viernes, 25 de enero de 2013

Amour. (Haneke, 2012)



Vuelvo a ir al cine. Aunque ahora es más caro. Afortunadamente, la cosa está valiendo la pena. El lunes, vimos la última de Haneke, que opta a premios en todos los sitios. Y más allá del éxito coyuntural e inmediato, preveo que esta peli va a tener un largo recorrido, no solo por su tema, sino por su técnica. La que casi todos los críticos consideran la mejor creación del austriaco es una película redonda e impresionante, "perversa" ha dicho alguno.

La peli cuenta algo que casi todos hemos vivido en nuestras familias: la progresiva enfermedad de un anciano con el doloroso tránsito de la parálisis a la demencia. Es decir, si quieren pasar un ratito agradable, no vayan a ver esta peli, porque Haneke va a empezar a pegarles bofetadas heladas desde que empieza el metraje hasta la última escena. Bofetadas que te gritan "así es la vida, imbécil, y tú o los que tú amas acabaréis atrapados en una cama, cagándoos encima, sin reconocer el rostro de la persona que te cuida y te quiere". Obviamente, esto no es nuevo. El buda empezó su liberación cuando vio un viejo, un enfermo y un cadáver. Aunque la aportación de Haneke, como el título indica, es que esta es, en realidad, una peli sobre el amor. Un amor entregado, que ve cómo la vida escapa con cruel lentitud de la persona amada, de la compañera de una vida que fue hermosa y plena.

Nada sobra en esta cinta, ni los largos silencios del apartamento parisino que habitan los ancianos, ni la música de Schubert, ni cada pequeño detalle de esa miseria que es nuestra débil naturaleza. Uno puede pensar que hay truco emocional o concesiones a la lágrima; pero no. La cosa es más sencilla: honestidad y seres humanos. O sea, cine para sentir emociones y para salir de la sala pensando en los nuestros y en nosotros mismos. Y toda esta tormenta emocional se sostiene sobre dos actores formidables: Trintignat y Riva.

Si como escribió Blas de Otero, verdaderamente somos ángeles con grandes alas de cadenas, este es uno de los mejores documentales de la historia sobre el hierro de las cadenas y las alas de los ángeles.

martes, 15 de enero de 2013

Simiocracia. Crónica de la gran resaca económica.

Robo este librito en casa de un amigo (pecado venial). Advierto que hace apenas quince años, cuando algo tenía éxito en papel, alguien lo llevaba a internet. Ahora, el viaje es en sentido contrario: las ideas y las ocurrencias se difunden en el mundo virtual y es internet la que tira de la publicación en papel. Y es entonces cuando los autores se ganan un dinerillo.

En este caso, se trata del dibujante Aleix Saló. A raiz del éxito de su segundo libro-comic "Españistán: este país se va a la mierda", sacó el año pasado esta secuela. De nuevo, con explicaciones y reflexiones sobre la catástrofe político-económica que nos ha caído encima.  En ambos casos, las obras han tenido un inmenso éxito en forma de trailer a través de Youtube

Ahora, he tenido ocasión de disfrutar de la obra completa. Me parece que el dibujo de Aleix Saló (vivo, claro, certero) funciona mejor en internet que sobre el papel. Supongo que todos los creadores gráficos se han dado cuenta de cuál es el soporte hoy y han evolucionado como han podido. Recuerdo haber disfrutado también con las conferencias-cómic de RSA Animate.


En cualquier caso, lo valioso de "Españistán" y "Simiocracia" es que aportan un conjunto de explicaciones asequibles y razonables sobre la crisis y la postcrisis que cualquier persona con interés en lo público debería leer. Precisamente en "Simiocracia", Saló auto-reflexiona sobre la necesidad que tenemos de explicaciones simplistas y lineales sobre lo que está pasando. Y de cómo los medios de comunicación-incomunicación aportan lo suyo a esa necesidad: " Es la gente, que ha vivido por encima de sus posibilidades", "la culpa es de los chinos", "somos esclavos al servicio de los bancos", "Dios nos ha castigado por los matrimonios gays".

