sábado, 8 de abril de 2017

Películas de marzo.

Ya ha pasado un marzo de afanes y prisas. Donde el trabajo y la competición se llevaron mucha energía. El otro día leí una pintada que decía: "¿Cuánta vida te cuesta tu salario?" Marzo se me llevó mucha vida, que espero recuperar en abril. Y claro, el blog, sin tocar. Como penitencia, como punto de inflexión, como disciplina narcisista, hago reseñas breves de lo que he visto en estas 5 semanas sin escribir nada.

En el cine, vimos "Moonlight", la gran sorpresa de los Óscar. También nos sorprendió a nosotros. Mi compañera de trabajo, Sandra, con la que coincidimos en la sala, decía a la salida con visible complacencia: "vaya, vaya con la academia". Y es que es  una peli sobre minorías en minorías. Y rematadamente bien hecha, que crece según avanza el drama y atrapa a cualquier persona con algo de sensibilidad. Y es que este negocio de las emociones se inventó allí.

Y para seguir con las minorías, en la tele vi la peli de acción "Gangster squad", sin interés. Curiosamente, el día de antes había estado leyendo en esa droga bendita que es la wikipedia acerca de la "Jewish mob". El requetemalo de la peli era Mickey Cohen, de origen judío. También vi "Transcendence", una peli sobre la eclosión de la IA fuerte. Mucho presupuesto y muchas ideas para el lucimiento del Jonny Depp. No me convenció del todo. A Roberto, que lee más sobre Inteligencia artificial, tampoco.
 
Sin saber de qué trataba, entramos a ver "Locas de alegría" ("La pazza giogia"), una tragicomedia italiana del 2016, premiada en la Seminci de Valladolid. Nos gustó, aunque salimos tristes del cine porque las locas nos recordaban a mucha gente, a muchas cosas.

En la 2, me vi la famosa "Sierra de Teruel" ("Espoir"), la peli propagandística que en plena guerra civil (1938-1939) escribió y rodó André Malraux. Tuvieron que acabar el rodaje en Francia debido a la victoria franquista. Recuerdo de un tiempo que todavía está aquí de una manera u otra, entremezclado con nuestros recuerdos familiarias, con nuestras esperanzas, con nuestros fracasos como sociedad. Me produjo cierta ternura ver imágenes de los Alpes para simular las montañas del sur de Aragón (un avión republicano se estrella "más arriba de Valdelinares"). Más arriba de Valdelinares no hay nada.

Precisamente anoche, también hacían "Libertarias", en el mismo ciclo sobre la guerra civil. Yo preferí ver "Torrente 4".   

viernes, 3 de marzo de 2017

Manchester frente al mar y Hedi.



Cuando vamos al cine, no solemos fijarnos si la peli va a ganar o si ha ganado algún premio. Últimamente, hemos ido poco; pero hemos visto dos pelis bastante interesantes, y además premiadas.

La primera fue “Manchester frente al mar”, una traducción horrible del nombre del pueblo de Massachusetts  en el que transcurre la mayor parte de la historia (Manchester-by-the-Sea). Se trata de un dramón que atrapa desde el principio y no te suelta. Una parte del mérito es la forma en la que está contada la historia (guion y dirección de Kenneth Lonergan). El guion se ha llevado un Óscar. Otra parte se debe a la interpretación del Cassey Affleck (que también se ha llevado un Óscar al mejor actor). Salimos del cine asombrados, tristes, empapados de la terrible situación de ausencia que transmite la historia tremenda y honesta. Gente normal a la que le pasan cosas que nos podrían ocurrir a las personas normales.

La segunda, que vimos anteayer, fue “Hedi, un viento de libertad”. La peli transcurre en el Túnez de después de la primavera árabe, con el turismo en crisis por los ataques yihadistas. El protagonista, Hedi, es un calzonazos al que van a casar próximamente. La cosa, al principio, no me pareció demasiado interesante. Conozco muchos huevones como Hedi y a veces, solo algunas veces, me miro al espejo y veo una cara tristona parecida a la del Mastoura (al que le dieron premios en Berlín y en Valladolid). Pero cuando apareció por la pantalla Rym Ben Messaoud, una morenaza que todo lo tiene bonito, me alegré y comprendí perfectamente a ese hombrecillo rompiendo sus cadenas.

martes, 7 de febrero de 2017

El secreto de la modelo extraviada. (Eduardo Mendoza, 2015)




Me lo he pasado muy bien con la quinta novela paródica protagonizada por el que llaman “el detective loco”. Me ha parecido tan buena como la que inauguró la serie: “El misterio de la cripta embrujada” (1979). La ciudad de Barcelona ha seguido evolucionando, y ahora entramos en gimnasios para pijos y se nos revelan tramas de caciques tacaños, con apellidos autóctonos que evaden capitales mientras sueñan con el “país petit.” Y el pobre protagonista anónimo, recién salidito del manicomio, desentrañando misterios y desfaciendo entuertos, mientras pasa hambre y huye de una policía violenta y servil con los poderosos.

