viernes, 29 de febrero de 2008

"Las puertas del Edén" de Ethan Coen.


Una buena campaña publicitaria y el Oscar al semidiós Bardem se encargan de recordarnos que tenemos que ir a ver "No es país para viejos".
Todavía no he ido, a pesar de que desde que vi "Fargo", pongo velas a los hermanos Coen cuando me siento triste. Así que he matado el gusanillo con esta colección de relatos de Ethan Coen, el menor de la pareja.
Se trata de una colección de historias, monólogos y diálogos que, inevitablemente recuerdan al ambiente y a los personajes de "Sangre fácil" o "Muerte entre las flores". Salen italianos obesos que pretendían formar su propia banda y acaban de peluqueros, detectives privados que nunca serán Bogart, geishas que prometen edenes, psicópatas y agentes secretos británicos (es decir, más psicópatas).
No es una colección de guiones, sino más bien ideas para guiones que se han convertido en una literatura de pinceladas rápidas y fáciles. De todos modos, se puede saborear el sentido del humor judío y la ternura que inspiran aún los más duros del barrio; que en el fondo, son unos perdedores.

martes, 26 de febrero de 2008

Ocean's thirteen


El viernes la compramos por cable y fue una pérdida de tiempo y de dinero. Es una peli aburrida y tontorrona. Y lo peor del asunto es que eso era previsible teniendo en cuenta cómo eran las dos anteriores. Así que volvimos a caer en la trampa. Lo aviso para que no pique nadie más.
La primera de la saga, "Ocean's eleven" (remake de la peli de los años 60 de Lewis Milestone)se deja ver; pero no me impresionó demasiado a pesar de la pasta que se debieron gastar. La segunda, "Ocean's twelve" es mala y aburrida, tanto si se mira como una peli de robos como si se mira como una parodia de las pelis de robos. "Ocean's thirteen" es una secuela de la secuela, o sea, peor todavía. Supongo que mis chicas querrían ver a los guapos Brad Pitt y George Clooney. ¡Qué cara tiene que estar la vida en Hollywood! ¡Qué castañas tienen que hacer los galanes para poder vivir! Se lo perdonamos a ambos por "Babel" y por "Syriana"
Me gustan mucho las pelis de robos y de timos. Los delincuentes hacen de "buenos" y la imaginación viaja con ellos en la preparación del negocio o en la ejecución del plan. Pero además de protagonistas, coches y edificios, tiene que haber una historia. Y como dicen en blogdecine, en "Ocean Thirteen", debieron escribir el guión en cinco minutos (o ni lo escribieron). Se supone que esas pelis ensalzan la astucia y sus argumentos tienen que cumplir varias reglas. Los delincuentes, para lograr sus objetivos, tienen que compensar medios escasos con la inteligencia (aunque sea una inteligencia perversa): ¿habéis visto " Plan oculto"? Además, el espectador debe ser engañado del mismo modo que lo es la víctima o víctimas del timo, como en "Los impostores" . En "Ocean's thirteen", para hacer el butrón del robo... ¡recurren a la tuneladora del canal de la Mancha! Además, en cualquier momento del eterno metraje, uno es capaz de predecir lo que va a pasar. Con menos gasto, podían haber hecho una telenovela, más o menos con los mismos chistes. Pero si lo que habían querido hacer era una parodia o una comedia; la cosa tampoco tenía gracia. Da la impresión de que el director, Soderbergh, no deja actuar a su plantilla de estrellas, con lo que el engendro se queda en un montoncito de actores consagrados haciendo el payaso, en el peor sentido de la palabra.

jueves, 21 de febrero de 2008

La lluvia amarilla. Llamazares (2)


