lunes, 25 de febrero de 2013

"No" (2012) Pablo Larraín.



De todos los dialectos del inmenso mundo hispanohablante, el chileno y el castellano del norte de la península son,  posiblemente, los más distintos entre sí y respecto a los demás. Así que, aunque he oído a menudo el acento chileno de los labios de compañeros y amigos (Mónica), me costaba seguir alguna de las conversaciones. Además, han querido darle a la peli un aire de documental con el color y con la cámara. Mucho movimiento, tomas raritas, filtro acartonado. Y como era tarde (sesión golfa en los D’Or) la cosa me pareció pesadota y cansina. Y eso que tanto el contexto histórico como el tema eran interesantes, muy interesantes.

En 1988, la dictadura de Pinochet y los Chicago Boys, ante la presión internacional y el rápido empeoramiento de la economía, tuvo que convocar un referéndum para decidir la permanencia o no del sátrapa. La peli cuenta la campaña electoral del “No”, especialmente la creación de las llamadas “franjas televisivas”. Los quince minutos legales de los que disponían los adversarios del régimen, eran, en la práctica su única posibilidad de llegar al electorado, como en Canal 9 y Tele Madrid; pero a lo bestia. Contratan a un publicista estrella que va en monopatín y no se afeita (Gael García Bernal), que les convence de que no hay que hablar ni de las torturas ni de los desaparecidos, sino que hay que vender el “no” como quien vende la coca-cola, con muchos colorines y mucha alegría, aunque en la calle siga habiendo gas lacrimógeno y tú hayas perdido a un hermano y una cuñada embarazada. Y como Gael es un tipo muy listo, y la peli tiene que acabar bien, y a veces, solo a veces, la humanidad va hacia adelante, pues gana el No y pierden los malos. Yo no me creo mucho la interpretación de Gael, pero supongo que todo se basará en personajes reales. O sea, una peli que trata de lo del medio y el mensaje y el continente y el contenido y que los profesores vagos pondrán en las facultades de publicidad y periodismo si de aquí a unos años sigue existiendo la universidad.

Supongo que todos los que se han organizado para cambiar y mejorar la sociedad a través de un sistema electoral, se han tenido que plantear este dilema ¿Cómo han de vender su mensaje sin venderse ellos mismos? ¿Cómo sumar y avanzar si tantas veces hay que gritar "No!"?¿Cómo vencer al adversario (la dictadura de Pinochet, el bipartidismo corrupto español) sin convertirte en el adversario?

viernes, 22 de febrero de 2013

Novela negra turolense (3)



Sangre y pólvora … granito de oro

Hasta aquí los puntos fuertes del relato, auténtica novela negra, la gran solidez de los personajes, muy bien descritos y muy creíbles. Lo mismo que la ambientación general de la obra, en una Calamocha real que perfectamente reconocemos quienes vivimos esa época. Sin embargo encontramos asimismo algunos puntos débiles en la obra que conviene conocer, pues entendemos que el autor debería considerar la posibilidad de dar continuidad a la saga de investigadores que forman Gapito y Antero, en el marco ya muy bien definido de esa Calamocha que está buscando nuevos horizontes de progreso.

Para empezar nos parece poco acertado el título de la novela. Le notamos falta de garra, se limita a decirnos las profesiones del protagonista, cuando su propio nombre, Gapito, es ya de por sí bien original. Le ofrecemos a Lauko como posible título para otra novela, una de las frases célebres de nuestro enterrador y barrendero, generalmente la decía cuando estaba algo achispado. Se nos quedaba mirando a los jóvenes que le hacíamos corro, se remangaba el brazo, levantaba el puño mostrando los bíceps y sacando la bola, decía: “Ves esto, maño: sangre y pólvora … granito de oro”. Y, ahora que lo pensamos bien, la personalidad de Gapito era así, una mezcla de sangre, de pólvora, de oro.

También entendemos que es mejorable la descripción de otros personajes secundarios, cuya personalidad queda bastante diluida dentro de la trama. Alguno de ellos irrumpe en pleno desarrollo argumental de forma brusca, e inmediatamente pasa a adquirir importancia en el texto. Pensamos que personajes como por ejemplo Andrés el molinero o de Serafín el guardagujas, protagonistas importantes, están insuficientemente analizados en su carácter y personalidad.

En cualquier caso, consideramos que se trata de defectos menores que no empañan en absoluto un relato sólido, con una trama argumental muy bien trabada, en la que las investigaciones policiales se aproximan a la verdad a paso lento y siguiendo siempre una senda lógica de descubrimientos. Lo más notable, lo repetimos, es que nos encontramos con una novela con protagonistas normales del mundo rural, casi podríamos definirlos como antihéroes, que están llamados a tener continuidad literaria. Sepa Lauko, que todavía falta en la época que noveliza algún crimen calamochino real pendiente de ser esclarecido, y que le puede servir como idea para futuras entregas de las andanzas de Gapito y Antero. El otro gran mérito de la novela, lo recordamos de nuevo, la perfecta ambientación urbana y climática en la Calamocha que sale de la posguerra, ya la tiene hecha.

