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Mostrando las entradas etiquetadas como Irlanda

Número 24

Benjamín, que sabe que me gustan las pelis sobre la Segunda Guerra Mundial, me avisó de que hacían esta noruega en Netflix. Supongo que la plataforma va repartiendo el presupuesto por países, para tener a todos los consumidores contentos. ¿Quién dijo que el nuevo tecnofeudalismo era antipático? Vi "Número 24" en una noche tristona y solitaria de este enero solitario y tristón. Lara  y Bimba dormían en sus casitas, felices. Merche dormía arriba, inquieta y preocupada. La estufa iba a lo suyo: a veces, locuaz y naranja y otras veces, oscura y tímida. Y yo, entre pelis, series y vídeos de Youtube  me iba acabando el excelente ron dominicano Matusalem que trajo mi cuñado para las lifaras navideñas.  La peli, parsimoniosa y lenta, cuenta las hazañas de  Gunnar Sønsteby,  uno de los líderes de la resistencia noruega contra los invasores alemanes. La historia transcurre en dos planos históricos: durante la guerra y cuando el anciano Gunnar, una gloria nacional, an...

El asesino.

  Mi compañero Pablo B. me comentó que la peli transcurría, en parte, en la República Dominicana, así que tenía que verla. No solo eso, me dijo que estaba bastante bien y coincido con su opinión. La última peli de Fincher es extrañamente buena. Digo extrañamente porque todo es previsible en ella. Los viejos temas de la venganza, del asesino todopoderoso, del "no es nada personal" han sido usados muchas veces. Y sin embargo, la peli engancha desde el principio. E incluso uno acaba sintiendo cierta empatía con el protagonista, un eficiente y creíble Fassbender, que anda repartiendo muerte por varios países. La referencia del género es, por supuesto, "El día del chacal", la novela de Frederick Forsyth que leí hace muchas adolescencias. De las adaptaciones cinematográficas, solo recuerdo la de Caton-Jones protagonizada por Bruce Willis y Richard Gere. No me podía creer al bueno de Willis en el papel del asesino a sueldo, eficaz e implacable. Para mí, Willis siempre será...

Oscuridades del ajedrez.

El ajedrez tiene buena imagen social. Generalmente, se lo asocia a la inteligencia, a las clases acomodadas, a cierta sofisticación intelectual o artística. A cualquier padre le parece bien que sus hijos tengan ajedrez como actividad extraescolar (además, es de las más baratas). Todo aquello del valor propedéutico, de que favorece la memoria geométrica, la toma de decisiones, la responsabilidad sobre los propios actos, es cierto. Pero también es cierto que se puede convertir en una pasión arrebatadora que consume vidas. Se dice que "life is not long enough for it, but that is the fault of life, not chess.” Con más intuición que técnica, cualquier guionista mediocre que quiera hacer una historia de esas que tocan la mente, las pasiones y los asesinos en serie, tiene la estúpida idea de colocarla en alguna especie de campeonato mundial de ajedrez.  Aquellos de nosotros para los que el ajedrez es algo más que un hobby sabemos que el asunto no es tan brillante, ni tan sofisticado; per...

"El sentido de un final" y "Órdenes sagradas"

Los recuerdos, siempre los recuerdos. La memoria se apodera de nosotros. Nos hace como somos, felices o infelices. Reelaboramos esos recuerdos y los reconstruimos hasta llegar a la falsedad, el bendito autoengaño. El pasado como un lastre, como una oportunidad. Nos sentimos culpables de lo que hicimos o de lo que no hicimos y de lo que hicieron o no hicieron los que nos acompañaban en cada momento de nuestras vidas. Supongo que la iluminación de la que hablan los maestros orientales es una especie de purificación-limpieza de la memoria, es decir, del alma. En 2017, vimos “El sentido de un final”, una peli británica basada en una novela breve de Julian Barnes: “The Sense of an Ending” (2011). La peli trata el tema del anciano descubriendo o redescubriendo hechos del pasado que creía que habían ocurrido de otra manera. Me resultó interesante y entretenida, aunque algunas partes de la historia eran previsibles. Me gustó mucho la interpretación de la pareja de protagonistas: Jim B...

Asesinato en el Congreso

Durante esta semana, me he leído una novela gorda firmada y dedicada por su autor, un diputado de la décima legislatura (2011-2015). Y eso es algo muy raro por varias razones: -          1. Cada vez leo menos. Especialmente, en las épocas de más trabajo. -           2. Cada vez me dan más miedo las novelas gordas. -           3. No me gusta que me rayen mis libros. Ni siquiera su autor. -           4. Los diputados no escriben libros. Supongo que tampoco leen mucho. Sin embargo, valía la pena hacer excepciones y dejarle al tipo que me rayara la novela gorda, porque este diputado sí ha escrito varios libros y es paisano. Se trata de Chesús Yuste, que acudió a la librería de Miguel en la Feria del Libro. Chesús Yuste es uno de los históricos de Chunta Aragonesista. El nacional...