Tal y como tenía previsto, acudí a escuchar a Llamazares. Estaba la crema de la intelectualidad del barrio, dos o tres profesores de matemáticas y de física despistados y docena y media de chicas aspirantes a escritoras. Muchos traían su correspondiente ejemplar de "La lluvia amarilla" para la firmita. El leonés leyó un texto acerca de la creación literaria. Al principio, me pareció predecible y tópico: la novela como el arte de contar de contar mentiras, etc. Luego la cosa se fue poniendo interesante, cuando empezó a teorizar acerca de que lo importante no es la historia, sino la forma de contarla. Mejoró todavía más cuando acabó de leer y empezó a responder preguntas, o mejor dicho, a analizar su obra a la luz de las cuestiones que le plantearon. Me pareció un tipo sensato y honesto. Además me empezó a caer bien cuando dijo algo como que "no todo el mundo tiene la misma sensibilidad, hay personas que ven un pantano o un pueblo abandonado y dicen 'qué bonito!'.. no saben lo que hay debajo"
Acerca de "El arte de escribir", que era como habían titulado la conferencia, explicó que él lo hacía sin planes preconcebidos, cuidando el estilo, sin predecir el final. Contó la anécdota de que uno de los capítulos de "La lluvia amarilla", considerado la piedra angular de la novela por un "importante crítico", se le había ocurrido en un descanso, viendo en la tele un pueblo abandonado parecido a Ainielle.
Quizá lo que mejor le entendí fue lo de "El escritor elige sus libros, no a sus lectores". No solamente lo dijo porque una vez el ex-presidente Aznar declaró que Llamazares era su escritor favorito, sino porque quiso explicar que no escribió "Luna de lobos" para hacer una reivindicación de la memoria histórica sino para hablar de "hombres acosados por otros hombres", ni "La lluvia amarilla" para llamar la atención de la despoblación del mundo rural, sino para hablar de "la soledad". Aseguró que no predecía la repercusión que iba a tener este último.
Lo cierto es que para muchos aragoneses, Llamazares, no sé si a su pesar, siempre será el que escribió párrafos desgarradores de un Aragón desaparecido:
"Contemplará las ruinas, la soledad inmensa y tenebrosa del paraje. Se santiguará en silencio y esperará que los demás le den alcance. Vendrán todos esa noche: José, de Casa Pano, Regino, Chuanorús, Benito el Carbonero, Aineto y sus dos hijos, Ramón, de Casa Basa. Hombres endurecidos todos ellos por los años y el trabajo. Hombres valientes acostumbrados desde siempre a la tristeza y soledad de estas montañas (...)
Atropelladamente, con la respiración entrecortada y el pulso a punto de rompérseles, registrarán una por una las habitaciones de abajo y la despensa, la tibia -todavía- soledad de la cocina, los rincones subterráneos y sin luz de la bodega. A partir de ese instante, todo sucederá ya con rapidez de vértigo. A partir de ese instante (y después, al tratar de recordar, para contar los hechos), ninguno de ellos podrá saber ya exactamente de qué modo la sospecha dejó paso a la certeza. Porque, cuando el primero de ellos comience a subir las escaleras, todos sabrán ya seguramente, lo que aquí les esperaba desde hacía mucho tiempo. Un frío repentino e inexplicable se lo anticipará. Un ruido de alas negras batirá las paredes advirtiéndoselo. Por eso, nadie gritará aterrado. Por eso, nadie iniciará el gesto de la cruz o el de la repugnancia cuando, tras esa puerta, las linternas me descubran al fin encima de la cama, vestido todavía, mirándoles de frente, devorado por el musgo y por los pájaros"

miércoles, 20 de febrero de 2008

La lluvia amarilla. Julio Llamazares (1)


