martes, 30 de septiembre de 2008

Las mentiras de Ulises: la lógica y las trampas del pensamiento.


"Metaphysica sunt, non leguntur"
Era una cálida noche en Sevilla, discutía con un amigo sobre la fe y la existencia de Dios. Mi amigo, ingenuamente, citó los llamados "argumentos ontológicos" que aspiran a "demostrar" la existencia de Dios mediante la "razón". Esos argumentos se basan en una tautología: lo creado necesita un creador. Para mi amigo, formado en una prestigiosa universidad católica del norte de España, San Agustín seguía siendo lo último en lógica argumentativa. Por desgracia para mi buen amigo y para muchos otros creyentes bienintencionados, esos argumentos y en general, toda la escolástica, quedaron refutados y arrinconados hace mucho tiempo. Eso sí, la humanidad necesitó siglos para ser capaz de deslindar lo que había de razonable y lo que había de mera palabrería en el monumental edificio de la lógica y de la filosofía occidental.
Y eso me recordó un libro muy recomendable que viajó muchas veces desde las estanterías de la biblioteca a mi mesilla de noche y que nunca se dejaba acabar. El libro es "Las mentiras de Ulises" del matemático, lógico y divulgador italiano Odifreddi. Aunque aparentemente, se trata de una mera historia de la lógica, la perspicacia y la capacidad analítica de Odifreddi lo convierten en un libro imprescindible para quienes quieran conocer algo más acerca de la lógica y del pensamiento. Recorre la lógica aristotélica, la escolástica, la obra de Leibniz y los principales hallazgos del siglo XX (Russell, Gödel, Wittgenstein, Tarski, etc...). Por supuesto, estos últimos capítulos eran un poco grandes para mi pequeño cerebrito.
El autor hace numerosas aclaraciones etimológicas (no en vano, la logica es la ciencia del pensamiento tal y como se expresa a través del lenguaje, es decir, a través de las palabras). Además, trata las anécdotas históricas con un fino sentido del humor que convierte a algunas páginas en divertidísimas: "Un teólogo racional digno de este nombre debería tener, pues, el valor intelectual de proponer como lema intelligo ut credam (entiendo para creer) y rechazar creer en aquello que no (se) entiende. Así hizo Abelardo, que, al ser un lógico, entendía ciertas cosas. Y también debía entender otras, porque en 1119 dejó encinta a una bella adolescente llamada Eloísa, que le había sido confiada para que la educase, aunque en otros saberes. Al tutor de la muchacha no le agradó el cambio de plan de estudios y los obligó a casarse, cosa que el novio quiso mantener en secreto para no estropear su carrera académica. Así que estropeó otra, porque el tutor lo hizo emascular: una especie de contrapaso, dado que precisamente a Abelardo se debe la introducción del término "cópula" en la lógica".

lunes, 29 de septiembre de 2008

Groucho y yo.


"La lectura es el acicate de la imaginación y la enemiga del estudio" escribía cierto tratadista severo, aleccionando a los adolescentes. Yo perdí (o gané) muchas horas de mi vida leyendo sin orden ni concierto en lugar de estudiar mis apuntes de Termodinámica o de Electrotecnia. Tengo un recuerdo brumoso, irreal, de frías mañanas en la biblioteca de la Universidad. Llegaba de los primeros; pero las horas se iban en lecturas extrañas, anárquicas, en apariencia improductivas. Uno de los libros que llenaron aquellas mañanas fue esta autobiografía de Groucho Marx (1890-1977).
Estas últimas noches, he tenido la oportunidad de releerlo, aunque no es la misma edición y ahora el libro es mío, y ya no me siento mal por dedicar algo de mi tiempo al viejo Groucho.
En "Groucho y yo", el célebre humorista nos cuenta, de una forma muy convencional y tranquilita, su vida de jovencito judío de Nueva York, de comediante y finalmente, de estrella mundial. Obviamente, sus hermanos aparecen de vez en cuando en la historia. Y son unos secundarios estupendos. Aunque no es el único libro de Groucho, creo que es el más valioso y el más personal. El tono y el humor son parecidos al de sus actuaciones: se permite zaherir de vez en cuando al lector, ridiculiza sin piedad a los que le han perjudicado y asume sus grandezas y miserias como quien no quiere la cosa y llega a arrancar alguna sonrisa. Con todo, cierta amargura sutil flota por todo el texto: creo que es el sabor característico de todas las buenas biografías.
Uno de los capítulos es de especial actualidad: cuando describe la crisis de 1929. Groucho reconoce que perdió un cuarto de millón de dólares. Era el boom financiero y todo el mundo pensaba que se podía hacer rico comprando acciones y la avaricia cegaba el razonamiento. Y todo se ha repetido. Y se repetirá hasta el fin de los tiempos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona.


