jueves, 20 de diciembre de 2012

Museos de Berlín (final)

Autor: José María de Jaime Lorén


La Universidad Humboldt

Es todo lo que pudimos ver en una tarde y una mañana larga. No da para más. Nos quedaron cosas por las que teníamos interés, como el Museo de Historia de la Medicina, pero estábamos cansados y preferimos ver la ciudad en un autobús turístico. Ojo que son pocos los que dan las explicaciones en español y hay que preguntar antes de montar, pero luego vale la pena bien sentados ir conociendo otros aspectos de la ciudad.

Sobre la cocina alemana apenas podemos decir nada. Como nos acompañaba casi siempre Pilar, acabábamos comiendo en kebabs o en conocidas hamburgueserías, exactamente igual que en Valencia o en Calamocha. Sólo un día pudimos degustar unas salchichas alemanas típicas.

También vale la pena darse un garbeo andando por Unter den Linden, la célebre calle de los Tilos cantada por Marlene Dietrich que unía los grandes palacios con el Tiergarten, el gran parque con sus canales enclavado en el mismo centro de la ciudad. En la misma se encuentra la más importante universidad alemana, la Alexandre Humboldt, dedicada a este naturalista que, precisamente, desarrolló sus principales estudios en Hispanoamérica … comisionado por nuestro Carlos III junto a los principales científicos españoles de la Ilustración. ¡Qué tiempos aquellos cuando los alemanes no eran tanto y nosotros todavía éramos algo …! En este mismo centro estudiaron Karl Marx, Max Planck y numerosos científicos que muy pronto situarían a Alemania en la cima del saber … y, andando el tiempo, de la soberbia.

Todavía tuvimos tiempo de visitar su Facultad de Medicina donde ahora estudia Pilar. Magnífico campus con su correspondiente Hospital Clínico presidido por la figura del célebre Rudolf Virchow. Cuando nuestra hija nos hablaba de las dificultades para entender a los profesores y lo bien preparados que están los estudiantes de medicina alemanes, tuvimos que recordarle que este médico fue el gran adversario de nuestro Santiago Ramón y Cajal. Establecida por Schleiden y Schwann la Teoría celular, se consideraba que los organismos estaban formados por tejidos y por células. Todos los tejidos con la excepción del sistema nervioso, al que Virchow y otros sabios consideraban una especie de red con capacidad de transmitir los impulsos, de ahí el nombre que le daban de Teoría reticular. Modificando el sistema de tinción histológica de Camilo Golgi, Ramón y Cajal consiguió ver que el sistema nervioso estaba formado también por células, las neuronas, de donde vendría el término de Teoría neuronal, que le valdría el Premio Nobel de medicina a nuestro aragonés, compartido con Golgi.

Y eso que Ramón y Cajal no lo tuvo nada fácil. Fue necesaria una ayuda económica del Estado español para que pudiera asistir a un congreso médico, donde por cierto nadie se acercaba a ver sus preparaciones. ¿Qué podía decir nuevo un español entonces? Prácticamente tuvo que arrastrar a los grandes sabios hasta su modesto microscopio, para que éstos empezaran a comprender la magnitud de su descubrimiento. Muchos años después, evocando estos mismos sucesos comentaría nuestro paisano sobre la capacidad intelectual de unos y de otros: “Cuando un aragonés se pone a trabajar de firme … que le echen alemanes”. Pues eso.

José María de Jaime Lorén

lunes, 17 de diciembre de 2012

Museos de Berlín (3)