Esta tarde asistiré a una charla que da Julio Llamazares. Así que durante las últimas noches, he releído "La lluvia amarilla", uno de mis libros preferidos.
"La lluvia amarilla" (seix-Barral, 1984) es el monólogo alucinado y alucinante del último habitante de una aldea del Pirineo aragonés. No exagero cuando digo que es la más brutal descripción de la soledad y del olvido que he leído nunca. El protagonista ve desmoronarse su mundo y su vida con cada invierno y confunde vigilia con sueño, vivos con muertos, recuerdos con pensamientos en una vorágine cruel y desesperada.
Mientras las viejas casas de Ainielle (en el Sobrepuerto del Sobrarbe) van cayendo, el protagonista (o mejor dicho, el alma del protagonista) vaga como un fantasma en un mar de hojas otoñales (la lluvia amarilla). Llamazares logra que no sepamos si el protagonista ya ha muerto o si vive su soledad durante días o durante años enteros; pero cada párrafo es sobrecogedor y terrible, como el "viento de Francia" o "la noche en los bosques del Erata".
Aunque la novela se ha convertido en uno de los iconos culturales de la lucha contra la despoblación de Aragón, el texto va mucho más allá de lo local. Es un viaje al fondo del alma, a ese sitio donde estamos solos, a ese invierno en medio del cual todos hemos estado abandonados alguna vez.

miércoles, 13 de febrero de 2008

El espejismo de Dios


Nuestra orgullosa civilización basada en la ciencia y en la razón está siendo atacada por todas partes: ahí están esos fanáticos islamistas de los atentandos suicidas, los católicos politeístas con su hipocresía y esos cristianos fundamentalistas que interpretan la Biblia al pie de la letra y quieren ser presidentes de los E.E.U.U, para exterminar a los homosexuales e imponer la enseñanza del creacionismo. ¡Horror, terror y pavor! Peores todavía son los relativistas culturales, que son la quinta columna en las filas de la luz. Pero nosotros, los agnósticos, los ateos y los laicistas, tenemos a nuestro propio Rambo: Richard Dawkins, que ciencia en mano !viene a salvarnos!
El autor de "El gen egoísta" y de la teoría de los memes vuelve a la carga para dirigir la resistencia. Entusiasmo no le falta al célebre científico.
Dawkins es ese niño pedante que se sentaba a tu lado en el cole y no sólo se lo sabía todo y te lo quería explicar; además, su ágil intelecto le permitía captar rápidamente las falacias en todos esos argumentos con los que te intentaban convencer de falsedades o de mitos (el Ratoncito Pérez, los Reyes magos, los marcianos, la sumisión de la mujer al hombre en las religiones patriarcales, la existencia de Dios, etc.). Era para pegarle un puñetazo por quitarte la ilusión y por ser tan pesado; aunque en el fondo supieras que tenía razón. El amor puro por la verdad de los hechos y por la ciencia (la expresión más pura de la búsqueda de la verdad), salvaba a ese niño y al actual Dawkins.
Según Dawkins, la religión (se centra especialmente en las religiones teístas) cumple cuatro papeles en la vida humana: explicación, exhortación, consolación e inspiración. El libro está organizado en base a la presunta refutación de esos cuatro papeles. Me convence bastante la discusión acerca de cómo la religión explica sólamente lo que todavía no somos capaces de explicar a través de la ciencia. También encuentro razonable los capítulos dedicados a atacar la religión como fuente de moral: basta leer el Antiguo Testamento para ver que nada bueno nos pueden sugerir los inventores del Dios-Alá de Abraham. Pero encuentro más dudosos los últimos capítulos que apuestan por la ciencia y la razón como fuente de consuelo y sentido vital. Supongo que esa cuestión queda fuera del alcance del libro.
Dawkins, el capitán de los ateos, se queda en aprendiz de poeta. Así que tiene que echar mano de sus antecesores ilustres. En una cita de Russell en las páginas finales: "Creo que cuando me muera me pudriré, y nada de mi YO sobrevivirá. No soy joven y amo la vida. Pero no temblaré de terror por el pensamiento de la aniquilación. Sin embargo, la felicidad no es menos verdadera ni el pensamiento ni el amor menos valiosos porque no sean eternos (...) Incluso aunque las ventanas abiertas de la ciencia al principio nos hagan estremecer de frío en el calor de los mitos humanos tradicionales, al final, ese aire fresco nos da vigor y los grandes espacios son esplendorosos por derecho propio".