El sábado pasado, fuimos al cine a ver la última de Woody Allen. Y fue como los cines de antes: había gente, mucha gente, colas, expectación, murmullos en el sala, cachondeo, ilusión, morbo. Como cuando mis padres iban al cine en el pueblo a ver dramones americanos. Y cuando apareció la Penélope en la pantalla, la sala empezó a reir, a aplaudir. Y yo me sentía feliz. Y cuando llegó el morreo entre la Penélope y la Scarlett, pues me sentí más feliz todavía. Y eso que por primera vez en muchos años, nos habíamos tenido que sentar en un lado y tan adelante que me parecía oler el olor de macho de Bardem.
Los fans de Woody Allen notarán que no se ha esforzado mucho para hacer su última comedia: típica historia con triángulo amoroso, un poco de oficio, un latin lover, unos diálogos apañaditos, buena fotografía de Aguirresarobe, buenos actores y que la gente se lo pase bien. Eso sí, es imprescindible verla en versión original, porque la historia juega a menudo con los cambios del inglés al castellano, que son a su vez, la contraposición entre dos mundos: el anglosajón, cerebral, previsor, y el mediterráneo: pasional, improvisador. Al que no le gusten los tópicos que no vaya, porque hay unos cuantos. Hasta cuando visitan Oviedo sigue sonando flamenco. Supongo que es lo que tenía que darle al público norteamericano que, al parecer, ha valorado bastante bien la peli y va a votar como presidente a McCain, que no sabe dónde está España.
Creo que lo mejor son los actores: Rebecca Hall, que es una preciosidad, hace de Vicky. La Johansson hace de Johansson y uno le tiene mucha envidia a Bardem. El personaje de Penélope es demasiado histérico e histriónico; pero aún así la chica se luce y es que cuando se pone basta, y tiene un buen director detrás, no hay quien le gane.

Che, el argentino.


La película ha sido protagonizada y pagada por Benicio del Toro. Para dirigir lo que parece ser el gran proyecto de su vida, ha buscado a Soderbergh, que cinematográficamente hablando, le pega a la carne y al pescado. Al parecer, la primera versión era mucho más larga y la han dividido en dos pelis. "Che, el argentino" cuenta la participación del Che en la guerra revolucionaria en Cuba (finales de 1956- principios de 1959) y supongo que la segunda parte describirá los años del Che en el gobierno revolucionario y su fallida aventura en Bolivia.
Creo que el mito del Che, tan abrumador, tan desmesurado, les ha venido demasiado grande a Soderbergh y a del Toro. Se han asustado y han acabado haciendo un peli plana, narrativa, simplona, aséptica, que se ciñe estrictamente a los "Cuadernos" autobiográficos que el doctor Guevara escribió. Parece más un documental que una película, más una película bélica que una película histórica. Supongo que querían hacer una peli que funcionara bien en el mercado norteamericano y las Selvas de Sierra Maestra podrían ser las selvas de cualquier lado y el Che guerrillero podría ser cualquier guerrillero. Pero la cuestión es que la Revolución triunfó precisamente porque esas eran las selvas y ese era el guerrillero, ese hombre extraño y brutalmente coherente. En ese sentido, creo que "Diarios de motocicleta", la peli sobre el primer viaje de Ernesto Guevara por América Latina es mucho más sutil y artística.
"Che, el argentino" es muy buena en los aspectos técnicos (la narración de las acciones, la interpretación de Castro (Demián Bichir) y de los otros secundarios, los escenarios, etc.); pero carece de la poesía que, independientemente de su valoración política o histórica, supuso la gesta de los barbudos. Me sigue pareciendo asombroso que 17 hombres mal armados y aislados pudieran derrotar a un ejército profesional bien equipado y apoyado por el gran amo. Y en ese sentido, el personaje de Guevara es tan potente que hay momentos en la peli que deberían emocionar a cualquiera: cuando alfabetiza a los combatientes o hace reconocimientos médicos a los guajiros ("Pero si tú estás muy bien, ¿por qué has venido al reconocimiento?- Es que nunca vi un médico y quería ver cómo eran").
Supongo que los EEUU no llegaron a comprender nunca lo que estaba pasando y acabaron transformando a una pequeña guerrilla de Cristos-Guevaras iluminados en un pueblo armado y enfurecido y al nuevo gobierno nacionalista en un enemigo nuclear en, como dijo Neruda, la mitad de su manzana. La historia siguió su curso y los cantares de gesta se transformaron en formularios burocráticos. Al menos, nos quedan las pelis y los libros.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La economía del fraude inocente. John K. Galbraith


