jueves, 25 de diciembre de 2008

La habitación de Fermat


Estas películas las hacen para gente como yo. Somos los que en algún momento oscuro de la adolescencia, quedamos impresionados por las matemáticas; pero la pereza o la falta de talento nos hizo conformarnos con las obras de divulgación o con los pequeños juegos matemáticos. Los que nos quedamos a las puertas de la belleza pura. Los que acabamos corriendo en kart, cuando se puede correr en bólido, los que bebemos mistela, pudiendo beber absenta. Los aficionados ¡qué terrible palabra!
Y por ello, siempre quedaremos insatisfechos por cualquier producto de esta clase, porque estamos insatisfechos con nosotros mismos. Veía los enigmas que les iban poniendo a los protagonistas y me parecían pueriles; pero al mismo tiempo, me llamaban la atención. Escuchaba que uno de ellos había demostrado la Conjetura de Goldbach y me meaba de la risa; pero en el fondo, sentía que lo hubiera dado todo por ser yo el que alguna vez demostrara la Conjetura (si es que eso es posible), por ser el nuevo Wiles. Porque si alguna clase de inmortalidad ha sido concedida a la raza humana, tiene que ser esa. Comprender el orden puro de los números y sus relaciones. La llave última. Lo que subyace entre el caos. Esa paz geométrica e indestructible que hay en el seno de todas las cosas.
Y aunque la peli es cinematográficamente muy flojica, me gustó. Me atrapó desde el principio y les perdoné los trucos facilones y la linealidad cansina del argumento. Trata de unos matemáticos sui generis a los que encierran en una habitación. Resuelven problemillas contra reloj. Hay un suspense teatral tipo "diez negritos" que empieza en el impresionante paraje de Saú (uno de los pueblos pirenaicos inundados por las aguas del desarrollismo y que uno de los personajes, el más idiota, llama "laguna"). Hay algunos guiños Hitchcockianos y un poco de sorpresa final. Quizá sólo falta un polvo. Con algo de suerte, le venderán la idea a Hollywood y podremos ver a alguna estrella de Hollywood diciendo que "Todo número par es la suma de dos números primos"; y añadiendo, con sobreactuación, que un solo contraejemplo desmontaría cruelmente la conjetura.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Wall-e

Como tantos otros, yo estaba convencido de que todos los buenos guionistas norteamericanos se habían ido a las series y que no quedaba ninguno haciendo historias para las pelis. De ahí, el lamentable nivel de los argumentos que nos llegan desde el centro del Imperio. Sin embargo, el otro día descubrí que no toda la imaginación estaba en las series, algo se ha ido a las películas de dibujos animados.Me saqué  del vídeo club Wall-e, una de las últimas producciones de Disney & Pixar. Me senté a ver cómo presumían de lo que son capaces de hacer con el ordenador. Pero cuando empieza de verdad la historia, en la soledad de mi casa, sentí que estaba delante de una obra maestra, de un clásico. Al menos durante los primeros 40 minutos. Me emocioné. Trata de un robot recogedor de basura, en una Tierra cubierta de deshechos, en la que ya no viven seres humanos. El pequeño Wall-e sigue una rutina diaria (usa energía solar) y siguiendo su programación, empaqueta  incansable y eternamente, pequeños montoncitos de basura, que llegan a formar estructuras visibles desde el aire. Por las noches, descansa y se protege de las tormentas del desierto, en un pequeño contenedor, rodeado de cochambrosos recuerdos de la civilización humana que lo creó y que, con su cegera, se destruyó a sí misma. Melancolía, referencias cruzadas, la magia del cine, la soledad extrema, la catástrofe medioambiental, me pareció sobrecogedor. No pude evitar verlo varias veces. Y no pude evitar pensar que nos dirigimos a toda velocidad hacia eso.Luego, la peli sigue por caminos más previsibles: aparece una robota, sofisticada y mágica, de la que Wall-e se enamora. Ha sido enviada desde la nave en la que los humanos esperan para poder regresar a su hogar. Por supuesto, hay robots payasos, robots malos, americanos obesos, aventura clasica modelo "me cuelo en la estrella de la muerte" y final feliz. El concepto de la nave-isla que vaga por el espacio, como último refugio de la raza humana, ha sido muy usado en la ciencia-ficción. Quizá por tratarse de dibujos animados para niños, me vino a la memoria una vieja serie española de cómics con la misma idea motriz: los náufragos del espacio, los herederos, los últimos. La serie, inclasificable y profundamente kisch, me gustaba mucho cuando era un crío y cambiaba tebeos en el mercadillo era "La saga de los Aznar".

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cerdos y margaritas, de Nancho Novo.