Desde aquí nuestra recomendación general invitando a todos a la lectura de esta novela. Primero a los aficionados a la literatura negra, que pueden conocer la variante turolense de la misma. También a los amantes de la lectura por encima de géneros, que podrán apreciar un relato ameno y bien construido. Pero, especialmente, a los calamochinos. A los que peinan canas o no peinan nada, porque reconocerán fácilmente al protagonista principal y el ambiente en el que se desarrolló su infancia y su juventud. Y a los que son más jóvenes, para que conozcan como era Calamocha en los pasados años 50 y 60. Muy recomendable para que maestros y profesores encarguen a sus alumnos la lectura de la novela, que luego puede servir para desarrollar muchos trabajos sobre el relato y sobre el ambiente de la misma.

Por cierto, y terminamos con esto. ¿Se han dado cuenta que modificando levemente el apellido del autor, Lauko, pasando la “a” por delante de la inicial y separándola, nos queda una de los dichos más genuinamente calamochinos de todos los tiempos? A ver, Jon, ¿a donde mandan a uno en Calamocha a cascala …?



José María de Jaime Lorén
Centro de Estudios del Jiloca

miércoles, 20 de febrero de 2013

Novela negra turolense (2)



Gapito Carreras, caprichito de las nenas

Aquí encontramos ya uno de los grandes logros del autor, la consistencia de su protagonista, la verosimilitud de su personalidad. Borrachín, renco de una pierna, que vive un poco a salto de mata entre una casa destartalada, la cantina de una estación de ferrocarril y la sala de autopsias del cementerio, que cumple diariamente con los humildes oficios del título, imprescindibles, sí, pero escasamente apreciados socialmente. Sin embargo, a la vez Gapito es también un hombre dotado de una notable agudeza y, sobre todo, de un gran corazón que no soporta la injusticia. Si ustedes quieren, el antihéroe característico de tantas novelas del género.

Y el caso es que Gapito tuvo una existencia, real como podemos dar fe quienes lo conocimos, que refleja Lauko con gran fidelidad en la novela. Gapito Carreras, así se llamaba, y añadía bromista a menudo mirando a las vecinas: Gapito Carreras, caprichito de las nenas. No nos cuesta nada recordarlo tal como la describe el autor en su novela: sentado en la vara izquierda de su carro, la pierna mala, la izquierda, colgando al aire, la derecha extendida a lo largo del varal, la espalda ligeramente apoyada en las tablas, su cabeza tocada con la inevitable boina. Tirando del carro nada menos que Babieca, la burra, menuda como su dueño, pero también fuerte y valerosa como él. De esta forma recorría diariamente el pueblo, vaciando los cubos metálicos con la basura de cada casa. No había llegado todavía la era de los plásticos.

Y junto a Gapito, su fiel escudero en las pesquisas policiales, encarnado en este caso en el cabo Antero, de la Guardia Civil de Calamocha. Por cierto, en una de las pocas licencias literarias que se toma el autor, sitúa el cuartel de este instituto armado en su actual emplazamiento, cuando en la época se hallaba justo en la otra punta de la localidad, donde hoy está el Instituto. El cabo, siempre con el tricornio de ordenanza, es un poco el contrapunto de Gapito. Si en éste domina la intuición y la genialidad, Antero destaca por la prudencia, por su caminar despacio y seguro en las investigaciones, en cierto modo como era el estilo de esta benemérita institución. No acertamos a situar en ninguna persona concreta la personalidad de este cabo.

Descritos ya los principales actores de la novela, nos queda el tercero de los grandes protagonistas: la propia villa de Calamocha. En efecto, la localidad en su conjunto constituye el paisaje de fondo de toda la trama argumental. Sin duda, otro de los grandes logros de la novela lo constituye la magnífica descripción de la Calamocha que emerge de la guerra civil. Sus dos estaciones de ferrocarril, sus calles sin pavimentar, las escuelas municipales con los cuatro maestros de nuestra infancia (don Jesús, don Leandro, don Francisco y don Miguel), mosén Amado el párroco, sus comercios donde encontramos conocidos apellidos como Tabuenca o El Chato, la central de teléfonos con operadoras, las nuevas maestras y, en especial, todo ese ambiente de frío, de nieve y de barro tan característico siempre de nuestros inviernos. Sin embargo, donde el autor alcanza mayor virtuosismo descriptivo es al mostrarnos el Casino. Se nota que debió pasar bastantes ratos en el mismo, al menos a juzgar por la perfección con que nos enseña sus dependencias y el ambiente general de humo que allí se respiraba, como lugar de juego, de esparcimiento … y de aburrimiento para la clase más selecta de la villa. Nunca se les ocurriría franquear las puertas de acceso, ni a Gapito ni al cabo Antero. Normas sociales que se cumplían escrupulosamente en la época.



José María de Jaime Lorén
Centro de Estudios del Jiloca