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Mostrando las entradas etiquetadas como Vargas

Borges. Ajedrez.

Yo tenía cierta facilidad para las matemáticas. Me gustaban los juegos. Despreciaba a los que no los entendían. El ajedrez me encandiló. Me envenenó para siempre. Leí a Borges. "Ficciones", creo que era. Me fascinó. El juego de los espejos. El infinito. La bifurcación de los senderos. La suerte de vivir en una casa donde había libros. Es decir, una adolescencia normal dentro de la gravedad. Muchos años después rememoro aquellas emociones hurañas y tímidas. No sabía que nada es gratis, que cada sendero que eliges, imposibilita, niega todos los demás. Qué distinta hubiera sido mi vida sin el ajedrez! Quizá hubiera sido un abogado mediocre, o un gran artesano, o un torpe catedrático. Y probablemente, menos feliz. He leído el breve ensayo "Medio siglo con Borges" de Vargas Llosa sobre el argentino, con avaricia, con demasiadas ganas.Ambos se complementan en mi pobre canon literario. Se me ha hecho corto. El nóbel peruano recoge las entrevistas que le hizo a J.L.B, a...

Durante la epidemia (10): "Tiempos recios"

Durante muchos años, en el dintel de la puerta del balcón, tuve colgadas dos máscaras quiché. Representan dos animales salvajes: fieros, poderosos. Las compré hace una vida en el mercado de Chichicastenango. Y las he visto en la portada de esta edición de Alfaguara, basada en un diseño de Enric Satué. En junio de 1954, los U.S.A. atacaron Guatemala con un ejército de mercenarios y derrocaron al presidente elegido democráticamente: Jacobo Arbenz. Concluía así la gigantesca campaña de acoso a la que habían sometido a la república centroamericana. El delito de Arbenz: pretender la modernización de Guatemala cobrando impuestos a la United Fruit, construyendo escuelas y carreteras públicas y repartiendo tierras ociosas a los indígenas. Contra Arbenz se coaligaron la típica colección de psicópatas y oportunistas que huelen a sangre. Del mismo modo que al león le sigue un ejército de carroñeros, a la frutera le acompañaban en el golpe varios hijos de puta, de los malos- malos: Somoza de N...

Durante la epidemia (4): Fred Vargas.

Me ha costado mucho tiempo acabar la última novela breve, brevísima, de Fred Vargas. Viajó al sur en la mochila rápidamente improvisada. Y volvió a casa sin haber sido terminada. La he acabado en este abril extraño de días nublados y largas siestas. De Vargas, ya conocía "El hombre de los círculos azules" , así que cuando Lola me regaló en algún cumpleaños "Los que van a morir te saludan", se me hizo agua la boca lectora. Había algo en esa novela que hacía lenta la lectura. Quizá la ausencia, las ausencias, la persona que me la regaló ya no está. Fred Vargas (premio Princesa de Asturias) es el seudónimo de escritora de la científica Frédérique Audoin-Rouzeau. Ha trabajado sobre la peste negra del siglo XIV. Supongo que muchos estarán releyendo esos trabajos. No sé si nuestra sociedad cambiará tanto después del coronavirus como cambió Europa después de aquella peste. "Los que van a morir te saludan" (2002) transcurre en una Roma que recuerda muc...

"La fiesta del Chivo"

Una compañera de trabajo me contó que, en el hotel donde nos alojamos, en una de sus primeras estancias, había visto a Vargas Llosa. Cuando empecé a leer esta novela certera y dolorosa, entendí que el nobel peruano, precisamente, se había inspirado en el Crowne o en el cercano Jaragua para el principio de la historia. Me emocioné. La literatura, la gran literatura, se llevó todo mi aburrimiento por delante y me regaló tres mañanas luminosas y plenas. La narradora, Urania Cabral, vuelve a Santo Domingo y está alojada en una de esas torres que miran al Caribe, ese mar tan hermoso, tan ajeno al ruido y al humo del tráfico -"tránsito"- en el Malecón, avenida George Washington, Distrito Nacional, República Dominicana. ¿Debemos llevar a los viajes algún libro que transcurra en el sitio al que se viaja? O más bien, ¿algo sobre las antípodas? ¿Algo que no tenga nada que ver con nuestro destino? O incluso, ¿debemos leer en los viajes? La realidad, el calor, los sonidos, los sabore...

Novela negra en mayo.

Lamento no haber viajado más y no haber leído más novela negra. Lo primero es difícil de reparar. Tempus fugit. Respecto a lo segundo, se hace lo que se puede. En mayo, leí dos novelas que reseño juntas. Aunque sé que las comparaciones son odiosas. Antes de que le dieran el Princesa de Asturias, disfruté muchísimo “El hombre de los círculos azules”, de la francesa Fred Vargas. La arqueóloga e historiadora Frédérique Audouin-Rouzeau ha publicado bajo ese seudónimo dos series de novelas:  “los tres evangelistas” y el comisario Adamsberg. “El hombre de los círculos azules” (1991) fue el primer caso parisino de Adamsberg, un hombre menudo y callado, que no aplica ningún método a su investigación; pero que barrunta la crueldad y el mal. Los personajes, extraños y únicos, se mueven por la historia como consumados actores. Juegan entre ellos y el lector sabe que la escritora está jugando con él a través de sus diálogos casi surrealistas, de sus idas y venidas, de sus profundidade...