viernes, 28 de enero de 2011

Police academy.


Last night, “Police academy” was on TV. It livened my lonely dinner up.
This comedy film was a huge success when it was first showed in 1984. It spawned six bad sequels, which effect was to devaluate the original film. Although, “Police academy” influenced all the American yob comedies produced later.
The plot is pretty flat: a funny selection of stupid candidates to become cops, enrolled into a stupid academy. But the formula worked very well on the screen. The visual gags, the jokes about authority, sex or racial prejudices have become classics.
In the last part of the film, the inexperienced cadets were trapped in a brutal riot, and I thought about the political and social violence. With the nowadays demolition of welfare state and the change in the global power, hard years are coming. If we assume that the state has the legitimate monopole for the violence, someone has to exert this violence. I thought about my friends who work as policemen. All of them are good people, who like to help. But I also thought in one of the characters of “Police Academy”. He said that what he liked the most was: “beat the public”. I thought with sadness about Vitoria, 1975 or Greater Cairo, 2011.

lunes, 24 de enero de 2011

El discurso del rey.


"Por muy elevado que sea el trono, el rey se sienta sobre su culo", dice un viejo proverbio. Y esta peli trata sobre el culo de Jorge VI de Inglaterra, que era tartamudo. Lo cual es muy molesto si tienes que hacer discursos engañando a la población, que es lo que hacen de vez en cuando los reyes . Jorge VI ocupó el trono cuando hicieron abdicar a su hermano, en 1936. En toda Europa había nubarrones y aquí ya estaban cayendo las bombas alemanas.

La peli nos cuenta el tratamiento de la tartamudez a cargo de un logopeda de origen australiano. Y ya está. Es decir, la peli casi parece un reportaje. Es "factual, very factual" como me dijo una británica un rato antes de que Amparo y yo entráramos al cine. Es decir, atendiendo solo al argumento, me sabría a poco. Me parecería mucho más interesante la cura de la ceguera o de la sordera de cualquiera de los millones de niños que vivían en el inmenso imperio que heredó el tartamudo, y que no tenían tan buen terapeuta.
Pero la peli es de una enorme perfección técnica: actores excelentes (la marca de la casa del cine británico), buena fotografía, ritmo agradable. Así que le gustará a casi todo el mundo y le darán un Óscar (o dos).

viernes, 14 de enero de 2011

Los olvidados de Filipinas: amor, guerra y traición.


Trabajando en algunas cosas relacionadas con el paso del XIX al XX, me encuentro esta novelilla del prolífico Lorenzo Mediano, al que ya he citado alguna vez. La novela cuenta las peripecias y padecimientos de un grupo de soldados españoles en Filipinas, durante la derrota de 1898 y su posterior cautiverio. Aquellos soldados fueron dejados a su suerte a miles de kilómetros de sus pueblos. La mayor parte de ellos perecieron. Ni siquiera una potencia europea de tamaño medio hubiera podido oponerse a los afanes expansionistas de los norteamericanos y mucho menos, la España paupérrima y triste de finales del XIX. Y es que el ejército español solo ganaba partidos si jugaba en casa. La rápida derrota la pagaron los filipinos y los pobres soldados de leva que no podían librarse del servicio por carecer de medios económicos y acababan muriendo deshidratados o comidos por los insectos en selvas lejanas.

La novela es primitiva y pueril; pero se hace entretenida de leer y transmite cierto aire honesto y sencillote, muy característico de las obras del animoso Mediano. Al parecer, se ha basado en las vivencias reales de su abuelo, un gigantón aragonés de barba roja, que fue uno de aquellos "olvidados de Filipinas". La identificación del autor con su abuelo es evidente y me hace pensar, con melancolía, que a mi abuelo le hubiera gustado mucho esta novela de aventuras, piratas y caníbales.

martes, 4 de enero de 2011

Libros de navidades


Aunque estas vacaciones de navidad han sido, a mi pesar, más largas de lo normal, no me he leído demasiado. Reseño los dos libros con los que he entretenido las tardes de una cuarentena inesperada.

El primer libro, del lógico italiano Odifredi, casi parafrasea el título de un clásico de Bertrand Russell, otro matemático ateo y malandrín: "¿Por qué no podemos ser cristianos, y menos aún católicos?". Así que el título le ha quedado demasiado ruidoso.