En pleno crack financiero, he releído este breve ensayo, que pasa por ser el testamento intelectual del célebre e influyente economista norteamericano John Kenneth Galbraith. Aunque el subtítulo que los editores españoles le han puesto al libro: "La verdad de nuestro tiempo" puede parece excesivo, no anda del todo desencaminado. El viejo Galbraith intenta mostrar lo que considera que es el verdadero modelo económico global. Aunque alguna de sus conclusiones puede ser discutible, no se le puede reprochar falta de ambición o de visión de conjunto.
Según Galbratih, ya no es adecuado llamar al sistema "capitalista" o de "economía de mercado" puesto que el capitalismo implica poder del poseedor del capital y mercado poder del consumidor, y en la actualidad, el poder no lo tienen ni unos ni otros, sino las minorías que gestionan las burocracias de las grandes corporaciones. Así que propone como nuevo nombre del modelo "sistema corporativo". En la crisis que se nos viene encima, es evidente que las burocracias que gestionan las finanzas no han trabajado para el bien de los accionistas, sino para su beneficio propio a corto plazo.
También discute la tradicional distinción entre economía pública y economía privada y pone como ejemplo, la influencia que las grandes corporaciones tienen en las decisiones públicas estadounidenses, en especial en lo que se refiere a política exterior o defensa. Cita la famosa predicción de Dwight D. Eisenhower acerca del "complejo militar-industrial". No sé hasta qué punto es válida esa discusión para Europa.
Por último, ataca el mito de que pueda hacerse algo al respecto de las recesiones o de los procesos inflacionarios (en especial critica, como buen demócrata, las reducciones de impuestos a las clases más pudientes e influyentes). Dice "son acciones manifiestamente ineficaces, pues no consiguen hacer lo que se supone que deben hacer. Pese a ellas, la recesión y el desempleo o el auge y la inflación se mantienen. He aquí nuestra más apreciada y, si se la examina con cuidado, más evidente forma de fraude". Estas últimas consideraciones son de especial actualidad: ¿qué deben hacer la Reserva Federal o el Banco Europeo ante la gran estafa que ha supuesto la burbuja crediticia de la última década? ¿deben hacer algo?
Si alguno de nuestros políticos hubiera leído algo en la vida, aparte de sus apuntes de Derecho Romano, quizá citaría a Galbraith en el actual debate.

martes, 16 de septiembre de 2008

Conviertáse en brujo, conviértase en sabio. Charpak&Broch


En algún capítulo de los Simpson, ese mundo inagotable dentro del mundo, se puede ver que Lisa está suscrita a una revista cuyo título es más o menos "The Young American Skeptic". Me gusta esa palabra "escéptico" que define a los que dudan de manera sistemática, a los que ponen en cuestión las cosas, especialmente las creencias irracionales, la superstición o la religión. Los escépticos, quizá ingenuamente, aspiran a iluminar las sombras de la vida con una velita. Dice el libro "esta pequeña vela es la razón. Constituye un instrumento modesto, sin duda, y no podría resolver todos nuestros problemas; pero esta vela es lo más valioso que tenemos". (N. Baillargeon). Me considero un poco escéptico y me interesa la desmitificación científica de los "presuntos" fenómenos paranormales. Así que compré este libro de saldo, atraido por la firma de Charpak, premio Nobel de física en 1992 y uno de los cerebros del CERN.
Para mi decepción, el libro es muy flojillo. No me extraña que lo hayan tenido que vender a peso. Es un mero compendio desorganizado de anécdotas, trucos, estafas desenmascaradas y opiniones. En lo que se refiere a la explicación estadística de fenómenos "extraordinarios" prefiero los libros de Allen Paulos. Y además, cuelan unas reflexiones tendenciosas sobre el activismo ecológico y lo intentan confundir inopinadamente con sectas, religiones o supercherías de gurús. Aunque algo de eso haya, deberían argumentar mejor sus opiniones o colocarlas en otro lado.
Cambiando totalmente de tercio, me llamó la atención una frase que no tiene nada que ver con los temas del libro: hablando del "reconocimiento" de caras en manchas de humedad dice (pág. 122): "¿Cuántas hay en las paredes de todas las ciudades de Francia o de Navarra?" Es curioso que en un libro francés, muy francés, se distinga todavía la Navarra ultrapirenaica (Iparralde en la terminología abertzale), la parte que le tocó a los reyes franceses cuando la invasión y reparto del viejo reino a principios del siglo XVI.

jueves, 11 de septiembre de 2008

"Sospechosos habituales" Bryan Singer (1994).


