viernes, 26 de octubre de 2012

Decrecimiento y posdesarrollo.



El multimillonario Warren Buffet lo dejó claro hace unos años: “It's class warfare, my class is winning, but they shouldn't be.”  Es decir, el capital está ganando la vieja guerra. Y lo peor de esta derrota histórica y absoluta es que el otro bando, el mundo del trabajo, se ha quedado sin argumentos, es decir, sin armas. El capital se apoderó de la idea de la “libertad”, sin que la “fraternidad” ni la “igualdad” hayan servido de mucho. 

Con los ejércitos socialdemócratas cautivos y desarmados, incluso han convencido a las clases medias del sur de Europa de que los ajustes de ahora son medidas pasajeras. Que todo volverá a ser como antes. Que cuando pase esto, se volverá a invertir en los servicios públicos comunes, que la edad de jubilación volverá a los 65, que volverá a llover en el otoño. 

En esa gran guerra dialéctica del XXI, todo gira alrededor del concepto de la recuperación del crecimiento. Cuando vuelva a haber crecimiento, disminuirá el desempleo y dejaremos de apretaros, le dicen a los pequeños empresarios, a los funcionarios, a los tenderos, a los parados que se empiezan a acercar a los nazis (mi barrio ha amanecido cubierto de carteles de una conferencia de Pío Moa).  No volverá a haber crecimiento si seguimos con la manía de la austeridad y del déficit y de la inflación cero, opinan los tertulianos que leen el blog de Stiglitz (traducido). Pero no, todo es mentira, nada volverá a ser igual después de la gran victoria del capital. Bienvenidos al New Brave World.

Ante esta derrota del trabajo, ante la gran mentira, los progres necesitamos nuevas ideas. En las últimas décadas, algunos pensadores se han puesto a discutir el concepto mismo de “crecimiento”, ese becerro de oro al que adora la tribu. El crecimiento, la expansión, es el motor mismo del sistema, de nuestro sistema ¿Y si crecer no fuera bueno per sé? Y más teniendo en cuenta la evidente catástrofe ambiental a lo que nos dirigimos a toda velocidad. Buscando certezas, buscando lemas para no pensar por mí mismo, hace algún tiempo, me leí el libro Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo del gurú del tema, SergeLatouche. Mi compañero David me dijo que la semana pasada daba una conferencia en Valencia; pero no fui. Supongo que tenía trabajo, que tenía que aportar mi granito de arena al PIB español del 2012.

martes, 23 de octubre de 2012

The dead girl.



Anoche, como quien no quiere la cosa, la 2 echó esta peli. Se trata de cinco historias breves que giran alrededor del hallazgo del cadáver de una chica. Más que historias se trata de los retratos de 5 mujeres (incluyendo la víctima). La directora, Karen Moncrieff, nos ha evitado la molestia de intentar relacionarlas mediante trucos de guión y en realidad, vemos cinco cortos de veinte minutos prácticamente independientes,  lo que siempre resulta más facilón. La peli está muy bien. Quedé enganchado con la primera historia y aparqué la biografía del gran Max Planck que me entretiene las últimas noches.

El cadáver de la prostituta Brittany Murphy aparece una y otra vez, en las cinco historias. Bien en la mesa de la morgue, bien en fotos, o desnuda y ensangrentada, en esa ladera de algún pueblucho del sur de California, desde la que ve el cielo con sus ojos sin vida. Una luz cruda y amarilla baña toda la peli, que deja una sensación triste y vacía. Me fui a la cama con cierta vergüenza de ser hombre.

martes, 2 de octubre de 2012

El jueves



Me compré "El jueves" durante bastantes años. Todavía hay por los rincones de mis dos casas viejos ejemplares. Esos “tebeos” que mi madre desearía tirar. Entonces no existía Internet y la rabia y la inteligencia aún viajaban en papel. "El jueves" no era la mejor revista cómica del mundo, ni siquiera era la mejor revista en español (imagino que en Argentina debe haber maravillas). Tampoco era la mejor revista de la historia del humor gráfico en España; pero era digna. Y eso vendía en una época en la que la dignidad todavía era importante. Hasta participé, como aficionado, en una revista. Supongo que queríamos ser como los de “El jueves”.

Después dejé de reírme y murieron Perich e Ivà y todos nos hicimos adultos y pedimos hipotecas. Y dejé de comprármela habitualmente. Aún así, de vez en cuando, me hacía con algunos "Pendones del humor", por ejemplo: el imprescindible Martínez el Facha, de Kim, o los brutales "Ortega y Pacheco", del murciano Vera, que tanta gracia le hacen a mi hermano Ortega.

Me la volví a comprar la semana pasada, atraído por la portada. Son listos esos tipos. Si lo hacen los de “Charlie Hebdo”, de París ¿por qué no lo van a hacer los de “El jueves” de Barcelona? La cifra de ventas es la cifra de ventas. Total, si les ponen una bomba, no sería la primera vez. Los ultras ya pusieron una en “El Papus”, que mató al conserje. Como dijo no sé quien, el delito de blasfemia no existe en una sociedad laica, como la francesa. En la nuestra, con la retrorrevolución a toda máquina, no está tan claro que eso sea así.

No sé quién está detrás de cosas como “La inocencia de los musulmanes”, ni tengo una opinión formada sobre la llamada “primavera árabe”; pero sí sé que a un lado están las telarañas de la edad media y al otro lado, la libertad de expresión (sea lo que sea). También sé que se necesita el humor para aliviar las tensiones sociales, para reflexionar, para ser mejores. Los vascos tienen el “Vaya semanita” y los aragoneses, el “Oregón televisión”. En Canal 9, aquí en Valencia, hace siglos que no se oye un chiste sobre políticos corruptos o alcaldesas enloquecidas.