miércoles, 27 de enero de 2010

Colaboración en Bostezo digital.

Me han publicado una colaboración en el "Suplemento internáutico de la revista impresa Bostezo". Os recomiendo que paséis de mi reseña y naveguéis por los procelosos mares de una web tan chula, o incluso mejor, que os compréis la revista en alguno de los muchos puntos de venta.

lunes, 25 de enero de 2010

"El eclipse", de Augusto Monterroso.

Veo en los papeles que andan por encima de la mesa de Amparo, relatos y microrelatos. Y el que me más me impresiona es uno del maestro del género, el guatemalteco Monterroso. Y recordándolo, recuerdo los meses extraños y mágicos que viví en aquellas tierras:

"Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles."

martes, 19 de enero de 2010

Tres novelas históricas aragonesas.


Las tres novelas que voy a reseñar tienen una característica poco usual: tratan la historia de Aragón. Como es bien sabido, el imaginario histórico español ha tenido un punto de vista casi exclusivamente castellano. Las historias periféricas de los "otros españoles" nunca tuvieron demasiado espacio ni en los curriculos educativos oficiales ni en la recreación histórica. Sobraban. Cada uno de los grandes estados-nación europeos ha ido decidiendo qué visión de sí mismo quería construir y se ha dedicado a ello a conciencia. ¿Qué le vamos a hacer? Otros nacionalismos también han ido impulsando su propia creación histórica o pseudohistórica. Es irónico (pero triste) que en Cataluña se esté construyendo una recreación histórica de la antigua Corona de Aragón de la que se excluye a los aragoneses(y a los valencianos). Supongo que no quedan bonitos en la foto. El último ejemplo fue el superventas "La catedral del mar". Mi admirado Ernest Lluch identificó claramente el prejuicio. Así que las novelas históricas de ambiente aragonés son verdaderas rarezas.

Siguiendo un orden cronólogico, la primera novela es "El rey monje", de José Damián Dieste y Ángel Delgado. El capellán Fortes hace una entretenida crónica novelada de la vida del rey Ramiro II. Ramiro, monje cluniacense, tuvo que hacerse cargo del trono cuando su hermano Alfonso el Batallador murió en combate. Alfonso debía ser un lindo fanático y dejó el reino de Aragón en herencia a las Órdenes Militares. Una especie de impulso telúrico motivaba la guerra incesante: de los Pirineos hasta Jerusalén. A los señores feudales aragoneses no les debió hacer mucha gracia el plan y nombraron rey a Ramiro. No era demasiado habitual en la Europa del siglo XII que un rey supiera leer y escribir, así que Ramiro se reveló como un monarca astuto, que garantizó la supervivencia del pequeño reino de las montañas. A lo largo de toda la novela, late la emocionante (e improbable) identificación de la dinastía con el país: "Aragón, esa palabra contundente como un trueno, con sus montañas, valles y sasos, con sus cordilleras altivas y sus instituciones austeras, está en la sustancia de mi linaje" dice el rey.

La segunda novela "El invierno de la Corona" transcurre en uno de los momentos más críticos de la historia de Aragón: el reinado de Pedro IV, en el siglo XIV, durante el cual tuvo lugar la terrible "guerra de los dos Pedros" contra los enemigos tradicionales: Castilla y Génova. El profesor y autor José Luis Corral se inventa el personaje de Jerónimo de Santa Pau, de familia de conversos, notario real, es decir agente de la poderosa red diplomática catalanoaragonesa. Nos describe una Corona de Aragón que ejercía su condición de potencia hegemónica en el Mediterráneo; pero que empezaba a dar signos de agotamiento. Santa Pau, políglota, sofisticado, culto, valiente y apuesto, viaja a Barcelona, a Zaragoza y a Atenas para defender los intereses de ese estado que hoy llamaríamos "plurinacional". Es divertida y amena; aunque un poco predecible. Creo que Corral ha vuelto a publicar cosas últimamente.

La tercera novela me pareció la más difícil de leer (será porque el autor, Fernando Bartolomé Benito, es profesor de literatura). Trata una época convulsa y violenta: el reinado de Felipe IV (Felipe III en Aragón) en el siglo XVII. La monarquía hispánica está en crisis. Los portugueses y los catalanes, alentados por los agentes de Richelieu, se enfrentan a los propósitos unificadores del conde-duque de Olivares. El reino de Aragón duda: los ejércitos extranjeros venidos de Castilla no crean más que conflictos y reyertas. El autor toma un hecho histórico muy poco estudiado; pero que pudo cambiar la historia (la conjura del Duque de Híjar para convertirse en rey de un Aragón independiente) y se inventa un complejo suspense en el que pone de improbables protagonistas a dos famosos aragoneses: Gracián y Uztarroz. La verdad es que no me imagino al gran Gracián participando en folletines de capa y espada. Pero le perdonaremos la licencia, ya que Pérez-Reverte metió a Quevedo en su españolísimo "Alatriste" y nadie se quejó.

martes, 12 de enero de 2010

Lo pequeño es hermoso: el circo Fele.


