miércoles, 26 de noviembre de 2008

Aquí no puede ocurrir. El nuevo espíritu del capitalismo.


El otro día me llegó un correo electrónico citando un artículo de 1998 del célebre Arturo Pérez Reverte (no confundir con los escritores Jorge Martínez Reverte o Javier Reverte). Aunque Arturo Pérez Reverte no sea santo de mi devoción, hay que reconocerle que ha encontrado un tono que gusta (y vende). El artículo, titulado "Los amos del mundo" dice cosas como: "Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden. No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro." En este sentido, el que lanzó el correo a la red, lo título "profético"
Por supuesto, no sólo Pérez Reverte previó que más pronto o más tarde, nos caería encima una crisis de tipo sistémico. Me viene a la memoria el libro "Aquí no puede ocurrir. El nuevo espírito del capitalismo" del hombre-Prisa Joaquín Estefanía. En el libro, Estefanía parte de las devastadoras crisis asiática y latinoamericana de finales de los 90 para mostrar como la interconexión entre las economías, a través de un mercado financiero desregulado, produjo una verdadera catástrofe en la economía real. Durante la última década, el discurso dominante en Europa y en Estados Unidos ha sido que estábamos a salvo de esas crisis periódicas del capitalismo. Que la historia había acabado y que una eterna etapa de prosperidad, superproducción y superconsumismo nos esperaba. Estefanía avisaba en este libro, de manera documentada y amena, que no era así y que además, las recetas económicas neoliberales que aplicaba el FMI empeoraron la situación en aquellas crisis. Parece que los hechos le están dando la razón en muchos aspectos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Versiones de la historia.


"El Mundo" está vendiendo una colección de libros y documentales titulada "El camino de la libertad (1978-2008)", sobre la historia española contemporánea. La autora principal es la periodista Victoria Prego, que se ha ido convertido en la narradora por excelencia de la versión ortodoxa de la transición. La otra noche, vi el primer documental de la serie, titulado "Nace la constitución. 1977-1978" que, por supuesto no se aleja ni un milimetro del guión establecido. Ese guión es cómodo para los distintos poderes y consolador para la mayor parte de los españoles, que así se ven protagonistas de una transición luminosa y "ejemplar". En los manuales que estudiarán los niños del futuro, se resaltará el espíritu de concordia, el decidido protagonismo del Borbón a favor de la "democratización", el "destape" y el Mundial de fútbol del 82. Todo muy bonito. Por desgracia, la historia nunca es tan lineal ni sencillita como se relata en esta clase de documentales y la llamada "transición" estuvo tan llena de lagunas y de sombras que, a menudo, uno se pregunta por lo de aquello de que "todo quedaba atado y bien atado" y hasta qué punto el proceso fue una "estabilización" más que una "normalización".
Con todo, algunas imágenes del documental me conmovieron e impresionaron: la gente votando en el referendum que ratificó el proyecto constitucional en la mayor parte de España, las manifestaciones en Valencia y su cosecha de cuatribarradas que la violencia de extrema derecha se encargaría de marchitar, la inflación del 30%, las cargas policiales en los San Fermines del 78, la primera publicidad de teles en color, el "Canto a la libertad" de Labordeta a modo de banda sonora, las primeras palabras de Tarradellas desde el balcón de la Plaza de Sant Jaume, los mítines de Fraga y de Blas Piñar, y mi admirado Ernest Lluch con su pinta de profesor despistado, como jovencísimo diputado del PSOE (¿quién iba a predecir entonces su terrible final?).
Si uno quiere formar una opinión un poco más profunda de aquellos años, en lugar de los documentales de la Prego, me parecen más recomendables algunos libros no tan edulcorados. Me vienen a la memoria "Por Dios, por la Patria y el Rey" de Pablo Castellano (Ediciones Temas de Hoy), "Los años oscuros de la transición española" de Pons Prades (Belacqva) y "25 años sin constitución" de Navarro Estevan (Foca).
Cualquiera que haya estudiado ecuaciones diferenciales, sabe que las soluciones o los equilibrios a los que llega una ecuación dependen tanto de su forma como de las condiciones de contorno o condiciones iniciales. Las condiciones iniciales de la situación actual de España fueron fijadas en aquellos difíciles y violentos. Los representantes de la voluntad popular, recibieron continuas presiones de diversos lados, especialmente de los sectores más reaccionarios del ejército. Eso dió lugar a una transición "controlada" que devino en un régimen con diversas anomalías, que todavía lo lastran (el desequilibrio territorial en temas fiscales, un sistema electoral que favorece a los dos grandes partidos y al PNV, la existencia de tribunales de excepción, el mantenimiento de los privilegios económicos de los Franco, la preponderancia de la Iglesia Católica en diversos ámbitos, una ley de punto final tanto para los crímenes de lesa humanidad como para la delincuencia económica, etc.). Con todo, quizá fuera el único equilibrio posible de la ecuación. Y ya se sabe que las ecuaciones no son ni buenas ni malas, son solo números, números...