lunes, 11 de febrero de 2008

In the valley of Ellah


El viernes pasado fuimos al cine. Hacía tiempo que no íbamos; pero el Dios de la salas vacías no nos lo tuvo en cuenta. Acertamos y vimos "In the valley of Ellah" (del aclamado Paul Haggies). Nos pareció buenísima.
Es una peli dura y bien contada, que apoya todo su argumento en un Tommy Lee Jones envejecido y encorvado. Es la mejor película que he visto sobre la guerra de Irak y transcurre en Estados Unidos. Es un formidable alegato antibelicista y todo lo que vemos de la guerra son grabaciones de móvil. Es una gran película sobre la relación entre padre e hijo; pero el hijo ya no está. Es un thriller interesante y atípico, donde la guapísima Charlize Theron hace de detective. Es una reflexión sobre las gastadas banderas americanas que ondean en las armerías, en los aparcamientos de los centros comerciales en rebajas, en los tristes jardines de los blancos pobres o de los hispanos que se alistan.
Nada parece sobrar en esta película seria, descarnada y honesta.

miércoles, 6 de febrero de 2008

La orden teutónica


Cuando era pequeñín, un bienintencionado profesor pretendía refutar lo que él llamaba "marxismo" con el argumento de que "muchas" acciones humanas a lo largo de la historia han estado motivadas por las creencias y los sentimientos y no por las causas materiales y ponía como ejemplo "las cruzadas". Aquel hombre confundía marxismo con materialismo histórico y además, no iba muy sobradito de ejemplos para su argumento. Cosas de la universidad española.
He recordado aquella dualidad entre lo material y lo espiritual al leer este libro, que me prestó un compañero: "La orden teutónica", de la colección de Planeta Agostini "Enigmas históricos al descubierto". Todavía no he conseguido descubrir a qué enigma histórico debe su inclusión en la colección; aunque el libro me ha parecido interesante como introducción a la historia de los países bálticos.
La orden teutónica nació como el resto de órdenes occidentales, con motivo de las cruzadas. Cuando los poderes feudales europeos dejaron de tener cancha (o interés) en Oriente Medio, la Orden inició una expansión colonial hacia el noreste del Sacro Imperio Germánico. Así, llevó a cabo un lindo genocidio de las poblaciones paganas prutenas y bálticas y las fue sustituyendo por colonos alemanes. Lo normal en la historia europea. El autor, típico alumno de colegio alemán, anda impresionado por la Weltanschauung y la lucha por el Lebensraum y hace mucho hincapié en el carácter étnico de la Orden; pero me parece que la cosa no es para tanto.
En el libro se intenta hacer un análisis de lo esotérico de la Orden (lo de siempre: Thule, la Pactio Secreta, los merovingios, los templarios, los masones,etc, etc.), que no llega a nada.
La reorganización del sistema de poderes alemán con motivo de la reforma luterana acabó con el poder de la Orden, que quedó para las condecoraciones de la aristocracia prusiana.

martes, 5 de febrero de 2008

¿Por qué estamos en guerra?


Este librillo (Anagrama, 2003) recoge algunos textos y conversaciones del difunto escritor Norman Mailer acerca de la invasión de Irak.
Mailer era uno de los intelectuales judíos más influyentes de los E.E.U.U. (se nota que estaba bien informado) y tiende a hablar con cierto tono ex-catedra. Eso se le puede perdonar a un "clásico".
Aunque el libro no aporta cosas demasiado novedosas, el tipo conoce bien el alma norteamericana, así que va un poquito más lejos del análisis primero de las causas de la invasión (el obvio negociete de los Wolfowitz, Cheney y Rumsfeld y la legitimación de Bush III) e intenta describir la lógica ideológica que esconde. Indaga en cómo los "conservadores patritoteros" lo han apostado todo a una transformación generalizada de los E.E.U.U. hacia un Imperio en el sentido estricto de la palabra.
No olvida tampoco la influencia que la visión cristiana fundamentalista ejerce en esta política: "Cuando nos hayamos convertido en la reencarnación del Imperio Romano en el siglo XXI, la reforma moral podrá hacer su entrada triunfal en el panorama."