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Mostrando entradas de septiembre, 2008

Las mentiras de Ulises: la lógica y las trampas del pensamiento.

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"Metaphysica sunt, non leguntur"
Era una cálida noche en Sevilla, discutía con un amigo sobre la fe y la existencia de Dios. Mi amigo, ingenuamente, citó los llamados "argumentos ontológicos" que aspiran a "demostrar" la existencia de Dios mediante la "razón". Esos argumentos se basan en una tautología: lo creado necesita un creador. Para mi amigo, formado en una prestigiosa universidad católica del norte de España, San Agustín seguía siendo lo último en lógica argumentativa. Por desgracia para mi buen amigo y para muchos otros creyentes bienintencionados, esos argumentos y en general, toda la escolástica, quedaron refutados y arrinconados hace mucho tiempo. Eso sí, la humanidad necesitó siglos para ser capaz de deslindar lo que había de razonable y lo que había de mera palabrería en el monumental edificio de la lógica y de la filosofía occidental.
Y eso me recordó un libro muy recomendable que viajó muchas veces desde las estanterías de la biblio…

Groucho y yo.

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"La lectura es el acicate de la imaginación y la enemiga del estudio" escribía cierto tratadista severo, aleccionando a los adolescentes. Yo perdí (o gané) muchas horas de mi vida leyendo sin orden ni concierto en lugar de estudiar mis apuntes de Termodinámica o de Electrotecnia. Tengo un recuerdo brumoso, irreal, de frías mañanas en la biblioteca de la Universidad. Llegaba de los primeros; pero las horas se iban en lecturas extrañas, anárquicas, en apariencia improductivas. Uno de los libros que llenaron aquellas mañanas fue esta autobiografía de Groucho Marx (1890-1977).
Estas últimas noches, he tenido la oportunidad de releerlo, aunque no es la misma edición y ahora el libro es mío, y ya no me siento mal por dedicar algo de mi tiempo al viejo Groucho.
En "Groucho y yo", el célebre humorista nos cuenta, de una forma muy convencional y tranquilita, su vida de jovencito judío de Nueva York, de comediante y finalmente, de estrella mundial. Obviamente, sus hermanos apa…

Vicky, Cristina, Barcelona.

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El sábado pasado, fuimos al cine a ver la última de Woody Allen. Y fue como los cines de antes: había gente, mucha gente, colas, expectación, murmullos en el sala, cachondeo, ilusión, morbo. Como cuando mis padres iban al cine en el pueblo a ver dramones americanos. Y cuando apareció la Penélope en la pantalla, la sala empezó a reir, a aplaudir. Y yo me sentía feliz. Y cuando llegó el morreo entre la Penélope y la Scarlett, pues me sentí más feliz todavía. Y eso que por primera vez en muchos años, nos habíamos tenido que sentar en un lado y tan adelante que me parecía oler el olor de macho de Bardem.
Los fans de Woody Allen notarán que no se ha esforzado mucho para hacer su última comedia: típica historia con triángulo amoroso, un poco de oficio, un latin lover, unos diálogos apañaditos, buena fotografía de Aguirresarobe, buenos actores y que la gente se lo pase bien. Eso sí, es imprescindible verla en versión original, porque la historia juega a menudo con los cambios del inglés al ca…

Che, el argentino.

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La película ha sido protagonizada y pagada por Benicio del Toro. Para dirigir lo que parece ser el gran proyecto de su vida, ha buscado a Soderbergh, que cinematográficamente hablando, le pega a la carne y al pescado. Al parecer, la primera versión era mucho más larga y la han dividido en dos pelis. "Che, el argentino" cuenta la participación del Che en la guerra revolucionaria en Cuba (finales de 1956- principios de 1959) y supongo que la segunda parte describirá los años del Che en el gobierno revolucionario y su fallida aventura en Bolivia.
Creo que el mito del Che, tan abrumador, tan desmesurado, les ha venido demasiado grande a Soderbergh y a del Toro. Se han asustado y han acabado haciendo un peli plana, narrativa, simplona, aséptica, que se ciñe estrictamente a los "Cuadernos" autobiográficos que el doctor Guevara escribió. Parece más un documental que una película, más una película bélica que una película histórica. Supongo que querían hacer una peli que fun…