Hace poco, volví a ver este thriller que lanzó definitivamente a Kevin Spacey para los papeles de villano ambiguo y astuto. Me impactó menos que la primera vez que lo vi, lo que era muy predecible, dado que el argumento se basa en cierto engaño al espectador, que se mantiene a lo largo de toda la historia. Una vez conocido el engaño, el suspense pierde mucho calibre, y uno se tiene que conformar con una peli de acción convencional. Con todo, me parece una película bien construida, sin demasiadas persecuciones ni tiros, muy entretenida y bastante recomendable. El director dispuso de una buena colección de actores haciendo de malos (Spacey, Stephen Baldwin, Gabriel Byrne, Benicio del Toro) y de un poli creíble (Palminteri) para llevarla adelante.
En la historia juega un papel importante la referencia a cierto delincuente mítico "Kaiser Soze", que inspira terror en los bajos fondos; pero que nadie ha visto nunca. Precisamente, en esa indefinición, en esa bruma, radica su poder...Como dice Spacey: "el mejor truco que inventó el Diablo fue convencer al mundo de que no existía". A otros niveles, otros diablos han conseguido lo mismo en nuestra sociedad...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Los girasoles ciegos.


A nadie se le escapa que el actual interés del PSOE (y de su juez-estrella) en la recuperación de la memoria histórica tiene mucho de partidista: es la típica pantalla de humo para ocultar su incapacidad para gestionar la crisis económica y es una de las pequeñas medidas con las que quiere seguir simulando que es un partido socialdemócrata y progresista.
Con todo, me parece loable que la sociedad española se enfrente de una vez a los fantasmas de su pasado. ¿Qué tiene de malo la verdad? Otras sociedades, donde las heridas estaban más recientes, han afrontado sus propias tragedias: Argentina, Chile, o más próximos a nosotros: la antigua Alemania comunista (imprescindible ver "La vida de los otros").
Sin embargo, nuestra sociedad sigue enferma: una parte de ella sigue instalada en un oscuro pasado y negándose a reconocer el derecho a la reparación al resto. Al fin y al cabo, se siguen viendo como herederos y cómplices de los vencedores en el 39.
Y en este marco, "casualmente", se estrena la nueva película de José Luis Cuerda, un dramón ambientado en la Galicia de 1940: un intelectual que tiene que permanecer escondido en su casa y la presencia omnípoda de la Iglesia Católica, la gran vencedora, la gran vengadora.
Como otras películas de Cuerda, no está mal; pero no llega a cuajar, algo no funciona. Tiene un buen argumento (la novela de Alberto Méndez), buenos actores (Maribel Verdú, Javier Cámara) y una excelente ambientación. Sin embargo, creo que se le han atragantado algunos matices de la novela: no le llega a sacar todo el partido a la angustia del encerrado, que fue la de millones de españoles. Cámara vivió la esperanza de un nuevo mundo luminoso y tiene que vivir después oculto para que no lo maten mientras los vencedores humillan contínuamente a su mujer. También nos dio la impresión de que sobra la parte de la huída de la hija mayor, demasiado tremendista para el tono general, tenso y lento, de la historia.
Aún así, la peli tiene muchas cosas buenas: especialmente la magistral interpretación de José Angel Egido, que hace de rector del seminario. Es un hombre de palabras medidas, de calculados silencios, que conoce las flaquezas humanas y la verdad de las cosas y que ha manipulado y sigue manipulando, después de su victoria. Su cara regordeta y floja es una buena imagen de la iglesia católica, esa organización que pasa por la historia, pero por la que la historia no pasa...

viernes, 5 de septiembre de 2008

"An italian job" (Collinson, 1969)


Anoche vi esta película, a la que se puede llamar "clásica", ya que ha dado lugar a algún remake y ha influido mucho en el cine posterior de robos. Creo recordar que la curiosa persecución de los minis también aparece en la infame "Ocean thirteen".
El interés de la película radica más en su estética que en su argumento, ya que el robo dirigido por un jovencísimo Michael Caine es inverosímil: es decir, "coge el dinero y corre". Eso sí, el ambiente, las ropas y la música son un homenaje a ese final de los sesenta de colores, demasiados colores...
Hay otra cosa de la película que me llamó la atención : rezuma ese sentido de superioridad de los británicos (especialmente los ingleses) sobre el resto del universo. Los italianos son representados como inferiores, como meros comparsas que bailan al son que dictan los astutos ladrones, que pueden dar el golpe del siglo sin necesidad de colaboración nativa. Los policias italianos aparecen como imbéciles. No quiero ni pensar cómo hubiera sido si la peli hubiera transcurrido en la Rumanía de Ceaucescu o en la Spain de Franco.