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Mostrando las entradas etiquetadas como folk

La carrasca hendida.

El 29 de junio de 1707, con los primeros decretos de Nueva Planta, los reinos de Aragón y de Valencia dejaban, legalmente, de existir. Aunque la derrota definitiva del reino de Aragón se produciría tres años después. Tras las victorias borbónicas en La Alcarria,   Zaragoza se rindió sin lucha a los felipistas el 4 de enero de 1711. Tras la derrota catalana, el decreto de Nueva Planta para el Principado, el 16 de enero de 1716, promulgaba la desaparición legal y definitiva de la Corona de Aragón, tras más de 500 años de historia. “Por justo derecho de conquista” aclaraban los decretos. La historiografía española olvidó hace mucho tiempo todo aquello. Hay que olvidar los pecados originales, supongo. El nacionalismo catalán, en cambio, necesita rememorarlo para llorar lo perdido, para justificarse. Aragoneses y valencianos quedaron, como siempre, a medio camino. No todos los aragoneses fueron austracistas; pero la mayoría lo fueron, por odio a los franceses, por los vaivenes de la...

Descanse en Paz.

Ayer, falleció a los 101 años de edad, José Iranzo Bielsa, conocido como "El pastor de Andorra". El nombre artístico que tuvo como jotero le describía bien. Cuidó el ganado durante toda su vida, junto a su mujer, también centenaria, a pesar de que fue uno de los cantadores de jota más importantes del siglo XX. Varias veces le oí decir a Joaquín Carbonell, que tiene algunas publicaciones sobre él, que José Iranzo era uno de los tipos más extraordinarios y sencillos que había conocido en su vida (y Joaquín ha conocido a tipos interesantes). Al parecer, el matrimonio vivió hasta bien mayores en su tierra de la Andorra de Teruel, en el Mas "el Ventorrillo", sin electricidad ni comodidades.  Descanse (descansen) en paz. No puedo evitar relacionar la imagen de "el Pastor de Andorra" con la de José Castillón Peiret, el protagonista de un precioso libro que compramos en Boltaña en otoño del 2015 y que considero un tesoro. Del bajo al alto Aragón, o viceversa. ...

Botifarra en el Olympia de Valencia.

Merche volvió a acertar cuando propuso ir al Olympia a escuchar a Pep Gimeno “Botifarra”. Nos habían hablado de él algunos amigos valenciano parlantes; pero no lo habíamos escuchado nunca. Cuando empecé a bucear en Youtube , para preparar el concierto, comprendí algo del por qué del éxito del cantaor de Xàtiva. “Botifarra” ha dedicado su vida a recopilar la música tradicional valenciana. La de su comarca y las de alrededor, lo que llaman “Cant d’arrel valencià ”; pero también las viejas ocurrencias en los pueblos, las palabras de los abuelos “els güelos”, los trabalenguas. Es músico popular, paremiólogo y contador de historias y “succeïts”. Como han dicho de él, se ha convertido en una fonoteca con piernas del valencià central. Asumió la tarea colosal e imposible de salvar una parte importante de la lengua del olvido a la que lo condenaba la diglosia y la falta de transmisión generacional. Pero además, la fonoteca tiene una voz que llena las calles y los teatros. Y parece ser lo que...

Distintas formas de mirar el agua.

A la vuelta de la última excursión por la Navarra pirenaica, cruzamos la rivera del Aragón. Había pintadas en las paredes de los pueblos, que gritaban “Yesa No”. Quizás yo era el único del bus que sabía a qué se referían. Desde hace unos años, sobre aquellos pueblos, en especial, sobre Artieda, planea la amenaza de la ampliación del pantano de Yesa. Es decir, la amenaza de ser expulsados de sus casas. Como ya ha pasado tantas veces en otras riveras, en otras montañas. Hasta ahora, había sido mi-nuestra “Ronda de Boltaña” la que, con más sensibilidad, con más pasión, con más rasmia, había cantado sobre los pueblos inundados, sobre el forzado éxodo. Recuerdo cuando visitamos  las ruinas de Jánovas. Un paseo silencioso entre aquellas paredes dinamitadas por la guardia civil. Son un impresionante memorial a las infamias cometidas contra los montañeses, en nombre del progreso, en  nombre del llamado “déficit hidráulico”. En el último disco de “La Ronda”, el segundo track, “L...

Los cosacos de Ucrania

Cuando era pequeño, me impresionaban sobremanera los bailes “rusos”. Especialmente, ese paso en el que el danzante, agachado en cuclillas, lanzaba las piernas hacia adelante con brío poderoso. Por supuesto, intentábamos imitarlo, pero el culo acababa en el suelo. Con los años, aprendimos que  no servíamos para bailar.Y que el adjetivo “ruso” cubría como una pesada manta, a muchas y distintas naciones, que no eran rusas y que también bailaban, cantaban y bebían alcohol a mares. El viernes por la noche, casi por casualidad, fuimos al Olympia a ver un espectáculo de música y danza titulado “Los cosacos de Ucrania”. El teatro estaba casi vacío, supongo que conseguir público en agosto es tarea ardua. Todo fue muy folclórico y sencillito, algo pobretón y artesano; pero la actuación nos gustó. Cuatro parejas de danzantes saltaban y lanzaban las piernas con brío y ritmo. Música alegre, baile trabajado y exigente. Trajes regionales. Y esas sonrisas eslavas, tan inquietantes. De vez en cuand...