La economía del fraude inocente. John K. Galbraith

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En pleno crack financiero, he releído este breve ensayo, que pasa por ser el testamento intelectual del célebre e influyente economista norteamericano John Kenneth Galbraith. Aunque el subtítulo que los editores españoles le han puesto al libro: "La verdad de nuestro tiempo" puede parece excesivo, no anda del todo desencaminado. El viejo Galbraith intenta mostrar lo que considera que es el verdadero modelo económico global. Aunque alguna de sus conclusiones puede ser discutible, no se le puede reprochar falta de ambición o de visión de conjunto.
Según Galbratih, ya no es adecuado llamar al sistema "capitalista" o de "economía de mercado" puesto que el capitalismo implica poder del poseedor del capital y mercado poder del consumidor, y en la actualidad, el poder no lo tienen ni unos ni otros, sino las minorías que gestionan las burocracias de las grandes corporaciones. Así que propone como nuevo nombre del modelo "sistema corporativo". En la crisi…

Conviertáse en brujo, conviértase en sabio. Charpak&Broch

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En algún capítulo de los Simpson, ese mundo inagotable dentro del mundo, se puede ver que Lisa está suscrita a una revista cuyo título es más o menos "The Young American Skeptic". Me gusta esa palabra "escéptico" que define a los que dudan de manera sistemática, a los que ponen en cuestión las cosas, especialmente las creencias irracionales, la superstición o la religión. Los escépticos, quizá ingenuamente, aspiran a iluminar las sombras de la vida con una velita. Dice el libro "esta pequeña vela es la razón. Constituye un instrumento modesto, sin duda, y no podría resolver todos nuestros problemas; pero esta vela es lo más valioso que tenemos". (N. Baillargeon). Me considero un poco escéptico y me interesa la desmitificación científica de los "presuntos" fenómenos paranormales. Así que compré este libro de saldo, atraido por la firma de Charpak, premio Nobel de física en 1992 y uno de los cerebros del CERN.
Para mi decepción, el libro es muy flo…

"Sospechosos habituales" Bryan Singer (1994).

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Hace poco, volví a ver este thriller que lanzó definitivamente a Kevin Spacey para los papeles de villano ambiguo y astuto. Me impactó menos que la primera vez que lo vi, lo que era muy predecible, dado que el argumento se basa en cierto engaño al espectador, que se mantiene a lo largo de toda la historia. Una vez conocido el engaño, el suspense pierde mucho calibre, y uno se tiene que conformar con una peli de acción convencional. Con todo, me parece una película bien construida, sin demasiadas persecuciones ni tiros, muy entretenida y bastante recomendable. El director dispuso de una buena colección de actores haciendo de malos (Spacey, Stephen Baldwin, Gabriel Byrne, Benicio del Toro) y de un poli creíble (Palminteri) para llevarla adelante.
En la historia juega un papel importante la referencia a cierto delincuente mítico "Kaiser Soze", que inspira terror en los bajos fondos; pero que nadie ha visto nunca. Precisamente, en esa indefinición, en esa bruma, radica su poder..…

Los girasoles ciegos.

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A nadie se le escapa que el actual interés del PSOE (y de su juez-estrella) en la recuperación de la memoria histórica tiene mucho de partidista: es la típica pantalla de humo para ocultar su incapacidad para gestionar la crisis económica y es una de las pequeñas medidas con las que quiere seguir simulando que es un partido socialdemócrata y progresista.
Con todo, me parece loable que la sociedad española se enfrente de una vez a los fantasmas de su pasado. ¿Qué tiene de malo la verdad? Otras sociedades, donde las heridas estaban más recientes, han afrontado sus propias tragedias: Argentina, Chile, o más próximos a nosotros: la antigua Alemania comunista (imprescindible ver "La vida de los otros").
Sin embargo, nuestra sociedad sigue enferma: una parte de ella sigue instalada en un oscuro pasado y negándose a reconocer el derecho a la reparación al resto. Al fin y al cabo, se siguen viendo como herederos y cómplices de los vencedores en el 39.
Y en este marco, "casualmente…

"An italian job" (Collinson, 1969)

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Anoche vi esta película, a la que se puede llamar "clásica", ya que ha dado lugar a algún remake y ha influido mucho en el cine posterior de robos. Creo recordar que la curiosa persecución de los minis también aparece en la infame "Ocean thirteen".
El interés de la película radica más en su estética que en su argumento, ya que el robo dirigido por un jovencísimo Michael Caine es inverosímil: es decir, "coge el dinero y corre". Eso sí, el ambiente, las ropas y la música son un homenaje a ese final de los sesenta de colores, demasiados colores...
Hay otra cosa de la película que me llamó la atención : rezuma ese sentido de superioridad de los británicos (especialmente los ingleses) sobre el resto del universo. Los italianos son representados como inferiores, como meros comparsas que bailan al son que dictan los astutos ladrones, que pueden dar el golpe del siglo sin necesidad de colaboración nativa. Los policias italianos aparecen como imbéciles. No quiero ni…