Tradicionalmente, los circos han buscado la ciudad de Valencia durante lo crudo del invierno, huyendo del frío del interior. Así que uno de los muchos privilegios de vivir en esta ciudad al lado del Mediterráneo es que siempre hay una oferta abundante de espectáculos circenses en navidad y año nuevo.
Es difícil entender lo que significaba el circo para los espectadores de otras épocas. Para nosotros, educados en el espectáculo televisivo, todopoderoso y avasallador, toda heroicidad en el alambre es poca, todo malabarismo es pobre, todos los payasos son pueriles. Supongo que sólo los más pequeños son capaces de captar por un instante la magia heróica y sublime del directo, la imperfección maravillosa del que fuera el mayor espectáculo del mundo, porque no comparan, porque no clasifican, porque viven plenamente ese instante.
El Fele, nuestro circo preferido, es uno de los que ofrecen sesiones durante estos días. El domingo asistimos a la última de la temporada. El Fele es un circo pequeño que ha sobrevivido en esta época de grandiosidades de cartón piedra, a base de hacer algo con cierto aire alternativo y humilde; pero con sus ratitos brilantes y tiernos. Su espectáculo se basa en dos ideas: no usa ni animales ni rollos de la tele. Los artistas recogen las cuerdas y barren y saludan a la salida. No es el Circ du soleil, ni el gran circo chino, ni americano. Es pequeño y es de aquí.
Me vino a la mente el título de uno de los primeros libros ecologistas: "Lo pequeño es hermoso" (1973), de Schumacher. Al acabar la función, volvimos a casa caminando, protegiéndonos de la fría humedad del río. A lo lejos, fantasmales, enormes, carísimos, estaban los edificios de la llamada Ciudad de las Artes y las Ciencias. Por dentro, estaban vacíos.

viernes, 8 de enero de 2010

De ciegos y catástrofes.


Un compañero me recomendó "Ensayo sobre la ceguera", de Saramago (1995). Me contó que había llegado a ella después de leer su secuela "Ensayo sobre la lucidez". Coincido con mi compañero: la primera novela es tan potente, tan abrumadora, que supera con creces a su segunda parte.

"Ensayo sobre la ceguera" cuenta lo que ocurre cuando una extraña epidemia comienza a dejar ciegos a casi todos los habitantes de un país. Recuerdo cómo me impresionó percibir por un instante mi propia incapacidad y mi propia ceguera en la ceguera de los protagonistas de la novela. La historia va más allá y plantea un experimento terrible: ¿cómo sobreviviríamos cuando nuestro mundo normal, el mundo normal de casi todos se viniera abajo? La brutalidad, el caos y el dolor se apoderan de una sociedad indefensa, destruida. Saramago no da puntada sin hilo, y la historia es, sobretodo, una gran parábola: ¿qué hacer cuando nadie ve, cuando nadie se da cuenta de la verdadera realidad? ¿Qué está obligado a hacer por los demás el que sí que ve? ¿Hasta cuándo podrá lavarles, alimentarles, explicarles la realidad REAL?

La novela me dejó tan impresionado que me resistí a ver la peli que Meirelles estrenó en el 2008 (Blindness). Amparo insistió e insistió y acabamos sacándola del videoclub. El problema que se le planteaba al director brasileño era arduo: ¿cómo representar cinematográficamente un drama que los personajes están viviendo sin imágenes? ¿cómo captar todo lo que Saramago grita a los oídos del mundo? Meirelles se ciñó estrictamente a la brutal historia e intentó no correr riesgos artísticos, con lo que firmó una obra evidentemente inferior a la novela. Cuando los protagonistas ciegos salen del centro donde los han internado, se encuentran una ciudad arrasada, un mundo en descomposición, poblado por otros ciegos como ellos, hambrientos y sucios. Esa imagen ha quedado grabada en mi memoria y es la manera en que me siempre me represento mentalmente una catástrofe.

En ese sentido, durante las navidades, estuve leyendo el último librillo de Ignacio Ramonet: "La catástrofe perfecta", sobre la actual crisis económica mundial. El que fuera director de "Le Mond diplomatique" plantea su discurso habitual: el neoliberalismo triunfante en los noventa, primero en el Chile de Pinochet y en la Indonesia de Suharto y después, over the world, y la falta de regulación que la llamada Escuela de Chicago propició, son los causantes de la situación actual, que se agravará en los próximos años. Porque no es coyuntural, sino sistémica y además, viene acompañada de un cambio geoestratégico a nivel planetario. Y seguimos ciegos y no vemos cómo todo se va al carajo. Como siempre, Ramonet (que adopta así el papel DEL QUE VE) tiene a su favor la claridad en la exposición de los argumentos, que defiende con 3 ó 4 cifras por página; pero se le puede reprochar cierto sesgo precisamente en la selección de esos datos. El libro, con todo, es muy recomendable.