Ir al contenido principal

Hellboy y el ejército dorado.


Me saqué del videoclub este estreno. Y vi una peli entretenida, divertida, ruidosa y vacía. El personaje de Hellboy tiene muchas menos dualidades y sombras que en la primera película y es por tanto, menos interesante. Se dedica a dar bofetadas y a salvar al mundo. Es decir, poca cosa. Por otro lado, nos hemos acostumbrado tanto a los efectos especiales que imágenes que hace una docena de años nos hubieran parecido milagros dignos de muchos rebobinados, pasan desapercididas y se olvidan inmediatamente. O peor, huelen a refritos. El "mercado de los trolls" apesta a Guerra de las Galaxias. Nada nuevo bajo los soles de Tatooine. Quizá lo más llamativo de esta secuela ha sido que Del Toro se ha explayado metiendo su imaginario personal y podemos ver a criaturas del submundo que miran con sus manos y cogen la energía del bosque, etc, etc. Es decir, lo que ya hizo en la interesantísima "El laberinto del Fauno"; pero con más presupuesto y menos misterio.
Un aspecto que necesariamente me tenía que llamar la atención es el hecho de que los elfos (o como se llamen) tienen el gaélico como lengua. No sé lo suficiente para distinguir exactamente de cuál de las lenguas celtas se trataba; pero supongo que era el gaélico de Irlanda, puesto que la aventura acaba en el norte de la Isla Esmeralda. Las viejas lenguas celtas, como el euskera, se conservan desde la antiguedad gracias a la fidelidad de un pequeño número de hablantes, que forman islas lingüísticas rodeadas de idiomas poderosos y mayoritarios. Con el Romanticismo del XIX y con la ayuda de historiadores metidos a poetas y de poetas metidos a historiadores, aquellas lenguas se convirtieron en un símbolo y en un puente hacia ese mundo anterior, primigenio, puro, de los bosques y las montañas. Hoy en día siguen siendo símbolos políticos de diversos nacionalismos irredentos, cuyos ideólogos, recuerdan a veces a los elfos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ICE, F**K You - A Protest Song for Minneapolis

   La casa de nuestro vecino, el moro, tiene una fachada bonita, que combina bien con la nuestra. Me atrevería a decir que esa casa, la casa de mi mujer y la casa de nuestra derecha son las tres más hermosas de esta ciudad industrial y fea. Tres edificios de colores armónicos y marineros, balcones coquetos, rejas de forja. Si toda la calle fuera igual, vendrían los turistas a hacernos fotos y quizá pondríamos una tienda de souvenirs, gentrificada y hortera, en la parte de abajo. Mi mujer haría bonitas artesanías mudéjares y yo cubriría las pérdidas. El moro respetó la medianera común y apoyó la estructura de su nueva casa en cimientos propios y fuertes, en su lado, honradamente. El hombre es albañil y usó todo su oficio honesto para hacerse una casa linda para la vejez. Construyó una terraza parecida a la nuestra. Aunque la disfrutan más que nosotros, sobre todo, en el ramadán. Nosotros no nos quejamos del olor de sus guisos y ellos no se quejan del humo de nuest...

Palmeras en la nieve

Parece una película norteamericana, de las muy taquilleras. Y por eso está haciendo mucha taquilla. Es un dramón de casi tres horas, con paisajes espectaculares, actores guapos (el Casas y la Ugarte), ambientación de lujo y mucha épica.  Cuando los críticos se quejen de que la industria patria no hace productos vendibles, les arrearán con esta peli en toda la boca.  Se basa en el best seller escrito por la alcaldesa de Benasque, Luz Gabás, que se inspiró en la historia de su familia. Y del mismo modo que el libro ha tenido ediciones en otros idiomas, la peli pronto tendrá versiones extranjeras. No me arrepiento de haberla elegido; pero la cosa, con tanta duración y tanta lágrima, me sonaba más a serie televisiva que a peli de cine. A pesar de las idas y venidas de los personajes y del final previsible, me metí en la historia y disfruté cómo debían disfrutar nuestros padres cuando vieron “Lo que el viento se llevó” o “Memorias de África”. La historia está p...

Todos estamos invitados

El viernes fui a los Lys, uno de los pocos cines que van quedando en el centro de la ciudad, a ver el estreno de "Todos estamos invitados" de Gutierrez Aragón. No me gustó. La peli trata el terrorismo de ETA y la opresión que ejerce sobre la sociedad vasca, a través de dos personajes: un profesor amenazado (José Coronado) y un terrorista amnésico (Óscar Jaenada). Me dio la impresión de que las historias no engarzan bien, el argumento queda deslabazado y previsible y los arquetipos que quiere presentar no funcionan. Creo que se podrían haber quedado sólo con la historia del profesor y el vacío cobarde que le hacen en su cuadrilla donostiarra de comedores de kokotxas y todo hubiera resultado más sólido. Se podían haber ahorrado unas escenas de kale borroka poco creíbles, por ejemplo. Supongo que también me molestó que hicieran uso de trucos argumentales como amnesias y cosas así, eso se debería dejar para las telenovelas. Tampoco me creo a los actores: Coronado no tiene pinta d...