El sábado fuimos al teatro "El Musical", en el valencianísimo barrio de El Cabanyal-Canyamelar. "El Musical" fue uno de los lujosos proyectos que llevó a cabo el ayuntamiento de la ciudad para intentar compensar el proceso de degradación del barrio, en parte auspiciado por el propio ayuntamiento. Se trata de un edificio moderno y funcional, hormigón combinado con madera. Mantiene la fachada del teatro antiguo y comparte con la iglesia del Rosario la plaza homónima, donde los miembros de viejas minorías desfavorecidas toman el sol y descansan de sus quehaceres.
Vimos un monólogo "one man show" del cómico y actor Nancho Novo titulado "Flores y cerdos". Hubo cola, se llenó el teatro y había jolgorio y buen ambiente y es que era gratis con el carné de la universidad. Muchos estudiantes acudieron al teatro como solución de continuidad entre el estudio de la tarde y el botellón de la noche. Así que el artista lo tenía todo a su favor y supo poner al público inmediatamente de su parte. No suelo ver los mónologos de la tele; pero me da la impresión de que se ciñó bastante a los cánones del "género": complicidad, algún exabrupto y chistes previsibles. Risas, sonrisas y aplausos.
A pesar de que el discurso general era bastante manido y facilón: las relaciones de pareja, los cuernos, los políticos, el odio y un poquito de moralina, me gustó mucho la actuación . Novo, con el efectivo contrapunto del pianista, nos manipuló cuanto quiso, nos llevó de un tema al otro, demostró agilidad y gracia, tablas, talento y el tiempo se nos pasó volando. Hay que ensayar mucho para que todo parezca tan espontáneo. Me impresionó mucho el uso que hizo de varios poemas clásicos y es que el tipo sabía lo que hacía. En especial, me emocionó el recitado del clásico soneto de su paisano, el poeta gallego "Lope de Veiga":
"Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro claro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor y quien lo probó lo sabe."

Fue una vuelta a la adolescencia brutal y divertida.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La escarcha sobre los hombros.


He pasado el largo fin de semana de la inmaculada Constitución en el pueblo. Y contemplando la lluvia molesta y cruel y las sierras pardas, me vino a la mente este relato breve, que hace algunos años leí con placer y asombro. Supongo que entonces pensé que era un tipo de literatura naturalista y evocadora de la que Aragón, a diferencia de otros pueblos, había carecido durante demasiado tiempo.
Ya comenté en este blog otra obra de Lorenzo Mediano de tema aragonés: "Donde duermen las aguas". Ambas novelas son rudimentarias, lineales, mal acabadas y honestas, como los dibujos de un niño. Ambas están ambientadas en la imaginaria aldea pirenaica de Biescas de Obago. Pero "La escarcha sobre los hombros" transcurre en un tiempo más antiguo, no muy bien definido, quizá en las primeras décadas del siglo XX, cuando todavía no habían llegado al Pirineo aragonés las grandes obras hidráulicas, la despoblación, los senderistas guipuzcoanos o los esquiadores madrileños. Un maestro honrado y hambriento nos cuenta la vida del principal protagonista: Ramón, de casa Badiello, un humilde pastor que se enfrenta a los ricos del pueblo ("los herederos") y triunfa gracias a su fuerza, a su inteligencia y a su tesón. Ya se ve que el argumento no da para mucho; pero quizá sin pretenderlo, entronca con el personaje literiario aragonés por excelencia, el Pedro Saputo de Foz, capaz de sobreponerse a todo y a todos. Afortunadamente, el autor no intenta recrear una Arcadia premoderna e ideal; pero es capaz de captar la dureza de la vida en las montañas aragonesas. Nos presenta a unos montañeses fuertes, celosos y egoístas, que tienen que luchar por la supervivencia a cada momento. Ese mundo de cumbres nevadas y vírgenes, de antiguas creencias paganas y de hombres silenciosos y tenaces como las piedras, nos puede resultar evocador a los aragoneses de hoy; afortunadamente, ya solo existe en las novelas.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Enemigo público.


Vimos en el canal temático AXN esta película de finales de los 90. se trata de un thriller típico de Tony Scott: entretenido, caro, rápido, desordenado y vacío. Son unos tipos muy malvados de la Agencia de Seguridad Nacional, que aprovechan los fabulosos medios tecnológicos de los que disponen para molestar a un honesto abogado (perdonen el oxímoron). El argumento no tiene demasiada lógica ni la peli demasiadas pretensiones; pero los dos protagonistas (Will Smith y Gene Hackman) son solventes.
La peli sirve para plantear el viejo debate acerca de la salvaguarda de la intimidad y del poder de los gobiernos (especialmente del norteamericano) para controlar las comunicaciones. De hecho, el título original es "Enemy of the state", que no es exactamente "enemigo público". "Bienvenido al mundo feliz de Huxley" le dice Hackman a un incrédulo Smith. La mayor parte de la población no sabe nada de la vigilancia a la que están sometidas nuestras llamadas de teléfono y nuestros correos electrónicos, a pesar de la investigación del parlamento europeo (2001) sobre Echelon. Quizá, como demuestra el libro "Libertad vigilada" de García Mostazo o asegura Hackman, ya estamos en "1984". El sistema es capaz de identificar los correos electrónicos de Txeroki; pero también de destapar y reventar las ofertas de las empresas no anglosajonas o de investigar a los adversarios políticos. Así que con el ingenuo deseo de ayudar a sobrecargar el motor de búsqueda del monstruo, ahí van unas cuantas palabras claves: izquierda, presidente, democracia, revolución, Dios, bomba, Darwin, solidaridad, aeropuerto, amor...