do Androids dream of electric sheeps?" de P.H. Dick era excelente material cinematográfico. Llegó a manos de Scott cuando estaba acabando "Alien" y pudo disponer de presupuesto abundante. Ese dinero fue bien aprovechado.

Hay más semejanzas entre ambas obras. Por supuesto, muchos han advertido el paralelismo entre el personaje de Marlowe (al que Bogart pondría cara unos años después en la película de Hawk) y el de Harrison Ford. Al fin y al cabo, Marlowe es el modelo de una gran parte de los héroes contemporáneos. Además, las dos historias transcurren en Los Ángeles. Las investigaciones de Marlowe tienen lugar en la ciudad de mitad de los años 30: una sociedad clasista; pero esperanzada, que acaba de salir de la prohibición. Blade Runner caza replicantes en una metrópoli fantasmal y desmesurada: Los Ángeles del 2019, donde los orientales constituyen la mayor parte de la población y una lluvia continua y odiosa da fe de los cambios climáticos acontecidos. Los dos argumentos usan una vivienda como eje de la historia: Marlowe entra y sale varias veces del apartamento de uno de los asesinados: el del chantajista Geiger. Las escenas más destacadas del rodaje de Blade Runner tienen lugar en el edificio Bradbury (homenaje a Ray Bradbury), donde vive el ingeniero genético Sebastian. Otra cosa en común es la aparición del ajedrez en ambas historias. Pero el ajedrez no es un adorno gratuito, sino que contribuye a definir mejor lo que se quiere contar, es decir forma parte del arte, no del decorado. Marlowe es aficionado al ajedrez, concretamente a los estudios y problemas de ajedrez. En un entorno podrido por el dinero y la ambición, el ajedrez es el único reducto donde se refugia la hermosura y la racionalidad. En Blade Runner, la partida de ajedrez entre Tyrrell (el aprendiz de brujo) y el desdichado Sebastian sirve de excusa para que se muestre la superioridad del líder de los replicantes (espléndido Rutger Hauer): encuentra un mate en dos antes de sacarle los ojos a Tyrrell. Su miedo íntimo y desamparado a la muerte, "el sueño eterno", tan humano y tan terrible, hace al robot el verdadero protagonista de la historia.

martes, 13 de mayo de 2008

Hijos de Homero. Bernardo Souvirón.


He disfrutado mucho con esta pequeña joya, que rezuma sabiduría por todas sus páginas. Se nota que el autor ha dedicado su vida al estudio de la literatura griega, y el libro resume sus brillantes y personales conclusiones. No es un manual de historia al uso de la Grecia antigua, sino un elegante análisis de la evolución de los mitos y de la ideología desde la época minoica a la Atenas clásica, fácil de leer y de entender, incluso para profanos. Pero lo que lo hace enormemente interesante es que el autor rastrea en las fuentes literarias (especialmente en Homero) los modelos sociales que han llegado hasta nosotros: por ejemplo, el militarismo, la postergación de la mujer o el sentimiento de culpa del que bebe el cristianismo. Nuestra sociedad occidental (y nuestros valores y nuestras creencias) son como son debido a que las sociedades que nos precedieron, especialmente las formadas por las invasiones indoeuropeas en el extremo sureste de Europa, fueron como fueron. Aunque Aquiles o Héctor no tenían armas de hierro, sus pensamientos son nuestros pensamientos. Y tenemos la suerte de que algunos de esos pensamientos (los más hermosos y también los más horribles) quedaron guardados por la magia de la escritura. Por ello, todos somos "hijos de Homero". Y tenemos la suerte de tener filólogos como Souvirón que nos hablan de ese pasado para que podamos pensar el presente.