Saló particulariza y como buen ex-estudiante de arquitectura le arrea un poco de leña a los arquitectos. Desde su vanidad, sus "composiciones" y sus discursos "compositivos" y su urbanismo de pacotilla, se han prestado como profesión al pequeño gran desastre inmobiliario español. Dice "algo así como coger una vieja burra asmática y gastarse una pasta en adornarla. Seguirá siendo una vieja burra asmática". Aunque, la parte más interesante de la obrita  es la más general: el hincapié en que en el mundo sobreinformado del XXI, es la creencia de que va a ocurrir la catástrofe la que produce la catástrofe. Esta catástrofe que todavía no sabemos cómo acabará.


jueves, 10 de enero de 2013

La estación de Canfranc y "Crónicas de Paletonia"



Hacia el norte, siempre hacia el norte, está Jaca. La primera capital del pequeño reino de las montañas. Y más hacia el norte, remontando el curso del agua, Canfranc, el llano seguro y acogedor para los que cruzaban el Summus Portus, el gran puerto. El nombre resonante que luego se pronunciaría en todo Occidente viene de allí, de ese pequeño río de aguas heladas que salta entre las peñas imponentes: el Aragón

A Jaca y a Somport me llevaron los de Sendeando y allí pasamos unos días felices y luminosos, que no podré olvidar. Anduvimos por la nieve del otro lado de la muga y bebimos somontano en los bares de la vieja Chaca. Reímos en la fría tarde pirenaica, le enseñé al pequeño Héctor un juego de ingenio y mi corazón se vio reconfortado entre esas montañas que exceden lo humano. Dormí feliz en un cálido iglú, bajo el aguanieve de la Nochevieja.

El día 30, unas boiras sospechosas nos hicieron bajar antes de tiempo del monte y aprovechamos para visitar la vieja estación internacional de Canfranc. Nunca una estación de tren estuvo en un entorno tan sobrecogedor. Esa anciana enorme, muriéndose poco a poco, triste, mira la nieve y las altas peñas orgullosas y llora su soledad y su abandono. A mi mente venía todo lo que había leído sobre aquella ruina, la reciente noticia de la cesión de la propiedad al Gobierno de Aragón y una estrofa de Joaquín Carbonell. “Cuando vayas a Huesca, puya en to mons, comprale una basquiña ta los mios aimors. En Canfranc para un rato junto a la vía, que se rompe en pedazos en su agonía”.  

Anduvimos mucho rato entre esas vías que fueron la esperanza de tantos fugitivos, admiramos el edificio, inmersos en ese símbolo de hierro y hormigón, en ese homenaje oxidado a la decadencia del país. La historia rezumaba  en aquellos apeaderos cubiertos de musgo y en esas ventanas rotas.

En Jaca, hay abundantes librerías y un café literario. Me regalé a mí mismo un librito que han sacado los de Aladrada ediciones. Se trata de una recopilación de la serie de artículos humorísticos que publicó José Antonio Labordeta en "Andalán" bajo el título “Crónicas de Paletonia” entre octubre de 1977 y agosto de 1978. Azagra ha ilustrado la obrilla, que supongo se venderá bien, como todo lo que está saliendo al socaire de la inmensa figura labordetiana. Aunque me perdí muchos de los chistes (que hacen referencia a personajes concretos) me gustó leer sobre ese país de los paletones y los mudicios y los fablesos, que es un trasunto disparatado del Aragón silencioso y vacío, al que Labordeta puso voz. La tierra que tanto le dolía, ese Aragón que duerme bajo los andenes de Canfranc y bajo la nieve de las montañas.

viernes, 4 de enero de 2013

Con una pistola en cada mano.



Las mujeres hacen cosas irracionales, los hombres hacen cosas estúpidas. Esta peli trata de lo segundo. Es decir; es partidista, sesgada, estereotipada y  truquera. O sea, que no está mal del todo. Retrata a una colección de hombres cercanos a los 50, enfrentándose a las consecuencias de sus autismos emocionales, de sus confusiones, de su falta de educación sentimental, de su egoísmo. A mí, todo eso me sonaba y  aunque nadie aprende en cabeza ajena, no viene mal reírse un poco con las desgracias de los demás atolondrados. Y reírse de los muchos yoes de uno mismo, de nuestros pasados, de nuestras arduas resurrecciones.

Hasta ahora, no había visto ninguna peli de Gay; pero parece ser que es buen director de actores y ha conseguido juntar a un elenco que funciona bien en la pantalla: Eduard Fernández, Sbaraglia, Javier Cámara (el mejor actor del humilde cine patrio), Eduardo Noriega, Alberto San Juan y Jordi Mollà son las víctimas. Candela Peña, Clara Segura, Leonor Watling y Cayetana Guillén Cuervo son las victimarias en esta recopilación de sketches, mal vinculados y cuyos diálogos, teatrales y un poco falsones, parecen preceder a la propia peli. 

Fui al cine con varios amigos. Ellas se lo pasaron de lo lindo viendo a esa colección de separados, divorciados, desengañados y cornudos en general buscando algo de cariño en la oscuridad. Ellos se quedaron más seriotes. Yo, en el fondo, le di gracias a la vida porque me llevaran al cine, le di gracias por el año nuevo, le di gracias por las comedias facilonas que usan un espejo para ser agradables.