martes, 18 de noviembre de 2008

Identidades asesinas. Amin Maalouf.


El otro día oía a un compañero de trabajo hablar del concepto de "cultura". Cultura en el sentido amplio de conocimientos, de tecnología, de manera de vivir, de identidad. Mi compañero, obviamente, manejaba los arquetipos y clichés habituales al respecto: el cristianismo como uno de los componentes de la cultura occidental, la ciencia, los derechos humanos, lo positivo y negativo de la multiculturalidad, los recién llegados con otra religión y otras costumbres. Por mi parte, coincidía en algunos puntos con él y divergía en otros. Y es que no damos para mucho. El etnocentrismo nos sale por las orejas.
Entonces me vino a la memoria este libro, de pocas páginas; pero cuya lectura resulta imprescindible para entender algo acerca de las identidades personales y las identidades colectivas. Y su necesidad, y el peligro que conllevan. Y Maalouf sabe de lo que habla: cristiano libanés de lengua francesa y exiliado en 1975, buen conocedor de la cultura y el mundo árabe y sus fantasmas y miedos, y también de los nuestros.
Fue el siguiente párrafo, que oí en la radio, el que me hizo comprar y devorar "Identidades asesinas". El fragmento empieza analizando la reacción francesa ante la globalización cultural y la "modernización":
"Si he puesto este ejemplo (Francia) es porque revela, a mi juicio, de qué manera, incluso en Occidente, incluso en un país desarrollado, con una cultura abierta y universalmente respetada, la modernización se hace sospechosa desde el momento en que se percibe como el caballo de Troya de una cultura extranjera dominante.
Es fácil imaginar entonces, a fortiori, lo que han podido sentir los diversos pueblos no occidentales para los que, desde hace ya muchas generaciones, cada paso que dan en su existencia está acompañado por un sentimiento de capitulación y de negación de sí mismos. Han tenido que reconocer que su técnica estaba superada, que todo lo que producían no valía nada en comparación con lo que se producía en Occidente, que seguir practicando la medicina tradicional era una muestra de superstición, que su poderío militar no era más que un recuerdo del pasado, que sus grandes hombres, a los que habían aprendido a venerar, los grandes poetas, los sabios, los soldados, los santos, los viajeros, no significaban nada para el resto del mundo; que su religión era sospechosa de barbarie, que sólo unos cuantos especialistas estudiaban su lengua. Cuando hablan con un occidental es siempre en la lengua de él, nunca en la suya propia; en el sur y en el este del Mediterráneo, hay millones de personas que saben inglés, francés, español o italiano. En la otra orilla, ¿ a cuántos ingleses, franceses, españoles o italianos les ha parecido útil estudiar árabe o turco?"

jueves, 13 de noviembre de 2008

Asterix y los vikingos.