Pero la joya la constituye el Neues Museum que alberga el Agyptisches Museum, y bien que lo saben los alemanes pues es de los que cobran un suplemento para su visita. Lo de menos son los numerosísimos sarcófagos donde conservaban los cadáveres momificados de los principales faraones, ni la multitud de relieves o bajorrelieves, pequeños templos, miniaturas y otras piezas. La estrella allí es, ya lo hemos dicho, el busto de Nefertiti, conocido y repetido hasta la extenuación en guías y obras de arte egipcio. La extraordinaria belleza de esta mujer reina en Museumsinsel. Y eso que no se ha librado de la polémica. Hay quienes sostienen que nada tiene que ver con el antiguo Egipto de los faraones, que se trata de una obra moderna. Sin embargo, el hecho de hallarla junto a auténticas piezas de la época y, precisamente, en el taller de un escultor, abona la idea de que era un modelo, una maqueta para realizar con la misma una escultura de las colosales dimensiones que manejaba esta civilización. El propio hecho de carecer de uno de los ojos, circunstancia conocida que no resta belleza al modelo, se justifica con el pragmatismo de aquella cultura que no lo necesitaba en el modelo por cuanto no se trataba de la obra definitiva. Lo mismo sirve para explicar el brusco tajo que el artista dio en las inmediaciones del cuello, típico dicen los detractores de obras del siglo XIX, pues al artífice le interesaba en exclusiva el rostro, por eso reduce al máximo el busto. Por cierto también, se acusa a los arqueólogos alemanes de sacar este busto oculto en yeso, pues las autoridades egipcias controlaban las piezas que salían del país.

Otra pieza muy renombrada en este museo es el Sombrero de oro, con inequívoco sentido litúrgico pues debieron usarlo los sacerdotes en los ritos principales, se encontró sobre el siglo V antes de Cristo en los Alpes. Lo curioso del mismo viene dado por tener una serie de divisiones en la copa en la que parecen representarse la sucesión de los años solares y lunares, indicando que conocían ya los años que debían transcurrir para que coincidieran ambos calendarios por los que se guiaban las sociedades de entonces. Un poco difícil de creer en aquella Europa bárbara. A nosotros nos emocionó mucho más contemplar una parte de la maravillosa colección de papiros que allí se guarda, generalmente en escritura hierática. Nada decimos de los cientos y cientos de tablillas de barro que conservan también de escritura cuneiforme.

Extenuados, hicimos todavía la del pobre, ya se sabe, antes reventar que sobre. Todavía nos acercamos un momento al Museo de pintura, con una preciosa escultura ecuestre en la escalinata de acceso, creo que de algún káiser Guillermo o de algún otro por el estilo. Allí nos limitamos a visitar brevemente las salas de los románticos y de los impresionistas, entre estos últimos hay cosas de Gutiérrez Solana.

José María de Jaime Lorén.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Museos de Berlín (2)



Ciudad de museos

Pero Berlín tiene a gala ser la ciudad de los museos. Y es cierto, porque las guías hablan de más de seiscientos en el núcleo urbano. Como el turista dispone de poco tiempo, se impone la selección. Los germanos que lo tienen bien previsto, tienen los más selectos en Museumsinsel, la isla de los Museos. Todo a mano, junto a la catedral principal.

Los precios de las entradas no son baratos. Nada en Alemania lo es. Pero existe la posibilidad por 19 euros de visitar prácticamente cualquier museo en el plazo de tres días. Es lo que recomendamos. Entre otras cosas para evitar las colas que se forman para sacar entrada en los más visitados. Algunos de éstos, exigen pagar además una sobretasa. Vuelta a hacer cola. El que suscribe, poco dado a estos ejercicios de paciencia y menos cuando es turista, consiguió el ticket adicional en el mismo museo donde había sacado el primer pase donde no había gente esperando. Es decir, que antes de hacer una cola, allí son monumentales y eso que cuando fuimos eran días normales de trabajo, hay que espabilar y buscarse la vida.

No pudimos visitar el Reichstag, el Parlamento alemán recientemente rehabilitado por Norman Foster, donde también había la consiguiente fila esperando las entradas. Pero perfectamente pueden obtenerse los pases a través de internet. Para otra visita a Berlín.

Como apenas disponíamos de dos días, lógicamente visitamos los museos más importantes. El primero el de Pérgamo, la ciudad que durante el helenismo compitió con Alejandría por ser la capital del saber, y que cuna de grandes médicos como el propio Galeno o XX. Fue tal la competencia intelectual entre ambas ciudades, que Ptolomeo Sotero, fundador de Alejandría, prohibió la exportación de papiro para que la biblioteca de Pérgamo no compitiera con la suya. A lo que respondieron en esta ciudad inventando el pergamino. Ya se sabe, piel de reses vacunas convenientemente depilada, seca y extendida sobre la que se escribiría durante siglos hasta el descubrimiento del papel. Aunque para nada se trae su recuerdo, son impresionantes el célebre Altar, el tempo de Trajano y la puerta del mercado de Mileto. No se pueden explicar con palabras estas maravillas de la antigüedad.