El mar. (John Banville, 2005)

Como me gustó mucho “Antigua luz” (2012), volví a leer al irlandés Banville, que pasa por ser el actual número uno de los escritores en inglés. Así que este verano, me sumergí en “El mar” (2005), que fue la novela que, al conseguir el Man Booker, lo dio a conocer al gran público. Como en “Antigua luz”, tenemos un protagonista maduro, que recuerda pasajes de su primera adolescencia. Breves fragmentos de memorias antiguas, que vienen a su mente cuando, triste y solo, vuelve a aquel lugar de la costa. Huye como todos huimos. La novela crece en torno a una tensión creciente, difusa, terrible, porque sabemos que ocurrirá algo, bien al niño de aquellas viejas vacaciones, bien al adulto maduro que se recuerda a sí mismo. Esa maestría narrativa, esa exactitud en el control del suspense es la marca de la casa del llamado universo Banville (Premio Príncipe Felipe de las letras del 2014). Mi verano, que ahora me suena tan lejano, transcurrió también junto al mar. Los niños ju...

"Philomena" y "Dallas Buyers Club"

Vivimos a través de las emociones ajenas. Los padecimientos y las alegrías de los otros nos hacen llorar y reir. Espejos sutiles de nuestro yo vacío frente al televisor deshonesto. La empatía, esa ilusión, ese prodigio evolutivo. El arte todo, especialmente el audiovisual, es la manipulación de esa empatía, de la envidia, de la solidaridad más pura. Y esto vale para la mierda de las telecinco y  para los poemas que Miguel Hernández escribió en la cárcel. Aunque haya universos de diferencia en la intención o en la artesanía usada. Las dos últimas pelis que hemos visto  tenían mucho de ese trabajo emocional. Ambas  logran que el espectador se ponga en el lugar de los protagonistas y que sienta un poco su dolor y un poco su lucha por vivir. Y que salga del cine con la ilusión de haber llenado un poco esa nada que nos inunda por dentro. Con menos arte, con otros actores u otro atrezzo, ambas pelis serían telefilmes para después de comer. Pero, afortunadamente, ambas son d...

The guard (Mc Donagh-2011)

En la ciudad donde vivo hay tres cines. Y contrariamente a lo que uno esperaría, también ponen cine raro, es decir, cine NO norteamericano. Así que el otro día fui a ver una peli irlandesa que no sé si se habrá estrenado en España. Aunque la peli estaba bien, fue, en lo lingüístico, una mala elección. Porque una de las cosas con las que juega el argumento es con los muchos acentos del inglés: uno del FBI (D. Cheadle) que tiene que investigar en la Irlanda rural las cosas malas que hacen unos narcotraficantes que vienen de Londres. A veces, hasta le hablan en gaélico los granjeros que no entienden qué hace por allí un negro con lo lluvioso que ha salido el día. Es decir, demasiado para mi nivel. El protagonista es un viejo policía de la Garda (la poli rural irlandesa), que se bebe todo lo que le ponen delante y que se va de putas en los días de permiso. Es decir, un policía normal y corriente. El tipo no quiere que le den mucha faena, así que lo que le gustaría es que el negro del FBI ...

Hellboy y el ejército dorado.

Me saqué del videoclub este estreno. Y vi una peli entretenida, divertida, ruidosa y vacía. El personaje de Hellboy tiene muchas menos dualidades y sombras que en la primera película y es por tanto, menos interesante. Se dedica a dar bofetadas y a salvar al mundo. Es decir, poca cosa. Por otro lado, nos hemos acostumbrado tanto a los efectos especiales que imágenes que hace una docena de años nos hubieran parecido milagros dignos de muchos rebobinados, pasan desapercididas y se olvidan inmediatamente. O peor, huelen a refritos. El "mercado de los trolls" apesta a Guerra de las Galaxias. Nada nuevo bajo los soles de Tatooine. Quizá lo más llamativo de esta secuela ha sido que Del Toro se ha explayado metiendo su imaginario personal y podemos ver a criaturas del submundo que miran con sus manos y cogen la energía del bosque, etc, etc. Es decir, lo que ya hizo en la interesantísima "El laberinto del Fauno"; pero con más presupuesto y menos misterio. Un aspecto que nece...

"Garage". 2007. Lenny Abrahmson.

Refugiándome del calor de agosto, me metí en el cine a ver esta peli irlandesa, con la esperanza de que la pantalla se llenara del frescor verde y tranquilo de la isla esmeralda. Y efectivamente, hubo algo de ese verdor, porque la peli transcurre en la Irlanda rural de largos otoños y prados con rocío. Aunque la peli está muy bien hecha y las interpretaciones, como era previsible, son muy buenas, no me gustó. La historia es demasiado triste. Más triste que lo que el cartel o la primera parte permitían predecir. Volví a casa con cierta desazón, con cierta amargura en lo hondo. Nadie me esperaba. La peli trata de los hombres solos. Hombres, que a causa de la despoblación de sus territorios, o de sus propias carencias, no se casarán y vivirán solamente para su trabajo, para sus costumbres. Mozos viejos, solterones, maziellos los llaman en Aragón. Por lo visto, también los hay en la Irlanda rural. Hombres que trabajan y viven sin nadie a quien cuidar y sin nadie quien les cuide. El protag...