miércoles, 21 de marzo de 2012

1900: El origen del Arte Publicitario.


Para aprovechar la última tarde de vacaciones falleras, fui a ver esta exposición en el Centro Cultural Bancaja, en la plaza de Tetuán, que presentaba un extraño aspecto bajo la lluvia del primer día de la primavera.

La cartelería comercial es uno de los más curiosos exponentes del arte en el cambio del XIX al XX. Trabajando en un tema totalmente distinto, ya advertí el sutil vínculo que hay entre los procesos de transformación económica, la aparición de la publicidad como parte fundamental de los negocios y la labor artística en sí misma. Quizá de aquí a unos años, nos demos cuenta de que el más representativo producto audiovisual de nuestra época no son “Los Simpson” o “El ala oeste de la casa blanca”, sino los anuncios de Burger King o de Don Limpio.

Así, la cartelería finisecular, cuyo desarrollo se apoyó en las mejoras en las artes gráficas, tenía una evidente función práctica y comercial, pero también transmitía la imagen que las clases industriales tenían de sí mismas y de su sociedad, a través de un cromatismo acogedor y sugerente. Las marcas o eventos publicitados se combinaban con el esfuerzo artístico de los autores, que alcanzaron a través de este medio un altísimo nivel en el dibujo y en la composición. No es casualidad que sea común usar reproducciones de aquellos viejos carteles para decorar pisos lindos o locales con aspiraciones, de esos donde le ponen a la ginebra cosas raras.

La exposición es un extracto de la colección del MNA de Cataluña, así que abundan las obras de Casas, Rusiñol o Riquer, junto con  alguna cosita de Touluse-Lautrec y del que se considera el cartelista más representativo de la época, Mucha. Eché a faltar más cartelería norteamericana y sobre todo, algún ejemplo valenciano. Fue precisamente en el tránsito del XIX al XX cuando algunos subsectores industriales valencianos (licores, azulejos, etc…) empezaron a usar el cartel artístico como medio fundamental de difusión, con un iconismo muy relacionado con la visión folclorista y bucólica de aquella burguesía industrial.

Visitando el Centro Cultural Bancaja , recordé algunos de los ratos que he pasado allí, sobre todo una visita con los compañeros de trabajo a la exposición “Visión de España”, con los grandes trabajos de Sorolla que están en la Hispanic Society de Nueva York. Lo pasamos bien ese día. Pensé con tristeza cuánto tiempo le quedará a ese Centro Cultural, que tan importante ha sido para la ciudad de Valencia, ahora que Bancaja ya no es Bancaja, sino un banco en el lejano Madrid.


Cuando contemplemos en perspectiva los 20 añitos de hegemonía del Partido, advertiremos que lo peor, hablando en términos económicos, no ha sido ni la corrupción generalizada ni los insensatos proyectos de autobombo. Eso no ha sido más que el chocolate del loro, aunque el loro trague como un cerdo. Lo peor ha sido el largo y terrible proceso de desindustrialización, ante el que nada se hecho, y la pérdida del sistema financiero. Bancaixa y la Cam eran cajas públicas. El silencio temeroso de una Generalitat atrapada por las revelaciones de la rama valenciana de Gürtel, las ha regalado a manos privadas y sobre todo, lejanas. Cuando el empresario X de Burjassot o el industrial Y de Alcoi vayan a pedir un crédito adonde esta la nueva sede, ya no serán el sr. X o el sr. Y, solamente serán dos paletos de provincias con un acento gracioso, como el de los chistes.

martes, 13 de marzo de 2012

11-M


El domingo por la noche estuve viendo varios capítulos de la teleserie producida por el grupo Tele5, basada en los atentados en los trenes de Madrid. No me gustó.

Intentaron hacer una historia lo más cercana posible a los hechos, donde aparecen unas víctimas desdibujadas y abstractas, y unos fanáticos aburridos, que trabajan incansables y aplicados hasta lograr el criminal desastre (la última escena es la de las explosiones en Atocha). Me llamó la atención que los actores que hacen de terroristas tuvieran que hablar entre ellos en un improbable español con acento magrebí (¿tan políticamente incorrecto hubiera sido que hablaran en su árabe  norteafricano?). O que la serie no indague en nada en su proceso de radicalización, en el que tanto ha tenido que ver el Islam wahhabista, procedente de la rica Arabia Saudí, al que, irresponsablemente, las autoridades españolas, permitieron tomar el control de muchas mezquitas a las que acuden los inmigrantes marroquís, originariamente malikís. Supongo que ya es mucho pedir.

Asumo que el reto cinematográfico de hacer un documental ficcionado era grande; pero el resultado me dejó indiferente y aburrido. Al menos, tuvieron la decencia de no meter un atrezzo de sangre y humos. Lo agradecí por la gente cercana a mí que sufrió el atentado.

La fecha fatídica del 11-M seguirá marcada en rojo por mucho tiempo. No solo en la intimidad dolorida e inescrutable de las víctimas y sus familiares, sino en la vida pública. Especialmente, ahora que, desde varios grupos de presión mediática, vuelven a arreciar las teorías de la conspiración. Su objetivo es doble: por un lado vincular a los que ellos consideran los enemigos esenciales de su patria (el PSOE de las dos “ilegítimas” legislaturas  y el terrorismo de ETA). Por otro, intentar influir y lograr cuotas de poder en el Partido, que creen les corresponden por derecho divino. Para ello, no han dudado en ningunear a la mayoría de las víctimas y a sus familiares.  Como comentó Pilar Manjón, oyendo y viendo los insultos que les dedican, es un poco más fácil entender cómo puede haber gente que mate por una idea estúpida, por una raza, o por un Dios adusto y lejano. Muy lejano.