Casi todos los especialistas en el tema coinciden en que, en las primeras décadas de nuestra era, uno de los muchos predicadores y agitadores en una Palestina al borde de la guerra civil, fue un galileo de nombre Jesús. Su mensaje apocalíptico y liberador, dentro de la tradición mosaica ortodoxa, le llevaría a ser ajusticiado por orden del procurador de Judea Poncio Pilato. Unos cincuenta años después, Saulo de Tarso (San Pablo) convertiría ese mensaje en una religión para gentiles, incorporándole abundantes elementos helenísticos. Con los siglos, esa religión, cada vez más compleja, politeista, occidentalizada y terrenal, se convertiría en el credo oficial del imperio y del mundo post-imperial. Precisamente, celebramos en navidad la fiesta del dios sol (el solsticio), entremezclada con la del nacimiento de aquel mesías casi oculto por el dogma y los brillos del poder.

Ahora que los herederos de Pilato y de Saulo ya no crucifican físicamente a nadie (al menos, en esta parte del mundo), se ha convertido en un divertido deporte laico confrontar las escrituras en las que se basan los numerosos credos de raíz cristiana con la lógica y la etimología. Y claro, las escrituras, tanto las veterotestamentarias, como las novotestamentarias, no quedan demasiado bien paradas. Tanto si se interpretan de manera literal (que es lo que han hecho siempre las diferentes iglesias) como si se leen con buena intención humanística, saltan a la vista las contradicciones, los pasajes introducidos a posteriori a convenciencia de los diferentes poderes, las interpretaciones forzadas y los numerosos elementos profundamente contrarios a una compasión elemental. Algún malvado ha apuntado que la única razón por la que quedan tantos católicos es precisamente porque nunca han leído las escrituras en las que se basan sus creencias. Bien, aunque el deporte es divertido y Odifredi es un tipo muy listo, a mí me ha defraudado el esfuerzo. Porque el creyente (católico, ortodoxo, copto o protestante) cree precisamente porque lo que tiene que creer (la virginidad de María, la trinidad, la transubstanciación frente a la consubstanciación, etc, etc, y etc.) es absurdo. Supongo que ahí, más que en la ignorancia de las buenas gentes, radica el quid del negocio. Aunque el negocio haya dado para genocidios, corrupción, guerras y crueldades sin fin. Es decir, el creyente cree porque ve en ese inmenso montaje humano que son las religiones y las diferentes iglesias, algo que trasciende lo humano y eso le reconforta y le ayuda. Buena suerte.


Siguiendo con la economía, el segundo libro "Algo va mal" es la obra póstuma del británico Tony Jundt. Como mucho de lo que se ha publicado últimamente, el autor hace una interpretación de la crisis actual. Lo interesante del asunto es que es una interpretación más ideológica que técnico-económica. Precisamente esa determinada ideología que nos ha empapado a todos nos lleva a hacer identificaciones como la que acabo de escribir: la economía parece solamente técnica, cuando es política, plenamente política. Jundt se basa en la clásica contradicción entre los factores capital y trabajo, que ahora está tan olvidada. Y a partir de ahí, se enfrenta al hecho paradójico de que, aunque la crisis ha sido causada por la desregulación y por el poder ilimitado del mundo financiero, su resolución parece ir por el camino de más poder para el capital y menos para el trabajo, como los escandalosos beneficios del sector bancario norteamericano durante el 2010 confirman. Y las causas profundas estarían en el proceso de desarme de las socialdemocracias que comenzó en 1989 y en la hegemonía de los neocons inspirados por Hayek ("la venganza de los austríacos" lo llama Jundt). Si los partidos socialdemócratas le hacen el trabajo a los partidos a su derecha, ¿para qué necesitamos partidos socialdemócratas? Ese proceso parece traducirse en la imparable privatización de todas las estructuras de nuestra sociedad, en paralelo con la pérdida de nivel de vida de las clases medias y del empobrecimiento de la vida pública. Así que el título se queda corto. No es que algo vaya mal. Es que se están yendo a la mierda cien años de avances públicos. Para consolar un poquito al lector, Jundt se permite dar unos consejos sobre cómo deberían actuar las poblaciones (y los votantes) de los países occidentales. Pero claro, los consejos póstumos nunca son muy fiables.Así que tendremos que seguir leyendo para entender este gran naufragio en el que nos estamos ahogando mientras se reanuda la liga y desenvolvemos los regalos de reyes.