Los cómics de la generación que nos precedió fueron "El Guerrero del Antifaz", "El capitán Trueno" y "Roberto Alcázar", autárquicos, militarizados, españolísimos, limitaditos y evidentemente, homosexuales. Los cómics de nuestra generación ya fueron más cosmopolitas y presentables. De Estados Unidos nos llegaban los superhéroes Marvel y de la lejana Europa, Tintín y Asterix. Aunque la sexualidad de estos últimos tampoco ha estado clara nunca. A mí, me gustaba más Asterix. Supongo que prefería la historia antigua a la historia contemporánea y lo coral a lo individual. Así que cuando iba a la biblioteca, buscaba afanosamente las aventuras de los galos. Y el otro día, me saqué del vídeo club esta adaptación en dibujos animados. Y me gustó mucho, claro, como cuando era un crío.
Creo que la peli logra captar algo de ese arte que rezumaba el cómic ¡Qué placer esos dibujos de línea estilizada y esos colores puros! ¡Esos bosques donde los druidas buscaban el muérdago! ¡Ese Canal de la Mancha donde se hundía un barco pirata dos veces al mes! ¡Y que deliciosos estaban los jabalís!
Mientras la veía, no podía evitar acordarme de la frase con la que Juaristi empieza el capítulo dedicado a los celtas y al celtismo en su libro "El bosque originario": "Durante siglos, celta significó francés". Y Asterix y Obelix han sido lo francés, lo muy francés. Todas las historias originales de Goscinny y Uderzo reflejaban ese intenso sentimiento de superioridad con el que los franceses miraban y miran al resto del mundo desde el formidable edificio de su Estado-Nación (del que la aldea gala es una metáfora inocente y coloreada). Ya lo decía el viejo Benedetti en "Grietas" (que separan):"a agnósticos y monaguillos, a inmortales y suicidas, a franceses y no franceses ". En cada historia, Asterix y su amiguete Obelix (que, en el fondo, es mucho más inteligente) visitan algún lugar del mundo antiguo (Hispania, Egipto, Germania, etc.) y civilizan a los anfitriones a hostias. Lo galo es lo francés y es lo normal y es lo deseable. O al menos, es lo que nos contaron.
En "Asterix y los vikingos", se imponen a los hombres del norte, que son representados como guerreros crueles y poderosos. En la peli de dibujos animados se toman la libertad de desplazar a Asterix y a Obelix a ese país lejano en dirección a la estrella polar, de donde se supone que proceden esos gigantes sin miedo. Y la aventura transcurre en una Islandia imaginaria y helada. Y nuestros civilizados y romanizados héroes, con un poquito de doping, les dan su merecido a esos bárbaros. Y es que la grandeur es la grandeur.
Las ironías de la historia han hecho que Asterix y Obelix, tan correctamente franceses, procedan de lo que actualmente es Bretaña, una de las varias regiones de Francia donde no se habla francés, donde mucha gente no se siente francesa. Y es que la geografía y la historia está llena de curvas y paradojas, en forma de aldeas que resisten ahora y siempre al invasor, aunque ya no haya pociones mágicas ni héroes de rojos bigotes...

martes, 11 de noviembre de 2008

Glengarry, Glen Ros.