lunes, 12 de mayo de 2008

Spiderman 3


Me saqué del vídeo club Spiderman 3, de Sam Raimi. A pesar de las palomitas y de la cerveza, me pareció larga y aburrida. Y eso que Spiderman 1 y Spiderman 2, también con Maguire de Peter Parker, me gustaron. Junto con el Batman Begins de Nolan, han sido de lo mejorcito de los últimos años en esta clase de cine. Pero la fórmula de usar los héroes de Marvel y sus historias, que ha permitido a la industria cinematográfica norteamericana disimular la escasez de buenos guiones durante la última década, se les ha agotado. A la peli le sobraba más de media hora y un par de supervillanos. Y espero que no sigan prolongando la saga porque la cosa seguirá empeorando. Me parece que el problema es que intentan trasladar todos los aspectos de una aventura gráfica en papel a la pantalla. Y todos no caben. En Spiderman 3, coinciden Harry, el amigo-enemigo de Parker, el Hombre de Arena y un parásito alienígena muy malvado. Y además, todas las neuras erótico-morales del pobre Peter Parker, el más amargado de los iconos de la modernidad, con su novia eterna, MJ, interpretada por Kirsten Dunst, con unos ojos verdes que no salían en las historietas en blanco y negro. Todas estas cosas cabían de forma mágica en 40 páginas que se podían comprar en un quiosco o en un mercadillo de tebeos, pero en una peli chirrían. Aunque vayan acompañadas de unos efectos especiales tan bien hechos que no se adviertan (sospecho que han elegido al Hombre de Arena como uno de los malos porque es el más fácil de recrear por ordenador). Claro, que si no intentan trasladar todo el cómic a la peli ¿qué les queda?
Spidey fue el héroe de la niñez y de la adolescencia de muchos de nosotros. Y no era el más poderoso, ni el más grande, ni el más rápido. Pero era el personaje que mejor había captado la idea que llevó a los superhéroes a ser el máximo exponente de la cultura pop. Esa idea era la ficción de que cualquiera (el empollón de la clase, el más tonto) podía ser un héroe, sin más que recibir la picadura de una araña y ponerse unos calzoncillos rojos. Así que todos éramos ese adolescente que todavía no pega el estirón y se lleva más collejas de la cuenta; pero que tiene una identidad secreta y salva al mundo en un santiamén, o al menos, a su chica. Y Mislata era Nueva York o Gotham City.

martes, 6 de mayo de 2008

El carácter de la ley física.


Durante los días de fiesta de la semana pasada, estuve disfrutando esta pequeña joya de la divulgación científica. El libro recoge las conferencias que dio el Nobel Richard Feynmann en la Universidad de Cornwell en 1964. Feynmann ha pasado a la historia de la física por su manera original de ver y explicar las cosas. Y ello se nota en estas charlas para profanos. Con sencillez admirable (y casi sin aparato matématico) trata varios aspectos fundamentales del modelo que tenemos del mundo, especialmente cómo una misma ley fundamental nos provee de varias interpretaciones equivalentes y a la vez, complementarias. Mi pequeño cerebrito se perdió un poco en la explicación del concepto de simetría en las leyes físicas. Me volví a ubicar en el capítulo en el que usa la célebre metáfora del ajedrez para explicar qué es la investigación en física: somos al fin y al cabo, observadores de una partida en la que no conocemos todas las reglas del juego; pero en la que podemos ir haciendo deducciones y construyendo modelos que se apoyan unos en otros.

lunes, 5 de mayo de 2008

El gran Lebowski


El sábado pasado, sacamos del vídeoclub "El gran Lebowski". Ya sé que todos la hemos visto muchas veces; pero siempre me hace gracia, siempre me parece una obra maestra. Como sabéis, estoy abducido por los Coen.
Además, cada vez que la veo, encuentro cosas nuevas. Esta vez, vi en "El Nota" (ese trasunto paródico de Marlowe) arranques de heroicidad en los que no había reparado otras veces. En el fondo, le duele que la señorita Bunny "te la chupo por 1.500 dólares" pueda sufrir daño por su ineptitud. Claro que intentar hacer algo es muy cansado...
En esta ocasión, puse más atención en Walter, el personaje interpretado por John Goodman. Es grande, ruidoso, agresivo y tonto. Sus manías (Vietnam, el judaísmo) le hacen sufrir; pero al mismo tiempo lo mantienen. No duda en usar la fuerza, aunque suele estropear más de lo que arregla cuando intenta hacer cumplir las normas. Sus normas. Y todo lo convierte en algo ridículo. Pero acaba llorando, abrazado al "Nota", porque está solo, muy solo. Buena imagen de los USA.