La ciencia, esa hormiguita incansable, cabrona, paciente, tan odiosa y tan valiosa, nos va iluminando. A veces, crea infiernos; pero se da cuenta, rectifica y vuelve a su caminito y nos enseña otro poco de la realidad. Después de siglos de racismo "científico", ahora sabemos que las clasificaciones raciales y todo el montaje social basado en ellas, son, simplemente, eso, una construcción social capciosa y trilera para justificar la expansión europea de los siglos XVI al XX. El estudio detallado de la biología y la genética de poblaciones nos ha enseñado que solo hay una "raza" humana con grados de color. La ciencia nos ha enseñado que los habitantes de mi querida Iberia son muy parecidos genéticamente (en términos estadísticos) a los habitantes de Irlanda; pero en morenito. Que cuando los chinos comen bien, se hacen casi tan altos como los holandeses. Que si los negros no juegan al polo es porque no tienen ni caballos ni tiempo. Que no existe una "raza" a...