Tengo un puñado de amigos que trabajan como comerciales. Algunos son meros vendedores, otros "consejeros de ventas" y otros, jefes de delegación. Su trabajo no es fácil. Y más, en esta época de bancarrotas, de parálisis, de impagados y de insolvencias. Para justificarme, puedo decirme a mí mismo que ellos, con menos formación, ganaban más dinero que yo en los años en los que la pirámide crecía. Porque todo esto es un sistema piramidal, un gran engaño, un timo monumental y fastuoso, digan lo que diga Prisa, los de "El Inmundo" y los socialdemocrátas. Y me puedo decir a mí mismo que cuando a mis amigos las cosas les iban bien, sus viernes eran días divertidos de largos almuerzos, gin tonics y pubs donde celebrar sus comisiones. Y mis viernes eran días grises de tutorías y asignaturas de libre elección que nunca pude elegir. Sin embargo, en el fondo de mis once dioptrías, sé que yo no tendría agallas para salir cada mañana y para convencer a un cliente de gastarse todos sus ahorros y no tendría la gracia para invitar a comer a otro cliente, y para merendar con otro y para encontrar una dirección confusa en un polígono industrial mal urbanizado y para aparcar un coche en el centro de una ciudad caótica y para reclamar a otro cliente, con malos modos, lo que no ha pagado. Yo no valdría. Yo estoy muy a gusto en mi gran silla, con mi gran culo sobre ella. Yo soy un intelectural. Es decir, vivo del aceite que derraman esos comerciales cuando encienden las lámparas del templo. Porque el templo siempre tiene que estar iluminado.
Esta peli nos presenta a una delegación comercial en plena guerra interna. Se trata de la adaptación de la obra de teatro de David Mamet, puesta en manos de un reparto impresionante: Al Pacino, Harris, Arkin y especialmente Lemmon son los comerciales. Venden suelo en Florida, o hipotecas al negro de Alabama con camiseta sin mangas. Es lo mismo, vendan lo que vendan. La cuestión es ganarse sus comisiones, competir, gesticular, mentir, sufrir, triunfar y acabar las noches on the rocks. Los aguijonean Spacey y Baldwin. James Foley, el director, no se podrá quejar de actores. Lo que se ahorraron en decorados, se lo gastaron en cachés.
La historia es limitadita y sencilla pero permite percibir la angustia del que no llega a los objetivos, del que no convence, del que no gana en esta absurda batalla sin final. Capitalismo en estado puro. Engaña o revienta. Para pagarte tus vicios o el hospital de tu hija. La máquina no puede parar y hay que vender. Y los que no vendan, quedarán fuera, serán expulsados de nuestro paraíso brutal y desmesurado. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Para qué tanta pasión, tanto sudor, tantas palabras, tanta actuación, tanto esfuerzo?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Todos los hombres del rey.


Los medios de comunicación nos han mantenido puntualmente desinformados de las elecciones presidenciales norteamericanas. Y creo que casi toda la población mundial se congratula de la victoria de Obama y del fin de la presidencia de Bush III, el último del trío de las Azores. Con el crack financiero, y con un candidato tan lindo era imposible que los democrátas no barrieran. No ha existido la posibilidad del pucherazo del 2000. Además, Obama ha ido derechizando su discurso para que no le pegaran un tiro. El futuro presidente se va a encontrar un panorama desolador: el déficit presupuestario norteamericano, las tres o cuatro guerras en marcha, la bomba de Irán, la recesión, etc. Le van a salir canas.
Así que para entender algo más de todo esto y hacer la digestión de la cena del viernes, me busqué una peli sobre política norteamericana. ¿Y qué mejor que una de Zaillian (autor de la hermosísima "En busca de Bobby Fischer")? La película es un remake basado en una novela de R.P. Warren. La historia, que toma el título de la famosa frase de Lewis Carroll, se basa en la vida del gobernador de Luisiana Heuy Long (1852-1936). Long fue un rara avis en la política norteamericana. Su discurso se aproximaba a lo que en Europa entenderíamos por socialdemocracia: se enfrentó a la Standard Oil, promovió grandes obras públicas y sistemas de seguridad social. Se le acusó de demagogo y de corrupto. Fue el contrapunto extremista de Roosevelt. Al final murió en un atentado. Nada nuevo bajo el sol de Nueva Orleans.
Sean Penn interpreta a este gobernador de verbo inflamado e intenciones retorcidas. Impresionantes los mítines, especialmente el que suelta a bordo de una barca en una ciénaga. El peso de la peli recae sobre el guapetón de Jude Law, uno de los "fontaneros" del aparato. Sus trabajos paralelos para el gobernador le conducen a revolver el pasado de su propia familia, de clase alta sureña, sofisticada y conservadora. "Le llamáis chanchullo cuando él que lo hace no sabe usar el tenedor". Hopkins y Clarkson hacen de secundarios de lujo. Para mi gusto, esa parte de la peli ocupa demasiado, a costa de la discusión política que implica la aparición de personajes como el gobernador Long. Democracia y demagogia, corrupción y eficiencia, poder económico y poder político: viejos debates que ya se suscitaron en las democracias griegas.