Hasta ahora, me había fijado más en cómo el genio humorístico de Mendoza no solamente sirve para poner de manifiesto la brutalidad de las desigualdades de clase, algo que ya reseñamos hace tiempo 

Pero en esta última novela, he observado más al protagonista. Describe sus aventuras con el lenguaje formalista y preciso de un señor redicho. Y esa es su realidad. Una extraña confianza en que todo se va a resolver, en que las cosas resultarán tan lógicas y justas como es el lenguaje bien usado, lo mantiene vivo. Pero también le impide verse a sí mismo: un triste loco maloliente y nervioso, hermano de una prostituta, ayudado por unos travestis y que se tiene que esconder en madrigueras urbanas. Un pobre Alonso Quijano que cambia el mundo, sin más ayuda que sus parrafadas, sus desdichas y su ingenio.

viernes, 3 de febrero de 2017

Pueblos e imperios. (Anthony Pagden)



Con el final de la Guerra Fría, el norteamericano Fukuyama afirmó que la historia había acabado. En lo político, la visión occidental del mundo se imponía en todas partes, prometiendo con más o menos prisa la democracia y los derechos humanos y en lo económico, el neoliberalismo anglosajón aseguraba un progreso general más o menos alcanzable. Pero la historia seguía su marcha imparable, y tres décadas después, descubrimos que Occidente y sus valores pueden colapsar (empezando por la unión entre países europeos) y que en China, la fábrica del mundo, pueden estropearse las máquinas en cualquier momento. El futuro podría ser una distopía, con una VI República Francesa con Leyes de Nüremberg o un nuevo Al-Andalus  en el 2046.


Afuera hay millones de personas que no pueden esperar a que el progreso y los derechos humanos les lleguen por arte de magia. La primavera árabe y Hulliburton reventaron las vallas y la sombra del choque de civilizaciones, esa perogrullada infantil de Hungtinton, se presenta en forma de inmigración y de islamofobia. El imperio, como todos los imperios, ha perdido su legitimidad y su capacidad y va a levantar muros en lugar de vallas, muros cada vez más grandes, que no pararán a nadie. Porque al otro lado del muro hay mucha gente.


Dijo Mark Twain: «History does not repeat itself, but it does rhyme». Y últimamente, he leído alguna cosa interesante con ese símil. El mundo actual sería, más o menos, como el final del Imperio. El romano, obviamente. El espejo en el que todos los europeos nos hemos mirado alguna vez. Trajo polémica el premio que le dieron al prolífico Pérez Reverte, Arturo,  por este artículo 

Pero el tiro no iba tan desencaminado. Más sutil me parece este artículo que leí hace poco con las misma idea 
 

De todos modos, todas estas metáforas adolecen de lo mismo: la historia, la gran historia los hipnotiza. La historia será la que sea; pero la medida de todas las cosas es cada ser humano y su dignidad. Precisamente, en el libro que he leído en las últimas semanas “Pueblos e imperios. Una breve historia de la migración, exploración y conquistas europeas desde Grecia hasta hoy” del británico Anthony Pagden, aparece a veces esa visión humana y compasiva. 


En el libro, aunque breve, se trabaja a fondo la idea de que el imperio romano inspiró y sirvió de vara de medir al resto de imperios occidentales (el ibérico, el británico, el norteamericano). Y cómo las contradicciones que llevaban dentro (la fuerza centrípeta frente a las fuerzas disgregadoras y sobre todo, las contradicciones morales –lo que hagamos en las colonias puede ser hecho en la metrópoli-) se manifiestan con toda su fuerza en sus colapsos. Me asombró que el tipo conociera también algunas de las entretelas del primer gran imperio europeo: el castellano. Y es que, según leo en la Wikipedia, se formó por estos lares y dedicó mucho tiempo al estudio de nuestras lejanas glorias. Glorias que se olvidarán cuando los bárbaros que están al otro lado del muro, quemen nuestras bibliotecas, como presagia Pérez Reverte, Arturo.