La siguiente visita fue al Altes Museum. Nuevo impacto imposible de describir. Salas y salas contemplando lo mejor del arte clásico, piezas que solamente habíamos visto en láminas o en televisión. Por destacar algo, la nave central con una magnífica colección de esculturas de los principales dioses de la antigüedad, entre ellos los de Esculapio y sus hijos Macaón, Polidario, Higea y Panacea, todos ellos relacionados con las ciencias médica; la sala dedicada a los motivos eróticos con los que solían decorar vasos y otros recipientes donde guardaban presuntos remedios que estimulaban la fertilidad o el vigor sexual; sin embargo a nosotros personalmente nos emocionó más en la sala áurea contemplar un collar de oro con motivos de abejas, collar que habíamos visto muchas veces en obras de historia de la apicultura.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Museos de Berlín (1)



Un buen amigo de este blog,  José María de Jaime Lorén, nos envía una crónica de sus visitas a los museos de Berlín, que publicaremos en varias entregas:

El pasado día 6 de diciembre, exactamente a las 11’30 de la mañana, se cumplió el primer centenario del hallazgo de una de las piezas arqueológicas más bellas del antiguo Egipto de los faraones. El busto de Nefertiti, esposa del faraón Akenatón. Con este motivo hay actualmente una exposición magnífica en Berlín que recuerda este descubrimiento.

Como hace apenas un mes tuvimos oportunidad de visitar esta ciudad, queremos aprovechar para dejar aquí algunas reflexiones sobre el viaje, sobre sus museos y por extensión sobre los alemanes. El motivo del desplazamiento era fundamentalmente familiar, nuestra hija Pilar está cursando este año allí 5º de Medicina, y fue ella quien se brindó a mostrarnos la ciudad. Para sus padres imposible mejor cicerone. Pero para quienes no tengan esta suerte, indicar que en la plaza de Brandeburgo hay estudiantes que por un precio módico se ofrecen como guías a grupos reducidos.

El Muro

A primera vista la ciudad parece bastante destartalada. Destruida en gran parte durante la II Guerra Mundial, partida por la mitad desde entonces con el célebre Muro, durante años controlada por las cuatro potencias vencedoras de la contienda, la unificación alemana ha supuesto la oportunidad de volver a crear la gran capital que siempre fue. Y a ello se han puesto los alemanes con la tenacidad que los caracteriza … y con los euros que tienen en abundancia. Mientras en España todo está en paro y no hay obras públicas, Berlín está siendo levantada de nuevo. Claro, que con enormes contrastes. Junto a la modernidad de acero y vidrio del centro Sony de Potsdamer Platz, a unos pocos metros se encuentran los barrios de la antigua Alemania Oriental, con edificios todos iguales, funcionales y sencillos.

Hemos citado el Muro que durante décadas separaba con las alambradas correspondientes las dos Alemanias. Sigue hoy omnipresente. En los sitios donde fue derribado por necesidades urbanísticas, una cinta metálica en el suelo lo recuerda, y quedan todavía muchos kilómetros de valla con pinturas y decoraciones que recuerdan la vergüenza que supuso entonces esta violenta separación. Su visita es obligada pues constituye por sí misma un auténtico museo.

No parecen dispuestos los alemanes a olvidar su pasado más reciente. Ahí está Charlie Point o único paso fronterizo entre las dos zonas berlinesas, el recuerdo a los que murieron cuando intentaban pasar del Este al Oeste, pero lo que más nos impresionó fue el Memorial de la persecución que sufrieron los judíos por los nazis. Se trata de un espacio amplio que poco a poco se va hundiendo, mientras se alzan grandes bloques de cemento que parecen tapar el cielo dejando pequeños pasillos a modo de laberinto donde el visitante se pierde. La sensación de angustia y de soledad es completa. También la facilidad para hundirse poco a poco, mientras se pierde la noción de lo que es justo y de lo que no lo es.

José María de Jaime Lorén.