jueves, 6 de noviembre de 2008

“Collapse”. Jared Diamond. (2005)


A colleague, though a friend, lent it to me. Two years ago, I read in Spanish “El tercer chimpancé”, about anthropology, by the same author. At that time, I thought Diamond was a very educated writer. But now, I am even more impressed because the matters described in “Collapse” come from very different fields of Science. It is a real pleasure to read this kind of Renaissance work nowadays, at the time of blind specialisation.
The book is about some old and modern societies and civilizations. It is focused on the important question “Why some societies survived and other collapsed?” Obviously, it is a clever way of asking “Is our civilization going to survive or fail?”
Diamond explains that societal collapses usually involve an important environmental component, climate changes, hostile neighbours and other minor factors. Each society gave different responses to those problems. He chooses civilizations from different ages and places, surrounded by different environmental conditions, and with different degrees of knowledge and technology.
He considers isolated and underdeveloped societies as the Easter Island or the Norse colonies in the North Atlantic. But he also describes advanced societies, proud of their development, as contemporary China or old Maya civilization. Many of them collapsed at their growth peak.
Nowadays, we see ourselves as the omnipotent protagonists of the History of Human Race, as old Mayas saw themselves, but our lonely planet seems dangerously similar to fragile Easter Island, in the middle of South Pacific, and our modern buildings maybe will have the same posthumous meaning as the Moai have.

martes, 4 de noviembre de 2008

"Testigo de cargo" (Willy Wilder, 1957)


Anoche vi en DVD este viejo supense judicial. Lo vi con cariño, con simpatía. Y lo disfruté mucho. Y es que los clásicos son los clásicos. Por supuesto, está lejos de las obras maestras de Wilder; pero la historia está bien filmada, bien ordenada y bien contada, sin esquinas que se puedan oxidar ni baches donde uno se pueda tropezar.
Creo que es una adaptación de una obra de teatro de Agatha Chrisitie, sencillita y apañada, con un final fácil de adivinar.
El gran Laughton aporta el lado cómico con sus vicios de abogado resabido y gordo "Señorita Plimsoll, si usted fuera una mujer la azotaría ahora mismo". Y la Dietrich llena la pantalla cada vez que sale. Impresionaría aunque fuera la narradora de un documental sobre el parlamento sueco. Por supuesto, Tyron Power y su cara de tonto encantador no le hacen ni sombra. Incluso me atrevo a decir que el desgarro y el misterio de la Dietrich quedan un poco desubicados en las acolchadas salas de los tribunales británicos, donde se juzgan casos de asesinato y testifican los mayordomos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Pozos de ambición.


Quizá no vimos "Pozos de ambición" en las condiciones más adecuadas. La compramos en Ono y la pantalla de la tele no permitía apreciar la fotografía que han ensalzado algunas críticas. Hacía frío y estábamos rebujaditos en el sofá. Un excelente Ribera del Duero "Abadía de Montrús" nos calentaba el alma y nos adormecía. Así que los 150 minutos de peli se nos hicieron largos, largos. Sobraba al menos, una hora de película. Fuera, se oía el viento del norte.
Me gustó el principio, la épica de los primeros prospectores, la peligrosidad del trabajo, esos desolados paisajes norteamericanos, donde solo la muerte parece tener sitio. Nos llamaron la atención los largos fragmentos de la historia en los que nada se dice, ninguna palabra se pronuncia. Casi no aparecen mujeres. Es decir, no hay lenguaje, no hay cariño. Solo ambición, sudor, suciedad. Bienvenidos al capitalismo, por mucho que la "socialdemocracia" actual venga en su ayuda. Incluso, creo que el trabajo de Day-Lewis está bien. En algunos sitios, he leído que sobreactúa; pero es difícil encontrar el tono adecuado para un personaje tan duro y tan brutal como el que interpreta. Pero a mitad de la película, todo me empezó a sonar repetido, pesado, aburrido. Y me empecé a liar con los personajes: sobre todo me confundió el cura fanático interpretado por Dano, que aunque es un gran actor (véase la imprescindible "Pequeña Miss Sunshine") es demasiado joven para el personaje. Si lo que pretendían era hacer una alegoría del desarrollo capitalista de los Estados Unidos, reflejados en el hombre hecho a sí mismo y en la enorme influencia de las sectas protestantes en el poder, han profundizado poco. Y si se trataba de la historia de las soledades del empresario todopoderoso, al que mueve un odio extraño hacia todo y hacia todos, incluido su propio hijo, se han quedado cortos. Como me comentó mi novia, para eso ya está "Ciudadano Kane".
Aquella noche, no soñamos con la película.

domingo, 2 de noviembre de 2008

"Solo quiero caminar"


Nunca olvidaré el final de "Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto": Victoria Abril descargando cajas de cerveza, cojeando, después de haber sufrido brutalidades sin cuento. Me parece una de las escenas más hermosas de toda la historia del cine español, un inigualable canto a la esperanza y a la fuerza humana.
Así que fácilmente convencí a mi novia para ir al estreno de la nueva de Agustín Díaz Yanes. Y me esperaba mucho. Al fin y al cabo, todo indicaba que esta peli estaba muy relacionada con la genial opera prima del madrileño. Y efectivamente, el planteamiento de "Solo quiero caminar" repite el de "Nadie hablará.." e incluso, la segunda es la continuación cronológica de la primera.
Pero no nos gustó. Y no nos gustó porque el director y guionista ha intentado meter demasiadas cosas. El tema es el mismo que en "Nadie hablará...": en "Solo quiero caminar" se contraponen hombres extremadamente violentos (narcotraficantes mexicanos) a mujeres tenaces (ladronas españolas). En este caso, la Gil recoge el testigo de la Abril, con algunos añitos más que en "Nadie hablará..." En un mundo dominado por los hombres y por la brutalidad de los hombres, y concebido para el placer de los hombres, las mujeres salen adelante, a pesar de las hostias y de las pistolas, gracias a su solidaridad, astucia y fuerza interior. Sin embargo, en este caso, se trata de una victoria efímera, porque para lograrla tienen que replicar comportamientos masculinos y los únicos resultados son el dolor o la muerte.
Pero el problema es que el director ha intentado dotar a este interesante planteamiento de muchos más adornos que "Nadie hablará..." y la historia revienta por falta de sitio. Se desaprovechan un montón de buen material y de buenas ideas en las que no se profundiza: el personaje ambivalente del asesino interpretado por Diego Luna, la desgarrada banda sonora con flamenco y música mexicana, la aproximación a la cultura del narcotráfico y la muerte, la corrupción judicial española, etc, etc... y al final nos quedamos con una peli de robos que se resuelve de manera confusa e inverosímil. Los personajes van y vienen y no te enteras de lo que está pasando, por muy atento que estés.
Me da la impresión de que Díaz Yanes tiene un problema con las medidas de los ingredientes que cocina, ya en la españolísima superproducción "Alatriste" intentó meter la serie completa de las novelas y desaprovechó una gran oportunidad artística. Como en aquella ocasión, se debería haber guardado ideas para futuras películas.